Archive for 30 enero 2008

Los médicos de Leganés

30 30UTC enero 30UTC 2008
Ahora que parece que se llega al final de la historia, he decidido hacer una reflexión serena sobre el caso de las supuestas sedaciones irregulares en el hospital Severo Ochoa. Y con “serena” quiero decir lo siguiente:

  • No presuponer en ningún momento ningún motivo para las actuaciones de los políticos implicados.
  • Dejar a un lado mis ideas respecto a la eutanasia.
  • Dejar a un lado la profunda antipatía que siento por algunos de los políticos implicados (antipatía que de todas formas no obedece más que a sus actos en otros asuntos, que quede claro).

Así que asépticamente he evaluado lo que he podido. Lamentablemente, no he encontrado ni la sentencia, ni el escrito que al parecer presentó la fiscalía el 18 de octubre de 2007… Pero sí he encontrado el auto por el que el juez Rafael Rosel archivaba la causa en junio de 2007. Y también la querella que al parecer interpone el doctor Montes contra diversos medios, aunque esto es menos relevante para lo que me ocupa aquí (aún no la he leído cuando lo escribo). O quizá no.

Lo que ha pasado, muy resumido, es que una denuncia anónima venía a decir que los médicos del Severo Ochoa habían matado a 400 personas. El Consejero de Sanidad de la Comunidad, Lamela, dio crédito a esta denuncia, e inició una inspección (al parecer había habido dos inspecciones previas sin detectar irregularidad alguna). Nombró un comité que afirmó encontrar irregularidades en 73 casos. El juez redujo los casos posibles, y en el auto en el que se archiva la causa se habla de manera concreta de 4 y vaga de otros 30. El juez pidió un peritaje judicial, y afirmó que los peritos encontraron indicios de mala praxis médica en la sedación, aunque en ningún caso se puede decir que fuera causa de la muerte, aunque tampoco que no lo fuera, ni que sí ni que no, sino todo lo contrario. Total, que consideró indubitado que hubo mala praxis, aunque no indicios suficientes para considerar la posible existencia de responsabilidades penales. También citó a los médicos para que se defendieran, y no hubo más; declaró que no tenía sentido que la instrucción continuase.

Tras leer el auto del juez, y lo que buenamente he podido, llego a algunas ideas.

Primera, que a nadie parece importarle. ¿De dónde coño sale una denuncia anónima que se basa en los historiales clínicos, datos de carácter personal que se consideran de nivel alto de protección, de nada menos que 400 pacientes? ¿No se ha investigado esto?

Segunda: Al parecer nunca ha habido ningún tipo de denuncia ni queja de los pacientes o de sus familiares. ¿400 asesinatos y nadie rechista? ¿O son 400 familias asesinas esperando una herencia de moribundos ricos? ¿Y estos van a un hospital público, precisamente?

Otra cuestión: la acusación de mala praxis médica, que el juez Rafael Rosel considera demostrada, se basa exclusivamente en un peritaje judicial. Siendo -como es, sin duda- algo a tener en cuenta, resulta que no ha habido ningún peritaje posterior, de parte, para poder cotejarlos. Las defensas de los médicos sólo las conozco extractadas a través del auto del juez (que por cierto, destila muy poca ecuanimidad, en mi opinión).

Así las cosas, sobre temas médicos de bastante enjundia sólo tenemos una opinión, la de los peritos, que de hecho no estuvieron de acuerdo en todos los casos ni en todos los aspectos. Dudo que existan verdades absolutas en todas las áreas de la práctica médica o el diagnóstico…Hasta el punto de que el informe de los “expertos” nombrados por la Comunidad dice literalmente, si hemos de creer las comillas de ABC, que “existe una relación causa / efecto entre tales irregularidades y el fallecimiento de los pacientes”, mientras que el informe de los peritos, y el auto del juez, dicen hasta la aburrición que no cabe establecer tal relación causa / efecto. Así que la cosa, obvia, lo que se dice obvia, no es.

Si hemos de seguir creyendo a ABC y a otros medios, sería cierto que Lamela dijo, con la boca pequeñita, que el problema no era del hospital, ni de la sanidad, sino de un puñado de médicos. Pero lo cierto es que desde 2005 hasta 2008 ha estado ahí la sombra de la posibilidad de que en un hospital se asesinara a la gente. Según la cita, dijo Lamela el 27-5-2005 que las dosis administradas eran “notoriamente excesivas, no para evitar el dolor, sino para acortar la vida” (más claro, agua) y esta circunstancia “no está contemplada en la legislación española”. Los hechos, dijo, son “tozudos” y quedan “probados”.

Resulta que después de eso, incluso un juez con tantas ganas de perseguir como parece ser (por la redacción, digo) Rafael Rosel da por terminada la instrucción porque ni merece la pena seguir investigando. ¿Hechos probados? Not quite, my friend.

Me parece que afirmaciones como las de arriba, sumadas a la decisión de plantear una denuncia, hacen a Lamela responsable de algo muy, muy, muy serio.

No olvidemos, además, que los médicos ni siquiera aceptaron el auto del juez Rosel, porque aunque los exculpaba penalmente, daba por sentada la mala praxis. Recurrieron, y ganaron con toda claridad. Toda referencia a la mala praxis debe ser eliminada. La gente que no tiene la conciencia tranquila no me parece que actúe así. Con escapar de la cárcel les valdría.

En conclusión, tenemos una denuncia anónima sobre 400 supuestos asesinatos (cuyos datos ignoro cómo se pueden conseguir, siendo datos de alto nivel de protección). Lamela inicia una investigación (la tercera, parece ser) y un comité dicta que ha habido sedación irregular en menos del 25% de los casos denunciados. El juez instructor, después de dejarlos en la mitad, y de que sus peritos digan una serie de vaguedades, se refiere concretamente a… 4 (una centésima parte de los denunciados inicialmente). Estoy convencido de que en algo tan complejo como la medicina, si tomamos 400 expedientes y sacamos la lupa seremos capaces de encontrar tratamientos o prescripciones en las que algún médico no esté de acuerdo. Seguro. Sea de lo que sea.

En un auto redactado con una preocupante gana de marear la perdiz, y con la evidente intención de dejar traslucir una presunción de culpabilidad que me parece indigna de quien juzga hechos tan graves que la mera acusación ya ha llevado al descrédito profesional a unos médicos que en ese momento son totalmente inocentes, el juez dice que no hay nada que investigar.

Y todos se quedan tan anchos.

Todos excepto los acusados, que niegan incluso la menor: no aceptan que en una instrucción, inconclusa y rematada con un auto de redacción muy discutible, se establezca su mala práctica profesional. Y la justicia les da la razón.

Y (ya, por segunda vez) todos se quedan tan anchos.

Al buscar información sobre este juez, no he encontrado gran cosa; sólo un artículo que tampoco lo deja en muy buen lugar. Ya, el argumento es ad hominem. Descártese si procede. Pero para alguien que juzga, y que luego redacta su auto en estos términos, su trayectoria y maneras me parecen relevantes.

Pero bueno, que cada cual saque sus conclusiones. En principio, respetando las directrices que yo mismo me marqué arriba, no hablaré más de Lamela, y nada de Esperanza Aguirre.

El Batman de Frank Miller

29 29UTC enero 29UTC 2008

Yo nun bebo café. Na pausa del café faigo otres coses; pasear, o escribir daqué, o dir a la biblioteca a buscar llibros o devolvelos.

Güey foi a echar un güeyu, y atopé un llibru que tenía ganes de lleer: Batman, el regreso del señor de la noche, de Frank Miller. Además yera un llibru nuevín, mui guapu, azul, de esos que presta lleer enantes de que dalgún osu con zarpes de dinosauriu lu saque y lu devuelva tóu esfarrapláu. Garrélu ensin abrilu siquiera, “pal sacu”, pensé, y seguí buscando otres coses.

Mentantu buscaba, entamó a llegame un golor a tabacu que daba ascu. Tabacu rancio, asqueroso… Un golor fuertísimu. Hai xente que güele asina (la ropa, el pelu), anque ellos nun lo saben, porque fumen (y lluéu gasten perres en colonia… ja). Yo miraba alredor, y nun veía naide averáu a mí como pa que me llegara el golor (salvo que fora dalguno que apestara a kilómetros). Hasta que me di cuenta de que lo que golía yera’l llibru que tenía na mano.

Dalgún simpáticu llector tuvo lleéndolu y dándose gustirrinín (con dos docenes de paquetes de tabacu, supongo), y dexónos a los demás el recuerdu.

Yo nun soi demasiáo repunante pa los golores, y nun me importa un ren que un llibru tenga güelgues del que lu lleó enantes que yo. Pero el golor yera tan fuerte y daba tanta revoltura que en cuantu me di cuenta azotélu pa la estantería inmediatamente. Si cerráu ya golía así, qué sedría cuandu me pusiera a lleélu en mi casa y pasara les fueyes una por una…

Y esa ye la hestoria de por qué nun lleí’l Batman de Frank Miller.

Los llibros de 2007

29 29UTC enero 29UTC 2008

Pues pa que nun se me escaeza, esto ye lo que lleí’n 2007, más o menos. En buxu los cómics. Prestaríame abondo falar de toos ellos, pero… el tiempu ye lo que tien…

Emigrantes/Shaun Tan.
El sueño de México/Ramón de España,Bartolomé Seguí

Sumô – La lucha de los dioses/Eduardo de Paz
Historia de aquí – La guerra incivil (desde el desastre del 98 y la II República)/Forges
Lupus (Volumen 1)/Frederik Peeters

Episodios mineros/Albino Suárez
Nuestra guerra civil/Antonio Martín,F.H.Cava,Laura,José V.Galadí,Emilio Benedicto Gimeno,Pepe Gálvez,José María Beroy,Ángel del Río,Fritz,Paco Ignacio Taiboo II,Jorge García,Ángel de la Calle,Fernando López Mora,David Rubín
Cages/Dave Mckean
Limbo sin fin/Santiago Valenzuela

Las cartas de Groucho/Groucho Marx
El hombre demolido/Alfred Bester.
Solaris/Stanislaw Lem.
2001, l’oddyssée de l’espace/Arthur Clarke.
Rapsodia húngara/Las aventuras de Max Friedman, Vittorio Giardino.
Piranesi. El planeta prisión/Milo Manara.
El profesor/Frank McCourt.
Las reglas del juego/Will Eisner.
Hom/Carlos Giménez, basado en “En el lento morir de la tierra” (Brian W. Aldiss)
Pánico entre chuchos/Jean-Christophe Pol.
Sherlock Time/Héctor Germán Oesterheld, Alberto Breccia.

Filetes de lenguado/Gerald Durrell.
Una noche de perros/Hugh Laurie
Alex Clément ha muerto/Lepage – Rieu
Ronin/Frank Miller; color de Lynn Varley
Fagin el judío/Will Eisner
Sombras/El Cubri: guión Felipe Hernández Cava, dibujos Pedro Arjona.
Fábula en Venecia/Hugo Pratt
Extramuros/Santiago Valenzuela
Laura/Guillem March
Roco Vargas/Daniel Torres
La Conspiración – La historia secreta de los Protocolos de los Sabios de Sión/Will Eisner
Érase una vez en el futuro/Carlos Giménez
300/Frank Miller (color: Lynn Varley)

La farsa neoliberal – refutación de los liberales que se creen libertarios/Juan Francisco Martín Seco

Shaun Tan, arrasando’n Angulema

28 28UTC enero 28UTC 2008

L’otru día, gracies a César y otra xente, lleí Emigrantes, de Shaun Tan. Ya dixe lo que me paecía, pero agora, nel famosu festival d’Angulema (al que teníemos que tar faciendo casu envede esa fiestuca de los oscars) tan acabantes de dá-y un premiu. Nun m’estraña nada.

La bolsa y la vida

24 24UTC enero 24UTC 2008

Como en este blog acostumbro a escribir las tonterías que se me pasan por la cabeza, y a quedar en evidencia, una vez más no importa. Voy a hablar de la bolsa.

Ante las recientes noticias de caídas (parece que si no se las llama desplomes eres un ignorante, y como soy exactamente eso, pues no las voy a llamar desplomes) del IBEX 35 y otros índices bursátiles, me surgen las siguientes reflexiones, que probablemente manifiestan que no entiendo casi nada. Quien quiera aclarármelo será bienvenido.

Primera: no simpatizo en absoluto con el mero hecho de ganar dinero. No lo considero índice de casi nada, excepto de la habilidad para ganar dinero. Y esa habilidad por sí misma no está relacionada en absoluto con otras cualidades que admiro: la bondad, la compasión, la simpatía, la colaboración. Si acaso, se relacionan más bien en sentido inverso. Siendo bueno se puede ganar dinero, pero difícilmente hacer una fortuna.

Segunda: pasando de las personas a las entidades, la cosa es aún peor. No valoro en absoluto las entidades que sólo generan dinero. No tienen mi admiración, ni mi respeto, ni me despiertan la inspiración o el deseo de iniciar un proyecto parecido. Alguien que produce algo valioso para la sociedad, y como resultado de ello gana dinero, está participando de un hecho más o menos justo. Alguien que no produce nada más que el dinero que gana, no. Por eso desprecio totalmente la economía especulativa, por mucho que los indicadores económicos asociados a ella puedan parecer positivos. A mi modo de ver, miden mal.

Tercera: tengo la idea, quizás errónea, de que la gente que invierte mucho en la bolsa es gente que tiene un dinero que le sobra y no tiene nada mejor que hacer con él, o bien gente que está dedicada exclusivamente a ganar dinero, no a trabajar (y para mí la noción de trabajo va siempre asociada a beneficiar en algo a los demás). No me preocupa en lo más mínimo que gente así se arruine. Casi lo deseo.

Hay otro tipo de personas que meten dinero en la bolsa. Hay muchos pequeños inversores, gente que efectivamente tiene un poco de dinero que le sobra, y quiere ganar lo más posible con él. En parte por una lógica y -hasta cierto punto- legítima optimización de sus recursos, y en parte arrastrados por esa idea de que el dinero es la medida de todas las cosas. Pero una vez más: creo que la gente que apenas llega a fin de mes, la gente cuya situación realmente me preocupa, no invierte en la bolsa. No tiene con qué.

Quien invierte en la bolsa asume riesgos. No me quita ni medio segundo de sueño que esos riesgos se materialicen, porque los perjudicados lo son en un patrimonio que al parecer no necesitaban imperiosamente. A mí, personalmente, me importa un bledo lo que pasa en la bolsa. Y a la mayoría de la gente de este país nuestro también.

Y me pone enfermo que intenten convencernos de que tenemos que apretarnos el cinturón, o sentirnos culpables o preocupados de cualquier otra manera, cuando se produce una crisis bursátil.

Es como si bajo a llamar a la puerta del vecino para implicarlo en lo que acaba de ocurrir en mi partida de Monopoly.

Sólo en 2006 hubo en España muchos más muertos en accidente laboral que todos los asesinados por ETA en toda su historia. Pero nuestros telediarios llevan una semana dando vueltas a lo que pasa con los ahorros de los especuladores y estudiando su psicología.

Francamente, no es asunto mío. Si lo es, algo está mal organizado aquí.

Más citas de Jeremy Bentham

24 24UTC enero 24UTC 2008

Ya estoy terminando Tácticas parlamentarias, de Jeremy Bentham, y aunque no es que sea el colmo de la amenidad, se puede leer bastante bien, y resulta interesante ver cómo teoriza (no muy lejos de la práctica) uno de los pensadores que prácticamente vieron nacer la democracia moderna (uno de los maestros de John Stuart Mill, sin ir más lejos). A pesar del título, no es un libro de argucias, sino un libro sobre cómo cree Bentham que debería funcionar un parlamento. Es más un “manual de organización” que un “libro de recetas para hacer trampa en los debates”.

Así que apunto algunas citas más. Una curiosa, cuando habla de la necesidad de dividir los textos normativos en proposiciones muy cortas y numeradas; parece obvio, pero sus palabras nos hacen pensar que no lo es, o que no siempre ha sido tan obvio.

Las primeras actas del parlamento son de un tiempo en que no se usaba todavía la puntuacion, ni eran conocidos los números árabes.

También se retratan, quizás de soslayo, algunos puntos de vista no tan modernos. Por ejemplo, hablando sobre la necesidad de que las proposiciones no contengan nada prescindible:

Supongamos la siguiente proposición:
“En atención á que no hay Dios, quedan derogadas todas las leyes penales relativas á la Divinidad.”
Aun cuando todos los miembros de la asamblea estuvieran unánimes para la derogación de estas leyes penales, no se hallaría quizá ni siquiera uno solo á quien esta declaracion de ateismo no indignase […]

O hablando de otra cosa:

Se tomará más gustosamente por modelo al opulento propietario, á quien la inversion de sus caudales presenta públicamente á las miradas del vulgo, que á un sujeto reducido á la pobreza. Esta preponderancia de la aristocracia es tan natural como justa y necesaria.

Está claro que incluso entre los teóricos del liberalismo siempre ha habido clases y clases.

Otra cosa realmente curiosa, de visionario. Se adelantó a los paneles LCD en muchas décadas 🙂 Establece la necesidad de que los diputados vean el texto que están debatiendo ; otra cosa que parece obvia, pero que no lo era tanto en un tiempo sin fotocopias ni ordenadores. Y propone este artilugio, que no sé si se llegó a usar alguna vez:

Figurémonos por encima del asiento del presidente una galería que presente de cara dos marcos de un angeo [lienzo basto] con fondo negro movibles al modo de una puerta ded dos hojas que tengan nueve pies de altura con seis de ancho; este angeo regularmente agujereado está destinado á recibir letras de un carácter suficientemente crecido para poder leerse en toda la estensión de la sala. Se aseguran estas letras por medio de una abrazadera, de manera que no puedan descomponerse.

Y otra cosa que no creo que se observe hoy en día, pero yo aplaudo (y sobre todo cuando veo un “debate sobre el estado de la nación”):
Capítulo 19: Esclusion de los discursos escritos

La regla de escluir los discursos escritos se observa rigorosamente en el parlamento británico, y debe observarse en todas las asambleas deliberantes.

Sobre este asunto, citando a B. Constant:

Cuando los oradores se limitan a leer lo que han escrito en el secreto de sus gabinetes, no discuten, sino amplifican: no escuchan, porque lo que oirian no debe cambiar en nada lo que piensan decir; esperan á que concluya el que está hablando; no examinan la opinion que el otro defiende, cuentan el tiempo que emplea y les parece una dilacion. Entonces ya no hay discusion; cada cual reproduce objeciones ya refutadas, y prescinde de todo lo que no ha previsto y de lo que pueda trastornar su defensa, ya de antemano terminada.

Otra regla (de las “relativas al debate”, que llama) de la que también me he acordado muchas veces:

3.º No suponer malos motivos jamás. También esta es una regla absoluta del debate británico. Puede uno con toda libertad reconvenir al preopinante por su ignorancia, equivocaciones y pormenores falsos de un hecho; pero no le diga una palabra que inculpe sus motivos; insista sobre todas las consecuencias perjudiciales de su opinión ó de la providencia que sostiene; muestre que ellas son funestas, y que se dirijen a establecer la tirania ó la anarquia: pero no suponga jamás que el preopinante haya previsto y querido semejantes consecuencias.

Bueno, pararé aquí. Si algún lector ha llegado hasta aquí, tiene mérito, porque leer el estilo de Bentham (y de esa época en general) requiere cierta paciencia. (Y no digamos ya leer el mío…)

¿Arreglando un cortacésped?

23 23UTC enero 23UTC 2008

Un fin de semana cultivando otra de mis pasiones: la chapistería. ¿Chapero? No. En realidad, chapista tampoco.

Resulta que la segadora de un amigo tiene un grave problema. Aparte de una autoestima baja (que no sé cómo solucionar), tiene el chasis tan carcomido que los tornillos que sujetan el motor al chasis bailan libremente, demasiado libremente, y con las vibraciones la chapa se va estropeando todavía más, con lo que el motor le iba a salir volando cualquier día.

Por menos que eso se tira hoy en día una segadora (y un matrimonio también) pero, inasequibles al desaliento, decidimos que el motor estaba bien, y que no se puede andar derrochando dinero y materiales valiosos hoy en día. Un chasis nuevo, al parecer, tiene un precio comparable al de un cortacésped nuevo, y a eso habría que sumar lo que cueste trasladar todas las piezas de un chasis a otro (en la tienda contestaban a nuestras preguntas como si a nadie jamás se le hubiera pasado por la cabeza intentar reemplazar un chasis).

Después de múltiples intentos de trampear la cosa, que aguantaban un tiempo pero acababan cayéndose, decidimos intentar el arreglo definitivo: todo o nada. Así fue como quitamos el motor de su sitio. Véase la situación. Esos cuatro boquetes señalados en la foto deberían ser agujeritos para que pasara el tornillo. Sólo uno de ellos tiene una forma remotamente aceptable. (Pínchese en la imagen para verla más grande).

Como ese chasis no hay quien lo arregle, y no parece que vaya a soportar soldarle nada (aparte de que no tenemos ni zorra idea de hacerlo), el plan era preparar dos placas metálicas, para hacer un “bocadillo” contra el chasis (por encima y por debajo de las zonas estropeadas). A esas dos placas atornillaremos el motor.

Así que lo primero fue comprar una chapa en el chatarrero. Si me hubieran jurado que iba a ser cliente de una chatarrería, no me lo habría creído. Una hermosa chapa verde (creo que de un ascensor Otis) por 1,30 €. Lo segundo, unas hojas decentes para la sierra de calar (hojas de cortar metales). ¿Podrá realmente una sierra de 9 € cortar metal? Pues sí, sí que puede.

Pues nada, se sacan plantillas de cartón, se dibujan en la chapa, se van cortando con más pena que gloria… Por supuesto, es imprescindible llevar gafas de protección y guantes (el que bromee con las limaduras metálicas probablemente lo pagará). Aquí, una fase intermedia: el primer corte de la chapa de arriba.

Evidentemente, tendremos que hacer un boquete en el medio, para que pase el eje del motor. Por cierto, en cada pieza que cortamos limamos un poco los bordes. Aquí aparece la pieza y las herramientas utilizadas.

La pieza de abajo es más complicada, porque el chasis tiene una especie de reborde saliente, y queríamos que se ajustara a él lo mejor posible, así que hay que afinar más con la forma:

Aunque no sabemos si servirá para algo o no, acolchamos un poco la unión de las piezas al chasis con cámaras de bicicleta viejas, para que haya mayor superficie de contacto y además se amortigüen un poco las vibraciones. Aquí se ve ese relleno, y también la pieza de abajo en la que ya hemos hecho los agujeros de los tornillos. La cámara la pegamos en algunos puntos con SuperGlue, porque no se estaba quieta y era imposible montar todo el tinglado sin que se descolocara:

Pues nada, se hacen los agujeros en la chapa de arriba, y se monta todo el pincho moruno: la chapa de abajo, el chasis, la goma, la chapa de arriba y el motor. Este es el resultado, ya terminado y probado.

Algunas consideraciones:

– Cuando se quita el motor y se deja en el suelo, hay que tener cuidado. O se deja derecho, o se tumba por el lado adecuado; los motores de cuatro tiempos, al parecer, no se pueden tumbar de cualquier manera. En este caso, si se tumba por el lado erróneo, enseguida se nota… porque empieza a chorrear la gasolina por el suelo.

– Los agujeros en la chapa se hacen, lógicamente, con broca para metales. Además, es conveniente que la broca gire lo más despacio posible (sí, es así). Si no, se estropea y además no acabarás el agujero ni en una hora.

– ¿He dicho ya lo de las gafas y los guantes? Las virutas de metal cortan bastante… y saltan con bastante fuerza.

– Lo más difícil casi es hacer que todos los agujeros coincidan bien; hay que ser muy, muy preciso, y además conviene que los agujeros no sean más anchos que el grueso del tornillo, porque si no, bailará y estaremos como antes. Lo segundo más difícil es colocar todo para atornillarlo, porque al menos en este modelo de segadora, los tornillos no están nada accesibles y es incómodo de narices.

– Para evitar que una segadora acabe así, estoy convencido de que hay que limpiarla después de cada uso para despegar toda la hierba. Supongo que se puede usar un chorro de agua a presión y luego hacerla funcionar un poco para que la propia hélice lo seque… No sé, pero aunque mi amigo procura limpiarla, ya la heredó así de oxidada. Además, la chapa de esta en particular es malísima, malísima, malísima.

Después de hacer la chapuza, mi amigo probó el cortacésped y funcionó, aunque… parecía tener bastante poca potencia (y eso que en el motor no hemos intervenido). Veremos si es cosa de que tenía poca gasolina, o de que no estaba asentado todo donde debía después de estar desplazado unas horas… o si nos hemos cargado la segadora.

El caso es que no sabemos cuánto durará el apaño, ni nada, así que no sabemos si lo hemos arreglado o nos lo hemos cargado. Ya veremos.

Si yo fuera madrileño

18 18UTC enero 18UTC 2008

Si yo fuera madrileño, pensaría que a mi alcalde le importa un bledo su cargo, y que está ahí como trampolín para otras cosas, o porque no puede estar más… ¿arriba?

Si yo fuera madrileño, pensaría que a la presidenta de mi comunidad le importa un bledo su cargo, y que está ahí como trampolín para otras cosas, o porque no puede estar más… ¿arriba?

En el caso de la presidenta, además, tendría que recordar que llegó a ese cargo mediante un fraude electoral. Una vez el pueblo expresó su voluntad mediante las urnas, se aupó en la miseria de dos personas concretas para que se repitiese la votación. (Si yo fuera madrileño me preguntaría por qué la segunda vez ganó, pero de eso ya tendría que pedir cuentas al resto de los madrileños.)

El acalde aún podría contarme la trola de que Madrid es tremendamente importante para él, pero le llama un deber más alto. Sin embargo, la presidenta no ha planteado “quiero ir ahí”, sino “si va él, voy yo”. Esa actitud no tiene absolutamente ninguna explicación o justificación posible que no sea su conveniencia estrictamente personal. Está evidentemente dispuesta a echar a la mierda los votos que ha recibido, con tal de competir en su particular carrera política. En su día ya hablé sobre la responsabilidad del candidato, para candidatos que consideraban haber perdido. No se me ocurren adjetivos para quien hace lo mismo incluso habiendo sido elegido y habiendo tomado posesión de su cargo.

Si yo fuera madrileño, todo esto ya lo pensaría de antemano; no he visto nada nuevo, sólo dos plantas trepadoras, cuya especie ya conocía, enredándose. Pero si yo fuera madrileño, la diferencia es que ahora no podría quedarme ninguna duda al respecto.

Y no podría alegar desconocimiento.

La elocuencia de la seducción

16 16UTC enero 16UTC 2008

Estoy intentando leer Tácticas parlamentarias, de Jeremy Bentham. No dejan de ser reflexiones interesantes, contadas de un modo un poco anticuado, pero interesantes. Es que aquello de razonar y argumentar, para hablar de política, está anticuado, no lo podemos negar…

Aquí apunto alguna cita. Bentham, hablando de la publicidad de la actividad parlamentaria (es decir, que el contenido de los debates y resoluciones sea accesible al público, medida que no todos los parlamentos han adoptado en el pasado) expone argumentos a favor y en contra (para concluír que él está a favor). Como argumento en contra de esa publicidad expone la objeción que algunos plantean de que el deseo de popularidad puede mover a los elecctos a derivar hacia la “elocuencia de seducción” en vez de a la “elocuencia de razón”. Y Bentham refuta el argumento nada menos que así:

Este peligro es poco temible en un estado representativo, en que no es llamado el pueblo á votar sobre las resoluciones políticas. Los discorsos de los oradores que no le son conocidos mas que por los diarios, no tienen el influjo de las apasionadas arengas de un demagogo sedicioso; ni llegan á él más que pasando por un intermedio que los enfria: fuera de que van acompañados de argumentos contradictorios, que en el supuesto caso tienen toda la superioridad de lo verdadero sobre lo falso.

La publicidad de los debates ha arruinado mas que formado á los demagogos. Un hombre que se ha ganado toda el aura popular, no tiene mas que entrar en el parlamento para dejar de ser formidable. Colocado en medio de los iguales ó superiores suyos, no sienta cosa ninguna que no se impugne; se reducen sus ponderaciones á la justa medida de lo verdadero; queda humillada su presuncion; el deseo de una momentánea popularidad no produce mas que la ridiculez, y el adulador del pueblo acaba llenando de fastidio al pueblo mismo.

Está claro que en algo se equivocó Bentham. Quizás se deba a que por una parte hoy en día los representantes políticos tienen acceso directo e instantáneo a las más bajas pasiones de la ciudadanía; un debate sobre el estado de la nación es, ni más ni menos, un espectáculo televisivo. Y en el parlamento no queda humillado el presuntuoso ni el mentiroso. Y por otra parte, aunque no hubiera canales tan directos como la televisión o internet, el papel que desempeña hoy nuestra prensa está muy lejos de ese papel analítico y casi arbitral que plantea Bentham. Muy al contrario.

Así que la elocuencia de la razón, hoy en día, está casi totalmente abandonada. Ha habido algún otro ejemplo de elocuencia de la seducción, en la que el político ejercía de encantador de serpientes y nos convencía de lo que hiciera falta. Pero en los tiempos que corren, la única elocuencia que moviliza no es ni la de la razón ni la de la seducción, sino la del encabronamiento.

Milenta cómics: Maus, de Art Spiegelman

14 14UTC enero 14UTC 2008

Toi acabante de terminar Maus, de Art Spiegelman. Y ye impresionante. En varies acepciones de la pallabra. Impresiona. Dexa güelga.

Maus cuenta la vida de los pás de Art, xudíos polacos, na Segunda Guerra Mundial. Los pás de Art son supervivientes de Auschwitz. En Maus, Art cuenta cómo faló col pá sobre la so vida, y la de los sos familiares y collacios, cuando entamó la guerra, y cómo los xudíos foron poco a poco sufriendo la degradación y la muerte: la guerra, les humillaciones, les detenciones, el guetu, los campos de trabayu , los campos de concentración, el viaxe en tren pa mudase de campu, y el final de la guerra.

Ún de los ingredientes señeros de Maus ye que nun se cuenta namás lo que pasó nos años 1940. Cuéntense tamién delles coses personales de Art, y cómo trabayó en Maus durante años, y les entrevistes col pá y la so rellación. La rellación con un home difícil, un superviviente de los campos pero que agora nun ye un paisano llibre y tranquilu; ye un paisano difícil, obsesivu, avarientu. Ye la hestoria, tamién la hestoria de cómo el pá cuenta la hestoria, y la hestoria de cómo el fíu sufre la rellación col pá y trabaya pa parir Maus.

La parte de la hestoria que fala del nazismu ye mui dura. Nun ye que nun lo haigamos visto delles veces; ye que ye igual cuántes veces lo veamos. Art nun dibuxa presones reales; tolos personaxes humanos tienen cabeza d’animal. Los xudíos son ratones, los alemanes (cómo non) gatos, los polacos son gochos, los franceses ranes… Dalguna vegada, Art (cuando fala d’él mesmu y de cómo dibuxa lo que tas lleendo) sal como un paisanu de verdá pero con careta ratón, y tamién se ve que, cuando los xudíos viaxen disimulando pa pasar por non xudíos, son ratones pero lleven caretes de gochu. Estos planos y tiempos que se mezclen, esi falar del cuentu dientro’l cuentu, cuandu se usen bien, faen d’un cuentu daqué grande (como’n Rayuela, como na segunda parte del Quixote) y Maus ye grande.

El dibuxu ye en blanco y prieto, y cásique nunca nun se dibuxa’l sangre. Pero nun fai falta. Sí, los personaxes siempre paecen d´una fábula. Esos gatos nazis nun tienen muncho de terrible; cualquier simple portada de discu de Derek Riggs ye visualmente muncho más espantible que la peor viñeta de Maus, porque a esos oficiales de les SS apetez echá-yos un ovillu lana. Pero el horror ta ehí. Los dibuxos non, pero el horror que cuenten ye mui, mui real, y tócate’l coral.

Naquellos campos hebo un sortéu horrendu. Les hestories son llargues, y paez increíble cuánto pue pasar una persona. Cuandu ya paez que les coses nun pueden ser más terribles, vien otra peor. Y nesi xuegu, dalgunos viven y otros (la mayoría) muerren. Hai tantes oportunidáes pa morrer, que tá claro: ye como una rifa na que a nueve de cada diez dícen-yos “no”, y a ún dícen-y “sí”. Namás. Sí, la seleición natural ye sabia, y los que viven son fuertes y listos, pero la seleición natural tamién ye ciega. Una vida nun-y importa un ren. Lo que-y pasa a una presona nun quier decir nada. Ye suerte.

Por embargu, ni los que viven queden sanos. Siéntense culpables de vivir, y entrúguense por qué ellos sí, y alcuérdense de tolos que quedaron nel camín. Sufren enantes y sufren después. Tienen remordimientos por coses que tuvieron que facer pa salir p’alantre. La má de Art matóse munchos años después de salir de Auschwitz, ya a salvu, ya en Estaos Xuníos, ya con Art criáu. Art (que nació dempués de too aquello, nun vivió nada) tamién ta bien tocáu y va a terapia. Paez que toa esta xente sigue pagando nun se sabe qué. Y toes estes hestories pequeñes, estes discusiones de familia, esta tristeza, son tan interesantes como’l Holocaustu. Por eso Maus ye, de xuru, una obra d’arte.

Tol mundu tenía que lleer Paracuellos, tol mundu tenía que lleer 1984, tol mundu tenía que lleer Archipiélago gulag. Y tol mundu tenía que lleer Maus.

Anque seya duro. Que lo ye.