Como si fuera tan sencillo

Hace unos días, a Anna Tarrés, la seleccionadora de natación sincronizada durante 15 años,  le notificaron que no iban a renovarle el contrato. Se armó un revuelo tremendo, porque la selección ha venido cosechando recientemente muchos éxitos en las competiciones. Y entonces una serie de ex-nadadoras de natación sincronizada publicaron una carta en la que denunciaban que Anna Tarrés había venido siendo una dictadora, manipuladora, que utilizaba el desgaste psicológico para tener a todo el mundo dominado, que había despreciado e insultado a las nadadoras.

Entonces algunas nadadoras defienden a Anna Tarrés diciendo que muchas de las firmantes ni siquiera han entrenado con ella (¿? La carta parece que la editó en su Word Cristina Violán, doble campeona de Europa y subcampeona del mundo, y las firmantes afirman haber sido nadadoras de la Selección). Por otro lado, Anna Tarrés comparece al fin (aunque en el telediario no la sacan hablando) y dice que demandará por esa carta… al presidente de la Federación, Fernando Carpena, aunque este no firma la carta.

A partir de ahí, resulta que el debate se centra en si el deporte de alta competición es duro o no, y si todo el mundo vale o no. Leo, asombrado, a un periodista que narra cómo Pablo del Río, psicólogo del Centro de Alto Rendimiento de la Residencia Blume, o Pep Font, del CAR de Sant Cugat, se salen por peteneras (supuestamente, porque a quien leo es al periodista, no a ellos) hablando del carácter del entrenador, de que todo eso que se cuenta en la carta es normal, de que si el límite es subjetivo, que no está escrito en ningún sitio, que lo que se dice no es personal, que algunos fracasan en el intento (no sé yo si Paola Tirados entra en la categoría de deportista fracasada) y otras pamemas. Como si en la carta las nadadoras se quejasen de que Anna Tarrés exige mucho o es dura en los entrenamientos o que las medallas están difíciles.

Hay quien llega a la conclusión, sencillamente, de que Anna Tarrés es una déspota y una carnicera.

Hay quien llega a la conclusión de que las que firman la carta, sencillamente, son aspirantes despechadas y fracasadas que no aguantaron la presión de los entrenamientos.

Hay quien se acoge a un argumento tan sencillo como que las firmantes no la denunciaron antes.

Hay quien llega a la conclusión (Anna Tarrés, en este caso) de que Fernando Carpena es, sencillamente, un malvado directivo manipulador que engaña a unas niñas desquiciadas y anoréxicas para que firmen una carta.

Y yo no creo que sea tan sencillo.

Lo que yo supongo es que Anna Tarrés algo sí que puede tener de manipuladora, o de maleducada. Alguna vez, en algunos casos, con alguna gente. Y de todas las nadadoras que dicen que ya habían denunciado esto antes muchas veces, supongo que como mínimo algunas dicen la verdad. Sería fácil de comprobar si hubiera periodistas que buscaran esas cartas. Con otra gente quizás hizo buenas migas. Seguro que hasta tiene amigos y todo.

Supongo que en ese grupo de nadadoras que están en su contra habrá alguna niñata desquiciada, y habrá alguna excelente nadadora a la que Tarrés estropeó la carrera. Habrá de todo. Hay gente a la que un mal entrenador amarga la vida, y hay gente que le amarga la vida hasta al mejor entrenador.

Supongo que Carpena se las tiene tiesas con Tarrés, vete a saber por cuántos o cuáles motivos, y que hasta llegar a la decisión de no renovarla habrá un montón de problemas previos, de discusiones, o de maniobras. O no. No sé cómo es la Federación Española de Natación, pero supongo que Tarrés no se mantuvo 15 años ahí sin ningún lío de despachos, y quizás otras veces ganó la partida y esta no.

Total, que no creo que todo sea tan sencillo, y que se pueda poner una etiqueta a cada uno. Supongo que todos tienen sus motivos, y su parte de razón.

Yo tengo algunas cosas claras:

Que a la denuncia a Carpena no le veo mucho futuro, porque no entiendo de qué va ni en qué se basa.

Que el debate sobre si entrenar es más o menos duro es salirse por la tangente.

Y que de todos modos… el deporte de alta competición, y en particular el del estilo de la gimnasia / natación sincronizada / patinaje, me parece una forma asquerosa de crecer para una persona, y que si ponemos una entrenadora cuyo puesto depende de las medallas, cuyo trabajo es ganar medallas, y cuyo instrumento para ello son chicas de dieciséis años que utiliza como un ganado… tenemos algo que no puede salir bien, incluso aunque salga bien.

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