Archive for 24 abril 2014

No sé qué más decir

24 24UTC abril 24UTC 2014

En El Descodificador recomiendan a Nat Simons, y bueno, no me disgusta lo que hace. Músicas aparte, miro en su blog quién dice ser, y es una lástima que sea un alma torturada de esas que no encajan en ningún sitio y quieren irse a un mundo mejor (el de los lugares comunes, supongo) y también es una lástima que cometa faltas de ortografía cuando escribe algo tan sumamente bonito como esto, que me voy a tomar la libertad de corregir:

No sé qué más decir sobre mí que sea cierto.

Me ha parecido una frase sencillamente perfecta para acabar una autobiografía. Ya me gustaría que se me hubiera ocurrido a mí.

Ahí me quito el sombrero, Nat.

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Alfredo y el concierto

22 22UTC abril 22UTC 2014

Leo la noticia de que a un discapacitado de Alicante no le dejaron entrar a un concierto, por razones digamos logísticas.

Por supuesto que hay que procurar descontar todo ese gas lacrimógeno que Pedro Simón pone en el artículo, en el que claramente ha elegido buenos y malos desde el principio; doy por seguro que ha entresacado de las palabras de los responsables las que mejor le venían a su historia (porque los periodistas, en el mejor de los casos, ya no informan, sino que cuentan historias).

Pero independientemente de eso, no entiendo a los responsables del auditorio. Por un montón de razones de diversa índole, esta era la ocasión perfecta para decir: “voy a meter esa cama en este concierto aunque tenga que levantar medio patio de butacas y poner a los bomberos a la entrada”.

Lo de Esperanza, normal

22 22UTC abril 22UTC 2014

Últimamente estoy escribiendo poco (lo que quizás sea una buena noticia para el mundo de las letras) por varias razones. Una, la falta de oportunidad. Otra, que varias cosas que quería escribir son extensas y me van a llevar tiempo, lo que se junta con la razón anterior. Y otra, que muchas veces me apetece decir algo que ya he dicho tantas veces que me caigo pesado hasta a mí mismo.

Pero para no perder del todo la forma, voy a comentar aquí una cosilla: la espantada de Esperanza Aguirre.

Aguirre pertenece a esa clase de gente para la cual ensuciar un trapo es o debería ser un delito, si ese trapo está pintado de rojigualda. Esa clase de gente que te considera antisistema si pides conservar la educación pública, que quiere que caiga sobre ti todo el peso de la ley si protestas legítimamente delante del Congreso, que te asocia con los terroristas si eres independentista, que a su vez te considera independentista si te opones a la tortura de los toros. Dura lex sed lex est, sin perdón ni clemencia.

¿Qué diría esta gente si Pepiño Blanco aparcara el coche en el sitio más inverosímil y evidente de Madrid, se negara a facilitar la documentación a la Policía (ahora sabemos que mintió -también- cuando dijo que ya se la había facilitado), se diera a la fuga derribando una moto?

Pues que debería ir a la cárcel, claro. Recordemos que Pepiño Blanco ya debería estar en la cárcel por hablar en nosequé gasolinera con un empresario, y Bermejo dimitió como ministro de Justicia por ir de caza en una provincia con una licencia de otra provincia (aunque ya le habían pedido que dimitiera… por cenar con Baltasar Garzón), y Zapatero era un asesino por decir “accidente” hablando de un atentado. ¿Qué no habría que hacer con ellos si alguno escapara en coche con toda la policía detrás?

Pues todo eso que no hay que hacer si lo hace Esperanza; entonces hablamos de persecución política, brutalidad policial, malas intenciones, insignificancia de la falta, o cualquier otra cosa.

Esto es lo normal. Aguirre pertenece a esa clase de gente para la que los actos no son intrínsecamente buenos o malos; depende de quién los ejecute. Si lo hago yo, está bien. Es lo que se dice alguien de derechas de toda la vida, simplemente.

En aquellos tiempos de Caiga quien caiga, cuando Aguirre tenía piel de cordero todavía, confieso que me creí aquella imagen; al fin y al cabo, no conocía a esta señora. Pero luego ya pudimos ver, en múltiples ocasiones, quién era de verdad. Me llevé una enorme sorpresa, me equivoqué con ella como casi todo el mundo; no intuí ni por asomo que detrás de aquella persona afable, paciente, con cintura para encajar los disparates de Pablo Carbonell (y eso es mucho decir en materia de disparates), había un depredador sediento de poder y dispuesto a todo, con todas las caras que hiciera falta, con la palabra justa para hacer daño a los heridos o para agradar a los incautos. No olvidemos que Aguirre llegó al poder en Madrid gracias a Tamayo y Sáez; eso es marcar territorio desde el principio. No hace falta recordar su exquisito comportamiento con Gallardón o Rajoy, sus jugadas contra el doctor Montes y el resto de la sanidad madrileña, su salida de la India tras el atentado para llegar pronto ante la prensa con unos calcetines más que estudiados. Sería ocioso repasar su currículum.

¿Crees que es el tipo de persona que salda el asunto con un “quien la hace la paga, metí la pata y felicito a estos agentes, múltenme, por favor, y aquí no ha pasado nada”?

Sólo una cosa me sorprende: la imaginaba mucho más fría y cerebral. Pero ni por asomo la imaginaba menos soberbia y prepotente.

Una necrológica con dos bolsas

8 08UTC abril 08UTC 2014

Me acabo de enterar de que ha muerto el padre de un amigo.

montreal– Pá, voy pa la piscina, pero no encuentro la bolsa de Montreal. ¿Dónde está?

– No sé, lleva la de Munchen.

– Pero es que yo quería la de Montreal, ¿dónde está?

– Lleva la de Munchen. En la de Munchen cabe munchen. La de Montreal no vale un real.munchen

En esa escena, aparentemente sin sentido, tirando del hilo sale media infancia. Es una extraña manera de despedirse, y de decir que lo siento muchísimo. Pero es la mejor manera que se me ocurre.

Hasta siempre.