Archive for 30 julio 2012

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30 30UTC julio 30UTC 2012

El otro día empezaron los juegos olímpicos, y hubo una prueba de ciclismo en ruta. Creo que los ciclistas españoles no son necesariamente especialistas en ese tipo de pruebas de un solo día, y además los mejores del equipo no pudieron estar por lesiones diversas. Sea como fuere, no ganaron ninguna medalla.

Si esos ciclistas vieron la televisión española -creo que fue en Teledeporte- pudieron ver a dos comentaristas. Uno era Montse Busquets. Y el otro, al que busqué después porque no lo había visto en la vida (ni falta que me hace volver a verlo), era un tal Xavi Díaz. Este individuo, que haría un excelente trío con Manolo Lama y Manu Carreño, dijo algo bastante parecido a esto:

En la prueba de ciclismo en ruta, nuestros representantes no hicieron bien la ruta, si acaso la del bacalao, y no consiguieron ninguna medalla.

El deporte será cultura, pero está claro que también concentra una increíble densidad de zafios. De gente que no quiere  entender que su misión es informar, no a) juzgar a los demás, ni b) hacer chistes.

Que unos atletas olímpicos, después de pasar años entrenando cientos de horas y 70 kilómetros pedaleando a uña de caballo, lleguen a su habitación, pongan la televisión pública, y tengan que oir en ella a un tipejo despreciar de un plumazo todo su esfuerzo, no sólo haciendo chistes tan patéticos y poco ingeniosos que serían impropios hasta de un gracioso de whiskería, sino encima cometiendo faltas gramaticales al hablar, es como para que esos deportistas cojan un avión, lo busquen y le pidan que se lo repita a la cara, por favor.

El día anterior, mientras se emitía la ceremonia de apertura, esa en la que elogiaron la Seguridad Social y a nadie le pareció escandaloso ni raro, en El Mundo había otros comentaristas contándola por escrito en mensajes cortos. Y una en particular, llamada Marta G. Abarrio, escribió algunos como estos:

Un grupo de hombres tocando cazerolas dan un paso en la Historia, de la campiña a la Revolución industrial.

Está bien, salvo que “cazerolas” es con c, “cacerolas”.

Comienza el homenaje a los sindicatos con un grupo de ‘sufraguistas’ con pancartas reivindicando los derechos de la mujer.

Haces bien en ponerlo entre comillas, porque “sufragistas” viene de “sufragio”, no de “sufraguio”, y se escribe sin la “u” después de la “g”.

Un grupo de hombres vestidos como el mítico grupo inglés, The Beatles desfilan haciendo un homenaje a la canción Sargeant Pepper.

Aparte de las faltas de puntuación (que hacen que esa frase diga una cosa que es falsa), “Sargeant” no existe, y viene a ser, en todo caso, “Sergeant”.

Afganistán, Albania, Argelia, América Samoa…. Excepto Grecia el orden de salida está siendo alfabético.

Es como si lo hubieran improvisado y pudiera ser de otra forma… pero que yo sepa el orden de salida en las ceremonias inaugurales de los juegos siempre es alfabético (en el idioma del país anfitrión), salvo que Grecia sale primero y el país anfitrión sale al final. Pero bueno, muy observadora, enhorabuena. Es una pena que no te sonara raro eso de  “América Samoa”, porque el país se llama “American Samoa”, en español “Samoa Americana”.

Un deportista italiano porta un cartel en el que le dice a su hijo ‘Papá está aquí’

Si se refiere a esto, que yo también vi sobre la marcha, no contiene ningún mensaje para ningún hijo, sino la típica broma que hemos visto en miles de pancartas similares en tantos contextos: “Mamá, estoy aquí”.

La cosa sigue así:

Música en directo a cargo de Artic Monkeys mientras llegan todos los depotistas al escenario central.

Vale, lo que pasa es que se llaman los Arctic Monkeys. La palabra “artic” no existe en inglés. Pero bueno, “depotistas” tampoco en español. Ahorrándose una letra y poniendo otra habría quedao planchao…

Puedo parecer demasiado severo, pero lo cierto es que espero bastante más de una periodista que describe un evento para un periódico nacional. Y ese trabajo es infinitamente más fácil que ganar una medalla en ciclismo; esta mujer enviaba un mensaje cada 10 minutos, más o menos, y tenía un ordenador con Internet en las manos. Podía comprobarlo todo (suponiendo que hiciera falta, que no debería).

Este lee mi blog

30 30UTC julio 30UTC 2012

Y ya lo ha entendido.

Ah, la famiglia

30 30UTC julio 30UTC 2012

Tengo unos amigos, él y ella, que además de estar casados y tener dos hijos son subinspectores de Hacienda.

Eso significa que les han bajado sensiblemente el sueldo, les han impuesto unilateralmente una ampliación de horario laboral (o sea, que les han vuelto a bajar el sueldo) y les han quitado días de descanso a los que tenían derecho (o sea, que les han bajado el sueldo otra vez). Ahora les cobran dinero si se ponen enfermos ellos o sus niños (otra bajada de sueldo, la cuarta) y probablemente les quiten parte de la paga si se quedan de baja (nueva bajada de sueldo). Además, les quitan una paga de esas llamadas “extra” (o sea, que les bajan el sueldo una vez más).

No contentos con eso, quienes mandan allí han decidido cerrar la guardería. Mis amigos podían llevar a sus niños a una guardería, no sé si en el mismo edificio o muy cerca. De un día para otro (no, no para el siguiente curso; de un día para otro) se encuentran con dos paquetes, llamados “niños”, a los que tienen que buscar, sí o sí, otra guardería. Que, por cierto, les va a costar el triple, por decir algo. Otra bajada de sueldo más, y van siete.

¿Qué pasa con el personal que atendía la guardería? Que los pondrán a hacer focotopias, o algo así. Los contrataron como puericultores, pero ahora trabajarán de cualquier otra cosa. Hasta que los echen, supongo.

A lo mejor, a algún descerebrado esto (que es más paro y más miseria y más puteo para todos) le parece “ahorro”. Bueno, vale. No discutamos. Ahorro. Eficiencia.

Pero es que además quienes mandan allí (que no se han auto-recortado, eso sí que no) han decidido eliminar ciertas medidas de conciliación familiar / laboral (esas mariconadas de las que tanto hablaban Zapatero y Zerolo y Pajín), y cuando mis amigos, antes, podían entrar a las nueve y media de la mañana para tener tiempo de dejar a sus niños en la escuela, ahora ya no. Ahora tienen que entrar a las nueve en punto.

No, no es que antes tuvieran media hora de regalo; simplemente, alteraban su horario. Pero ahora no tienen esa opción.

Yo me pregunto si todo esto tiene algún sentido.

Y me pregunto dónde están el foro de la familia, Benigno Blanco, el papa, los obispos, Gallardón, y toda esa gente que organiza manifestaciones increíbles, que toma la calle por millones, que clama por ayudar a la familia. Esa familia contra la que Zapatero atentaba día sí y día también, porque tenía un plan malévolo y deliberado de ingeniería social para transformar el mundo. (Sí, he leido ese tipo de afirmaciones.)

Durante dos legislaturas nos han dicho que el hecho de que dos señores se casaran era un atentado contra la familia de mis amigos y sus niños. Nunca entendí por qué.

No sólo eso; nos han venido diciendo que la existencia de una asignatura que explica la constitución, los derechos humanos, y que todos tenemos derecho a vivir en paz, es una aberración y se podía hacer objeción de conciencia contra ella.

También nos vinieron diciendo que el no realizar una imputación penal a una madre que decide abortar atenta contra la familia. Tampoco entendí por qué, aunque debe de ser tremendamente importante ponerle a esa mujer antecedentes penales o cárcel, porque nuestro ministro de Justicia está ocupadísimo en ello, mientras defiende a sus correligionarios imputados y hasta condenados por robar. De hecho, él y sus compañeros de gobierno aprueban una amnistía fiscal para los que más hayan robado. Mis amigos, el papi y la mami, se prepararon durísimamente durante años precisamente para el trabajo que hacen ahora, que es pescar a los defraudadores; pero curiosamente no les han dado más medios para hacer su trabajo. Les han dicho que ellos tienen que pagar el pato. Y además, parece que jodiéndolos un poquito más de forma innecesaria la crisis va a pasar antes.

Estoy esperando que toda esa banda de hipócritas dogmáticos y cerriles -el foro de la familia, los curas, los obispos, la gente de bien- organice una enorme manifestación contra el gobierno correspondiente, con autobuses, bocadillos, procesiones, pancartas de linces y cosas de esas.

Porque, al parecer, reducir el sueldo de unos padres, quitarles la guardería, quitarles la posibilidad de dejar a sus hijos en la escuela, quitarles tiempo que pasaban juntos, no es un atentado contra la familia. Que dos señores se morreen en privado, o que una mujer decida si quiere ser madre o no y su decisión prevalezca sobre la de un legislador que legisla basándose en creencias irracionales e inconstitucionales, ah, sí, eso sí, eso era algo que debería haberles preocupado un montón. Porque de alguna inconcebile, indirecta manera, era un atentado contra ellos.

Que no se preocupen mis amigos. Los defraudadores campeones están a salvo, ellos están machacados y sus hijos peor atendidos, pero su familia está más segura. No hacen falta manifestaciones, que eso de las manifestaciones es cosa de pancarteros y perroflautas. Amén.

Inocencia

26 26UTC julio 26UTC 2012

Una frase para recordar.

Por razones que no vienen al caso, salía un servidor de la sede de un parlamento, y un transeúnte completamente desconocido, de edad similar a la mía aunque con bastantes más tatuajes en el brazo que yo, me pregunta “qué tal por el parlamento X”. Sin saber de qué iba la cosa, le contesto que “tirando”, que es como no decir nada. Y antes de que me aleje lo suficiente, que iba con prisa, me dice:

Ni izquierdas ni derechas; el que lo haga mejor.

Lo malo es que hay mucha gente que se cree eso. Que existe un “hacerlo mejor”, que existe eso de los “tecnócratas”, que existe un examen posible para ver quién es mejor político. Que legislar, o gobernar, se puede reducir a un algoritmo verificablemente correcto, como cambiar una caldera de gas o alicatar un baño: “el que lo haga mejor”.

Por cierto, los que se creen esa paparrucha acaban votando, generalmente, a determinado partido. A uno en concreto.

Elogio de la peluca

23 23UTC julio 23UTC 2012

Dentro de unos años, podrás decir que esta profecía la viste aquí.

Van a volver a llevarse las pelucas. Antes o después.

Disfruto con moderación de mi progresiva redistribución capilar. En primer lugar, no tengo la menor intención de usar peluca, siempre me he negado en redondo a dejarme timar con ningún champú anticaída, y no creo que llegue a hacerme ningún trasvase, o implante, de pelo. Por supuesto, ni me menciones los crecepelos, que me parto y me mondo. La ciencia no puede, hoy por hoy, hacer crecer pelo humano ni evitar su caída (bueno, por poder supongo que puede a base de tratamientos hormonales, pero con efectos secundarios totalmente indeseables), y eso es lo que hay. No es mi rasgo más preocupante, ni físico ni químico ni psicológico, así que mejor pienso en otras cosas más graves que sí puedo controlar y, sin embargo, me empecino en que no me dé la gana.

Por otro lado, aunque soy menos drástico en esto, tampoco tengo planes de depilación. Procuro mantener a raya el crecimiento capilar en lugares poco prácticos (y eso, queridos congéneres, aparte de la barba incluye -¡sí!- las narices y las orejas). Pero no necesito una hidrodinámica avanzada como nadadores o ciclistas, y todavía no he llegado a la edad del pavo esa provecta que al parecer nos ataca a muchos. De todos modos, la depilación es, por lo menos, científicamente verosímil. Pero paso. Troglodita soy, y me temo que troglodita moriré.

Ahora bien; que una buena idea no sea adecuada para mí no hace que sea inadecuada en general. Y las pelucas, si lo piensas bien, son una excelente idea.

Hoy en día las pelucas están completamente estigmatizadas. ¿Por qué?

  • Porque se las asocia con la vejez, con algo antiguo.
  • Porque dan lugar a chanzas, burlas y símiles variados (¿por qué llevas una rata muerta en la cabeza?)
  • Porque se las asocia con lo falso, con el engaño, con la trampa, con ocultar el verdadero aspecto.
  • Porque se las asocia con una inseguridad, con una debilidad. Incluso con la enfermedad, según el caso.

Y, sin embargo…

Hagamos un ejercicio. Pensemos en un mundo en el que las pelucas no son un postizo, no son una prótesis: son una prenda de vestir. Pensemos en que la gente lleva peluca, incluso sin necesitarla, por cachondeo, por frivolidad, por cambiar de imagen. Pensemos en gente que lleva el pelo cada día de un color o una forma, pero sin necesidad de tratamientos incómodos y persistentes.

Si un día te apetece llevar pantalones de campana, los llevas. Si un día te apetece llevar el pelo afro, lo llevas. Y si te apetece una cresta azul, te la pones.

Pensemos también en un mundo en el que los calvos se ponen pelucas, de la manera más natural y a pecho descubierto; de hecho, de forma tan natural como el resto de la gente. Gente que se pone pelucas para estar guapa, para provocar, para incitar al cachondeo, para estar seria y formal. Pensemos, incluso, en gente peluda que se afeita la cabeza rutinariamente para poder usar pelucas variopintas con más comodidad.

¿Absurdo? ¿Por qué si lo llamamos “extensiones” no es absurdo? Si lo piensas, nada de ese mundo hipotético tiene nada de particular, salvo la pura convención social. Y si repasamos una por una a las razones por las que las pelucas están proscritas,

  • Los sombreros y las gorras se han asociado durante décadas con la vejez, con algo antiguo. Ahora no. Pero los sombreros y las gorras no han cambiado en absoluto.
  • Los tatuajes o los piercings dan lugar a chanzas, burlas y símiles variados (tatuajes en pellejos que se descuelgan, piercings que parecen ñarigones de vaca, pendientes de nariz metidos en medio de los mocos…) y ahí están.
  • Respecto a lo falso, el engaño, la trampa, ocultar el verdadero aspecto… venga, hombre, toda la moda es exactamente eso, incluyendo el maquillaje, y no digamos la silicona o el colágeno que hoy causan (incomprensible) admiración.
  • Y respecto a la asociación de ideas, los tatuajes siempre se han asociado con lo carcelario, la delincuencia, la miseria, la mala gente, el mal gusto, la poca cabeza. Y ahí están, ya lo dije antes.

Dentro de un par de décadas tendremos una generación de viejos cubiertos de tatuajes ridículos, descolocados, gastados y aburridos, viejos que recordarán que en aquel momento parecía una buena idea. Y tendremos un pujante mercado de pelucas que se utilizarán como cualquier otra prenda de vestir, con coquetería, audacia o recato, según cada cual. Tu compañero de oficina a veces traerá ropa caqui y el pelo a cepillo, y al día siguiente vendrá vestido de oscuro con melena hasta los hombros, y los viernes se atreverá con unos llamativos rizos azules. Verás pelucas secándose en el tendedero, y modelos de invierno y de verano, y la gente hablará en el ascensor de marcas de pelucas como hoy dicen “luis vuitón”, y los mejores peluqueros tendrán establecimientos, sí, pero también sacarán colecciones con sus peinados.

¿Impensable?

Yo te digo que sólo hacen falta dos cosas: que un par de espabilados vean negocio (y hay un negocio, y verdaderamente descomunal) y que un par de atrevidos avant-garde se las pongan. Roto el hielo, no habrá forma de pararlo. Porque las pelucas son una excelente idea. Sí, tienen sus inconvenientes; pero a poco que lo pienses, nada tiene más inconvenientes que los tatuajes, los tacones de aguja, los piercings en la lengua o los pantalones a medio bajar.

La idea fue mía, y soy un visionario. Que conste.

Mónica Matabuena Trio + Uno, en el Tránsito

23 23UTC julio 23UTC 2012

El sábado fui a ver al Mónica Matabuena Trio (+ uno) en el Tránsito. Canta Mónica, Marco Martínez a la guitarra y Toni Cruz al contrabajo; el “+1” es Eladio Díaz, saxo tenor y soprano. Vamos, que esto:

Encontré por ahí esta foto del evento, al parecer hecha por Mónica Escandón. Sí, yo estaba ahí, aunque no salgo en la foto (al lado izquierdo, el maestro Orestes).

Hace algunos años que conozco a Mónica, y la conocí en los consabidos seminarios de improvisación a los que voy siempre que puedo. Vamos, que la conocí como alumna. A los demás los conocí como profesores. Pero en realidad viene a ser lo mismo, porque esta gente son profesores todos todo el rato. Mónica era alumna, pero una alumna que se echaba al ruedo a la mínima, que se atrevía con lo que hiciera falta (pa eso somos alumnos, pa fallar y aprender), que se tomaba las cosas con humor y sencillez pero a la vez muy en serio. Siempre me voy a acordar de aquella jam de alumnos (¡en el mismo bar, por cierto, cuando se llamaba el Swing!) en la que nos atrevimos ella y yo a proponer Chega de saudade y los profes que estaban en el escenario empezaron a tocar… el doble de rápido de lo que yo esperaba. Así que Mónica y yo, pero sobre todo yo, apretamos los dientes y tiramos p’alante persiguiendo a aquella horda de insensatos. También me acordaré siempre del último seminario al que fui, el de Siero, donde pude tocar con ella y con ¡Ross Gala! unas canciones preciosas: Moondance y She’s always a woman. Es una pasada hacer cosas con esta gente.

Pues eso es lo que se vio en el Tránsito el sábado: una delicia. Lo primero, porque el repertorio es más que guapo (cuando llegué estaban con The Moon is mine, de los Fairground Attraction; tocaron Ligia, tocaron Dat dere, tocaron All of me a bossa, en fin, una chulada); lo segundo, porque esta mujer se metió a cantar cosas francamente difíciles (o eso me parece a mí) y encima a hacerlo bien; y lo tercero, porque es una persona encantadora, disfruta con lo que hace y te cuenta algún detallito de cada canción. Luego tiene un timbre bonito, te acostumbras a ese registro, y de repente se va a notas agudas de esas que casi todo el mundo hace forzando y piensas “ay, madre, que se la pega”, pero no; también se mueve muy cómoda por ahí arriba. Hice unos kilometrillos para verla, pero mereció la pena. Casi voy también el domingo a Pola, pero me habría sido imposible porque a esa hora había un atasco kilométrico.

Y por otro lado los “dos + uno” estuvieron soberbios. Aunque él se reiría si leyera esto,  es verdad que vimos al mejor Marco; así debería sonar siempre. Marco tiene un estilo que usa mucho de notas graves o medias, y eso hace que no brille como debería cuando hace un solo (aunque suene de maravilla acompañando); y además le gustan sonidos de la guitarra muy “gordos”, muy melosos, y se acentúa todavía más el efecto de “apagado”. Pero esta vez sí que pudimos paladearlo todo bien; quizás porque llevó la d’Aquisto, que es de las guitarras más brillantes que tiene, o quizás porque estaba tocando a trío y al solear sólo tenía al contrabajo detrás. No sé, pero lo dicho; esta vez sí, maeztro. Vaya diferencia.

Eladio tocó como siempre, es decir, con mucha melodía y con mucho gusto. Y nunca lo había visto con el soprano, y no me importaría verlo muchas más veces, porque estuvo todo muy bonito. A Toni Cruz nunca lo había visto tocando el contrabajo, y también estuvo estupendo, le pega a base de bien, y no me extraña que necesitara “mojar las palabras”, como dice él. Quizás hasta le pegó demasiado al chisme ese, porque si alguna tacha hay que sacar fue los volúmenes de la amplificación; el contrabajo muy fuerte (sí, eso puede llegar a ocurrir) y la voz muy suave (la sobrepasaban todos los instrumentos).

Bueno, si no pudiste ir y quieres saber a qué sonaba la cosa, aquí tienes otra actuación de los mismos señores tocando There will never be another you en el Plaza Jazz Club de Madrid:

Y si te quedas con ganas de Mónica Matabuena, aquí en otro registro, cantando en la tele música para pelis nominadas a los Goya, si mal no recuerdo:

¿Qué se echó en falta?

Gente.

El Tránsito es un sitio pequeño, pero aunque no estaba vacío ni mucho menos, podrías haber ido gratis y habrías tenido sitio. En Madrid la entrada costaba 5 €. Pero es que la vida cultural de Asturias está muerta… etc. , etc.

El esperpento olímpico

20 20UTC julio 20UTC 2012

Ya dije alguna que otra vez que reniego de los juegos olímpicos. Que esta monstruosidad de dimensiones intercontinentales, este inmenso mercado de carne, entradas y derechos televisivos, me repugna. Salvo por las personas, algunas de las personas, que participan en él; especialmente, los atletas de esos deportes que no mira nadie. Ya no compro las historias del olimpismo, de la fraternidad y de la deportividad; sí las que me venden la mayoría de los atletas (porque a la mayoría de los atletas nadie les hace caso), pero no las que me venden los directivos, los organizadores, los patrocinadores, los políticos.

Respecto al abanderado de España para Londres 2012, parece (dicen ahora, porque yo no me había enterado) que hay una norma, que establece que el abanderado es el deportista con mejor palmarés olímpico. Lo primero que hicieron fue saltárselo, y en vez de designar a Iker Martínez y Xabi Fernández, a quienes correspondía, designaron a Rafa Nadal como abanderado. ¿Por qué? Supongo que porque es famoso, o porque el tenis es más famoso que la vela. Toda una demostración de igualdad, de juego limpio, de ideales olímpicos y deportivos. Llegas el primero, pero le dan la medalla a otro más guapo.

Ahora Nadal no puede ir a los juegos por lesión, y entonces parece que ofrecen ese papel de abanderados a Martínez y Fernández, y estos han dicho que no. ¿Por qué? Porque hacer de abanderados les haría perderse un día de preparación, que necesitan.

Todo se llena de comentarios sobre la vergonzosa falta de patriotismo de estos deportistas, que han cometido el error de ser vascos.  Yo no sé si declinan por una cosa o por otra. Por una parte, que están preparándose intensivamente es verdad, y se sabe desde hace mucho, por lo menos desde mayo:

Nuestra preparación de cara a Londres 2012 va justa

Y ahora más todavía. Es verdad que el calendario es el que es, es verdad que la competición de vela no se desarrolla precisamente en Londres, y que si estos atletas no iban a ir a la ceremonia… vamos, que si lo que dicen es mentira tienen una excusa perfecta. Pero es que no la necesitarían: si dijeran “nos haría mucha ilusión llevar la bandera, pero si no valíamos antes, tampoco valemos ahora”, tendrían toda la razón del mundo. No sé qué se les puede criticar.

Hay que elegir a otro. Pero resulta que se están pensando romper la norma una segunda vez; hablan de que el abanderado sea Pau Gasol, y no un tal Craviotto, que lo único que ha hecho ha sido tirar un poquitín por una piragua y ganar un oro en Pekín. Palmarés insuficiente, claro está.

Para aderezarlo todo, se leen cosas como esta:

La pésima relación entre Alejandro Blanco, presidente del COE, y José Luis Sáez, presidente del baloncesto, nunca ha favorecido la candidatura de Pau Gasol.

No sé si es cosa del periodista o de los mencionados, pero en todo caso olimpismo puro, oiga. Pero espérate, que la cosa sigue así:

Si perdiese en beneficio de Craviotto, sería premiado un atleta que se ha posicionado claramente en contra de la indumentaria que tendría que vestir durante la inauguración…

¿De verdad puede tener eso algo que ver en que te elijan abanderado o no? Agárrate…

Bueno, no todo tiene que ser negativo. Yo tengo la solución perfecta. El abanderado debe ser Iker Casillas, y no un desconocido jugador de un desconocido deporte llamado baloncesto.

¿Que Casillas no va a los juegos? Bueno, ¿y qué? ¿Es tan descabellado lo que yo propongo, dado lo que están haciendo los expertos en la materia?

Oído en Ciudad Real

12 12UTC julio 12UTC 2012

Estoy en JENUI 2012, y oigo la siguiente conversación:

– Los políticos no están a la altura de las circunstancias.

– ¿Cómo que no? Están a la misma altura de mierda que las circunstancias. De hecho, han conseguido llevar las circunstancias a su altura.

Juanjo es un monstruo. Pero yo añado para mis adentros algo que se nos olvida con demasiada frecuencia: que los ciudadanos hemos llevado a los políticos a nuestra altura. Admitámoslo.

Millares de imbéciles

9 09UTC julio 09UTC 2012

La iglesia de San Julián de los Prados es una joya del prerrománico, de más de un milenio de antigüedad. Más o menos como la fuente de Foncalada. Es un milagro que podamos ver estas maravillas, estas islas de tiempo en medio de un mundo que cambia, se desmorona y se reconstruye a su alrededor. Y es un milagro porque basta que, durante esos 1.200 años, un imbécil se cruce en su camino para terminar con ellas. Y por delante de ellas cruzan, a diario, un montón de imbéciles. Después de 400.000 días de historia, calcula tú mismo cuántos imbéciles pueden haber pasado de largo.

Hace poco, uno de esos desgraciados se cruzó en el camino del Codex Calixtinus, un libro manuscrito del siglo XII. Foncalada ya tenía tres siglos cuando se escribió, pero aun así es un libro que anda por los novecientos años. La imprenta no era ni un proyecto todavía.

Yo no soy médico ni nada que se le parezca. Pero hasta un lerdo como yo sabe que, si una persona tiene un terrible accidente de coche, no se la puede sacar del mismo y bailar el merengue con ella. De hecho, es mejor no moverla ni un milímetro si es posible, y que lo hagan profesionales que saben hacerlo. No sé mucho más, ni falta que hace.

De la misma manera, no soy de letras, no estudié arte, ni tengo responsabilidades de gestión sobre patrimonio cultural alguno. Por eso pensé que quizá me equivocaba cuando, una vez recuperado el libro, en televisión pude ver imágenes como estas, me revolví inquieto en la silla y se me pusieron los pelos de punta:

Por fin a salvo. ¿A salvo?

Cógelo, cógelo, que es muy bueno y no llora ni nada

Después de que se encontrase el pobre libro tirado en un garaje, me pareció que en primer lugar era una gran noticia (al fin y al cabo, ahí estaba), y que en segundo lugar tardaríamos en ver el libro, porque para moverlo de donde estaba harían falta más preparativos que para levantar un cadáver. Me imaginaba a la policía saliendo del garaje andando hacia atrás con cuidado de no estornudar ni hacer ruidos, acordonando un radio de dos kilómetros, y llamando a expertos de Patrimonio Nacional, que se acercarían con trajes estancos e instrumentos de medición a ver si el libro se podía tocar y levantar o no, para luego meterlo en un depósito especial  y trasladarlo a un centro de tratamiento escoltado por el ejército en un transporte de baja velocidad con las calles cortadas, y luego otro ejército, pero de súper-libreros, idearía una estrategia para devolver el libro gradualmente a sus condiciones idóneas de conservación sin que se asustase ni le entrase tos.

Bueno, se me ha ido la pinza, pero yendo a lo más simple: hasta yo, que no soy ni médico ni presidente ni mandamás de catedral, tengo media idea de que cualquier archivero de cuarta fila que maneje escritos que no tengan la menor relevancia o interés los maneja siempre con unos guantes. Con unos guantes, joder. Nueve siglos, a cien imbéciles por siglo, pasando hojas, y cualquier libro acabará con una capa de roña de un centímetro. Coge un folio, y pásale el dedo por un sitio novecientas veces, a ver cómo queda.

Los expertos se están preguntando si ese período metido en plástico (y por tanto almacenando la humedad) no habrá hecho que el pergamino críe hongos, cuyos efectos podríamos ver en el futuro. Y esta gente, sin necesidad alguna, está sobando, manoseando, hurgando, pateando el libro delante de la prensa como si fuera una puta novela de a duro. Pasándoselo como un balón de voleyplaya. Sólo les faltó mojarse los dedos con la lengua y pasar hojas. Creen que poner cara interesante hace que sus actos parezcan inteligentes.

Como, según decía, yo soy un don nadie, pensé que mi escándalo al ver las imágenes quizás era infundado, porque no podía creer tanta torpeza, incultura y burricie. Pero temo tener razón.

Si tú eres un investigador cualificado, y vas a la Biblioteca Nacional (donde también hubo algún que otro episodio increíble) y consigues el permiso (el permiso) para ver un libro antiguo, no puedes entrar con comida ni bebida. No puedes entrar con un rotulador. Ni con hilo dental. De todos modos, como norma no te darán el libro, sino una reproducción, y tendrás que justificar muy mucho por qué quieres ver el libro de verdad.

No soy el único que se ha preguntado si esa pornografía tocona que veíamos en la tele era normal. He podido comprobar después que, sí, esos libros se conservan en condiciones controladas de humedad y temperatura, no se tocan pero si se tocan se hace con guantes, no se miran (porque deben estar a oscuras) pero si se miran no te puedes acercar ni respirar encima ni mangonear las páginas con las manos (¡ni siquiera con guantes!)… En fin.

Así que habría que preguntarse qué clase de animales ungulados meterían las pezuñas de esa manera, y en respuesta a qué inaplazable e inaccesible necesidad. Pero aunque llamé desgraciado al electricista que robó el libro, lo que hizo va perdiendo gravedad, a la vista de lo que hacen las autoridades con luz y taquígrafos. Por lo menos, para el comportamiento del electricista se me pueden ocurrir dos o tres motivos, quizá censurables pero comprensibles. Para esto de las fotos no encuentro explicación. Al final, casi que lo peor que hizo el electricista fue robar un millón de euros del cepillo de la catedral.

Lo cual, a su vez, da bastante que pensar y suscita otras interesantes cuestiones, por otro lado.

Ya lo decía yo…

4 04UTC julio 04UTC 2012

¿Veis por qué me ponen enfermo estas tonterías?

El portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan Antonio Martínez Camino, ha asegurado que la teología no se va a derrumbar si se encuentra o no el bosón de Higgs, conocida popularmente como la ‘partícula de Dios’, al tiempo que ha afirmado que a la Iglesia le viene bien que se hable de Dios en la física. “Bienvenida la ‘partícula de Dios'”, ha subrayado.

Me cago en tó. Encima les hacemos los deberes.

 ha indicado que “llama la atención” que los físicos hablen mucho de Dios -cuando se refieren a la partícula de Dios- al tiempo que “algunos dicen que en la ciencia no hay lugar para Dios”.

Los físicos no hablan mucho de dios. Lo hacen algunos periodistas idiotas. Pero el efecto es el mismo: los cuervos, contentos. Ellos siempre ganan.

Argh.