Gracias a Aznar: La economía no existe

Tengo un amigo que es admirador de Aznar. Qué se le va a hacer.

Me preguntó si había leído España puede salir de la crisis, de Aznar. Le dije que por supuesto que no; que había cumplido ya con creces leyendo Ocho años de gobierno, y me prometí que nunca jamás iba a perder el tiempo de manera tan lastimosa como leyendo un libro que contenga el “pensamiento” (¿?) de Aznar.

Pero como es mi amigo, acabé cediendo y dando a Aznar otra oportunidad más. Y curiosamente me alegro de haberlo hecho.

El libro de Aznar es un soberano zurullo de raposa, que dejé de masticar penosamente hacia la página 60, cuando ya empieza a narrar sus propias excelencias. Pero al ir a buscarlo a la biblioteca pública (sí, PÚBLICA, expresidente) encontré por azar (que es casi como decir Aznar) otro al lado en la estantería: La economía no existe, de Antonio Baños Boncompain.

Y es un libro obligatorio. Este sí. Léelo. Más de una vez, si es posible.

Claro, se me tachará de ingenuo, de antisistema, de ignorante, y de mil cosas más. Pero resulta que no. Resulta que ese libro está lleno de verdades como puños. De verdades realmente serias, por más que estén envueltas en humor. No tiene desperdicio. Cada frase es un puñetazo a la mandíbula.

Y me limitaré a anotar algunas citas sueltas de los principios del libro.

El gran problema de la dictadura de la economía es que mantiene, a pesar de sus terribles errores, una imperturbable reputación de credibilidad.

No hay nada más serio que un banquero. Nadie ha visto a un banquero cómico. […] Cuando uno se pone pesadito con la crítica, siempre se zanja la cuestión de la misma manera: seamos serios. La economía es seriedad-realidad-rigor. De quienes la critican se dice que pecan de ingenuidad-idealismo-sentimentalismo.

La alternativa a la economía se halla fuera de la economía.

Puesto que se trata de un conocimiento vagamente sistemático y profundamente esotérico, que unas veces acierta y otras no, y que encuentra una explicación plausible a cualquier resultado que se produzca, no es mucho lo que diferencia a un economista de un astrólogo.

La economía podría llegar a ser una “ciencia” si se limitara a ser una ciencia forense. Porque nos explica de qué ha muerto el tipo, pero pocas veces acierta a salvarlo.

En economía, como en una barbería de barrio, hay multitud de voces […] que expresan todas las opiniones posibles. Esa proliferación de voces sólo garantiza que alguna de ellas acabará teniendo razón, salvando así la credibilidad general de la barbería.

Si alguien hace caso de lo que la economía propone, podrá ascender dentro de lo que ésta ofrece. Pero si busca la felicidad o la alegría siguiendo las reglas de la economía, lo más probable es que acabe en la consulta de un psiquiatra. […] La economía únicamente ofrece lo que muestra: bienes y servicios.

Si las reglas de la economía sólo se aplicasen cuando uno va a la compra, del mismo modo que las reglas del mus sólo son válidas durante la partida […], la cosa sería sencilla. Sin embargo, nuestra sociedad ha decidido que las reglas del mus se pueden aplicar a cualquier momento y situación de la vida […]

En un mundo regido por las reglas del mus, los vascos y los jubilados dominarían el mundo. En un mundo regido por las leyes de la economía, los ambiciosos, los competitivos, los anglosajones y los materialistas dominan la partida.

Me extraña que el “por el interés te quiero, Andrés” sea más universal y eterno que “no le harás al otro lo que no quieras para ti”.

¿Muere el economista cuando queda obsoleto? ¿Pide que lo desmantelen y revendan sus partes cuando es improductivo? O, más fácil, ¿ha pedido alguna vez un economista que lo despidan o lo procesen cuando se muestra ineficaz o irracional?

El directivo que utiliza los más estrictos y matemáticos criterios de eficiencia a la hora de reducir los costes es el mismo que se compra un Rolex cuando podría consultar la hora en su teléfono móvil.

Parece obvio, pero de vez en cuando no está mal recordarlo: cualquier persona dedicada a las finanzas debe ser, mientras ejerce, una mala persona por definición. […] Para trabajar en el mundo de las finanzas es obligatorio ser malo y cobarde (lo de calculador lo damos por supuesto) de forma individual y personal. […] Tras el precio del maíz nunca hay agricultores, como no hay niños mineros tras los datos de producción de coltán.

Brillante. Como cuando habla de la “meteorología política” y la “economía borrascosa”: si se produce una catástrofe natural nos cabreamos con el gobierno y le pedimos explicaciones y lo culpamos; sin embargo, si se produce una catástrofe económica le otorgamos un carácter azaroso, ajeno a la voluntad del hombre, y en estos casos “el pueblo siempre mira al cielo, nunca al político o al financiero”.

O brillante como cuando explica la mitología del valor añadido aplicada a una manzana artificial, sin ninguna ventaja sobre una manzana real, pero que se vende por muchísimo más dinero. (El producto existe, esto es real).

Un libro un tanto caótico y escrito con humor, que responde exactamente a lo que el autor advierte desde el principio. Brillante. Y demoledor. Da que pensar, porque tiene toda la razón del mundo.

¿El de Aznar? Tiene una introducción no del todo descartable donde explica la crisis con palabras para niños pequeños, pero cuando busca culpables y reparte recetas… en fin, el mismo asco, la misma ceguera neocon, sectaria, dogmática, partidista, no falsable, cínica, incondicional, sinvergüenza, mentirosa de siempre. Un libro para admiradores o para tontos de capirote.

No sé si merece la pena citar algo… Por ejemplo, las tres primeras son diversas (¿?) causas de la crisis actual, que están juntas en el mismo apartado.

Puesto que los bancos centrales son empresas del Estado que operan en régimen de monopolio, es evidente que quien ha fallado, por tanto, en este capítulo fundamental es, sin duda alguna, el Estado.

[…] fue posible porque la regulación pública permitía vender los préstamos a terceros con carácter ilimitado. […] De nuevo, lo que aquí hubo es un fallo del Estado.

[…hablando de la CNMV y similares…] Cuando se producen robos continuados y a gran escala a plena luz del día y la policía no se entera, el Estado no está haciendo bien su trabajo. […] Es un fallo del Estado. [Este tío no se quiere enterar de que esos “robos” eran perfectamente legales, y la libertad de cometerlos es consustancial por pura definición al sistema que él defiende.]

[…] a mayores retos, más formación; a más productividad, mejor salario [este no es empresario; a mayores retos, menor rentabilidad inmediata, así que cambiamos de actividad. Y a más productividad, MENOS TRABAJADORES y menos costes salariales, so tarugo; además, a mayor salario, menor competitividad.]

Con mi amigo he decidido dejar definitivamente de discutir de política. Tras tantos años de crítica feroz al PSOE y ensalzamiento amoroso del PP, con la trama Gürtel, el espionaje, la corrupción, y tantísimas otras cosas, lo he arrinconado y ha admitido con toda tranquilidad que bueno, que en realidad da igual lo que haga cada uno, porque lo bueno para España es que gobierne el PP, así que él siempre va a defender al PP hagan lo que hagan. QED.

Por los mismos motivos, no merece la pena ocuparse de Aznar. No merece la pena leer a un… pensador (¡jua, jua jua!) para el cual si el Estado interviene es culpable de intervencionismo, y si no interviene, culpable de mala regulación. El axioma es que el Estado es culpable de todo lo malo, y él o Díaz Ferrán los valerosos artífices de todo lo bueno que ocurre. Ganancias privadas, pérdidas públicas. Ya lo hemos visto. No tiene ningún sentido tomarse a esta gente en serio.

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6 comentarios to “Gracias a Aznar: La economía no existe”

  1. Mafias Says:

    Pues mira tú por dónde, a mí me va a servir de algo también Aznar. Cuando devuelvas el libro a la biblioteca avisa, que como lectura para el bus me viene perfecto 😀

  2. Guti Says:

    Hoy mismo tengo pensado devolverlo a media mañana, es la referencia 330-BAÑ-eco 🙂 así que por la tarde o mañana ya estará en su sitio, supongo.Bueno, no me gusta hablar bien de libros o películas porque si se genera demasiadas expectativas pueden decepcionar. Pero creo que es un libro para tomarse en serio, y… sí, es una lectura ideal para leer a ratos sueltos, porque está muy "troceado".

  3. darioa Says:

    Al final casi lo que más me asusta es lo de la manzana artificial. ¡Porque resulta que es verdad! Ellos mismos se anuncian como:"Fruta Esencial es una forma más fácil de tomar fruta. Cada envase, equivale nutricionalmente a una pieza de fruta lista para llevar y poder disfrutar así, en el gimnasio o la oficina, de todos los beneficios naturales de la fruta, sin tener que pelarla."O sea, que hay que montar todo este sarao para no pelar una manzana. Porque más "ventajas" no tiene, ni de precio ni de tamaño.Vamos, que el que compre "Fruta esencial" es tonto, simplemente. Al menos el de manzana, pudiendo llevar una manzana de verdad…

  4. Guti Says:

    Exacto, Darío. El tío lo explica muy bien: es la teoría del "valor añadido". Dice él que una fruta natural es prácticamente algo cogido del árbol y puesto en una caja; tiene muy poco "valor añadido", y "para una manzana, en el mundo de la econocracia no tener valor añadido es como si tuviera gusanos" 🙂 Así que la "Fruta esencial" es una manzana, pero procesada por una empresa: tiene "valor añadido". Lo que estás comprando y pagando no es fruta, es valor añadido.¿Tiene sentido? No. ¿Ocurre? Sí; a los hechos me remito. Pero es cierto; ocupa más o menos lo mismo que una manzana, tiene forma similar… No tiene ninguna ventaja, salvo lo de pelarla (suponiendo que peles las manzanas para comértelas, porque si no…)

  5. Anonymous Says:

    Otro caso de valor añadido absurdamente el de las pulseritas con holograma…

  6. darioa Says:

    En mi opinión (y de muchos otros, como por ejemplo FACUA), lo de las pulseritas con holograma ("pulseras del equilibrio"), no es un ejemplo de valor añadido, sino de ESTAFA pura y simple:http://www.menecesitas.com/2010/02/04/una-pulsera-placebo-obtiene-mejores-resultados-que-dos-pulseras-del-equilibrio/

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