Sin Paco

Aborrezco las mitificaciones y las exageraciones y la exaltación y el fanatismo. Eso lo dejo para los tipos esos que saltan una verja a las tres de la mañana para sacar una imagen de una virgen. Paco de Lucía no era nada más y nada menos que un enorme músico. Y eso debería ser suficiente. Sin pedestales, sin novelas.

Todos los que tocan la guitarra han copiado dos cosas. Por un lado, el solo de Mark Knopfler en Sultans of Swing. Y por otro, Entre dos aguas.

Primero creyeron que más o menos les salía. Tiempo después, un buen día se dieron cuenta de que en realidad no les había salido en absoluto. Y entonces aprendieron un montón de cosas sobre ese fenómeno extraordinario que es la música, y sobre ese desafío de por vida que es ser músico. Ese desafío que no está en las exhibiciones ni en el más difícil todavía, sino en un abrumador e incontrolable montón de… detallitos.

Recuerdo un documental que vi hace tiempo en la televisión pública española, del cual saqué la conclusión de que esos mismos discos redondos que dejan a todo el mundo aplaudiendo y jaleando y hasta exagerando dejaban a Paco de Lucía, sin embargo, dubitativo, sufriente, completamente insatisfecho. Un tipo perfeccionista y a la vez sencillo; los ingredientes justos para no encajar de ninguna manera en ese papel de genio que le escriben a veces a la gente.

Por un lado, aprendí de él y de otros la ética de trabajo, la humildad, el compromiso con un oficio, la dedicación; alguien que a pesar de confesarse indolente, casi vago, asumía sus obligaciones (y de qué manera). Alguien que hacía algo espectacular y sin embargo estaba pensando en qué había hecho mal y qué debería hacer mejor.

Y por otro, me juré que nunca sería, aun en la hipótesis absurda de que pudiera, como Paco de Lucía. Porque yo tenía claro que quería hacer música bastante peor, pero música de la que pudiera disfrutar.

Ese es el camino fácil, claro. Por eso le estoy enormemente agradecido a Paco de Lucía, que (de forma premeditada o no) siguió el camino difícil. Su esfuerzo contracorriente ha sido nuestro placer. Esa es la deuda que tenemos con él.

En aquella época antes de la llegada de Paco era mucho más fácil creer que uno tocaba la guitarra.

(Félix Grande, citado por El Descodificador.)

La guitarra es una hija de puta, la detesto.

(Paco de Lucía, entrevista en Público, abril de 2008.)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: