Polvo de estrellas

No hace mucho se recordó el aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Se recordó también que la NASA había regalado a España unas muestras de rocas lunares, que dicen que se han perdido en el extenso patrimonio de la familia Franco. Se habló también de la anécdota, no sé si verídica, de unos estudiantes que supuestamente consiguieron robar muestras lunares.

Son sólo rocas, de acuerdo, pero ejercen la fascinación de lo inalcanzable: ninguno de los mejores observadores astronómicos de la historia (Brahe, Galileo, Kepler…) tuvo oportunidad de ver con sus propios ojos rocas venidas literalmente de otro mundo. La cosmología de Aristóteles, vigente durante casi dos milenios, consideraba que el mundo supralunar estaba hecho de un material distinto, brillante, de esferas cristalinas, de éter.

La expresión stardust, polvo de estrellas, se utiliza mucho en inglés, y hace referencia a esa sustancia mágica, antigua, a esas motitas brillantes que dejan detrás los cometas cuando pasan. Viendo lo difícil que es llegar a la Luna, ¿cómo podríamos traernos un trocito de estrella, de eso que está a quién sabe cuántos grados?

Poca gente es consciente de que ese material mágico lo tiene, literalmente, a su alrededor. En su propio cuerpo.

En el Universo original no había elementos pesados; sólo hidrógeno. Ese hidrógeno, acumulado por la gravedad a enormes presiones, forma estrellas, en cuyo corazón los átomos de hidrógeno se unen despidiendo enormes cantidades de energía y formando los demás elementos de masa superior que conocemos (principamente helio, pero también el oxígeno, el hierro, el carbono). Cuando la estrella se agota, puede acabar explotando y lanzando al espacio sus cenizas. Entre ellas, prácticamente todos los elementos químicos del mundo que conocemos, que se han formado así.

Así que somos, físicamente, raras cenizas de soles antiguos, somos la estela que resulta de iluminar inimaginables días de mundos desconocidos.

Hace unos cuantos días murió el guitarrista Lester Polsfuss, más conocido como Les Paul. Una serie de bellísimas (y caras) guitarras de la casa Gibson llevan su nombre, y fue un pionero en la modernización del instrumento; por supuesto, el sitio web de Gibson tiene una esquela, no sé por cuánto tiempo.

Decidí darle un pequeño homenaje personal escuchando una cinta que grabé (saludos, SGAE) hace diecisiete años. El Les Paul Trio, formado por el propio Les, Jimmy Atkins y Ernie Newton, grabó esos temas hace… sesenta y dos años. Jimmy Atkins es hermano de Chet Atkins, otro guitarrista de la vieja escuela, tristemente fallecido también en 2001, y que grabó un memorable disco con Mark Knopfler.

Resulta que no pude homenajear a Les debidamente, porque me iba de vacaciones, y aunque me llevé la cinta y creía tener un reproductor en mi destino, resultó que no. Así que no fue hasta ayer cuando pude sentarme tranquilamente, y escuchar a Les tocar Stardust. Y fue de lo más apropiado.

Ahora me consuelo
con el polvo de estrellas de una canción.

(Stardust, letra de Mitchell Parish)

Hay por ahí una grabación del Les Paul Trio (con una larga introducción de un locutor pesado; el tema no empieza hasta 1’30”). Pero también merece la pena escuchar la versión de Coltrane; ahí oirás cómo todo se va desvaneciendo poco a poco, incluidos los grandes guitarristas.

No obstante, las cenizas de ese brillo no se pierden inmediatamente. Ese polvo se pega, de maneras sutiles, a nuestros cuerpos. Somos, al menos en parte, la estela de una brillante actuación que allá por 1946 iluminó las caras de oyentes desconocidos y alimentó romances quizás ya olvidados.

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3 comentarios to “Polvo de estrellas”

  1. Rumbonín Says:

    Y bien raro que ye el modelo de "Les Paul" que usa el propio Les Paul. Por la disposición del cuerpo respecto del mastil parece una LP Junior, pero el resto de especificaciones corresponden con la LP Standard solo que con otros potenciometros y colocados de forma diferente. Tambien utiliza un tremolo Bigsby, que aunque no es la primera vez que lo veo en una Les Paul, no es muy usual. En fin, un modelo muy curioso, aunque guapo eso si. Tambien es cierto que guitarras feas hay pocas.

  2. Rumbonín Says:

    Chet Atkins también fue guitarrista de Elvis, creo que es reseñable ya que el genio de Tupelo no solía rodearse de lo peor precisamente… salvo en las amistades quiza…XD

  3. Guti Says:

    Yo no es que haya visto muchas Les Paul de cerca, pero me parecen un instrumento fino, fino. De la cacharrería que mencionas no controlo nada, el tema de la ferramienta es una asignatura pendiente… Pero sí, guitarras feas, pocas 🙂

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