El comic y la corrección política

Creo recordar que ya se ha cuestionado muchas veces a Hergé, por un motivo o por otro; que siguió publicando durante la ocupación nazi, o que no era “tan” autor de sus comics y no daba reconocimiento alguno a sus colaboradores, por ejemplo. Y ahora ha tocado hablar de racismo y de colonialismo en uno de sus libros, cosa que ha levantado cierto revuelo.

La corrección política, igual que la caza de brujas, suele partir de una buena idea que luego se pervierte. Se desencadena una especie de ola puritana, por medio de un mecanismo que no sólo gana adeptos, sino que impide cualquier crítica; nadie se atreve a levantar la voz, porque esos adeptos lo señalarán como hereje. Y a la hoguera con él. Así que, por si acaso, nos volvemos todos puritanos. En el caso español parece que esta actitud caló muy hondo durante los largos años de la Inquisición.

Cada cual se cría en unas circunstancias. Yo crecí estando seguro de que los americanos eran los buenos, siempre. De que ser “americano” equivalía a ser de un país determinado de ese continente. De que en las guerras moría gente, pero esa muerte no tenía nada de trágico (salvo que el que muriera fuera Errol Flynn). De que las bombas hacen ruido y neutralizan a los malos, pero no hay sangre ni mutilaciones (véase El Equipo A). De que los indios eran mala gente y había que matarlos, porque no dejaban vivir tranquilos a los colonos en sus tierras del Oeste. De que los japoneses eran todos malos también, porque no dejaban a los americanos (los buenos y los únicos americanos del continente) vivir tranquilos con su gomina en sus bases militares del sudeste asiático. De que una bofetada a la mujer de cuando en cuando no tenía nada de particular. Y aún hoy hay quien piensa que la guerra civil española y la dictadura de cuarenta años fue un mal menor en comparación con las cosas terribles que ocurrían en aquella república que duró cinco.

Una tal Comisión Británica para la Igualdad Racial se ha hecho publicidad pidiendo que se retire de las librerías Tintin en el Congo por racista. Hablamos de un personaje que se creó en 1929, cuya primera aventura iba de enfrentarse a los bolcheviques (quizás en las librerías soviéticas consideraron inaceptable que se vendiera, también). La segunda historieta de Tintin fue Tintin en el Congo. Es decir, antes de la II Guerra Mundial, antes de Hitler, antes de la corrección política, antes de que los negros fueran personas.

Bastante más tarde, ya en la década de 1940, aquí en Asturias el justamente admirado y nunca suficientemente ponderado Alfonso empezó a publicar sus excelentes viñetas de Pinín. Si nos ponemos quisquillosos, se pueden encontrar auténticas barbaridades. Por ejemplo, un niño que mata a varios adultos tirándolos por un barranco, ejecutándolos sin juicio previo ni garantías procesales:

Ese mismo niño también se presenta como un consumado torturador:

Puestos a la cosa racista, los negros siempre han estado para trabajar… como negros:

Y como guinda, veamos con qué crudeza Pinín se carga a un negro, porque no importa:

Evidentemente, el negro en cuestión quería comerse a Pinín (cómo no, los negros son todos caníbales), y este lo engaña para salvarse de la olla. A mí me parece que, según cómo se lea esta última, casi la encuentro una genialidad, porque está de plena actualidad y ese sarcasmo amargo podría firmarlo el mismísimo El Roto. Leída literalmente, deja el racismo de Hergé en una minucia.

Quizás haya quien llegue a la conclusión de que Alfonso es una mala persona. Yo pienso que es alguien cuya obra perdura porque acertó a reflejar su tiempo, con toda su posguerra, su racionamiento, su mezquindad y su grandeza, a través de historias que recogían las ilusiones de la gente de a pie: sed de justicia, o de viajar, de irse a otros lugares maravillosos con más colorido y nuevos horizontes. Creo que los niños siempre han sabido aislar relativamente bien los ingredientes absurdos de la historia, los que sirven para darle toques pintorescos o sorprendentes. Los niños suelen saber cuándo se acaba el juego. En los juegos se hacen cosas a lo bruto, y El Guerrero del Antifaz corta cabezas, pero luego lo recordamos con cariño, y en ningún momento nos aterrorizó ni la mitad de lo que nos aterrorizaba una bofetada del maestro o la amenaza de la condenación eterna. Son los adultos los que tienen problemas para separar las patrañas de la realidad, y se creen la ficción y se quedan con lo más nocivo de esta y convierten los pensamientos en actos.

Lo malo es que (y esta es otra cuestión importante) aunque las mentes bienpensantes se preocupan de los niños en cuanto ven un dibujo, los cómics, la mayoría de las veces, están hechos por y para adultos. Que (la Historia lo ha demostrado muchas veces) son los más vulnerables a los prejuicios o el sectarismo.

Con toda su gabachez belga, Tintin sigue siendo un gran cómic. Y Pinín una obra maestra. Y se puede educar contra el racismo leyendo, precisamente, cómics de Tintin. Aunque sean para adultos.

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Una respuesta to “El comic y la corrección política”

  1. Hiroshige Says:

    Qué razón tienes…

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