Cartas desde la Tierra

Creo que nunca había leído directamente a Twain. Y fui a empezar por un libro que no se publicó durante su vida, ni tampoco durante buena parte de su muerte; se publicó finalmente en los años 1960. “Cartas desde la Tierra”.

Twain fabula sobre la creación del universo por boca de un tal Satán, que estuvo allí; fue uno de los arcángeles que lo vieron todo. Luego, Satán escribe desde la Tierra a sus compañeros (Gabriel y Miguel) contándoles, perplejo, cómo van las cosas por aquí.

En realidad habla sobre todo de la religión cristiana y del comportamiento de la humanidad hacia ella. Y del dios que se han inventado, ilógico, contradictorio, irreal, inverosímil. Y de un cielo en el que se premian dedicándose a rezar y cantar por toda la eternidad, cosa que casi ninguno disfruta en vida (pero espera que empiece a gustarle tras la muerte), y en el que sin embargo no hay, por ejemplo, sexo de ningún tipo. Twain nos retrata, usando como eje de buena parte del libro la historia del diluvio universal. Respecto a la culpa insiste, por ejemplo, en que los hombres somos máquinas, y que de poco se nos puede culpar cuando obramos conforme a nuestra naturaleza.

Es un libro demoledor, de un humor amargo, rabioso, sin concesiones. Twain señala la profunda estupidez de la humanidad en relación con la religión (la cristiana en concreto) y la demuestra por reducción al absurdo. Por ejemplo:

Esta inocente Biblia habla de la Creación. ¿De qué?… ¿del universo? Sí, del universo. ¡En seis días!

Lo hizo Dios. Aunque Él no lo llamó universo; ese es un nombre moderno. Concentró toda su atención en este mundo, que construyó en cinco días. ¿Y después? ¡Tardó un solo día en crear veinte millones de soles y ochenta millones de planetas!

¿Y para qué lo hizo? ¿Cuál era su intención? Para alumbrar el pequeño mundo de juguete, ese y ningún otro era su único propósito.

Esto es de lo más comedido que dice. Porque en otros lugares es más directo:

Os diré de paso que [dios] siempre está pendiente de los pobres. Nueve décimas partes de sus mórbidos inventos [las enfermedades] han sido pensados para ellos, y les llegan; a los ricos sólo les llega lo que sobra. […]

Es precisamente lo que ocurre con las enfermedades. Cuando la ciencia extermina una enfermedad que Dios ha estado explotando, ¡el mérito se lo lleva Él, y todos los púlpitos prorrumpen en raptos de agradecida propaganda que ensalzan su bondad ilimitada!… Sí, ha sido Él. Puede que haya tardado mil años, pero eso no es nada; el púlpito afirma que lo venía pensando todo ese tiempo.

Y hay pasajes mucho más mordaces aún.

Luego llega… un epílogo de un tal Roberto Blatt. Uno se pregunta por qué hace falta ponerle un epílogo a Twain; de hecho, un epílogo que no haya sido escrito por el autor, o que no sirva a algún propósito explicativo muy concreto, me parece una falta de respeto. Y faltarle al respeto a Mark Twain son palabras mayores.

Pues Blatt va y dice cosas como:

No obstante, esta posición [respecto a los hombres como máquinas] no buscaba excluir sino más bien afirmar a Dios. […] La racionalidad horlogère [no sé por qué no dice “relojera”] del universo es, más bien, un poderoso argumento a favor de una teoría de la Creación y de la superioridad, por qué no, ética del Creador, conocedor del origen y del telos de su obra.

Me pregunto si este tipejo ha leído el mismo libro que yo, y por qué tiene que venir a enmendarle la plana a Mark Twain cuando escupe lo que le parece sobre la religión. Y a continuación, claro, ya no podía faltar, se olía, se veía venir… la dichosa cita de Einstein, la que siempre usan los lerdos que sólo citan lo que les conviene:

“Dios no juega a los dados”, afirmaba Einstein en homenaje a ese orden cósmico que no terminó de demostrar del todo.

No leí más. Mi estómago no me lo permitió.

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4 comentarios to “Cartas desde la Tierra”

  1. mralbizu Says:

    A mí lo que siempre recuerdo de Mark Twain es una frase que se le atribuye:Más vale mantener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar toda duda.Yo creo que el tal Blatt podría habérsela aplicado cuando le encargaron escribir ese epílogo.En cualquier caso, intentaré hacerme con el libro en cuestión para echarle un ojo, que parece interesante. Al final, a ver si opino como Blatt o como Guti …

  2. Guti Says:

    No sé si es un libro fácil de conseguir; ahora mismo lo tengo yo en mi bolsillo 🙂 pero en breve volverá a la biblioteca pública, de donde salió. Pero no es de los más conocidos de Twain, precisamente.

  3. Marta Says:

    Pues yo también me lo apunto, por si un día cae en mis manos. Pero creo que también me saltaré el epílogo. O no, porque es interesante ver el miedo que pasan los opresores cuando habla alguien libremente. Ese epílogo ha de ser el puro reflejo del terror de quien lo escribió. Impagable.

  4. mralbizu Says:

    No sé si estará completo, pero en Internet se puede encontrar sin muchos problemas …Por cierto, no viene el epílogo ;-)En cuanto acabe con el que estoy leyendo ("La caída de los gigantes") me pondré con él.

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