Archive for 30 noviembre 2012

El problema era Zapatero (II)

30 30UTC noviembre 30UTC 2012

Últimamente no me molesto mucho en escuchar las noticias de política. Pero algo me llega, y no puedo evitar reflexionar. Es un vicio que tengo.

Reflexiono, por ejemplo, sobre qué pasaría si un gobierno socialista subvencionara ¡el 80%! de las supuestas pérdidas de determinadas empresas privadas. Si no va eso contra el sacrosanto mercado. Si no es una blasfemia de un estado intervencionista. De hecho, ni siquiera me explico que la UE lo permita, cuando no permite subvencionar explotaciones estratégicas como el carbón.

Pues eso es lo que se propone el gobierno actual: regalar dinero a las empresas de peajes, porque pasan pocos coches. La cosa no para ahí; pretende ayudar a la actividad de esas empresas, que no sé yo si generan mucho empleo ni de mucha calidad, no sólo  dándoles dinero directamente, sino además… cambiando el código de circulación. Pretende que compensen supuestas pérdidas a costa de la seguridad. A costa de vidas humanas. Algo verdaderamente brillante y poco intervencionista.

Ocurre otra cosa llamativa si recordamos lo que pasó cuando el gobierno propuso sacar la “comida basura” de los colegios, para combatir la obesidad infantil. A algunos les escandalizó; la presencia de comida (un poco más) sana en las escuelas les hacía pensar, sobre todo, en aquello de que “este gobierno sólo sabe prohibir”. Poco importaba que la misma sensatez se esté aplicando en muy diversos sitios del mundo.

Bueno, pues hoy la obesidad infantil sí es un problema “dramático”, y sí se pueden tomar medidas. Ya no es motivo de escándalo.

Vale más no hablar de las elecciones catalanas. Dado que el gobierno anterior rompía y desmembraba España, dado que estaba en manos de nacionalistas de todo tipo, dado que era flojo y débil, me pregunto qué habría pasado si llega a suceder algo remotamente parecido a lo que ha ocurrido ahora: un plante en toda regla, con una posibilidad real de que Cataluña se declare independiente, con unas elecciones-órdago en las que, no lo olvidemos, los partidos independentistas han obtenido clara mayoría. Viendo los titulares de los periódicos, verdaderamente ridículos, cualquiera diría que es al revés.

¿Cómo habrían sido esos titulares de haber estado en el gobierno el otro señor, el que no usaba barba? ¿Sería todo esto culpa de Mas, o de algún otro?

Otra cosa de la que por fin nos hemos librado es de los errores de Zapatero. Por ejemplo, si una banda mafiosa china queda en libertad por un error judicial en 2012, evidentemente el error es… judicial. Si hubiera sido en 2010, tendríamos tertulias para una semana incidiendo en lo muy, muy inútil que es Zapatero. No olvidemos que un ministro de Justicia suyo tuvo que dimitir por cazar en una provincia con licencia de caza de otra provincia. También podríamos hablar largo y tendido de qué habría pasado con la desgracia del Madrid Arena; podemos estar seguros de quién habría sido el culpable. Me extraña, de hecho, que Ana Botella no aluda a eso de “la herencia recibida”.

Bueno, al menos ahora estamos en buenas manos económicas, de gente que sabe lo que se hace y no improvisa, como ya dije anteriormente. Por ejemplo, el novedoso método de lucha contra el fraude que consiste en consagrar el fraude, legalizarlo y hacerlo ventajoso fiscalmente. Lo previsto era ya indignante, pero parece que de momento no se está muy cerca, que digamos. El plazo para blanquear dinero con el beneplácito del Estado termina hoy. ¿Llegaremos a los 2.500 millones prometidos por el genio Montoro? Se admiten apuestas.

 

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A ella nada, y a mí tampoco

19 19UTC noviembre 19UTC 2012

De lo meyor que vi en De folixa en folixa: Bertín atopando la bigornia del so zapatu, por así decir.

En San Xuan, en Mieres, cuandu fan vacer el enrame la fonte, pregúnta-ylo a unes muyeres. Y como nun se fíen d’él (y faen bien) dán-y la rempuesta precisa.

– ¿Sabe usté lo que vamos a hacer?

A ella… a ella nada, y a mí tampoco. ¡Vete p’atrás!

Inolvidable. Ná que añadir.

La caída del Museo Británico y los derechos de autor

8 08UTC noviembre 08UTC 2012

Acabo de leer La caída del Museo Británico, de David Lodge. Un libro entretenido, puede que no el mejor de Lodge, pero está bien.

La historia está ambientada en Londres, y el protagonista es un universitario (cosa muy habitual en los libros de Lodge) que prepara una tesis y va mucho por el Museo Británico. Un Londres, claro, con tiempo desapacible y neblinoso.

Al decir esto, le puede venir a la cabeza la canción A Foggy Day a cualquiera que la conozca. A Foggy Day, que viene a ser Un día de niebla, es un estándar de jazz, muy, muy conocido. Lo compusieron George e Ira Gershwin, lo estrenó Fred Astaire en 1937 (eso sí, en una película casi olvidada, excepto por sus canciones, llamada A damsel in distress)… Vamos, todos los ingredientes para ser una canción más vista que el TBO, como quien dice.

Tanto es así, tan conocida es la canción y tanto tiene que ver con el Museo Británico, que ese libro se iba a titular, de hecho, El Museo Británico había perdido su encanto, que en el original es The British Museum had lost its charm. Y digo “el original” porque no es ni más ni menos que una frase de la letra de A Foggy Day. Una mera referencia cultural, que muchos anglosajones identificarán.

Pues esto es lo que cuenta David Lodge en su apostilla del libro:

Mi título provisional para la novela, desde el principio, había sido El Museo Británico había perdido su encanto, verso de una canción de George e Ira Gershwin que a mí me gustaba especialmente en la melodiosa versión de Ella Fitzgerald, y que a menudo entonaba para mí mismo durante mis dos años de trabajo obligado en Bloomsbury:

 

Un día en Londres feo,
nebuloso,
me hundió y me enterró en un foso,
vi el amanecer con espanto,
el Museo Británico había perdido su encanto.

 

Me mandaron las pruebas de la novela a San Francisco, las corregí y devolví a Londres y el libro estaba a punto de entrar en las últimas fases de producción cuando a Tim O’Keeffe se le ocurrió preguntarme si había solicitado permiso para usar en el título las palabras de la canción de Gershwin. No lo había hecho.
Escribí inmediatamente a la Gershwin Publishing Corporation de Nueva York pidiendo el permiso. Me lo denegaron. Les supliqué que cambiasen de idea. Fueron inflexibles. Me sentí profundamente decepcionado porque el título y la canción de la que procedía habían estado íntimamente relacionados con la génesis y la composición de la novela. Había sido la canción de Gershwin, más que el Ulises, lo que me había sugerido conscientemente la idea de limitar la acción a un único día y la que había aportado la niebla, que constituye una parte tan importante del ambiente de la historia y de la maquinaria del argumento. Pero disponíamos de poco tiempo y Tim O’Keeffe me apremiaba para que le diese otro título.

Esa es la historia. Lodge no pudo titular su libro con una referencia cultural, un guiño. Tuvo que ponerle otra cosa.

No es la primera vez que escribo sobre las estupideces de la propiedad intelectual. Y aquí está otra.

¿Cómo es posible que para usar una referencia cultural a una canción que está sin duda alguna en el American Songbook de la música popular haya que… pedir permiso a alguien?

¿Habría que pedírselo a los Gershwin, si estuvieran vivos? A mí me parece delirante. Ellos compusieron una canción, se popularizó, se convirtió en una idea común. Y ya está. Cobraron por su trabajo en 1937, de todos modos.

Ya digo que me parecería delirante pedírselo a los Gershwin si estuvieran vivos. Pero es que George, el músico, murió… en 1937, el año en que se estrenó esa película. Ira, el letrista, murió en 1983. Lleva casi 30 años muerto (George 75). Así que…

¿Quién demonios es la Gershwin Publishing Company? ¿Cómo es posible que haya que pedirles permiso, no ya para vender una partitura de A Foggy Day, sino tan sólo para hacer una alusión?

Damos otro paso, aceptamos pulpo dos veces, y entonces me pregunto: ¿cómo es posible, cómo se puede entender, que encima nieguen el permiso? ¿Con qué poder cuentan para alterar la composición de una obra de arte en la que un escritor menciona una canción de juventud? ¿Por el hecho de que alarm rime con charm y Ira pusiera esos versos y la canción hiciera fortuna… ya no podrá repetir nadie esa frase? ¿Qué versos hay en las demás canciones, mucho menos conocidas, de A damsel in distress, y que ya no podemos usar tranquilos?

Y entonces me surgen más preguntas estúpidas. ¿Pidieron permiso los Gershwin al Museo Británico para nombrarlo en su letra? ¿Deberían haberlo hecho? ¿Puede el Museo Británico demandar a la Gershwin Publishing Company?

¿Tiene todo esto algún sentido?

Rhythm is our business

5 05UTC noviembre 05UTC 2012

Una frase memorable. Pero esta namás funciona si la canta el autor orixinal. Ye el meyor conseyu que puen date como músicu. Fai casu.

Esti ye el gran John Pizzarelli, nes sesiones de grabación del discu Kisses in the rain:

Lo que vien a ser:

Oooooh, rhythm is our business, rhythm is what we sell.

Que a su vez vien a ser:

El nuesu negociu ye el ritmu, ritmu ye lo que vendemos.

Nun fai falta decir ná más.

Discos redondos

2 02UTC noviembre 02UTC 2012

Hay discos buenos, discos malos, discos con canciones buenas y malas, discos que nos gustan o que no, discos importantes o ignorados, discos trascendentes o comerciales. Pero no voy a eso.

Voy a los discos redondos.

Discos redondos son, en primer lugar, los discos coherentes. Los que se hacen sobre una idea clara; una docena de canciones, que son todas iguales aunque sean todas diferentes.

Los discos redondos son sólidos, compactos. El autor de un disco redondo encontró algo, una idea, un estilo, y lo desarrolló durante todo el disco. No hizo un muestrario de todo lo que le gusta, no se fue por ramas diferentes y heterogéneas. Un disco redondo es como una roca; tiene canciones razonablemente buenas, pero no es una mera reunión de canciones razonablemente buenas. Esas canciones tienen una personalidad, forman un ejército de canciones con su uniforme, y por eso el disco es rotundo, deja huella y sirve de referencia; los demás discos se parecen a estos, o se diferencian de estos.

Y la otra característica del disco redondo es una especie de convicción. Da la impresión (nunca se sabe si cierta)  de que el músico encontró eso que buscaba. Que le salió. En realidad, hay músicos que mantienen esa coherencia toda su vida, y todos sus discos forman un enorme disco redondo, porque tienen una personalidad tan clara que no andan divagando. Yo hago esto, y aquí está otra entrega. AC/DC, por ejemplo. A AC/DC no hay quien les tosa.

Un disco redondo puede ser moderno o anticuado, hortera o sofisticado. Pero ante todo es redondo. Y una peculiaridad es que son discos que se pueden escuchar muchas, muchas veces sin cansarse.

Y aquí van algunos de los míos, sin orden ni concierto. Sugiero que pases de leerme a mí y en vez de eso los escuches, enteros, a ver si te parecen redondos o no.

Keane – Hopes and fears

Coldplay es un grupo bastante sobrevalorado. Y siempre comparan a Keane con Coldplay. No sé por qué. A mí no se me parecen tanto.

El caso es que este disco es una roca de disco. No sé en qué radica el estilo de Keane;  sí, tienen ese cantante con esos agudos tremendos, y el centro instrumental es el piano y no la guitarra, y esas y otras cosas se señalan como distintivos de Keane. Pero yo creo que es el fraseo, la manera de escribir las canciones, lo que influye quizá más que el sonido. El caso es que Hopes and Fears tiene una docena de canciones que son como una docena de puñetazos. Puñetazos blanditos, vale, pero que llegan donde quieren llegar. Los tipos de Keane encontraron algo, no cabe duda, y lo exprimieron. Canciones sentimentales (que es la manera de decir que son dignamente ñoñas), pero intensas e inteligentes.

Joan Manuel Serrat – Mediterráneo

Poco se puede decir de este disco a estas alturas. Un acierto irrepetible, y quizás el más redondo de todos los discos redondos. La canción que le da título es un hallazgo, con su famoso y peculiar ritmo, pero no es un disco de una sola canción; es un disco redondo, de cabo a rabo (si no… no sería un disco redondo).

Los discos de esta época, con aquellos arreglos orquestales y aquellos coros de “ahs” (Juan Carlos Calderón, Augusto Algueró…) a muchos nos sonaron, durante bastante tiempo, rancios, casposos, antiguos, quizá por la época de la que venían. Pero resulta que, con menos prejuicios, son obras de arte. Buena parte de la discografía de Wes Montgomery, o de muchos otros grandes, está arropada por estas orquestas. Y en Mediterráneo (el disco) quedan como un guante. Pero estas canciones se sostienen solas. Todas. Este disco, por sí solo, justificaría una carrera musical.

Alter Bridge – One Day Remains
Creed son otro grupo que perfectamente podría estar por aquí. Si juntas a los instrumentistas de Creed con un cantante como Myles Kennedy, que viene a ser como el de Pearl Jam pero mejor, tenía que salir algo decente.

Y salió un disco redondo, claro. Nombré a Pearl Jam, y algún parecido hay, pero Alter Bridge me resultan mucho más contundentes, más cercanos. Y este disco está lleno de canciones impecables. No sé qué pasa, que los discos redondos tienen canciones con sonido muy característico, arreglos muy logrados, y sin embargo esas canciones funcionan sorprendentemente bien en otros contextos. Supongo que eso pasa con todas las buenas canciones.

No sé cuántos kilómetros habré corrido oyendo este disco, pero si hubiera sido otro, seguro que me habría parado antes.

Gary Moore – Wild Frontier

En febrero de 2011 ya escribí mi particular necrológica y dije cuánto admiraba a este tipo. Me referí a este disco como música masticable; sí, eso tienen los discos redondos, son masticables, adictivos. Wild Frontier es un hallazgo.

Moore hizo una amalgama muy particular con el blues, el heavy, y una especie de condimento irlandés tradicional, que no quizá no resulte evidente al principio, pero está ahí muy claramente y es lo que da forma a las canciones y marca la originalidad del disco.

Disco criticado, por cierto, porque resulta que no hay baterista; la batería es electrónica, y ni siquiera se sabe exactamente quién la programó. En honor a la verdad, yo me enteré de eso hace poco, y si no me lo dijeran, no lo sabría. Ese cacharro tiene un sonido poco sofisticado, poco personal, sí, pero con la contundencia necesaria, que es casi lo único que se le pedía.

El caso es que el amigo Moore encontró algo cuando hizo este disco. Un disco redondo clarísimo.

Vinicius de Moraes, Maria Creuza y Toquinho en La Fusa

En el verano de 1970, Vinícius de Moraes, una institución en la música brasileña, grabó en Argentina, en un local llamado La Fusa, un disco en directo con Maria Creuza y Toquinho. Posteriormente grabó otro disco con el mismo espíritu, con la voz de Maria Bethania en lugar de Creuza.

Como el de Gary Moore, este disco tiene su “pero”: en realidad, la música se grabó sin público por razones técnicas, y en sesiones posteriores se grabó la reacción del público a los temas, y se superpuso en el disco que finalmente salió al público. Pero eso importa poco. Los dos discos de La Fusa son verdaderas obras de arte, y se pueden escuchar mil veces. Es cuestión de gustos, pero aunque Maria Bethania tiene una voz más particular y personal, yo me quedo con la calidez y la perfección de Maria Creuza.

Es sorprendente la fuerza que llega a alcanzar este disco, teniendo en cuenta que  Vinícius como cantante no tiene nada… excepto su voz y sus palabras. Y parece mentira también que un disco tan brasileño tenga precisamente la sección rítmica a cargo de argentinos… que hacen un trabajo (especialmente el zurdo Roizner) increíble.

Con lo largo que me ha quedado este artículo, y con lo breve que he intentado ser, no quiero ni pensar en la larga lista de discos redondos que tengo.