Misioneros

Desde hace días se habla constantemente, en las portadas de los periódicos y en la televisión, de una persona infectada por ébola. Una. Es una atención informativa que no acabo de entender. Lamentablemente, hoy esa persona ha muerto.

Ayer vi en El Mundo una emocionante apología de los misioneros. Y el sábado pasado hubo en TVE un programa producido por José Luis Moreno, presentado por Ana Obregón, donde salían los Pantoja y no sé cuántas otras cosas parecidas. Dime si no parece un retorno al pasado. Todo lleno de eclesiásticos, y todas las autoridades del Estado bailando a su alrededor y hablando de lo estupendos que son. Y todavía critican a Ana Mato porque hay quien piensa que no se ha hecho muchas fotos (como que no hay cosas por las que criticarla).

Claro, a ver quién le tose a un tipo que hace en persona fotos como esta.

Claro, a ver quién le tose a un tipo que hace en persona fotos como esta.

Los misioneros me parecen personas admirables, sólo en el sentido de que actúan convencidos de hacer el bien, y en gran medida seguramente lo hacen. En el artículo de Alberto Rojas que enlacé antes hay una selección de historias emocionantes. A ver quién es el guapo que se atreve a poner peros a esas actividades.

Y ese es el problema que tengo yo con los misioneros. Son una estrategia muy inteligente de sus superiores.

Ramón del Hoyo López declaraba en 2009 (y sabía de lo que estaba hablando; era, y no sé si sigue siendo, presidente de la Comisión Episcopal de Misiones) que los misioneros no son cooperantes y que si bien dedican parte de su tiempo a atender a los necesitados, su misión principal es la evangelización. Luego, claro está, sobre el terreno las personas actuarán como actúen, y alguno de los elegidos por Alberto Rojas dice que no son muy de dar misas, con tanto que hay que hacer. Pero insisto: la figura del misionero es la que es, y están allí evangelizando. Y si tiene que ser sin misas, pues será a través de sus actos. Porque para ayudar a la gente, si uno quiere, no es imprescindible ir con el carné de misionero.

Efectivamente, dice bien del Hoyo: los misioneros no son cooperantes. Los cooperantes, al parecer, están obligados a contratar un seguro, que puede cubrir costes de repatriación. Los misioneros, no; ni están obligados, ni dejan de estarlo, ni todo lo contrario. Simplemente, en este sentido la iglesia hace lo que le dé la gana, como de costumbre. La repatriación del misionero en cuestión ha costado, estiman (porque vaya usté a saber), entre 240.000 y 500.000 €.

Todo es poco para salvar la vida de un hombre, ¿no es cierto?, aunque al final desgraciadamente todo haya sido inútil. Salvar la vida de un habitante de aquellos países puede costar bastante menos, y no solemos hacerlo. Con 240.000 €, Médicos Sin Fronteras podría comprar 792.000 raciones de alimento terapéutico para niños con desnutrición severa; si son 500.000 €, pues serían 1.650.000 raciones . En todo 2013, las instituciones públicas españolas aportaron en conjunto a MSF un total de 1.267.437 €.

En el artículo de Alberto Rojas, este dice alegremente (las negritas son suyas):

Labraca, un simpático sacerdote italiano, celebra misa los domingos, pero no se limita a eso:

Así que este sí que es un misionero de los que le gustan a Ramón del Hoyo. Dice misa, pero “no se limita a eso”.

está levantando, con gran esfuerzo, una escuela de primaria,

Y esto ya me causa reparos. Sé lo que resulta de la educación en manos de la iglesia, y sé por qué esta institución tiene tanto interés en enseñar, sobre todo en primaria.

ha traducido la Biblia al nuer, el idioma local,

Sin duda, un enorme logro que mejorará las vidas de aquellas personas. Así que algo de tiempo libre sí que tiene…

introduce vegetales que servirán después de alimento a bocas hambrientas

Bien, pero me pregunto si no hay nadie más capacitado en materia de agricultura.

y, lo que es más importante, ha convencido al chamán de la aldea de que no puede seguir con sus prácticas de curandero,

Esto es lo que me ha dejado atónito; dice el periodista que esto es más importante de lo anterior. Creo que ni siquiera ha reparado en la paradoja.

que los enfermos deben acudir al hospital de la ONG.

Ole, ole y ole.

Para ello, le ha cedido media hora en medio de la misa católica para que este brujo cuente sus chistes y haga y deshaga sus hechizos de amor sin hacer daño a nadie.

Pero… ¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO EXACTAMENTE? La verdad, no sé por dónde cogerlo.

Rojas, si es quien creo que es, conoce de primera mano las tragedias de esos lugares. Y en ese sentido toda ayuda es poca, y visto así están en el mismo saco MSF y los misioneros. Y desde mi cómoda silla occidental en el primer mundo es fácil poner pegas, y Rojas dirá con mucha razón que no tengo ni puta idea de lo que hablo.

Pero por otro lado sí tengo idea de lo que hablo, y las pegas tiene que ponerlas alguien.

Por un lado, estos misioneros salvan vidas, dan esperanza, ayudan, se entregan como ninguno de nosotros nos atreveríamos a hacer. Por otro lado, promueven la obediencia a una organización despótica y arbitraria, asociando su imagen a la de la educación o el alimento y aprovechándose miserablemente de la situación de desamparo de la gente que sufre. Y el resultado es natalidad estúpida e incontrolada, transmisión de enfermedades sexuales, sustitución de unos ritos y unas tribus por otros.

No estoy diciendo que no haya que traer a un hombre enfermo de ébola para ver si en España puede curarse. Digo que es un hombre enfermo de ébola, uno más, con todas las luces y sombras que tienen todos los hombres. Las historias sobre inmigrantes ahogados en el Estrecho no ocupan portadas, y no se cuentan hombre por hombre, sino de centenar en centenar. Ningún cooperante de Médicos Sin Fronteras, de esos que actúan sin esperar ninguna recompensa en el más allá,  ha recibido tanta atención informativa, a no ser cuando son secuestrados y nos parecen gente molesta que se mete en líos y nos hace pagar su rescate, con la que está cayendo aquí.

En este país nuestro, no hay nada como ser cura o Ana Obregón. Y lo que pregunto es por qué tantos medios de comunicación se han puesto de acuerdo para hacerle una especie de campaña publicitaria a la iglesia católica.

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