Las gilipolleces son gilipolleces, las diga quien las diga

Siempre lo digo: si alguien hace daño a uno de mis seres queridos, que no me dejen a mí juzgarlo. Pero en este país nuestro de traca, sin embargo, resulta que los menos indicados para juzgar gozan de todo el predicamento, aunque no merezcan ninguno.

Este país nuestro no es precisamente el peor en su respeto a los derechos humanos (¡ni mucho menos!), pero dista mucho de estar para dar lecciones. Aquí unas víctimas se convierten en santos con la presencia y el apoyo de las autoridades del Estado, y otras siguen en las cunetas y en los pozos y no es que no se puedan beatificar, es que ni siquiera se pueden cambiar de tumba porque sería una provocación, sería remover heridas. En este país nuestro el único condenado por los crímenes del franquismo es el juez que intentó investigarlos. En este país nuestro los policías que combaten la corrupción son destituidos; los artificieros que se juegan la vida son perseguidos y acosados; los policías que combaten contra ETA y sufren sus atentados son acusados de colaborar con ETA; pero los policías que torturan son indultados, las veces que haga falta. Miramos con condescendencia a otros países que superaron dictaduras, orgullosos de nuestra modélica transición, y resulta que la nuestra es la peor de todas.

Resulta que un tribunal de derechos humanos ha condenado a España por violar los derechos humanos. Cosa normal, que se sabía que iba a ocurrir. Desde el principio, todo esto ha sido una monumental chapuza, indigna de un estado de derecho. Era ilegal, y se sabía.

Dicen los jueces, por unanimidad, que España violó el artículo 5.1 (Derecho a la libertad y a la seguridad) del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Y por 15 votos contra 2 dicen que violó el artículo 7 (No hay pena sin ley). Bastaría con 9 votos contra 7, porque una decisión colegiada es una decisión completa, no media decisión; pero es que encima la proporción de votos es abrumadora.

No hace falta saber mucho de derecho. Si una “doctrina judicial” lleva el nombre de un preso concreto, si se habla con toda desfachatez de cosas como “construir una imputación” o de “ingeniería judicial”, está claro que esto no hay por dónde cogerlo.

Pero lo que ya es de traca es lo de las víctimas del terrorismo. Gente que merecería un cierto respeto por el daño que han sufrido (y sólo por eso) quedan dolorosamente en ridículo con declaraciones que dan vergüenza ajena.

Resulta que el dictamen del tribunal europeo es culpa de… Lo adivinaste. De Zapatero.

A esta gente se le olvida que ese engendro de la “doctrina Parot” se inventó precisamente cuando el amigo de los terroristas gobernaba España, y se mantuvo durante sus dos legislaturas.

Es decir: que el expresidente es para ellos un inútil total, no sabe hacer la O con un canuto, pero el tío, a pesar de no ser ya presidente de nada, es capaz de forzar un veredicto unánime del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Eso sí que es tener superpoderes.

Al parecer lo ha conseguido a través de nosequé juez de ese tribunal que no votó (¡habráse visto!) en contra de sus compañeros. Un solo juez ha conseguido forzar la opinión de los otros quince. Como en “doce hombres sin piedad”, pero en vez de con doce, con dieciséis.

Lo de esta gente ya no es hacer el ridículo; roza el esperpento.

Ah, y menos mal que el PP está en el gobierno. Así tienen que ser un poquitín más sensatos, porque menuda representación teatral se podrían permitir en la oposición… Da miedo pensarlo.

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