¿Por qué enseñar jazz?

Esto es una traducción / traición propia de un artículo de Dave Liebman: Why jazz education? De mano, la traducción del título ya es un poco engañosa, porque no se centra exactamente en “mis motivos para enseñar jazz yo” y puede parecerlo. Pero bueno, teniendo en cuenta lo que he cobrado y el uso que voy a darle, creo que está razonable.

Aquí va mi versión en español.

Al final, siempre he sentido que cuando enseñas una disciplina artística estás consiguiendo mucho más que la evidente transmisión de habilidades y conocimientos. Debería haber una lógica y propósito para enseñar que va más allá de la disciplina artística propiamente dicha. La realidad de la situación en el mundo real es evidente: la oferta y la demanda están muy desequilibradas para artistas de todo tipo, y siempre lo han estado. Hay muchos más buenos músicos de los que se necesitan y, por lo que se refiere a artistas de verdadero talento, aunque puedan ser escasos, siguen siendo abundantes en comparación con las oportunidades que tienen de demostrar sus habilidades. Así que ¿qué beneficios obtiene un joven que se interna en el estudio del jazz pero puede no encontrar una salida para utilizarlo?

Ahí están los ahora bien documentados beneficios que el cerebro obtiene del aprendizaje musical y los atributos positivos asociados (el efecto Mozart y similares). Para mí, la lección más importante que se extrae de tocar jazz es cómo cooperar y trabajar en grupo pero manteniendo y explorando la individualidad. Los miembros de un grupo de jazz tienen que trabajar juntos para alcanzar resultados musicales pero cada músico tiene ocasión de reafirmar, en un momento u otro, su voluntad, mientras todos los demás músicos adoptan un papel de apoyo. Este cambio constante de posición (más frecuente en unos instrumentos que en otros) es muy dinámico y es una maravillosa lección sobre interacción grupal, algo que todo el mundo debe afrontar en la vida.

La libertad de expresión es un cliché, pero a nivel individual el jazz refuerza la noción de que lo que un individuo tiene que decir es válido y significativo, que ha trabajado en ese tema y está preparado para transmitirlo. La sensación de validación que un músico aspirante obtiene cuando recibe la respuesta a un solo y es reconocido por sus iguales o sus mayores es algo muy especial. Este ambiente relajado en la comunidad del jazz y los entornos asociados a ella significa que, aunque el elogio se puede evitar verbalmente o se puede transmitir de manera velada, es sincero. Cualquier persona siente un gran estímulo por esta aprobación y sabe que se la ha ganado honradamente. La música no miente.

Hablar del ambiente relajado e informal del mundo jazzístico nos lleva a hablar de modestia y prudencia en general. Ser rico, famoso o cualquier otro de esos valores que nuestra cultura ensalza tienen poco espacio en el jazz. Es esta una fértil tradición elaborada por personas reales de la historia reciente de quienes aún se cuentan historias legendarias. Este factor de realidad y esta falta de pretensión dan a los participantes en el jazz unos principios basados en verdaderos valores humanos. Hay un humor cáustico que invade todo el mundo del jazz, y abunda la modestia. Los músicos de jazz suelen ser gente normal cuyo único deseo es tocar esta música tan profunda sabiendo que las recompensas materiales son muy infrecuentes. Creo que este maravilloso e inusual rasgo de humildad es extraordinariamente habitual entre los músicos de jazz.

Tocar jazz combina varias cualidades: instinto, honradez, seguridad en sí mismo, experiencia, confianza en los demás, imaginación y actitud positiva. Transcurra por donde transcurra la vida de una persona estas cualidades serán muy útiles para cualquier ser humano. El dicho de que “la pluma es más poderosa que la espada” es aplicable a mi enfoque de la enseñanza. Para mí, aunque esto pueda parecer un juicio demasiado categórico, a menos que un invididuo sea un innovador de los que cambian la historia de una disciplina artística, la influencia que puede tener como profesor, formal o no, es mucho mayor que la que puede tener tocando. Es un trabajo noble e importante.

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Una respuesta to “¿Por qué enseñar jazz?”

  1. Marta Segurola López Says:

    A mí el jazz no sé por qué no me llega, no me dice nada, pero este texto me ha gustado mucho. A partir de ahora veré con otros ojos a los jazzeros. 🙂

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