Archive for 29 mayo 2008

Losantos, el mediu ambiente, les cruces y les preguntes d’Ibarretxe

29 29UTC mayo 29UTC 2008

Losantos llama, pa defendese, a políticos del PP. Nun pescancio qué xacíu pue tener esa defensa. ¿Qué importancia pue tener lo que digan o lo que opinen Aguirre, o Zaplana, o Acebes, pa decidir si lo que dixo Losantos ye delitu o non?

Ayeri en CQC sacaron a dos políticos de Murcia falando del reciclaxe de basures (los de CQC punxeron GPS en conteneores de envases y de basura orgánica, y… los dos aportaron al mesmu sitiu). Vimos dos políticos quedar n’evidencia de manera lamentable. Y sobre too, vimos a un conseyeru o conceyal, nun m’alcuerdo, pero sí yera de mediu ambiente… que nun sabía a qué color hebía que tirar el papel y los pulgos de plátanu. Nun sé qué fai falta pa que te pongan na cai.

Sobre lo de los símbolos relixosos nes ceremonies civiles, diba escribir un montón de coses sobre el ridículu que fizo tamién Jáuregui intentando desplicar lo inesplicable. Pero ya me fizo’l trabayu, muncho meyor que yo, Javier Ortiz, colo que pa qué voy amestar yo nada más.

Ibarretxe ya enseñó les sos entrugues y les sos declaraciones rimbombantes y ampuloses. Lo primero que me llama la atención ye que nos telediarios dicen, como cosa importante, que les papeletes pa entrugar nun condenen la violencia. Pero eses papeletes tampoco dicen, por exemplu, que San Sebastián ye guapo. ¿Teníen que decilo? ¿Por qué? (Aparte de eso, lo de Ibarretxe paécenme dos pijaes como dos cases, pero llevaríame tiempu escribilo too.)

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Bestiario del humo: El aerobius erraticus

28 28UTC mayo 28UTC 2008

El aerobius erraticus se parece en algunas cosas a un cetáceo. Es un ser aerobio que deambula por un medio en el que respirar no siempre resulta fácil, y en consecuencia debe hacer desplazamientos frecuentes para procurarse aire.

En el reino animal es frecuente que haya individuos que desarrollen su capacidad de percepción. Sin embargo, en la especie humana hay individuos que, por decisión propia, ven mermada su capacidad de percepción. Se acostumbran al humo del tabaco, a base de consumirlo, bien sea activa o pasivamente, frecuentando lugares con alta concentración del mismo. Su olfato deja de percibir el resultado de la combustión (cosa que advierten con sorpresa si, por razones que tampoco vienen al caso, dejan el consumo durante suficiente tiempo, con lo que en algunos casos recuperan la normalidad de sus sentidos).

El aerobius erraticus se ha quedado fuera de esa carrera involutiva. Continúa respirando aire, sin interés alguno por acostumbrarse a la presencia de sustancias irritantes en el mismo. Y eso le obliga a desarrollar sus propias estrategias de supervivencia en un hábitat hostil.

Cuando un aerobius circula por la calle, es difícil hacer un trayecto, siquiera corto, sin que en algún momento, al inspirar, reciba una bocanada infecta, de sabor casi sólido, irrespirable. Tras la primera sensación de ahogo y de asco, mirará a su alrededor, y cien veces de cada cien verá que, efectivamente, hay a su alrededor algún individuo dotado de chimenea y expeliendo humo: llamemos a esta complejísima especie los snorkels.

A veces, el snorkel está sorprendentemente lejos del aerobius. Pero el humo que expelen los snorkels es algo especial, denso, permanente, elástico, cohesivo. Se mantiene en el aire con pertinacia. Es extraordinariamente raro, por no decir imposible, que la náusea que invade al aerobius sea figurada; indefectiblemente, tenía su motivo. Un snorkel en las proximidades. No podían ser imaginaciones; casi siempre, primero es la náusea y luego el avistamiento, no al revés. Y aquí empieza la panoplia de recursos cinéticos del aerobius, causa de ese calificativo de “erraticus”.

La peor situación se da, sin duda, cuando el snorkel circula por la calle, delante del aerobius, en su misma dirección. Porque va dejando un rastro de inmundicia permanente, que el aerobius no se tragará durante un fugaz y soportable instante, sino que tendrá que seguir cual raya de cocaína. En consecuencia, el aerobius probablemente cambie de manera repentina de trayectoria. Sin motivo aparente para los demás snorkels, el aerobius se desplaza bruscamente un par de metros a su derecha o izquierda y sigue caminando. Está intentando (por lo general, inútilmente) salir del inmundo rebufo del snorkel. Desde luego que, si puede, cambiará de acera por este solo motivo, aunque luego tenga que volver al mismo lado para llegar a su destino.

Esto no siempre funciona, claro está. Y entonces podremos ver otro comportamiento habitual en el aerobius: intentar caminar más rápido que el snorkel, para mantenerse por delante. A veces, incluso hará un pequeño sprint mientras mantiene la respiración, que dura justamente hasta que el snorkel está medio metro detrás de él (actitud muy parecida a las carreras anaerobias y explosivas de algunos felinos africanos). Otro movimiento aparentemente sin sentido, pero ineludible para el aerobius. Los aerobius acaban acostumbrándose a caminar bastante rápido por la calle. Si un aerobius lesionado o cojo se encuentra detrás de un snorkel que va al mismo sitio que él… puede darse por jodido: desprovisto de sus defensas naturales, se fumará el cigarro entero, más aún que el snorkel, que al fin y al cabo sólo aspira el humo que quiere y deja el resto detrás de sí.

Si el aerobius no va detrás del snorkel, sino que se cruza con él por la misma acera, el problema es menor, aunque también notable. En primer lugar, el aerobius, viéndolo venir, tomará apresuradamente una bocanada de aire y mantendrá la respiración, para evitar el íntimo contacto de sus tejidos internos con las excreciones repulsivas del snorkel. Una vez se ha cruzado con el snorkel, frecuentemente cambia también de trayectoria para salir del reguero que este deja tras de sí, mascullando alguna maldición. Pero como se separan rápidamente, la cosa no pasa a mayores.

A veces el aerobius está estático y el estímulo de un snorkel lo pone en movimiento. Por ejemplo, esperando para cruzar un semáforo. Un snorkel, por lo general, jamás rehúye una concentración de gente, ni se mantiene apartado; es un ser sociable, que inmediatamente se incrusta o se integra en el grupo, quizás considerando que sus volutas de humo añaden vaporosa sofisticación al conjunto. Pero si en ese grupo hay un aerobius, recibirá la vomitiva regurgitación del snorkel con desagrado. Por razones poco claras, el aerobius no es territorial, ni siquiera cuando debería serlo, y se aparta al otro extremo del paso de peatones. Si este es concurrido, las probabilidades de que llegue otro snorkel a su lado son altas… y el aerobius buscará una nueva posición. Cosa inútil, porque los pasos de peatones son estrechos y un par de snorkels imposibilitan estar allí y lejos de ellos a la vez. En ese caso, como mal menor, el aerobius intentará determinar dónde está barlovento, para ubicarse allí respirando lo menos posible, hasta que el semáforo se ponga verde. Entonces iniciará otra de sus súbitas arrancadas, a la vez que llena sus pulmones (¡por fin!) de aire. Otro comportamiento incomprensible para los snorkels, que quizás incluso lo miren con desagrado (ellos no sólo son fuertemente territoriales, sino también extremadamente susceptibles; relacionan la instintiva náusea ajena con un deliberado y malvado ataque a los fundamentos mismos de los derechos humanos).

Hay muchas otras situaciones similares, que sería prolijo enumerar en un solo artículo: una cola, un espectáculo al aire libre, una marquesina para resguardarse de la lluvia, una parada de autobús. Indefectiblemente, el snorkel llegará, se instalará donde le pete, y el aerobius se apartará sumisamente. Si está en la parada del autobús, y llueve, igualmente será el aerobius el que se ponga bajo la lluvia o busque un alero donde guarecerse, desde el que pueda ver si llega el autobús. En la literatura científica no se han recogido casos en los que un aerobius afee su conducta al snorkel y le diga que él debe buscarse otro sitio o, en caso contrario, cerrar la chimenea hasta mejor ocasión.

Todos estos comportamientos son incomprensibles para el snorkel, que los observa incluso con irritación. Interpreta que el aerobius actúa así… para molestarle. Que el aerobius es un ser hipersensible y sin sentido común. Pero por increíble que parezca, no hay maldad alguna en esta actitud del snorkel, que es perfectamente explicable por la fisiología. Primero: la conclusión del snorkel deriva necesariamente de la información que puede manejar como premisa, y esta le llega a través de unos sentidos que, como hemos descrito al principio, ya no perciben la presencia del humo. Segundo: el desarrollo de las premisas a las conclusiones pasa por el uso de un cerebro que es presa fácil para las sustancias presentes en el tabaco que consume, que alteran muchos elementos de su capacidad de raciocinio.

Ah, el aerobius erraticus… El manso y deambulante herbívoro de los mares.

Bestiario del humo: El henerozzo

27 27UTC mayo 27UTC 2008

El henerozzo es un ser que, de la que habla contigo y saca una cajetilla de tabaco para encender un pitillo, te ofrece por si quieres fumar.

Desde bien niños, los henerozzos criados en sociedad aprenden, por lo general, a controlar una imperiosa necesidad corporal, cual es la expulsión de gases intestinales conocida como pedo. Esto es así porque tal expulsión resulta notablemente desagradable al olfato de sus semejantes, por lo que cuando están en presencia de estos procuran evitarla, por mucho que les cueste hacerlo (es un acto voluntario, que requiere el uso de músculos y se opone a lo que las terminaciones nerviosas del intestino solicitan insistentemente al cerebro). En el caso peor, abandonan momentáneamente la reunión y buscan un lugar adecuado.

También a corta edad, sin embargo, contraen una necesidad nueva, esta vez elegida y no innata ni corporal, que es iniciar una combustión y respirar una pequeña parte del humo producido en ella. El henerozzo pronto ve anulada su capacidad de raciocinio o de control en todo lo que atañe a esa combustión. Sus habilidades sociales se ven supeditadas a ella. Para empezar, no es capaz de relacionarse con otros aficionados si la combustión no está presente. (Esta curiosa asociación entre la relación social y la combustión ha llevado al consumo, de hecho, y también a la muerte, a muchas personas. Una muerte ni nás ni menos solitaria que la media, por cierto, y tras una vida probablemente más corta y menos placentera. Pero de estas cosas hablaremos otro día.)

Cuando el henerozzo se encuentra con otras personas, de las que no sabe si también practican la combustión y el consumo de humo, y le asalta la necesidad de consumir, lo coherente con sus nociones de urbanidad sería controlar esa necesidad y posponerla para mejor ocasión, igual que otras mencionadas arriba. Por una parte, porque si los presentes no consumen humo es probable que les resulte molesto, quizá más que un pedo. Por otra parte, porque aun cuando lo consuman el henerozzo sabe que ese humo es altamente perjudicial, por lo que no parece educado iniciar la ronda. Pero ya hemos dicho que pierde el control.

La única forma que el henerozzo encuentra de conciliar esa fea necesidad (elegida por él) con la presencia de otras personas es un gesto que siente como una redención.

Ofrece tabaco.

No es un gesto fácil de mecanizar. Debe ser algo casual, cotidiano, que pase desapercibido casi, a ser posible alzando las cejas en actitud invitadora. El henerozzo es una buena persona; si tuviera juanolas envenenadas con mercurio, no las ofrecería. Lo que pasa es que probablemente tampoco las consumiría. Y eso que consumir juanolas envenenadas con mercurio a ningún tercero perjudica, y no rompe ninguna regla de urbanidad. Pero esta es, claro está, una de las contradicciones y faltas de control asociadas a su adicción.

Como no quiere reprimirse, ofrece tabaco. Y con eso ya ha obtenido su salvoconducto. Ya se siente legitimado para iniciar la combustión, porque se siente amable. Va a invadir los pulmones de los presentes con una sustancia bastante más molesta que la mayoría de los pedos e infinitamente más nociva, pero al fin y al cabo te ha invitado a unirte a él, no ha sido egoísta, se ha mostrado dispuesto a perder dinero para estrechar lazos contigo mediante su ritual de ignición. Tú puedes aceptar o declinar con una sonrisa resignada su ofrecimiento, pero en cualquier caso ya formas parte del juego. Te ha ofrecido un regalo envenenado… dos veces envenenado.

Tú podrías hacer algo, claro está. En vez de decir con una sonrisilla “no, gracias”, podrías decir con gesto extrañado: “Pero… ¿vas a… fumar?” (Algo así como “pero, ¿de verdad vas a tirarte un pedo, aquí y ahora?”) Lo que ocurre es que entonces, en ese delicado juego de urbanidad, el maleducado serías tú. Habrías contestado a un ofrecimiento con un desaire. Más aún: al ofrecer con esa instintiva facilidad (ese gesto, amigos, ese gesto es mucho más sutil de lo que parece) otorga una normalidad tácita a ese hecho. Lo que él hace, probablemente mientras habla con despreocupación, encaja en el fluir del tiempo, no llama la atención; lo que sería llamativo y rupturista sería poner cualquier cortapisa a tan automático movimiento. De hecho, al ofrecer tabaco no te dice “¿Puedo fumar?” Te dice “Voy a fumar, ¿quieres tú también?” El ritual ya ha empezado, ya te saca tres cuerpos de ventaja. Él ya está fumando, ya ha dado el primer paso. Así que poner obstáculos al proceso resulta aún más desabrido. Ya no puedes prevenir, sólo interrumpir. Y si lo haces, al dejarlo a él en evidencia te dejarás a ti mismo aún más. Tú serás un ser cruel, indiferente, egoísta, prepotente. Le habrás cortado el rollo.

Él, claro, no lo sabe, no es consciente de todo esto ni actúa con maldad; ya hemos dicho que es buena gente. Todo este tira y afloja es instintivo, como todas las negaciones, los autoengaños y las supersticiones neuróticas que dan de comer a los psicoanalistas argentinos. Pero ha conciliado la próxima realización de un acto agresivo y repugnante con la educación, el buen trato y el entendimiento entre los pueblos. Esa cajetilla es una bandera blanca. Es como “Oye, ¡tirémonos un pedo!”, y antes de que puedas decir nada: “raaaaaac”. Si no te lo has tirado, si no has participado, es porque no has querido. Ha socializado su excreción.

Así que cuando con esa elegancia cinematográfica y sofisticada enciende el cigarillo, tú sólo puedes decirle: “No, gracias, henerozzo”.

La crisis de Pepe

26 26UTC mayo 26UTC 2008

La verdá ye que nun entiendo un ren de lo que pasa nel PP. Bueno, sí lo entiendo si doi por fecho que de lo que se trata ye de ser califa en lugar del califa.

Si nun fora eso, como nun tengo ni idega de qué ye lo que quier camudar Rajoy, ni en qué tan d’alcuerdu nin dexen de talo, nun sé qué ye lo que nun-y gusta a María San Gil, ni a unos ni a otros. Nun sentí falar nada, pero nada, nada, de idegues ni de cambeos. Asina que los enfados que se traen unos colos otros nun tienen xacíu dalu pa mí.

Agora, si ye pa ser califa’n llugar del califa, anque nun pescancie nada, col maxín basta. Tan toos moviendo ficha, sotripándo-y la siella a Rajoy, buscando’l sitiu pa cuandu daquién reparta les migayes y preparando los cuchiellos pa Samartín. Por qué marcha la San Gil sigo ensin entendelo, pero nun soi tan llistu. (Tampoco la entendí cuandu echaba contra la policía, los xueces, el gobiernu… y los ponía de asesinos y conspiraores, anque son los que la defienden, y los supuestos cómplices los que la menacen.)

Abúltame que’l PP tuvo faciendo’l canelo cuatro años. Mandar a Acebes y a Zaplana a praos más verdes teníen que habelo fecho el 15 marzu. La autocrítica, tamién. Esta crisis teníen que habela montao d’aquella. ¿Por qué? Primero, porque yera lo xusto. Echar a la puta calle a aquellos personaxes (y dalgún más) yera obligáo (lo malo ye que con esta xente nun hai xusticia; Zaplana vien a la política con una mano delatre y otra detrás, fai perres nella, ríese de los valencianos, ríese de los españoles, y lo que-y dan ye… un premiu en Telefónica).

Segundo, porque de haber tao ocupáos con arreglase ente ellos, aforrábennos el espectáculu tan dolorosu y tan ridículu que dieron col 11-M, les conspiraciones, y la oposición indecente y vergoñosa que ficieron. Nunca nun vi cosa tala dende que tengo memoria, y espero nun velo más.

Y tercero, porque el espolín que tan armando agora ente ellos, pue vale-yos pa dalgo. El que armaron durante cuatro años valía namás que pa intentar llavá-y la cara a Acebes, y que nun reculara (anque tenía motivos); yera absurdo, una perda tiempu, y envede oposición ente’l 2004 y el 2008 ficieron una campaña eleutoral pal 14-M de 2004… Tou esi esfuerciu nun valió pa nada. Un esfuerciu pa camudar lo que hubiere que camudar, poner otra xente a trabayar, falar de lo que ficieron mal, puede que-yos valiera pa aportar a les eleiciones y ganales. Pero lo que ficieron foi el ridículo.

Agora nun sé qué van facer. Pero espero que faigan lo meyor. Lo meyor pa toos los ciudadanos, digo. Porque ehí hai xente que ya sé de lo que son capaces.

Mentantu, nun pueo negar que’l espectáculu ye buenu. Tolos díes pue ún reíse a gusto. El partíu que siempres se pinta como la seriedá, la unidá… y pierden unes eleiciones y destápase too. Los que frente a les mentires del 11-M al 14-M poníen na balanza aquelles tremendes manifestaciones convocáes por SMS poles fuercies del mal… agora tienen manifestaciones propies. El colmu de la risa ye cuandu Rajoy diz: “y no voy, que es lo que pretenden algunos… eeehh… desde fuera, a tirar la toalla.”. ¡Dende fuera, diz! ¡Me parto! ¡Primero lo de la neña Esperanza y agora esto! ¡Esti home me mata!

Wonderful spam

23 23UTC mayo 23UTC 2008

El spam no siempre es negativo. A veces llegan cosas que por lo menos son sorprendentes. Alguna vez ya reciclé spam para otros usos, pero esta vez se puede disfrutar en estado puro y en español.

Resulta que hoy me llegan juntos cuatro mensajes muy peculiares. Alguien llamado “demostrando profundidades” me dice:

¡La piel de su pene puede llegar a las rodillas y la barbilla!

Ejem… esto… viene a ser… ¿una especie de operación inversa de fimosis? Y lo del llegar a las rodillas y la barbilla… ¿a la vez? ¿Podemos decir que es una “trompetificación”?

Otro me dice que “¡Yo te mostraré mi aguijón!” Mira, muchacho, intenta enseñarme tu aguijón y te comes de la primera patada que te doy, y de la segunda lo devuelves.

Otro tiene un título anodino, pero el remitente sí es genial: “Gran mata con el orgasmo”. Estoy convencido de que es un nombre real, de algún jefe sioux o algo así (lo de bailar con lobos ya no se lleva, dónde vas a comparar).

Bueno, otro vuelve a decirme algo de aguijones y de cola grande. En fin… es lo bueno de Internet, conoces gente.

Convertir un documentu de Word nuna páxina web

22 22UTC mayo 22UTC 2008

Word dexa guardar un ficheru como HTML. Pero delles veces el documentu que ún quier poner na web ye grande, y taría bien que se ficiese en delles páxines, con un menú pa navegar polos apartáos y tal. Y un buscador.

Esto pue facese d’una manera abondo cenciella, ensin gastar perres y ensin bases de datos, con CMSimple, un xestor de conteníos en PHP.

La desplicación de cómo funciona CMSimple ye la siguiente (nun ye imprescindible pa usalo). CMSimple tá perbien, tien un editor en llínia pa que escribas, pero lo que fai ye guardar eses páxines nun solu ficheru HTML, colos apartaos como cabeceres H1, H2, y así. Cuandu entres a la páxina y pinches nun apartáu, el programa PHP lo que fai ye ver ónde entama y acaba dientro la páxina (mirando eses cabeceres H1, H2, H3…) y devolvete namás esi cachu. El ficheru que tien con tol conteníu ye content\content.htm.

Si ún garra un documentu Word bien fechu (que emplegue los estilos Título 1, Título 2 y demás) y lu guarda como HTML, y-y pega’l cambiazu a CMSimple tracamundiando content.htm pol documentu guardáu, el CMSimple va usalu como si fora’l suyu.

Los pasos son:
1.- Abrir el documentu’n Word, y guardalu como content.htm.
2.- Copialu al directoriu content dientro les carpetes de CMSimple, con esi nome.
3.- Si tien imáxenes, Word guárdales dientro una carpeta que llamaráse content_archivos. Como les referencies que van quedar nel .htm son relatives a la raíz, pero content.htm va tar dientro otra carpeta, la de les imáxenes (content_archivos) hai que copiala al mesmu nivel que la carpeta content, pa que les atope bien.
4.- Word guarda muncha morralla nel HTML que xenera. Opcionalmente, se-y pué pasar el TIDY pa que-y lo quite y el HTML seya más pequeñu. Si se quier facer, la llinia d’órdenes pué ser dalgo como: tidy -o content2.htm -f errores.txt –word-2000 true -asxml content.htm. Lluéu hai que renomar content2.htm pa que seya el nuevu content.htm.

Con eso, va quedanos un sitiu web perguapu pa percorrer un documentu fechu’n Word.

Reflexiones en el aire: Fumar no es reprochable

20 20UTC mayo 20UTC 2008

A la gente que me importa, y con la que tengo mucha confianza, quizás la aconseje. A quienes simplemente me importan, probablemente no me atreva a aconsejarles nada. Y a quienes no me importan, ni se me ocurre darles consejos. A quienes no me importan, ni conozco, sólo les hablaría de su comportamiento si hacen algo moralmente reprobable, algo que perjudica a los demás, o a mí en particular.

A menudo se percibe una actitud admonitoria en relación con los fumadores, en lo que respecta a su propia salud. Intentaré explicar cómo veo yo esa cuestión.

Básicamente, vivir desgasta.

Incluso sentándose a esperar la muerte se desgastaría uno. Con suerte, podrá hacer algo más que eso. Por ejemplo, podrá hacer deporte de alta competición. Pero el deporte de alta competición también desgasta. Los cartílagos, los tendones. A veces se rompe uno huesos. El deporte intenso, en alguna medida, es autodestructivo. Si nos ponemos metafísicos, nada más autodestructivo que vivir, que nos lleva inexorablemente a la muerte.

Pero bueno, dejémonos de monsergas; lo anterior no es más que una trampa dialéctica. Es evidente que el hecho de que todos vayamos a morir finalmente no hace que carezca de importancia cualquier cosa que hagamos, y no es igual de autodestructivo correr maratones que aficionarse al crack. No creo que haga falta ahondar mucho en eso.

Pero sí creo razonable que uno pague un precio por las cosas, si la compensación lo justifica. Juan Oyarzábal ha subido todas las cumbres de más de ocho mil metros que hay en el planeta, aunque para ello se ha dejado varios dedos y quién sabe cuántas cosas más. Pero él decide que el gasto y el esfuerzo merecen la pena, o dan sentido a su vida, y ya está. En lo que a él respecta, me parece legítimo.

El tabaco no es crack, pero es bastante autodestructivo. Un cancerígeno que, incluso cuando por suerte no degenera en cáncer, en cualquier caso machaca el interior del cuerpo. Anula buena parte de la voluntad (y diría, en serio, que del entendimiento) de su usuario, y consume una notable cantidad de dinero. Es como un parásito que se instala y luego es muy difícil quitarse de encima. Y cuando el parasitado no puede consumirlo está incómodo. Extremadamente incómodo, al parecer.

Pero si quien lo consume cree que merece la pena, y está dispuesto a pagar tal precio, la decisión es suya.

Fumar me parece, por supuesto que sí, una pésima idea, y un gravísimo error, y una conducta lo suficientemente autodestructiva como para que aconseje a quien quiera oírme que no se deje engañar. Pero en fumar no veo, en principio, nada moralmente reprochable.

Es sólo una decisión personal.

Bestiario del humo / reflexiones en el aire

20 20UTC mayo 20UTC 2008

Hace algo más de dos años puse aquí mi primera “opinión o llocáa”, según como se mire. Se refería a la nueva (e insuficiente) ley sobre el consumo de tabaco. Esa que algunos imbéciles llaman “ley antifumadores”.

El fenómeno del tabaco es algo tan fascinante, tan curioso, que realmente da para escribir mucho. Y si uno tiene un blog es por esa manía de escribir. Así que parece un buen tema.

Pero por otra parte maldita la gana que tengo de hacerme mala sangre sobre algo que ya ocupa un porcentaje suficientemente alto de mi cabreo diario. No, no pretendo dedicarme a la invectiva o la diatriba, ni desahogarme vociferando, por mucho que se lleve en estos últimos tiempos montar el pollo (incluso montar pollos preparados a mayor gloria de las cifras de audiencia).

El desafío que me planteo es escribir sobre el tabaco con toda serenidad y asepsia. He pensado abrir dos series de artículos.

Bestiario del humo. Bestiario: En la literatura medieval, colección de relatos, descripciones e imágenes de animales reales o fantásticos, según la RAE. Pretendo hacer un ejercicio descriptivo, puramente descriptivo si puedo, sobre diversos aspectos de esa faceta tan peculiar de nuestra civilización que es el consumo de tabaco; con la misma ingenuidad, o extrañeza, o curiosidad, o minuciosidad con que uno se acercaría, precisamente, a un animal mitológico. A todo se acostumbra uno, pero siempre se puede intentar acercarse de nuevo, como un extraterrestre, a eso que ya conoce, y mirarlo con ojos sorprendidos. Un bestiario moderno puede ser el de la Academia de Chimpancés. Yo no pretendo hacer eso, pero sí aportar mi punto de vista a cosas que parece que sólo admiten uno, que nos han enseñado las películas y la propaganda. No se trata, tampoco, de hacer sátira ni monólogos humorísticos. Ya veremos lo que sale.

Reflexiones en el aire. El bestiario es (pretende ser) descriptivo. Las reflexiones son opiniones. Pero estas están en el aire por varias razones. Una, porque desde el aire (no desde el humo) las escribiré. Otra, porque pueden cambiar, ante nuevos argumentos. Otra, porque seguramente no sirven para nada de puro livianas. También me gustaría que no se convirtieran en un desahogo ni nada parecido. Me gustaría poder explicarme a mí mismo lo que pienso y por qué lo pienso. Pero de manera fría y racional. Descriptiva, también.

Pues eso. Ya veremos lo que sale. Pero pienso empezar con una reflexión: mi apoyo entusiasta al derecho de los fumadores a fumar.

Facer un dípticu (cuadernín con grapes) en Word 2000 (o otros)

16 16UTC mayo 16UTC 2008

Anque nun ye mui habitual, delles veces apetéz-y a ún facer en Word un cuadernín de esos que se faen poniendo dos páxines per fueya, doblando pol mediu y grapando. Les versiones nueves de Word tienen pa facelo, pero Word 2000, y otros procesaores, non.

Lleí perehí soluciones que me abulten mui complicáes (hai que meter les fueyes otra vez na impresora, cambiar márxenes, y coses así). Asina que ocurrióseme una, mui casera, pero que funciona, y que pue valer pa otros procesaores que nun tengan esa función, pero que permitan imprimir les páxines que ún quier. Por exemplu, la páxina 6, la 8 y la 15. Si pues facer eso, pues usar esti métodu.

La cosa ye:

– Facer que el documento tenga un númberu de páxines múltiplu d’ocho. (Si fai falta, metiéndo-y al final páxines blanques.)
– Poner les opciones d’imprimir pa que salgan dos páxines por fueya, y que imprima peles dos cares.
– Na lista de páxines pa imprimir, poner la secuencia que correspuenda.

Y esta secuencia calcúlase con un programín. Yo fice una fueya d’Excel, na que nuna casilla pones el númberu de páxines del documentu, y n’otra llames a esta función con esi númberu:

Public Function SecuenciaImpresion(numPaxines As Integer) As String
Dim parriba, pabaxo As Integer
Dim resultau As String

resultau = ""
parriba = 1
pabaxo = numPaxines

While parriba < pabaxo
resultau = resultau & _
pabaxo & "," & _
parriba & ","
pabaxo = pabaxo - 1
parriba = parriba + 1
resultau = resultau & _
parriba & "," & _
pabaxo & ","
pabaxo = pabaxo - 1
parriba = parriba + 1
Wend

' Quitar la cabera coma
resultau = Left$(resultau, Len(resultau) - 1)
SecuenciaImpresion = resultau
End Function

Esa función devuélvete la secuencia correuta. Por exemplu, pa imprimir un cuadernín de 16 páxines, tienes que pedí-y a Word que te imprima les páxines:

16,1,2,15,14,3,4,13,12,5,6,11,10,7,8,9

Asina, a dos páxines per cara y a dos cares per fueya, tal cual salen de la impresora, dóblesles y (si quies) grápesles. Esa cadena 16,1,2… ye lo que te devuelve la función d’enrriba. Ye un pocoñín chapuzuca, pero de toes maneres un cuadernín d’esos nunca va tener munches páxines (porque si non… a ver quién les dobla). Poro, paezme una solución aceutable.

Si nun te gusta Excel, o nun te gusta’l Visual Basic, ye perfácil treslladar esi algoritmu a otru lenguaxe.

Pa que atope esto la xente que-y puea interesar, voi poner aquí les pallabres n’español y n’inglés:

Imprimir un díptico (cuadernillo de hojas grapadas) en Microsoft Word 2000

Printing a booklet in Microsoft Word 2000

Espero que a dalgún internauta-y sirva pa dalgo.

Ingenuidad / Naivety

14 14UTC mayo 14UTC 2008

[Artículo bilingüe / Bilingual post]

Sergio has made me think. Is it that naive believing in goodness?

Believing in goodness, trusting mankind, may be considered a stupid position, since there are so very many brutal counterexamples.

Thermodynamics are probably the strongest law in the universe. After all, thermodynamically speaking, fuel runs out, animals die, stars go out, systems find a stable, motionless state. Life in itself goes against the tide; it is a pointless phenomenon, a bid against logic. But a strong force, too. Delicate like thunder.

And here we are, knowing all of this, and knowing that we will die someday, but striving to get up every day and acting as if we were ignorant of that. And that’s the correct way to act. And without that positive and apparently irrational attitude we wouldn’t survive a single day. If we are not that confidence, we are nothing.

Thermodynamics rule; it’s much easier to do evil than to do good. But we shouldn’t give thermodynamics more advantage than strictly necessary.

And, anyway, there’s something great in playing this fascinating game with style, even when you loose at the end.


Sergio me ha hecho pensar. ¿Es tan ingenuo creer en la bondad?

Creer en la bondad, tener fe en el género humano, puede considerarse una posición absurda, habiendo tantísimos contraejemplos brutales.

La termodinámica es, quizás, la ley más inexorable del universo. Al fin y al cabo, termodinámicamente los combustibles se acaban, los animales mueren, las estrellas se extinguen, los sistemas encuentran un estado estable e inmóvil. La vida, de por sí, va contracorriente; es un fenómeno sin sentido, una apuesta contra la lógica. Pero también es una fuerza inmensa. Delicada como un trueno.

Y aquí estamos, sabiendo todo esto, y sabiendo que un día moriremos, pero luchando por levantarnos cada día y actuar como si no lo supiéramos. Y esa es la forma correcta de actuar. Y sin esa actitud positiva y aparentemente irracional no sobreviviríamos ni un solo día. Si no somos esa confianza, no somos nada.

La termodinámica manda; es mucho más fácil hacer el mal que el bien. Pero no deberíamos dar a la termodinámica más ventaja de la estrictamente inevitable.

Y además hay algo grande en jugar este juego fascinante con estilo, incluso aunque se pierda al final.