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El peor viaje del mundo

7 07+00:00 mayo 07+00:00 2008

Acabo de terminar El peor viaje del mundo, de Apsley Cherry-Garrard. Uno de los hombres de la expedición de Scott al Polo Sur. Pero aunque en el libro se habla, cómo no, de esa desdichada parte de la expedición (viaje hecho en verano) el título responde en realidad a un viaje que hicieron Cherry-Garrard, Wilson y Bowers a Cabo Crozier, en invierno, para conseguir huevos de pingüino emperador.

Un viaje a pie en invierno por el hielo antártico. Donde apenas hay gérmenes, porque no sobreviven. Donde es de noche permanentemente. Arrastrando por sí mismos dos trineos. Donde al salir de la tienda hay que ponerse rápidamente en posición de tirar, porque una vez que la ropa se congela (cosa casi instantánea) ya no se puede cambiar de postura. Donde cualquier roce de las manos desnudas con un metal representa una congelación inmediata. Donde deseaban la hora del desayuno, porque sabían que en las siguientes 17 horas no iban a tener que meterse de nuevo en aquellos horrendos sacos de dormir congelados.

Es un libro largo (casi mil páginas), lleno de citas de diarios y notas personales de los expedicionarios, detallado en algunas cosas que pueden interesarnos o no. Uno se pregunta también cuántas crestas de presión o grietas pueden narrarse, o cuántas conjeturas sobre el escorbuto pueden hacerse. Pero a pesar de eso es un libro que se lee bien. Cherry-Garrard es un gran narrador.

Sí, ha habido seres humanos aguantando durante semanas temperaturas de… más de cincuenta grados bajo cero (registraron -60,8º), con el único fin de averiguar algo sobre la embriogénesis de los pingüinos y la evolución.

Ya hubo algún pasaje sobre el que no tuve más remedio que escribir. Aunque no era el tema de aquel episodio, hablé del dinero y de los hombres. Y curiosamente Cherry-Garrard termina el libro, esa descomunal epopeya (la penúltima, porque luego vino Shackleton con otro gran fracaso que también se convirtió en épica) refiriéndose a lo mismo que yo.

Y diré una cosa: si tiene usted el deseo de saber y el poder para hacerlo realidad, vaya y explore. Si es usted un hombre valiente, no hará nada; si es un hombre miedoso, es posible que haga mucho, pues sólo los cobardes tienen necesidad de demostrar su valor. Hay quien le dirá que está chiflado, y casi todo el mundo le preguntará: “¿Para qué?” Y es que somos una nación de tenderos, y ningún tendero está dispuesto a parar en mientes en una investigación que no le prometa un rendimiento económico antes de un año. Así que viajará usted prácticamente solo con su trineo, pero quienes le acompañen no serán tenderos, y eso tiene un gran valor. Si hace usted su correspondiente viaje de invierno, obtendrá su recompensa, siempre y cuando lo único que desee sea un huevo de pingüino.

No se puede decir mejor. Viajará prácticamente solo, pero quienes le acompañarán no serán tenderos

Hace dos mil ochocientos años, un poeta llamado Homero escribió la historia de la cólera de Aquiles, y aquella obra perdura. Narra 51 días de la guerra de Troya; la guerra, al parecer, era lo más grande que los hombres creían hacer en aquel entonces. Si hay justicia, las expediciones antárticas hasta Shackleton deberían ser la épica de nuestros días, y sus trovadores (que estuvieron allí) deberían ser recordados también en los próximos tres milenios. Si el género humano tiene algo grande, está en estos libros.

Por cierto, el libro está en el dominio público.