La elocuencia de la seducción

Estoy intentando leer Tácticas parlamentarias, de Jeremy Bentham. No dejan de ser reflexiones interesantes, contadas de un modo un poco anticuado, pero interesantes. Es que aquello de razonar y argumentar, para hablar de política, está anticuado, no lo podemos negar…

Aquí apunto alguna cita. Bentham, hablando de la publicidad de la actividad parlamentaria (es decir, que el contenido de los debates y resoluciones sea accesible al público, medida que no todos los parlamentos han adoptado en el pasado) expone argumentos a favor y en contra (para concluír que él está a favor). Como argumento en contra de esa publicidad expone la objeción que algunos plantean de que el deseo de popularidad puede mover a los elecctos a derivar hacia la “elocuencia de seducción” en vez de a la “elocuencia de razón”. Y Bentham refuta el argumento nada menos que así:

Este peligro es poco temible en un estado representativo, en que no es llamado el pueblo á votar sobre las resoluciones políticas. Los discorsos de los oradores que no le son conocidos mas que por los diarios, no tienen el influjo de las apasionadas arengas de un demagogo sedicioso; ni llegan á él más que pasando por un intermedio que los enfria: fuera de que van acompañados de argumentos contradictorios, que en el supuesto caso tienen toda la superioridad de lo verdadero sobre lo falso.

La publicidad de los debates ha arruinado mas que formado á los demagogos. Un hombre que se ha ganado toda el aura popular, no tiene mas que entrar en el parlamento para dejar de ser formidable. Colocado en medio de los iguales ó superiores suyos, no sienta cosa ninguna que no se impugne; se reducen sus ponderaciones á la justa medida de lo verdadero; queda humillada su presuncion; el deseo de una momentánea popularidad no produce mas que la ridiculez, y el adulador del pueblo acaba llenando de fastidio al pueblo mismo.

Está claro que en algo se equivocó Bentham. Quizás se deba a que por una parte hoy en día los representantes políticos tienen acceso directo e instantáneo a las más bajas pasiones de la ciudadanía; un debate sobre el estado de la nación es, ni más ni menos, un espectáculo televisivo. Y en el parlamento no queda humillado el presuntuoso ni el mentiroso. Y por otra parte, aunque no hubiera canales tan directos como la televisión o internet, el papel que desempeña hoy nuestra prensa está muy lejos de ese papel analítico y casi arbitral que plantea Bentham. Muy al contrario.

Así que la elocuencia de la razón, hoy en día, está casi totalmente abandonada. Ha habido algún otro ejemplo de elocuencia de la seducción, en la que el político ejercía de encantador de serpientes y nos convencía de lo que hiciera falta. Pero en los tiempos que corren, la única elocuencia que moviliza no es ni la de la razón ni la de la seducción, sino la del encabronamiento.

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Una respuesta to “La elocuencia de la seducción”

  1. Hiroshige Says:

    De este señor sólo leí “Panóptico” que planteó las bases de la reforma de edificios penitenciarios en el siglo XIX y la modificación de la conducta “bajo la presión de la mirada”. Claramente el modelo edificatorio sigue vigente pero la sociedad ha cambiado mucho.

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