Archive for 29 diciembre 2008

La familia y uno más

29 29UTC diciembre 29UTC 2008

Respecto a la interesante reunión que ha habido en Madrid sobre la familia católica y todo lo demás…

Mi reflexión al respecto es sencilla. Acepto sin mayor problema que haya personas que asuman los planteamientos de esa religión. (No es del todo así, tengo bastantes reservas al respecto y lo considero un grave error por muchas razones, pero considero un ejercicio de libertad individual cometer errores.) Yo no defiendo el aborto, sino la libertad de elección; a priori no tengo nada en contra de la decisión de no abortar. Tampoco tengo nada en contra del matrimonio heterosexual. Ni de las familias numerosas. Ni de acudir a una misa a escuchar las palabras del Papa, si es lo que a uno le apetece. Ni siquiera de cantar algunas canciones lamentables; para eso estamos y yo soy el primero en hacerlo (aunque no esas).

El problema surge cuando eso que nos gusta queremos que, por cojones, les guste a los demás (el matrimonio heterosexual, por ejemplo). Eso se llama legislar. Y debe evitarse legislar sobre comportamientos salvo para evitar que se viole el derecho de alguien. Y las leyes deben basarse en supuestos o preceptos racionales, que todos podamos compartir.

Los mandatos de la iglesia católica no son, desde luego, racionales en absoluto, y tampoco son nada que podamos compartir. Un matrimonio civil es algo en lo que la iglesia no pinta nada; sus fieles no lo usan, se supone. Pero si lo hacen, pueden perfectamente vivir con arreglo a sus propias creencias. Si el vecino va al infierno, ese es su problema. Y su derecho.

Respecto a los niños y su derecho, no hay absolutamente ninguna prueba ni indicio (más allá del dogmatismo gratuito e inculto) de que unos padres homosexuales dañen a un niño de ninguna manera. Antes bien, cabe argumentar racionalmente que una educación católica atenta contra derechos fundamentales del niño.

En resumen: cualquier afán legislador basado en los dogmas de cualquier iglesia está absolutamente fuera de lugar. Si se argumenta basándose en la ética, en los derechos humanos… cabe la discusión. Si se argumenta basándose en revelaciones, milagros y papas infalibles, pues no hay nada que discutir. Respetémonos todos, y hagamos leyes en las que quepamos todos.

Y en el momento en que una ley no permita a los católicos ser católicos, probablemente saldré en su defensa sin necesidad de que me convoque Rouco Varela. Pero es que no tengo constancia de ninguna. Ni una sola.

Hecho polvo

17 17UTC diciembre 17UTC 2008

Lunes: 38,8ºC.
Martes: 38,7ºC.
Miércoles (¡por la mañana!): 38,8ºC.

Vuelvo pa la cama…

La televisión que quiero (II)

15 15UTC diciembre 15UTC 2008

Me dejé en el tintero alguna cosa al respecto. Un par de reglas.

– Está terminantemente prohibido alterar el volumen de emisión de sonido al cambiar entre publicidad y contenidos. Es algo totalmente inaudito e inaceptable que las cadenas suban el volumen (o la compresión, o lo que sea que hagan, pero está claro que lo hacen) por su cuenta cuando emiten anuncios.

– Los informativos no pueden anunciar emisiones televisivas ni dar noticias sobre datos de audiencia de los programas. Da verdadera vergüenza ajena el mercadeo que los informativos se traen con los eventos de su propia cadena, con la autopublicidad descarada, y con esa especie de adoctrinamiento sobre qué cadena ve más la gente (y por tanto debes ver tú también). En la línea de separar la publicidad y la información, es evidente que la autopublicidad debe quedar fuera de los telediarios. Que vuelvan a ofrecer programas separados sobre la propia televisión y la programación de la semana (pero con el poco respeto que muestran a la programación supongo que les sería difícil).

La televisión que quiero

12 12UTC diciembre 12UTC 2008

Maurizio Carlotti, preboste de Antena 3 TV, despotrica en un artículo en El País contra las limitaciones a la publicidad en televisión, y dice que sin publicidad no hay televisión en libertad.

Bueno, es la típica cantinela de los que sólo ven dinero a su alrededor. Para esta gente no existe el arte, la comunicación o la cultura: existe el dinero. Esto no es en sí mismo una crítica; cuando digo que la misión de una empresa no es generar arte, ni cultura, sino ganar dinero, no estoy haciendo más que reflejar lo que ellos mismos me han enseñado. También pienso que si no le parece bien que la televisión en España sea un servicio público (incluida la televisión privada), o que en el mundo civilizado se ponga coto a los desmanes de las personas y las empresas, puede simplemente cambiar de negocio, y dejar la televisión en otras manos. De aficionados, si hace falta.

Como resumen, Carlotti coloca un sic en un texto de una directiva europea:

para proteger (sic) a los telespectadores del exceso de publicidad en televisión

El sic se coloca para señalar, en una cita, una expresión que puede parecer inexacta, pero que es textual (es decir, que estaba así en el original). A Carlotti le parece que la expresión “proteger a los espectadores del exceso de publicidad” puede ser interpretado por alguien como un error de transcripción, una especie de despropósito sintáctico. Ese sic refleja su postura con más claridad que el resto del artículo.

Me da pereza contestar una por una a todas las sandeces que vierte alguien en cuya cosmología la Wikipedia o la enseñanza gratuita no tienen ninguna explicación, son fenómenos paranormales. Así que voy a ir a lo práctico y señalar cómo creo yo que debería ser la televisión.

– Publicidad y contenido totalmente separados. Prohibidos los programas publicitarios que se parecen a series, prohibida la inserción de publicidad durante los programas. Es más: debería haber una señal en emisión que marcara en cada momento si se está emitiendo publicidad o contenidos. La televisión es mi buzón, y en mi buzón no se mete publicidad; la miro si quiero. No se trata de quitar toda al publicidad, sino de ponerle límites racionales.

– Limitaciones al tiempo de emisión de publicidad.

– Opinión e información totalmente separadas y etiquetadas.

– La programación de televisión debe hacerse pública semanalmente y con antelación. Cualquier modificación sin causas claras debería resultar en una penalización. La contraprogramación no es una causa aceptable.

– Las faltas en los apartados anteriores deberían conllevar sanciones duras; por ejemplo, la mitad de los ingresos por publicidad en esa semana. La acumulación de sanciones debería llevar a la suspensión de la licencia para emitir.

– Los espacios informativos, como servicio público, deben ir claramente etiquetados como tales y estar sujetos a normas estrictas de calidad. La emisión de publicidad durante un informativo debería conllevar una sanción especialmente dura. No digamos si se demuestra cualquier “venta” del espacio de informativos, práctica que no me consta que exista pero estoy seguro de que es así (sólo de ese modo se explican algunas noticias).

– Los montajes o falsedades en televisión deberían ser igualmente sancionados, incluso por vía penal. Véase la historia de Twenty One.

Sí, ya sé que varios de esos puntos ya están teóricamente en práctica, pero son papel mojado; también que algunos son difíciles de objetivar o reglamentar, y que parece que se abre la puerta a una suerte de control estatal o censura (hacer de víctimas sabemos todos). Pero las televisiones en España han llegado a un grado de desvergüenza que demuestra que algún remedio hace falta.

Bajando un 300%

11 11UTC diciembre 11UTC 2008

Dice repetidamente Roberto Bécares en El Mundo que una serie de restaurantes de Madrid han visto bajar el número de clientes… un 300%.

Melosplique.

¿Qué coño quiere decir eso?

¿Acaso ahora tienen clientes negativos?

Roberto, tío, ¿has pensado en lo que escribías, o es que yo soy un lerdo?

Consumimos mentira y nos da igual

9 09UTC diciembre 09UTC 2008

Creo que ya he escrito más de una vez sobre esto, pero es un fenómeno que me tiene sorprendido y preocupado a partes iguales, y tanto que tengo que volver a escribir o reviento: nos hemos acostumbrado a la mentira. No nos escandaliza; la consumimos. Herman Hesse hablaba de la época folletinesca para referirse a un período de trivialidad generalizada, de despreocupada evasión ante los problemas. Pero creo que hoy se quedaría sin palabras.

Siempre ha habido ficción. El teatro empezó en Grecia con un coro que hacía música; todo el mundo identificaba perfectamente a los músicos. Luego, algún miembro del coro empezó a intervenir hablando y dando réplicas, y poco a poco ese papel se multiplicó y creció en importancia hasta llegar al teatro que conocemos. Y ahí ha estado el teatro durante milenios. Pero todo el mundo sabe perfectamente quiénes son los actores, y entiende el funcionamiento de un escenario.

En literatura hace también mucho tiempo que existe la ficción. Las historias mitológicas podían fundirse con la realidad, y hoy en día hay formas de mitología vigentes; pero por lo general, fuera de esos reductos específicos, la ficción no daña nuestra percepción de la realidad. Cervantes ya ironizó sobre ello hace siglos. La ficción puede hacer daño porque hay gente que cree que la realidad es como esa ficción; hay gente que cree que todo el mundo es homosexual o promiscuo o pintoresco como en una película de Almodóvar, por ejemplo. Pero aun el más crédulo sabe que la película en sí es ficción. No confunde “Átame” con un documental, ni cree que a Victoria Abril la hayan secuestrado.

La ciencia-ficción puede parecer más engañosa; al fin y al cabo, se trata de ficción apoyada en principios científicos. Exige del lector un “mirar hacia otro lado”, una “suspensión de la incredulidad”, para aceptar datos desconocidos o directamente falsos, necesarios para sustentar la historia. Pero el lector es consciente de ese ejercicio. De hecho, una obra de ciencia ficción no puede abusar de ese recurso, porque entonces el público la considerará mal resuelta. La ficción está presente de manera tan clara y sin tapujos como la ciencia.

El ilusionismo también discurre por cauces racionales. Uno sabe que el divertimento consiste precisamente en que lo engañen. Sabe que hay truco, y admira la habilidad, y disfruta de la fantasía aunque no pueda explicarla. Pero el que tiene delante es un mago o ilusionista, y es consciente de ello. No intenta partirse en casa con un serrucho.

Luego llegó la fiebre del reality show. Se supone que es un programa en el que, en vez de mostrar ficción, se exhibe gente dispuesta a dejar que se invada su realidad íntima. Lo que tenían de obsceno, y por tanto de interesante, era enseñar cosas que no solían enseñarse (esa es la etimología de obsceno, también de origen griego: fuera de la escena, o algo así).

En general, fuera de esos supuestos más o menos artísticos, la mentira, el intentar hacer pasar por realidad algo que es ficción, provoca una quiebra grave de confianza. Si a uno lo engañan, se resiente, pide cuentas, rompe relaciones, denuncia. El que miente sabe que, en principio, debe evitar que lo pillen, porque si lo pillan, probablemente lo pague.

Pero sorprendentemente eso ha dejado de ser cierto. Y no consigo explicarlo. A no ser que vivamos en una época folletinesca, pero tan folletinesca, con tal necesidad de evadirnos y mirar para otro lado, que aceptemos incluso una ruptura de la separación entre ficción y realidad. Como si aceptáramos que nos engañen pésimamente, como si aceptáramos un ilusionista al que se le ven todos los trucos. Tan bajo ponemos el listón.

En Telecinco (cómo no) hay uno de esos concursos deleznables, que supongo que pretenden atraer a cierto tipo de público mediante sensiblería lacrimógena, a otro sector con romanticismo barato de treceañera chiflada y a otro con tías buenas (diría también tíos buenos por equilibrar, pero es que no lo veo claro). Es a la televisión lo mismo que las harinas animales para los herbívoros: puro proceso fisiológico, que funciona a corto plazo para lo que se pretende, aunque tenga consecuencias nefastas para la salud. Pero lo peor de ese programa no es eso. Sería hediondo si fuera real, pero es que encima es mentira. Venden como real lo que es -estoy convencido- mal teatro.

En ese concurso, un tipejo elige novia de una especie de plantel de golfas y/o tontas. El día de gloria era, cómo no, el momento en que el chavalín eligiera hembra. Supongo que lo vio mucha gente. Momento súper romántico, y tal y cual. Creo que ese momento ya era falso, porque al parecer se sabía ya a quién iba a elegir el chico.

Yo voy más allá: no creo que elija él. Creo que todo eso estará reflejado en el contrato correspondiente.

Pero resulta que a los pocos días salta la tremenda noticia de que esa chica tan modosita y mona le ha puesto los cuernos al prota con… un ex-concursante de Gran Hermano.

Y mi madre, una persona inteligente, se indigna. Porque la chica le ponga los cuernos al bueno de Efrén (que así se llama el maromo).

Y yo me pregunto: ¿es creíble que en televisión tengan montada esa especie de prostíbulo (bueno, supongo que es una metáfora aceptable para un casting en el que un tipo elige con quién se acuesta) y realmente esperen a ese momento para enterarse de qué elige el tipo? ¿Es posible que se dé la casualidad de que a las pocas horas, antes de que se enfríe el clamor popular, la tía que ha estado semanas y semanas luchando a brazo partido por convertirse en la favorita del sultán se canse de su luna de miel y se líe con otro? ¿Es creíble que, oh casualidad de las casualidades, ese tipo sea uno de Gran Hermano, con toda la gente que anda por el mundo? ¿No hay ahí una premeditación y una planificación mucho más evidentes y burdas que en el más prescindible culebrón? ¿No se nota cómo intentan mantener el interés y rentabilizar lo invertido con la secuela, una vez que pasó el momentazo de la elección?

Podría tomarse como una ficción inocente, como una forma barata de teatro. Pero hay una gran diferencia: no se supone que sea mentira. No nos presentan a las hetairas y los reyezuelos como actores que cuando acaba la jornada recogen los aplausos y se van a casa. Los presentadores no hablan de su trabajo como un trabajo de ficción, y los entrevistadores que los interrogan en un programa y otro no actúan como si interrogaran al actor que ya se ha desmaquillado y duchado para preguntarle qué tal fue la representación. Todo el mundo hace como si fuera cierto. Y casi todo el mundo se lo cree. Y nadie tiene interés en averiguar si es auténtico lo que ve, pero cuando se averigua que no lo es (rara vez), a la gente le da igual; no dan la espalda a este tipo de programas. Los protagonistas no tienen que esconderse avergonzados (salen en la tele y hablan del montaje, del posado, y de lo que cobraron). Nadie tiene que dimitir. Es como si todos los partidos de fútbol fuesen amañados y a nadie le importara.

Y de verdad que creo que todo esto es algo terrible. Muy peligroso. Y tristemente se ha convertido en una seña de identidad de la sociedad de este siglo.

Aguirre y la Providencia

4 04UTC diciembre 04UTC 2008

Seguimos con Aguirre. Otra reflexión.

Si es cierto lo que transcribe El Mundo:

aseguró que no hubo ninguna “heroicidad” sino, simplemente, una manifestación del destino, “el nombre que algunos dan a la Providencia”.

Una cosa que no sé si ha pensado Aguirre es que, de ser cierto, la principal decisión de la Providencia ese día es que murieran asesinadas 200 personas. Más que en los atentados del 11-M que tanto han “preocupado” a su partido durante todo este tiempo (hasta que el ciclo económico les ha dado, por fin, el respiro que necesitaban).

Otra cosa que probablemente no ha pensado es que “Providencia” es el nombre que algunos dan al “destino”, que a su vez es el nombre que algunos dan al azar.

Todo esto no tiene mayor importancia, cada cual cree en sus propios demiurgos y no es más que anécdota. Lo peligroso de esto es que una persona adulta, y con sus responsabilidades, quizás sea incapaz de afrontar la idea de que sobrevivió por azar.

Y cuántos disgustos nos ha dado la gente que se cree elegida por su Dios… Espero que no sea el caso y en compensación tenga presentes algunos otros principios de su religión. Aquello de no caer en la soberbia, por ejemplo; o en la codicia. O de no decir falso testimonio.

Bueno, me parece que para todo esto ya llegamos tarde, porque en eso consiste exactamente su trabajo.

Cosas de los liberales

3 03UTC diciembre 03UTC 2008

Me resulta cómico cómo algunos se apropian de los términos para decir exactamente lo contrario de lo que dicen. Qué sé yo, como “Paz y Justicia”, un grupo paramilitar de Chiapas. O como el “Club de fumadores por la tolerancia”. O como “liberal”, “neoliberal”. O como “Libertad digital”. En algunos casos se refieren a la libertad de que todos los demás sean como quiere uno.

En un artículo de Libertad Digital que cita a otro de La Nueva España se dice que el Ayuntamiento de Gijón obliga a sus pobres funcionarios a utilizar los topónimos en asturiano.

Por supuesto, ha caído en los comentarios el habitual chorreo de insultos, de agresividad, de vituperios a esa lengua inventada que es el asturiano.

No conozco todos los detalles de la orden del Ayuntamiento, pero sí he podido ver que el uso de la toponimia oficial no es más que la aplicación del decreto 105/2006 que aprueba la toponimia oficial, que a su vez se apoya en la Ley de Uso y Promoción del asturiano (esa que muchos dicen que hace innecesaria la cooficialidad), que a su vez se fundamenta en el Estatuto de Autonomía, que transpone de manera insuficiente lo que ordena la Constitución. El uso de esa toponimia resulta acorde con resoluciones de la Unión Europea y la ONU. Por otra parte, las personas que escriben despotricando contra el asturiano es evidente que tampoco aprecian mucho el español, a la vista de cómo escriben. (No vamos a entrar en esa sandez de “Asturias es España y lo demás tierra conquistada” que tanto gusta a algunos, aunque sea una mentira ridícula.)

Eso sí; como ellos no hablan de determinada forma, es evidente que no existe. Esa es la libertad. En religión creo que obran de forma parecida: sólo hay un dios verdadero.

Si se hubieran tomado la molestia de mirar el decreto de marras (que es evidente que no les hace falta para nada), verían que la inmensa mayoría de los topónimos se refieren a lugares que ni siquiera tenían ningún nombre oficial, y que los demás no resultan precisamente una invención ni nada extravagante. (A diferencia de algunos de los que están rotulados por ahí, que sí que tienen delito.) Como necesitan excusas para desahogarse, han convertido lo que parece tener bastante de mera normalización estilística en una especie de instauración de un régimen nazi.

De todos modos, aun cuando se pueda discutir este o aquel topónimo, o las medidas adoptadas, o si la lengua tiene valor cultural o no, o si hay que cambiar todas las leyes para ir en dirección contraria a la ONU, la UE y la Constitución, se puede discutir, pero no parece justificada ni esa agresividad ni esos insultos.

Pensaba escribir un comentario conciliador llamando un poco a la cordura, pero resulta que para poner un comentario en Libertad Digital tienes que crear una cuenta. Vale. Una cuenta en la que dés el correo electrónico. Bueeeeeno. Y en la que escribas un número de teléfono móvil. Coñe… Y además tendrás que activar la cuenta enviando un SMS con ese teléfono. Todo facilidades, vamos.

Y ojo, que después de hacer todo eso, los comentarios son moderados, así que está por ver si tu opinión va a salir reflejada allí o no.

Libertad Digital. Ja.

Aguirre y Aznar y el César y Dios

2 02UTC diciembre 02UTC 2008

Ninguno de los dos es precisamente santo de mi devoción. Me han dado infinidad de motivos para aborrecerlos. En el caso de Esperanza Aguirre, además, me ha hecho cambiar de opinión: tenía una opinión positiva sobre ella cuando apenas la conocía y era ministra. En el caso de Aznar creo que no me equivoqué, que lo juzgué bien desde el principio.

Pero lo que ye, ye.

La primera: al hilo de los atentados de Bombay de los que escapó Esperanza Aguirre, ya he leído varias veces las apreciaciones sobre cómo abandonan el barco las ratas y los capitanes, y me he divertido maliciosamente con ellas. Pero ciñéndome sólo al hecho de que la presidenta de la Comunidad se vaya antes que otros colaboradores suyos (no entro en otros detalles que no conozco)… En caso de que corra peligro innminente la vida de los miembros de una delegación española en la que está el Presidente del Gobierno, y suponiendo que sólo puedan sacar a uno, ¿no sería previsible que al presidente lo sacaran en volandas y al resto ya veremos?

Pues me da que sí. No sé si eso está bien o mal, pero los políticos no son capitanes de barco. No creo que tengan esa elegancia de morirse antes que los grumetes. Y de todas formas, un barco que se hunde, se hunde, y no hace falta que nadie lo gobierne, pero en este caso el barco que dirigen (un país, o una comunidad) no se estaba hundiendo y puede argüírse que necesitaba a su capitán. Y además, dejémonos de historias: no todos nuestros políticos son Allende, precisamente. Ya digo; quizás esté mal, pero el error es de quienes esperaban otra cosa. Quizás porque yo no contaba ni de lejos con tales heroicidades, las críticas me parecen injustas.

La otra: esto de que Aznar consintiera los vuelos hacia Guantánamo. Quienes dicen que Aznar no tiene “el mínimo atisbo de conciencia moral”, y que “considera que nunca se equivoca”, creo que tienen razón. Y las críticas son justificadas, y se quedan cortas, en términos absolutos (estamos hablando de tortura flagrante y descarada, de suspensión del habeas corpus). Pero en términos relativos… ¿acaso otros presidentes de gobierno se negarían? Por desgracia, no lo tengo nada claro. Digamos que no es que Aznar no sea un [ponga-aquí-su-adjetivo], que lo es, sino que en este caso estoy casi seguro de que no es el único [ponga-aquí-su-adjetivo].

Siempre he pensado (temido) que para ocupar algunos puestos hay que estar dispuesto a mancharse un poquitín las manos de sangre. O los pies.

Va en el cargo. Como no abandonar el barco si eres capitán.

El Colexu que nun quiero

1 01UTC diciembre 01UTC 2008

Siguiendo coles reflexiones sobre la regulación de la profesión informática, un par de notes cencielles. Daqué que se escaez munches vegáes. Muncha xente da por xuro cómo ye un colexu profesional, pero equí ta lo que yo pienso sobre cómo quiero que seya el míu, y pémeque se suponen demasiáes coses que nun hai por qué suponer:

Ensin colexación obligatoria. Toi pola regulación de la profesión, pero eso nun quier decir necesariamente que haiga que colexase pa exercer. Veo el Colexu comu una institución llegal y comu un valor añadíu; del colexu échente si cometes faltes graves, y queda apuntáo lo que ficiste. Además, el colexu da formación a bon preciu, actualizada… Y dellos otros servicios que son buenos pa un profesional. A mí, que el que me atiende tea colexáu abúltame que ye una seguridá añadida. Pero el que nun lo vea asina, ta nel so drechu. Nun me paez que tenga que ser obligatorio colexase pa que el colexu faiga la so xera.

Ensin cuotes abusives o obligatories. Si lo anterior ye verdá, nun fai falta decir muncho más, porque ensin colexación obligatoria, les cuotes difícilmente diben ser abusives. Habrán tener un preciu que a la xente-y paeza xustu.

Ensin trámites obligatorios. Por exemplu, el visáu o coses asina. Anguañu muncha xente refuga tener que pagar perres al colexu d’arquitectos, por exemplu, pa visar cualquier planu, y eses cuotes abúlten-yos abusives. Yo veo el visáu y coses semeyes comu una garantía más, un grau de seguridá no que se fai. Si ún quier custodia del códigu fonte, habrá pagalo, y sedrá porque-y paez que lo necesita. Pero nun hai por qué pensar que vaiga ser too obligatorio y caro. Ye un serviciu que agora nun da naide, y que asina daría daquién; na más.

Otra cosa, claro, ye que una alministración, o una empresa, considere que ye útil o importante un visáu pa tolos sos proyeutos, y lo ponga como norma. Pero eso nun me paez mal; nun me paez peor que pedir la ISO 9001, o cualquier otra triba de compromisu o sellu de calidá. Si ye el del colexu, pues como si ye otru que nun mos escandaliza.

Total, que delles idegues sobre cómo ye un colexu tan sacáes de cómo son otros pervieyos. Yo quiero igualdá de condiciones pa la mi profesión, y la misma dignidá que pa otres; pero eso nun quier que a la fuercia haiga que importar tolos vicios o erros de tolos demás. Además, hai que alcordase de que munches de eses imposiciones de otros colexos diben ser mui difíciles de asitiar güey, por muncho que dalgún lo quixera. (Nel tiempu que tuve trabayando col colexu d’Asturies, enxamás se faló de les coses anteriores; por exemplu falóse de ufiertar visáos, pero nunca nun sentí falar de trabayar pa que foren obligatorios. Nin se mos ocurrió.)