La Ley Sinde y el vacío interestelar

¿Cuál es el sitio más lejano al que ha llegado jamás el ser humano? ¿Quién ha estado más lejos de casa?

Supongo que los seres humanos que participaron en misiones a la Luna. Por otro lado, los artefactos de origen humano más alejados serían las primeras transmisiones de radio o televisión que viajan por el espacio, y que se encontrarán, lógicamente, a unas décadas-luz. Pero el objeto físico hecho por el hombre más alejado de nuestro hogar es una sonda espacial, el Voyager 1. Un trasto diseñado oficialmente para acercarse por primera vez a Júpiter y Saturno, pero que visitó después Urano y Neptuno, y será el primer objeto humano que salga de la influencia del Sol.

El día de San Valentín de 1990, habiendo dejado ya atrás la órbita de Plutón, los técnicos hicieron que la cámara del Voyager 1 mirara hacia atrás, como los ojos de un viajero que deja su hogar para siempre, y tomó una famosa fotografía; la llamada Pale Blue Dot. En ella se ve la Tierra, como un minúsculo punto azul en medio de una banda de claridad; sobre esta foto, Carl Sagan hizo una de sus reflexiones más citadas, explicando cómo todos los imperios, toda la sangre derramada, todas las ideas, todas las personas de las que jamás hubiésemos oído hablar, estaban allí, “en una mota de polvo suspendida de un rayo de sol”.

No sabemos qué pasará con esa mota de polvo. Pero incluso en el caso peor, incluso si repentinamente el género humano dejase de existir, por el espacio viaja nuestra botella de náufrago. El Voyager 1 lleva un famoso disco, una especie de testamento de la humanidad, para el improbable caso de que alguien, algún día remoto, en algún sitio inconcebible, se encuentre la nave y lo recupere, y sepa que estuvimos aquí. El llamado Golden Record.

En la Tierra no hay océanos que nos den una idea de la soledad en la que se mueve el Voyager. Dentro de 40.000 años pasará relativamente cerca (a 1,6 años-luz) de una estrella de la constelación de Ofiuco, una enana roja en la que es improbable que haya vida. Así que seguramente habrá que esperar bastante más antes de que alguien abra el Golden Record.

¿Qué meterías en un disco así? ¿Y cómo te dirigirías a seres de los que no sabes nada?

Bueno, me parece que es imposible quedar contento hicieras lo que hicieras. No es precisamente un disco duro de varios terabytes; es un disco analógico de 16 2/3 rpm. Lleva 26 temas musicales de todo el mundo, 116 fotos, algunos mensajes grabados en varios idiomas, y sonidos de la Tierra, como ballenas, perros o un bebé humano. Lleva también una cubierta metálica (en la foto) con instrucciones sobre cómo reproducir el disco, y dónde estamos nosotros.

¿No es fascinante? ¿No es el tipo de objeto que a algunos nos gustaría tener, o al menos saber cómo es? ¿Y no es, en realidad, patrimonio de todos, de toda la Humanidad?

Pues no, compañero.

La gran mayoría de los contenidos del Golden Record están sujetos a derechos de autor. Si te pones a ver las fotos, por ejemplo, en el sitio de la NASA sólo están 47 de las 116 (las propias de la NASA, o los dibujos que hizo John Lomberg específicamente para el Golden Record). Y ojo, que eso no significa que puedas hacer con las fotos lo que quieras; la NASA tampoco te lo permite con las suyas.

¿Qué música va en el Golden Record? Hay mucha muestra de folklore mundial, y claro, también están Bach, Mozart, Beethoven, Chuck Berry, Louis Armstrong… Pero tampoco puedes acceder a nada de eso libremente. ¿Cómo? ¿Acaso no está en el dominio público la música de Mozart? Bueno, sí, pero no esa grabación.

No sé si los dueños del copyright están o no de acuerdo con esto. Quizás estarían encantados, y hasta orgullosos, de que esas obras estuviesen en el dominio público, como representación de la Humanidad. Pero no es así. La NASA gestionó los derechos para preparar el Golden Record, pero después… Basta con que un abogado conservador en una de las empresas propietarias de los derechos no esté de acuerdo. Y por defecto, si nadie dice lo contrario, no tienes derecho a difundir esas obras. Da igual que sus autores estén muertos, si lo están, y no puedan opinar.

El equipo que confeccionó el disco sacó un libro, Murmurs of Earth, en 1978, sobre la génesis y preparación del Golden Record. En 1992, Warner New Media sacó otra edición de ese libro, hizo las gestiones oportunas y la acompañó con un CD-ROM con los contenidos del disco. Pero ese libro está descatalogado. Puede que con mucha suerte lo encuentres en una biblioteca pública, o por eBay (pero es muy difícil encontrarlo con el CD-ROM).

En caso de que en un futuro lejano alguien descifre las instrucciones de la cubierta, y sepa reproducir el disco, y tenga algo parecido a oídos, desconozco si alguna asociación intentará cobrarles por ejecución pública. Decenas de miles de años parece que deberían ser suficientes para que el disco pasara al dominio público, pero todo depende de Mickey Mouse; ampliando de década en década podemos llegar al fin del universo, claro que sí.

Lo que sí está claro es que hoy por hoy, aquí, en la Tierra, tú, que eres casi un “autor moral” de ese disco, NO PUEDES ver el contenido del Golden Record. Ni siquiera puedes comprar una copia, porque a nadie le interesa venderlo.

Yo he podido recuperar casi todo el contenido, gracias a gente que cuelga cosas por ahí. Gracias a esa gente que hace cosas ilegales.

Y esa es la lógica de las leyes de propiedad intelectual, que protegen la cultura, la creación, el conocimiento, los autores, el avance de la humanidad… Etcétera.

Antes, había derechos que estaban por encima de otros. El secreto de las comunicaciones era sagrado; para grabar una conversación a un criminal había que cumplir ciertas formalidades judiciales, y si no, esas pruebas se anulaban, sin importar la gravedad de los crímenes juzgados. La libertad de expresión también era intocable; había que tener motivos muy sólidos, tenía que estar en juego algo más importante que la libertad de expresión, para ponerle cortapisas.

Hoy en día, la propiedad intelectual, que no es más que una forma de negocio, está por encima de tu derecho a la intimidad, al secreto de tus comunicaciones, a la libertad de expresión, a la tutela judicial. Las empresas pueden más que tus derechos humanos.

Disfrutemos con la Reina de la Noche, de Mozart. Espero no ganarme un problema por colgarlo aquí. Y gracias, giulianobevisange. Sin ti, y otros como tú, hoy seguiría sin poder escuchar el mensaje del Voyager.

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6 comentarios to “La Ley Sinde y el vacío interestelar”

  1. Xakin Says:

    Alcuerdome cuando estudiando la Edad Media, na EXB debia ser, esplicaronnos la importancia que tuvieron los copistas de lus monasterius pa que tola cultura clásica nun se perdiere, gracies a cientos de persones que dedicaron la so vida a facer copies guei somos lo que somos,

  2. Guti Says:

    La capacidá de facer copies que tenemos güey hebía contemplase como ún de los momentos señeros de la Humanidá: el momentu nel que la cultura y el conocimientu fueron de toos, y se acabaron barreres que yeren físiques. Agora, por embargu, la capacidá pa facer copies vese como un obstáculu pal progresu, como un arma pa cometer crímenes y echar xente al paru… Ye el mundu al revés.

  3. mralbizu Says:

    Me parece que te has confundido. En el disco ese que mandaron al espacio metieron la canción que dices pero otra versión, la mejor grabada hasta entonces:http://www.youtube.com/watch?v=MM6qntPpyZ0;-)

  4. Guti Says:

    Tío, no conocía esto.La verdad es que, música aparte, la historia que hay detrás de esa… soprano es fascinante.Pero estoy más tranquilo sabiendo que no es eso lo que se van a encontrar los extraterrestres en la sonda 🙂 aunque igual lo del plutonio que contiene los cabrea un poco…

  5. Sergio Says:

    Demoledor, Guti. No conocía nada de eso y el post es excelente y documentadísimo, además de ser un extraordinario ejemplo que nunca se me había pasado por la cabeza de lo que conlleva la sinrazón de cómo se pretende legislar sobre derechos de autor y propiedad intelectual.Por cierto, ¿ estará establecida la jurisdicción aplicable en un planeta de fuera del sistema solar a un ser no humano que jamás visitó en su vida nada cercano a nuestro planeta ? ¿ Le deleitará a quien descubra ese tesoro la música de Mozart pero le meterán un puro los abogados de la macroempresa que haya comprado los derechos de esa grabación ? Porque si ocurre eso último, seguro que nos manda a tomar por c**o a la Humanidad, a algunas leyes disparatadas que hacemos, e incluso al maravilloso Mozart y su genial obra.Por si acaso, el próximo disco de Mozart que mandemos que haya sido interpretado por unos músicos que crean en la difusión de las mejores obras del pensamiento humano en una versión pensada por otro humano de similares convicciones.

  6. La caída del Museo Británico y los derechos de autor « Diariu de Guti Says:

    […] es la primera vez que escribo sobre las estupideces de la propiedad intelectual. Y aquí está […]

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