Viejo: hay que decirlo más

Richard Dawkins dice, con gran acierto, que no existe eso de “niños católicos” o “niños musulmanes”. Un niño viene a que le cuenten el mundo, y por eso está indefenso ante eso que le cuentan; porque no distingue las descripciones de los juicios, y tampoco las verdades de las mentiras. Por esa razón, y no por otra, las órdenes religiosas están tan interesadas en la educación, que en todos los demás aspectos es exactamente lo contrario a lo que les conviene y preconizan. Un niño no juzga; sólo explora y acepta.

Yo crecí en un lugar en el que era muy raro encontrarse con un negro de verdad, y tardé muchos años en ver uno. De muy niño, yo tenía la vaga intuición de que ser negro era intrínsecamente malo. Esa intuición la heredé de los adultos de la época, supongo, y creo que en mí era tan inconsciente, tan peligrosamente inconsciente, como en ellos.

Pero claro; un niño pronto empieza a poner su cabeza a funcionar. Y veías Holocausto, y te quedabas absolutamente atónito y aterrorizado y conmovido, y entendías hasta dónde pueden llegar los mayores, aunque no entendías por qué. Y entonces veías Raíces, y pensabas que, jo, aunque aquel señor fuera negro él no tenía la culpa, y estaba clarísimo que tampoco era para tratarle así. Y dándole vueltas a todo aquello, tirando del hilo y poniéndote en cuestión, llegabas a darte cuenta de que no era para tratarle así… ni de ninguna otra manera. Era sólo un hombre. Nada menos que un hombre. Reparabas en tu propio presupuesto inconsciente de que ser negro era malo, y concluías que había que borrar aquella idea agazapada, que no sabías de dónde había salido, porque lo que es razonando, no había forma de llegar a ella ni defenderla.

Ya desde tierna edad me di cuenta de que el problema que se veía en Raíces no se solucionaría compadeciendo a los negros, ni evitando piadosamente (¿piadosamente?) reconocer su existencia; se solucionaría cuando ser negro fuera indiferente. Cuando fuera una descripción, y no un juicio. Cuando no hiciera falta decir “de color” o sandeces parecidas. Cuando hubiera erradicado esa idea inconsciente y peligrosa, que me acompañaba casi desde el nacimiento, de que ser negro era peor que ser blanco.

Y así llego a donde pretendía, que es a hablar de los viejos.

Cuando yo era muy niño, en contraste con lo anterior, ser viejo no era intrínsecamente malo. Un viejo era un señor de mayor edad que los “mayores” de la clase, y también que los padres. Y hasta ahí llegaba la definición. Los viejos tienen un aspecto propio, son divertidos e interesantes para algunas cosas, pero los respetas más y no suelen jugar a la pelota. En eso consistía ser viejo; en que te respetasen más y estuvieras exento de gimnasia (eso si querías, porque hay viejos que cruzan el Canal de la Mancha nadando). No equivalía a ser feo, ni inútil, ni irrelevante. La palabra “viejo” era descriptiva, no un juicio.

Hoy asisto atónito, y cabreado, a una demostración de estupidez que me subleva tanto como los latigazos que aquel indeseable le daba a Kunta Kinte. El desprecio a los viejos. A la vejez. A la palabra “viejo”.

No siempre está claro a partir de qué punto se puede aplicar un adjetivo, pero a mí se me ha caído suficiente pelo para saber que soy calvo. Tenía el 50% de posibilidades de serlo, y hace tiempo que lo soy. Y lo propio, lo adulto, es asumirlo. Puedo ponerme peluca o implantes, y de hecho defiendo esa opción (aunque no sea la mía), pero eso no tiene nada que ver; no es la cuestión. La cuestión es que asumo sin traumas el hecho cierto de que hay zonas del órgano más grande de mi cuerpo (sí, la piel) que antes tenían una densidad de pelo mucho mayor. Asumido eso, puedo hacer algo al respecto, o dejarlo como está. Excretar pelo por los poros de la cabeza está fuera de mi alcance, eso sí. Y eso es todo.

No soy viejo todavía, pero espero serlo algún día. Y cuando ese día llegue, y me reconozca a mí mismo como “viejo”, me gustaría que se me calificase así, me gustaría reivindicar la dignidad de esa palabra. Me gustaría que no intentasen llamarme de alguna otra estúpida manera quienes tienen la idea, peligrosamente inconsciente, de que envejecer es una vergüenza. Seré un viejo, seré viejo, y espero conservar la lucidez para estar orgulloso de serlo. Y de que la gente tenga presente que sí, que probabilísticamente estaré más cerca de la muerte que cuando era joven, y que para algunas cosas quizás seré un tipo divertido o interesante, y que no me andes tirando pelotitas porque a lo mejor te ganas una hostia.

No sé si el problema es ese, el miedo a la muerte. Que esa es otra, y da para largo. Quienes temen a la muerte, o quienes no han madurado lo suficiente para vivir sabiendo que morirán, y necesitan rodeos o muletas, a veces son tan peligrosos como los homosexuales reprimidos, que persiguen a sus iguales con toda la saña que les distraiga de ese fantasma que les persigue a ellos. Quizás los que no tienen valor para asumir la vejez son los que escupen “viejo” con asco, como un insulto. Como en su día otros escupían “negro”.

Pero no, señor. Ser negro está en el color de la piel; ser viejo está en la textura. Eso es todo. Ser viejo tiene una larga lista de inconvenientes, con los cuales cada cual lidia como buenamente puede. Pero también los tiene ser gilipollas, y estar vivo, y tener trabajo, y estar casado y tener perro y ser del Atleti. Todo ello son fuentes de infelicidad, si se mira bien, ¿no?

Si algún día yo llego allí, llámenme viejo con respeto, y será mucho mejor que si me llaman “abuelito” con conmiseración. Estar (¡teóricamente, probabilísticamente!) más cerca de la muerte no es peor que ser tratado como un imbécil.

2 comentarios to “Viejo: hay que decirlo más”

  1. Zamorano Says:

    ¡A sus pies maestro!, Yo de mayor quiero escribir así, que para eso eres un poco más viejo que yo… jajajaja..
    Gracias por venir el otro día.

  2. guticr Says:

    Tú ya escribes de sobra… y sí, soy un poco más viejo que tú, ahí le has dao 🙂

    Ir el otro día fue un acto puramente egoísta por mi parte. Ah, y “Baba River” es una bomba, pero voy a pasar un mal rato explicando el origen de la canción XD

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