Archive for 30 octubre 2013

Ya los tengo

30 30UTC octubre 30UTC 2013

La obra fundamental de un genio. Bueno, al menos está mucho más cerca de serlo que Steve Jobs. ¿Con quién te quedarías tú como genio? Tienes a un tipo que supo hacer mucho dinero y elegir las ideas que en realidad eran de otros, frente a otro que escribió (de hecho, está escribiendo) el compendio básico de los fundamentos de una ciencia. Los medios no tienen duda: se quedarían con Jobs, y nunca oirás la fascinante historia de The Art of Computer Programming. Un libro (puaj), que se acabó convirtiendo en siete (¡puaaaaj!), y que el tipo lleva escribiendo cincuenta años… ¿a qué clase de empollón aburrido le puede interesar esa chorrada, frente a una cola de chinos que quieren comprar el iPhone nuevo? No hay color.

Mira qué guapos. Fundamental Algorithms, Seminumerical Algorithms, Sorting and Searching.

The Art of Computer Programming

Ahora sólo falta leerlos.

Ja. Atribuyen a Bill Gates esta frase: “If you think you’re a really good programmer… read (Knuth’s) Art of Computer Programming… You should definitely send me a résumé if you can read the whole thing.”.

Que viene a ser: “Si crees que eres un programador bueno de verdad… lee The Art of Computer Programming… No dudes en enviarme un currículum si consigues leértelo entero.”

La televisión pública (II)

29 29UTC octubre 29UTC 2013

Es casi peor de lo que presagiaba.

En la televisión pública de hoy puedes ver una y otra vez a nuestros bienamados líderes. Pero si todos estos años de miserable manipulación de gente enferma les acaban estallando en la cara, no te enterarás en TVE. En TVE verás una noticia diferente, sin los abucheos, aunque sean lo más destacable y novedoso (la AVT abucheando al PP… eso es un hombre que muerde a un perro, digo yo).

En la televisión pública de hoy puedes ver las ceremonias, pero tampoco los abucheos, aunque suenen más fuerte que las gaitas, que ya es decir.

Pero bueno, la televisión pública es el reducto de la cultura. Teniendo en cuenta la situación terminal en que se encuentra la música en la televisión, el domingo me llevé una alegría cuando por casualidad me encontré un programa con el, por otra parte, extraño título de Cachitos de hierro y cromo. Me parecía de lo más redicho, no sabía si era sobre música o sobre tunear coches. Y el comienzo parecía una galería de los horrores: un montaje con trocitos de Manolo Escobar, Fernando Esteso, Los Calis. El panorama se aclaró cuando la presentadora dijo palabras tan prometedoras:

Bienvenidos a Cachitos de hierro y cromo, el nuevo programa dedicado a la música que hoy estrenamos.

Sí; habéis escuchado bien. “Nuevo programa”. “Dedicado a la música”. Sin que nadie se tenga que batir en duelo o perecer en el intento. Sin más jurados ni sentencias que las que dicta el tiempo.

Casi se me saltan las lágrimas. Casi le aplaudo a la moza con las orejas.

Pero me equivocaba. Pensé que la entradilla de Frankenstein era una especie de ironía. No; el programa era exactamente así.

Trozos del archivo de TVE, los peores trozos. Lo más casposo, lo más deleznable, lo más repetido, lo más gastado. Rumba, rumba, rumba, pasodobles, rumba, pasodobles. Los peores playbacks de la historia, incluyendo el de Antonio Molina vigilado por Joaquín Prat y Laurita Valenzuela, o la millonésima repetición de Achilipú con un coro de leones marinos, o El Príncipe Gitano y sus bebebebebebesos. Fragmentos que ya eran deprimentes, vergonzosos y caducos cuando se grabaron. Un programa sobre la rumba sería un programa de música; pero es que tampoco era eso. Ninguna “actuación” duraba más de unos segundos. Era una especie de zapping insoportable por la nostalgia cañí. Añadiendo una especie de comentarios subtitulados que no hacían más que incidir una y otra y otra vez en que en las gasolineras se vendían cintas, sin aportar nada más.

Y la tipa esa presumía ostensiblemente, recalcando las palabras, de que aunque nos costara creer en tanta dicha era un programa dedicado a la música. Y de que era un nuevo programa. ¡Nuevo!

E “Informe Semanal” se desplaza a la madrugada por primera vez en la historia, al sitio en el que acaba cualquier otro programa aceptable, para dejar sitio a otro concurso estúpido de cantantes. Más refrito, más recalentado, menos imaginación, más bochorno.

Así seguirá la epidemia de caspa, creciendo y creciendo. Hasta que sepulte al país.

Y mira que os lo advertimos.

Si crees que lo que te digo no puede ser tan malo, disfrútalo tú mismo. El nuevo. Programa. De música. Sí, has oído bien.

Las gilipolleces son gilipolleces, las diga quien las diga

22 22UTC octubre 22UTC 2013

Siempre lo digo: si alguien hace daño a uno de mis seres queridos, que no me dejen a mí juzgarlo. Pero en este país nuestro de traca, sin embargo, resulta que los menos indicados para juzgar gozan de todo el predicamento, aunque no merezcan ninguno.

Este país nuestro no es precisamente el peor en su respeto a los derechos humanos (¡ni mucho menos!), pero dista mucho de estar para dar lecciones. Aquí unas víctimas se convierten en santos con la presencia y el apoyo de las autoridades del Estado, y otras siguen en las cunetas y en los pozos y no es que no se puedan beatificar, es que ni siquiera se pueden cambiar de tumba porque sería una provocación, sería remover heridas. En este país nuestro el único condenado por los crímenes del franquismo es el juez que intentó investigarlos. En este país nuestro los policías que combaten la corrupción son destituidos; los artificieros que se juegan la vida son perseguidos y acosados; los policías que combaten contra ETA y sufren sus atentados son acusados de colaborar con ETA; pero los policías que torturan son indultados, las veces que haga falta. Miramos con condescendencia a otros países que superaron dictaduras, orgullosos de nuestra modélica transición, y resulta que la nuestra es la peor de todas.

Resulta que un tribunal de derechos humanos ha condenado a España por violar los derechos humanos. Cosa normal, que se sabía que iba a ocurrir. Desde el principio, todo esto ha sido una monumental chapuza, indigna de un estado de derecho. Era ilegal, y se sabía.

Dicen los jueces, por unanimidad, que España violó el artículo 5.1 (Derecho a la libertad y a la seguridad) del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Y por 15 votos contra 2 dicen que violó el artículo 7 (No hay pena sin ley). Bastaría con 9 votos contra 7, porque una decisión colegiada es una decisión completa, no media decisión; pero es que encima la proporción de votos es abrumadora.

No hace falta saber mucho de derecho. Si una “doctrina judicial” lleva el nombre de un preso concreto, si se habla con toda desfachatez de cosas como “construir una imputación” o de “ingeniería judicial”, está claro que esto no hay por dónde cogerlo.

Pero lo que ya es de traca es lo de las víctimas del terrorismo. Gente que merecería un cierto respeto por el daño que han sufrido (y sólo por eso) quedan dolorosamente en ridículo con declaraciones que dan vergüenza ajena.

Resulta que el dictamen del tribunal europeo es culpa de… Lo adivinaste. De Zapatero.

A esta gente se le olvida que ese engendro de la “doctrina Parot” se inventó precisamente cuando el amigo de los terroristas gobernaba España, y se mantuvo durante sus dos legislaturas.

Es decir: que el expresidente es para ellos un inútil total, no sabe hacer la O con un canuto, pero el tío, a pesar de no ser ya presidente de nada, es capaz de forzar un veredicto unánime del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Eso sí que es tener superpoderes.

Al parecer lo ha conseguido a través de nosequé juez de ese tribunal que no votó (¡habráse visto!) en contra de sus compañeros. Un solo juez ha conseguido forzar la opinión de los otros quince. Como en “doce hombres sin piedad”, pero en vez de con doce, con dieciséis.

Lo de esta gente ya no es hacer el ridículo; roza el esperpento.

Ah, y menos mal que el PP está en el gobierno. Así tienen que ser un poquitín más sensatos, porque menuda representación teatral se podrían permitir en la oposición… Da miedo pensarlo.

Y más sobre censura

18 18UTC octubre 18UTC 2013

Si traes a Albert Pla, y luego te escandalizas de que diga cosas llamativas, pues entonces supongo que no tienes ni la menor idea de quién es Albert Pla.

Y aunque te escandalizaras, no entiendo que puedas rescindir un contrato con él. ¿Es que sólo pueden actuar en Gijón personas cuyos sentimientos te parezcan bien?

Y aunque pudieras rescindir el contrato… ¿dónde, si se puede saber, “ha insultado a los gijoneses”? ¿Por decir que le da asco ser español?

¿Y a quién no?

Zabala, otra vez

17 17UTC octubre 17UTC 2013

Zabala de la Serna tiene mucho miedo de que le quiten sus herbívoros, porque no concibe la vida sin clavarles cosas. Y por eso está a la que salta y se pone hecho un basilisco.

Ahora ha escrito todo un alegato porque al parecer el Ayuntamiento de Barcelona prefirió, para anunciar la exposición World Press Photo, otra foto en vez de la que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona había propuesto, en la que salía un torero.

Por una parte, me parece que la foto inicial es muy buena, y no veo ningún motivo para rechazarla. De hecho, me da la impresión de que las fotos de World Press Photo retratan, en su mayoría, realidades que no nos gustan. Si una foto de Bashar al-Asad es buena, pues es buena, y eso no nos hace partidarios suyos. Puede que todo lo contrario. Así que la retirada de la foto me parece algo nefasto y me opongo (aunque dé igual que me oponga).

Ahora bien: Zabala se pone de uñas, como le pasa casi siempre, y dice cosas como:

En Barcelona se creen que han prohíbido [sic] la fotografía de un torero cuando en realidad han censurado el retrato de un hombre.

En Barcelona no han prohibido nada. Han escogido (a mi parecer erróneamente) una foto que les gustaba, frente a otra que no les gustaba. Y tampoco han censurado nada. Han elegido. Y hablando de elegir…

Juan José Padilla podía haber optado a un puesto de la ONCE en Jerez o a jugar en un equipo de paralímpicos pero eligió el camino de la superación y el toro, el mismo toro que sus compañeros íntegros, en lugar de perseguir un balón con cascabel.

Mira, Zabala. Perdona que te diga que cualquiera que opte a un puesto de la ONCE en Jerez o a jugar en un equipo “de paralímpicos” elige, probablemente, el camino de la superación, aunque no sea el del toro. Cualquiera de los paralímpicos, o de los vendedores de cupón, vale tanto como cualquiera de tus toreros. Ahí se ve que tú no lo consideras así. Se te ve el plumero.

Padilla tiene el mérito que tiene, pero al fin y al cabo hace lo mismo que sabía hacer, lo que le da dinero, fama, mucho más reconocimiento que antes. Padilla no tiene que cambiar de vida, no tiene que aprender a vivir sin eso, no tiene que aprender cuánto vale sin estoque. Y esa batalla puede ser muchísimo más dura. Padilla es un valiente, y también un cobarde.

Cualquiera que persiga un balón con un cascabel, Zabala, es el doble de hombre que tú. Y otra diferencia es que él sí que tiene derecho a despreciarte.

Malos temas

15 15UTC octubre 15UTC 2013

Frase para recordar. Terraza de un club de jazz.
Dentro del garito, unos espontáneos tocan All of me. El saxofonista sale bailando de manera harto sugerente, y aprovechando la música de fondo, parodia los programas de variedades antiguos: “Esta noche tenemos con nosotros a…” y dice algunos nombres rancios de famosos. Después hace una confesión: “Nunca me gustó esta canción. Ni esta, ni los rhythm. No me molan nada.”

Y entonces el guitarrista que está fuera dice, totalmente en serio:

¡Porque no lo tocamos bien! No hay malos temas, hay malos músicos.

Hala, chúpate esa. A meditar.

Europa

15 15UTC octubre 15UTC 2013

Resultará difícil de entender hoy, cuando cualquier veinteañero ha viajado por media docena de países, o ha estado de Erasmus, o comparte piso con alemanes. Hay mucha gente que en su vida ha manejado otra moneda que no sea el euro, que atraviesa fronteras como atraviesa la puerta de su salita, y que sólo cambia moneda cuando va al Reino Unido, como una de esas rarezas propias de los ingleses, casi se diría que divertidas.

Pero no hace mucho, todo eso estaba muy lejos. España era una cosa, y Europa otra. Ya digo, resultará difícil de entender para quien no lo haya vivido. España era toda complejos, y las vallas no estaban en Melilla, sino en los Pirineos. Los franceses volcaban con total impunidad, una y otra vez, nuestros camiones de fruta, porque éramos campesinos pobres y sin derechos. Los terroristas daban un saltito, estaban en Francia, y vivían tan tranquilos. Era como si dieran un salto en el hiperespacio.

Se habían escapado a Europa.

En 1986 España consiguió unirse a aquel invento, aquella unión entre países europeos. Sólo había 10 países entonces, y España estuvo entre los 12 primeros, y de hecho la bandera de la UE se congeló con aquellas 12 estrellitas; una era nuestra, aunque hoy ya no significan eso, dicen. Aquella Europa de los 12 era algo ilusionante. Sí, por la conveniente propaganda de quien tenía intereses económicos en ello, pero no nos engañemos; para los ciudadanos también, porque en el fondo sí nos sentíamos europeos, pero casi no teníamos razones para ejercer como tales.

Estar en aquel grupo fue algo grande. Después de las guerras mundiales, de guerras de los 30 años, de los 100, de cuchilladas permanentes, y después de tantos años de ser unos parias, podíamos empezar a sentirnos modernos. Incluso, no mucho después, se derribó el muro de Berlín, y se acabó con aquella situación extraña de la Alemania partida en dos. Sí, por fín íbamos a ser civilizados.

Luego vino el euro, y aunque vimos perfectamente la jugada (lo que antes eran 100 pesetas, ahora iba a ser un euro… aunque en realidad nos estaban cobrando 166 pesetas, nada menos) también pensamos que era la moneda de nuestra casa, al fin y al cabo. Cambiar de país y seguir estando, en gran parte, en casa, seguía siendo algo grande. Claro que había muchos engaños, muchas trampas, mucho aprovechado, muchos problemas. Pero lo sabíamos. Al fin y al cabo, ¿quién no tiene de eso? Lo habrá, estemos en Europa o no. Así que mejor estar. Teníamos suficiente ilusión como para apechugar con muchas cosas.

¿Quién podía acabar con aquello?

Pues parece mentira, pero no fue el euro, ni la crisis, ni las incomprensibles cuotas lácteas, ni el desmantelamiento de nuestra industria, ni el que no se nos permitiera ayudarnos a nosotros mismos. Fue una pareja.

Sarkozy y Merkel

Siempre habíamos sabido que las instituciones de gobierno europeas eran enormes y complicadas. Siempre habíamos sabido que cedíamos soberanía a cambio de integración. Bueno, hay que pagar un precio por organizarse. Y no es fácil organizar a un montón de países, de culturas diferentes con siglos de historia, y especializadas en matarse al por mayor. Podíamos vivir con esos pequeños engorros; merecía la pena para estar juntos.

Pero cuando empezaron a reunirse Nicolas Sarkozy y Angela Merkel para solucionar nuestros problemas…

Ahí fallaba algo. Ya sabíamos que los fuertes son los fuertes, con o sin Unión Europea. Pero había un barniz de legalidad, y ciertos contrapesos. Había consejos de ministros, comisiones, parlamentos. Había complicadas votaciones. Y de todo aquello emanaban órdenes. “Todo aquello” podía entenderse, con un poco de imaginación, como la voluntad popular de Europa.

Pero estos dos no estaban satisfechos, ni siquiera conspirando o influyendo o directamente decidiendo los resultados de aquellas votaciones. Ni siquiera se molestaron en disimular. Se reunían como dos reyezuelos que se dejan de bobadas y de disimulos. Como las dos estrellas de la orquesta, cansadas de hacer como que los músicos importan.

Hay dos cosas que han destruido la Unión Europea, tal como la entendíamos. Una es una ampliación tan bestial que nos ha puesto en el mismo barco que gente a la que ni siquiera conocemos. No hay mala voluntad en esto; necesitamos un tiempo para hacernos a la idea. No hemos tenido emigrantes en Chipre o en Letonia, no ignoramos el polaco con la misma vehemencia fraternal con que ignoramos el francés o el inglés, y Eslovaquia no nos ha estado volcando camiones de fruta, que eso une mucho.

Y la otra son Merkel y Sarkozy. Los conseguidores, los salvadores, los jefes. De Merkel todavía se entiende, porque los alemanes tienen una tradición de joderlo todo que al parecer seguirán cumpliendo una y otra vez; en cuanto levantan cabeza y tienen herramientas, buscan algo que demoler con ellas, no lo pueden evitar. Pero Sarko… Sarko no nos encajaba, era un canijo intentando ser Napoleón (y a fe que lo recuerda, porque este no dejaba de ser otro canijo testarudo y francés). Sarko era uno de esos gabachos soberbios y ridículos, que creen que el mundo gira alrededor de Francia (cuando nadie les hace ni puto caso desde Johnny Holiday), y ni corto ni perezoso se decidió a tomar las riendas, él y Angela en pie de igualdad, porque el problema era demasiado difícil para la Unión Europea, así que quita, déjame a mí que yo lo hago y acabo antes. Al fin y al cabo, soy el tío que se fumiga a Carla Bruni y antes me fumigué a Villepin, que era mucho más peligroso y más listo y sabía más idiomas. Soy lo más.

Esas reuniones no fueron sólo lesivas; fueron humillantes. ¿Es Europa esto? ¿Este descaro, esta medianía, esta soberbia y esta estupidez? ¿Esas ínfulas de sabelotodo? ¿Esas fotos en las que sólo falta Gary Sinise poniendo cara de interesante?

Ese tipo de gente ya lo teníamos aquí. No hacía falta importar nada.

Que nos cueste adoptar una política exterior común es comprensible, y hay que echarle paciencia, aunque sea verdaderamente desesperante. Pero que a las primeras de cambio estos dos sujetos actúen por su cuenta sin contar con el resto, y no se dignen ni siquiera a gastar algo de tiempo en jugar la partida con esas cartas marcadas de las que disfrutan… eso ya termina la paciencia de cualquiera.

Sarkozy ya no está. Con Angela parece que tenemos para rato. Pero tanto uno como otro han hecho un daño del que no sé si son conscientes.

Sobre el cine español

10 10UTC octubre 10UTC 2013

Simplemente, anotar aquí algunas cosas sobre el cine español que probablemente no vas a leer en ningún otro periódico ni oír en ningún telediario.

Tengo dos carreras y un máster y limpio WCs (II)

3 03UTC octubre 03UTC 2013

Por lo que he sabido, el tal Benjamín Serra parece tener dos carreras y un máster, sí. Voy a seguir sin juzgarlo a él, porque sigo sin conocerle, pero sí puedo juzgar estos datos.

Las dos carreras las sacó en una universidad privada católica. Una universidad que se pone “católica” en el nombre me impone graves reparos. Si en lugar visible hay un logotipo de algo que se llama “Asociación Católica de Propagandistas”, pues amigo Benja, qué quieres que te diga: si me basara sólo en el título, serías la última persona a la que ficharía para trabajar conmigo. No offense.

Además, exhibe dos carreras. Pero resulta que esa universidad ofrece una doble titulación. Si quieres ser licenciado en Periodismo, estudias cuatro añitos. Pero si quieres ser licenciado en Periodismo y también en Publicidad y Relaciones Públicas como Benja, estudias cinco añitos. Vale, está estupendo, pero lo de las dos carreras empieza a ser un poquitín relativo. Lo del premio extraordinario de fin de carrera en las dos titulaciones también, claro, porque en gran medida es un solo logro que da frutos dos veces; y además aclaremos que es el premio de su propia universidad, no un premio nacional ni nada de eso. Y que en cada uno de esos premios aparecen tres personas, porque al parecer se concede el premio a todos los alumnos que alcancen 2,5 de nota media (entre notable y sobresaliente).

El máster lo hizo en una “escuela de negocios”, que ni siquiera es un centro universitario; de hecho, para acceder a esos “másters” ni siquiera es necesario ser un titulado universitario. Yo creo que el uso de la palabra “máster” es un fraude en ese caso.

Así que, Benja, si me llegas a mí, empleador, y me dices que tienes dos carreras y un máster, cuando sepa la verdad pensaré que me estás tomando el pelo. Seguro que eres brillante, a pesar de todo esto, pero no eres necesariamente ese Einstein limpiando váteres que pretendes ser.

De todos modos, si te repugna la mierda, creo que estarás mucho mejor de camarero que de periodista. Ahí, al menos, no te obligan a tragarla ni repartirla a los clientes.

Pero no se puede negar que tienes condiciones para el periodismo, porque ya te has acostumbrado a contar las cosas como te conviene.

Articulistas torpes por méritos propios

3 03UTC octubre 03UTC 2013

Leo en El Mundo un artículo de Marisa Soleto. Como tantos artículos de feministas profesionales (es decir, que se dedican a ser feministas), es una desgracia para quienes perseguimos la igualdad de los hombres y las mujeres.

Lee, lee:

Conductoras torpes por sentencia

Afirma que según el juez “resulta evidente que las mujeres son más torpes que los hombres a la hora de aprender a conducir”. También dice que “ha sentado jurisprudencia sobre el hecho de que las mujeres somos más torpes al volante que los hombres”.

La autora hace al menos una cosa bien: pone el enlace a la sentencia y sugiere que la leas. Si lo haces, lo que empezarás a dudar es que la haya leído ella.

Es sencillamente mentira. La palabra “torpe” no aparece en la sentencia, pero ni siquiera es que la sentencia diga con otras palabras lo que ella afirma haber leído. Sencillamente… no.

No voy a entrar en si la sentencia es acertada o no, ni si en a pesar de los razonamientos hay que impedir o no a una autoescuela cobrar precios diferentes a hombres y mujeres (cosa que en este caso se hizo, de hecho; el juez sólo dice que no procede multar, además, a la empresa, y que basta con que retire el producto). Dejando todo eso aparte, hay algo cierto: la sentencia está argumentada y razonada, se basa en leyes y en hechos objetivos.

Marisa Soleto podría, probablemente, rebatir o al menos contestar la sentencia. Pero para eso tendría que poner de manifiesto dónde esos argumentos son erróneos, dónde esos razonamientos son inválidos y qué leyes o hechos objetivos ha obviado o malinterpretado el juez. Pero no hace nada de eso. Acusa al juez de cosas falsas, y luego todo lo que se le ocurre es hablar de su caso particular (cuando es evidente que una autoescuela no fija sus precios a partir del ejemplo de una sola persona) y soltar otras sandeces, como hablar de sus propias tetas (y ha sido ella, no ningún hombre).

Lo que el juez dice es que “en general las mujeres emplean más clases que los varones para obtener el carné”, y se apoya en los datos de la autoescuela y en datos de la Dirección General de Tráfico. Datos que parecen estadísticamente significativos.

Total: la sentencia es un ejemplo de rigor y corrección (acertada o no, discutible o no) y el artículo de Soleto una sarta de mentiras primero y sandeces después. Si esto es todo lo que puedes hacer, está claro quién tiene razón.

Marisa: yo, que quiero la igualdad entre hombres y mujeres, te pediría que no nos ayudaras, porque nos quitas razón en vez de dárnosla. Pareces un agente del enemigo.