La violencia y los motivos

Leo muchas veces titulares como este.

Un hombre mata a su mujer con cáncer terminal y luego se suicida.

Y debajo del titular suelen incluir la leyenda “Es el X caso de violencia machista este año”, o cosas parecidas.

Yo sé que no se debe decir nada que parezca justificar el hecho de que un hombre mate a una mujer, que hay que ser muy cuidadosos con eso, que no podemos entrar a suponer cosas, ni a poner eximentes sobre la mesa. Así que no voy a las justificaciones ni a las explicaciones, vamos simplemente a los calificativos. ¿Ha sido eso, realmente, violencia machista? ¿Se puede calificar así?

Por cierto, poco después he visto que en el subtítulo de la noticia de arriba han quitado la expresión “violencia machista”. A lo mejor les ha surgido la misma duda que a mí. Y es que cuando se informa de un asesinato, el asunto de los motivos es sumamente delicado. Curiosamente, unos motivos pueden parecer menos censurables que otros, aunque el hecho sea el mismo. Y resulta que juzgar motivos es difícil, porque nadie está en la mente del autor más que el autor mismo.

Me pasa algo parecido, aunque en este caso me lleva muy cerca de la indignación, con el asesinato de Isabel Carrasco. Sabiendo los precedentes (esto es, que si cualquier político del Partido Popular recibe una multa de tráfico se debe a una persecución política orquestada por Zapatero Stalin), cuando supe de la noticia hice el ejercicio de imaginarme qué pasaría si la asesina, que al parecer actuó por motivos personales, llega a ser simplemente simpatizante del PSOE, o afiliada a UGT. Qué clase de titulares tendríamos, qué clase de debates sacudirían esta nuestra estúpida sociedad. Aunque el asesinato fuera el mismo y por los mismos motivos.

El azar (o no) quiso que la asesina fuera, precisamente, militante del PP. Y solamente por ese motivo nos ahorramos ríos de tinta, miles de páginas de columnas, miles de invectivas radiofónicas y televisivas, de tertulias, de odio. De estupideces. Curiosamente, en los titulares las portadas del día siguiente, que por curiosidad examiné, ninguno de los periódicos habituales mencionaba siquiera al PP; la noticia no era que “una militante del PP asesinase a Isabel Carrasco”. Simplemente, alguien la había asesinado. ¿Te imaginas cómo serían los titulares si el asesino fuese un sindicalista con los mismos motivos personales?

Bueno, la evidencia más evidente no ha bastado: aún hay quien ha relacionado el asesinato con los escraches, o con el Gran Wyoming, o con El Jueves o con cualquier otra cosa. Es su trabajo, están de guardia, y nunca dejan de hacerlo. Son concienzudos.

Los hechos dan igual cuando quieres llegar a una conclusión concreta.

 

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