Carlos Ruiz Zafón

Suelo terminar los libros que empiezo. Pero tampoco me obsesiono. Puedo dejar un libro a la mitad:
– Si me parece que me están tomando el pelo. Bueno, normalmente esto se advierte ya antes de empezarlo, así que no suele ocurrir.
– Si me parece demasiado duro o, simplemente, no es el libro que me apetece leer en ese momento. Me ha pasado por ejemplo con Wytold Gombrowicz, a quien intenté leer con la mejor intención pero mira, es que no.
– Si deja realmente de interesarme. Tampoco me ocurre a menudo (me interesan muchas cosas) pero alguna vez sí. Y me ocurrió eso… con La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.

Admito mi derrota. No pude, o no quise, terminar ese libro. Que, sin embargo, es una joya para mucha gente.

¿Cómo es posible? ¿Soy acaso tan elitista que cuando un libro vende mucho ya no es digno de mí? No me lo parece; quien me conozca sabe que tengo poco de elitista, creo (quizás sea elitista el decirlo). Aunque es cierto que siento animadversión por Harry Potter, y que ni se me pasa por la cabeza abrir El código da Vinci. Pero admiro muchísimo a Ibáñez (el de Mortadelo y Filemón), por ejemplo, así que no creo que sea eso.

Vamos a ver. No es que Ruiz Zafón escriba mal. Escribe muy correctamente, sin duda. Escribe francamente bien en el aspecto formal; construye frases con pies y cabeza, su discurso tiene lógica, dice cosas, es ordenado, es preciso. Tanto, tanto, tanto, tantísimo que su ficción no me resulta creíble de ninguna de las maneras. No nos engañemos, claro que todos los personajes que en el mundo han sido tienen ocurrencias y dicen frases ingeniosísimas y utilizan expresiones que no utiliza nadie más; cualquier lector de ficción tiene que vivir con eso (son pocos los elegidos que pueden escribir, o filmar, ficción atractiva usando sólo la realidad; no sé, Benito Zambrano, o gente así). Pero es que todo tiene un límite.

Lo que escribe Ruiz Zafón, y lo digo (¡de verdad!) sin ánimo de ofenderlo a él ni a sus lectores, me parece, en lo formal, de una pedantería tan exagerada que se sobrepone a lo que leo. No deja de estar ahí. No consigo que me pasen desapercibidas esas formas tan rebuscadas, o tan pulidas, o tan brillantes. Uno lee a Borges y su sencillez te deja pensando en lo que ha dicho, y en sus implicaciones que no ha dicho. Uno lee a Tirso de Molina y ni siquiera la rima interfiere en la historia; más bien la apoya, y a los cinco minutos se olvida de que está leyendo en verso y de que en realidad nadie habla así. Sin embargo, si leo a Ruiz Zafón estoy todo el rato viéndolo a él haciendo de escritor. Sus personajes no puedo creérmelos, a menos que Barcelona sea la tierra de los literatos frustrados y hasta los guardias civiles den los buenos días con metáforas de tirabuzón triple.

En cuanto a los argumentos, tengo que admitir, evidentemente, que como no he acabado el libro no puedo juzgarlo bien. Pero eso del cementerio de los libros olvidados, y tal… No sé, da para un relato corto, pero nada de lo que leí hasta que dejé de leer me pareció una idea tan buena como para seguir dándole vueltas. Vi una sucesión de descripciones, de diálogos perfectamente encajados, de símiles, de imágenes alegóricas y literarias… es decir, un ejercicio formalmente exquisito de escritura, pero me aburría como una ostra. Tenía unas pretensiones hacia el lector, las imágenes estaban tan, pero tan al servicio del lector, que rayaban peligrosamente en el Spielbergianismo.

Insisto: no puedo valorar el libro. Pero tengo que admitir que el estilo me ha derrotado. He preferido leer otra cosa antes que seguir con La sombra del viento. Dudo, pues, que lea su nuevo libro. Lo siento.

6 comentarios to “Carlos Ruiz Zafón”

  1. Rumbonín Says:

    ¡Hola Guti!Quizá sea el libro perfecto para una epoca en que la gente no lee, pero le encanta discutir de literatura mientras toman un vino blanco. Por cierto, yo si lo acabé…

  2. Marta Says:

    Yo también lo acabé, y debo decir que me gustó mucho. Es cierto que escribe de modo un tanto rebuscado, pero a mí no se supuso ningún problema para meterme en la historia. Y por cierto, el final me pareció muy chulo… ñej, ñej… XDEstoy leyendo ahora el segundo libro, en el que también se hace una visita al cementerio ese, y me está gustando mucho también, pese a que, habiendo leído tu post, soy mucho más consciente de sus esfuerzos por conformar una prosa rimbombante. 🙂 Y me he encontrado con expresiones que me han chocado muchísimo, como “abrió las ventanas a los cuatro vientos”. Aún ahora no sé si es correcto, pero me suena bastante mal.Pese a todo, estoy metida en la historia y la estoy disfrutando. :)Saludetes londinenses.

  3. Marta Says:

    Me retracto. He acabado el segundo libro y es decepcionante. O eso, o me salté sin darme cuenta doscientas páginas o así, porque no se entiende que haya dejado tantos cabos sin atar.

  4. Guti Says:

    Tranquila, que con esos cabos sueltos ya te calzará el tercer libro… Es lo que tiene la “economía planificada” 🙂

  5. Marta Says:

    Lo dudo, no es el tipo de cabos sueltos que se pueden atar más tarde. Tampoco creo que sea simplemente que acabó el libro con descuido y con prisas para venderlo por San Jordi. Creo más bien que urdió una trama demasiado complicada que no supo resolver. Me dejó con tan mal sabor de boca que no creo que lea los otros dos libros.Por otra parte, no tiene ningún sentido que sea parte del mismo mundo de “La sombra del Viento”. Una de las cosas que más me gustó de este es cómo supo hilvanar todos los hechos para que al final todo cobrara sentido dentro de la realidad. Sin embargo, en “El juego del Ángel” se saca la fantasía de la manga y de pronto estamos ante seres que no envejecen, casas en perfecto estado y habitadas que al día siguiente se descubre que están en ruinas desde hace 20 años… Y nunca explica por qué ni cómo suceden estas cosas. Sin contar con que se suceden tropecientos asesinatos y en la ciudad sólo hay tres policías para resolverlos… Por supuesto, nunca los resuelven. Acabas el libro y no sabes quién mató a quién.Puedo pasar por encima de una forma de escribir rebuscada y principiante, llena de clichés y de expresiones hechas, pero si me joroban la historia y se incluyen fantasías y acontecimientos sin ton ni son, apaga y vámonos.

  6. Herel Says:

    Tampoco me impresionó ese libro, aunque me lo terminé para poder juzgarlo más objetivamente.Al final sentí que no me había aportado nada nuevo, tan sólo descubrí un autor que cuenta historias sobadas, con expresiones sobadas, y personajes prototípicos igualmente sobados… pero eso sí: correctamente.Al igual que éste, autores como Dan Brown se están forrando sacando libros con la misma fórmula. Son como la canción del verano.

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