Lo peor de la Navidad

Lo peor de la Navidad ya pasó. Menos mal.

¿Qué es lo peor? Cada caso puede ser distinto. Para unos, la gente que no está; para otros, la gente que está. Para unos, tanta comida; para otros, tan poca comida. Para unos la nieve, y para otros que no haya nieve. Pero hay algo odioso en la Navidad, algo objetivamente repulsivo, insoportable, el mal absoluto, algo que no admite gradaciones ni gustos.

Los niños de San Ildefonso cantando el maldito sorteo.

No me refiero a los niños, ni al sorteo. Me refiero a lo que cantan. Si es que se puede llamar así.

Durante toda mi vida he visto reportajes sobre los niños de San Ildefonso, y he oído miles de veces ese cuento de que en realidad trabajan toooooodo el año para prepararse muy duramente, para afrontar como profesionales esa tarea de enorme responsabilidad.

Siempre me he preguntado para qué había que prepararse tanto; cualquier niño corriente sabría cantar “dieciochomilquinientosquiiiiiiiince, diezmiiiiiiiileuros”. Supongo que hay que practicar un poco para no trabarse al decir los números, y para no estar nervioso y que se te caigan las bolas y tal. Vale. Aunque siempre nos lo han presentado como si fueran la Filarmónica de Chicago preparando de memoria una antología de Wagner, o algo así.

Pero es que lo que veo desde hace ya años en televisión da ganas de rehabilitar el buen nombre de Herodes.

Lo que hay que cantar con los numeritos tiene… TRES notas. Si eres capaz de cantar las tres primeras palabras del villancico “Noche de paz”, ya está. LAS TRES PRIMERAS. No necesitas hacer nada más que cambiarle la letra.

En los años 1950, la lotería la cantaban aquellos niños de orfanato muertos de hambre, sin Internet, afinando fatal, pero más o menos mantenían con relativa dignidad ese soniquete horroroso. Hasta vibrato, le ponían los tíos. Supongo que al que se saliera mucho le zurrarían con una regla, o con un tubo de goma, o algo.

Pero hoy… hoy en día…

Hoy en día, la mitad de estos niños alimentados, preparados y formados, seleccionados entre la élite de los cantadores de décimos y pinchadores de bolas, desafinan como cabras. Sobre todo cuando cantan premios. En este vídeo se dedican a decirnos los muchísimo que se preparan… y el propio vídeo es un ejemplo de berrea del ciervo o cosa parecida.

Aborrezco el sorteo y su planteamiento, pero cuando sube una de esas parejas de baladores, y oigo cómo fluctúa y se menea una cantinela que tendría que ser tan elemental… eso es la gota que colma el vaso. Me crispa los nervios. Me saca de mí. Sería capaz de cualquier infanticidio.

Ya, soy muy bruto, es pedir demasiado a unos tiernos niños. Pero en cualquier escolanía, en cualquier conservatorio, hay tiernos niños que no bailarían esas notas ni aunque los estuviera pisando un elefante.

Por otra parte, no veo ninguna necesidad de pedir a unos niños que sean los que canten el resultado de un juego de azar para adultos. Así que a ver quién es aquí el bruto y el insensible.

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2 comentarios to “Lo peor de la Navidad”

  1. Luigi, de Salas (@luigisalas) Says:

    A tí lo que te pasa ye que nun xuegas, ya por ende, que sabes que nun va tocate… Si non, ya te diría yo si cantaben bien o mal el to númberu…

    Sin acritú

  2. guticr Says:

    Qué va, tío, si me tocara, en señal de protesta devolvíalo. Decía: “por haber cantao tan mal, ya lo podéis meter onde os quepa. Renuncio”.

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