El tenor, el himno de Asturias y el Ecce Homo

Todos los músicos tienen sus chistes. Si eres baterista, te ponen de tonto (“va un tonto por la calle y se le cae una baqueta”), porque supuestamente un baterista no necesita saber nada de acordes ni de notas. Si eres guitarrista, porque es probable que no sepas leer música. Si eres cantante, también te pueden tratar de tonto, porque se supone que a diferencia de otros músicos no has tenido que aprender a manejar un instrumento, pero probablemente también te pongan de caprichoso, de extravagante o de engreído. Vamos, que hay para todos.

Excepto si en vez de “cantante” te llaman “tenor”. Ah, no; eso es otra cosa.

Si te llaman “tenor” es que presuponen que tienes una formación excepcional, vastos conocimientos, una calidad fuera de toda duda. No se puede ser tenor y chapucero. “Cantante” puede ser despectivo, pero “tenor” no.

El otro día, un tenor propuso cambiar la letra del himno de Asturias, que no le gusta. Con ello consiguió lo que buscaba, supongo: que se hablara de él. Además, la polémica subsiguiente, estéril e inocua como casi todas, le valió para salir más veces en la prensa, y además hacer un poco de víctima, o de transgresor, o de enfant terrible: “muchos se acordarán de mi padre y de mi madre por querer cambiar el himno“.

Yo en primer lugar puse en duda lo que salía en la prensa, pero tras las declaraciones de los días siguientes, y cuando vi con mis propios ojos el vídeo, tuve que aceptar que probablemente las palabras que se le atribuyen sean ciertas. Dijo esa letra, y la cantó.

Lo cierto es que no me acordé del padre o la madre de Pixán hasta que él los nombró, y no me escandaliza en absoluto que nadie quiera hacer nada con ninguna canción, y menos con un himno, y ni siquiera voy a entrar en las razones a favor o en contra de cambiar el de Asturias o dejarlo estar, y ya en el extremo voy a evitar la grima del argumento ese que dio Pixán de que canten los obispos o dejen de cantar. Pero tengo que admitir que la propuesta de Pixán sí me escandaliza.

Veámosla. Sólo quiere cambiar la segunda estrofa, la de “Tengo de subir al árbol…”

Tengo el corazón dolido, / porque no puedo estar siempre / en mi Asturias querida, / tierra de los mis mayores

tierra de los mis mayores, / tierra querida por mí, / donde tengo la esperanza / de quedarme a vivir.

Voy a ser sincero. Tengo varias objeciones.

La primera objeción es global, y podría expresarla de varias maneras, pero a veces se cansa uno de ser diplomático. Así que lo diré de manera sencilla: menuda mierda de letra. Lo siento, puedo intentar ser más neutral y darle vueltas, pero es que cualquier intento de poner esas palabras a la altura de una propuesta artística seria es hacerles un favor que no merecen. Es una mierda.

Dejando a un lado la impresión global, resulta que el tenor, un experto en música que seguramente domina la dicción en italiano, francés y alemán como poco, propone en su primer verso “tengo el corazón dolido”. Si eso lo encajas en la música, te obliga a decir “corázon”, con el acento en la A. Eso debería conllevar pena de cárcel, y el único eximente es…que la letra vigente (que no es  ningún prodigio artístico) también te obliga a acentuar el “súbir” al revés (aunque el efecto no es tan malo). Pero ponerse a mejorarla y poner “corázon”…

En el segundo verso resulta que para cantar su letra hay que cambiar la música. Donde antes iba una sola nota y decían “flor”, ahora habría que poner dos y decir “siempre”. Así que las orquestas del mundo también tendrán que cambiar sus partituras para tocar la versión instrumental del himno… porque un tipo le puso otra letra.

En el tercer verso, para encajar a martillazos la letra en la música hay que deshacer de manera antinatural el diptongo “mi-Asturias”. Eso también es pena de cárcel.

En el cuarto verso, supongo que no consiguió pensar una rima, y entonces… ¡no rima! El tipo que quiere enlazar mejor la primera estrofa con la segunda decide pasar de una letra con rima a una sin rima. Pero ojo, sólo en ese verso, porque luego vuelve a rimar. Encima vuelve a alterar la música, porque antes decía “balcón”, que son dos notas, y ahora hay que meter “mayores”, que son tres.

Y para acabar… ya no vamos a pecados de letrista. Vamos a darle hostias directamente a la gramática. No a la italiana del siglo dieciocho en una sílaba de una ópera de hora y media, no; vamos a por la gramática castellana vigente, en la letra de un himno de 40 palabras. “Donde tengo la esperanza de quedarme siempre” se puede decir. “Donde tengo la esperanza de quedarme siempre allí”, no. Y me niego a explicar por qué. Y de propina vuelve a hacer lo mismo: si la cantas, tienes que separar: “quedarme-a vivir”. Mea, sí, mea.

Sí; viene a ser el mismo caso.

Sí; viene a ser el mismo caso.

El otro día fui a un curso de técnica vocal, donde un reconocido profesor (con una impresionante trayectoria como pianista y director de musicales) explicaba en un ejemplo concreto que un letrista (uno de verdad) había hecho un flaco favor a los cantantes, porque en un pasaje muy agudo, que hay que cantar gritando, había colocado vocales que obligan a echar la lengua  hacia atrás, lo que plantea dificultades técnicas al cantante para dar esas notas con la técnica que él estaba explicando (que es la que se usa en los musicales en cuestión). Escribir letras es un oficio bastante difícil, y hay que hilar muy fino. No digo que haya que exigir ese extremo de profesionalidad a todo el que coja un boli y un cuaderno para contar lo que siente; todo lo contrario.

Pero hay unos mínimos; eso sí.

Y si alguien debería ser consciente de los mínimos, de lo que representa la letra en una canción, si alguien debería ser profesional, exigente, y seguramente perfeccionista… es todo un tenor. Un tenor puede permitirse proponer un cambio en un himno. Puede hacerlo, incluso, por ganar notoriedad; eso ya sería más triste y no sé si es el caso, pero entendería que intenta ejercer otro oficio, el de famoso. Hasta puede proponer una letra mediocre. Que se meta a letrista es muy, muy atrevido y bordea el ridículo, incluso si hace algo aceptable.

Pero lo que no puede permitirse un tenor es que en su incursión en una actividad que no es la suya proponga algo que no debería llegar al cinco si fuera un ejercicio de lengua de un chaval de catorce años.

No, Joaquín; no me acuerdo de tu familia por querer cambiar el himno. Si eso es lo mejor que has conseguido escribir para llenar ocho líneas del himno, y si tu criterio artístico y musical te ha permitido hacerlo público… me dejas atónito, simplemente.

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6 comentarios to “El tenor, el himno de Asturias y el Ecce Homo”

  1. Emilio Molina Says:

    Entonces, ¿no te ha gustado? 😉

    Esos acentos fuera de sitio a mí me pueden. A día de hoy aún tengo atragantada la letra de “Los Caballeros del Zodíaco”. Pero con todo, estoy bastante de acuerdo con que esa parte de la letra original es un tanto extraña.

    Tengo curiosidad, ¿qué propondrías tú?

  2. guticr Says:

    Hombre, es que estando como está da igual que me guste o no 🙂 Lo de los acentos al revés, o los diptongos cortados… no sé,si la letra es muy buena, si es la palabra justa que condensa muchas cosas, pues puede que merezca la pena tomarse esa licencia, como último recurso desesperado. Pero no es el caso.
    ¿Qué propondría yo? Es otro debate largo, pero en suma: el himno de Asturias no habla de conquistas, ni de honor, ni de nada de eso. Es una canción popular festiva, por avatares de la historia quedó como himno, y ya está. Dado nuestro carácter… me parece que quizás sea lo adecuado no ponerse importantes, porque no lo somos, y dejaría lo que hay.
    Puestos a elegir desde cero, no sé qué pondría en el himno, pero probablemente pediría en él un mínimo de inteligencia, y un mínimo de calidad. No hacen falta palabras raras, pero como mínimo un trabajo limpio y serio, y no una patochada. Ah, y en asturiano 🙂

  3. Emilio Molina Says:

    Mójate, home 😉 Algo sobre lo guay que está la sidra fresquita bien escanciada, o algo de que llueve siempre, no sé 😀

  4. Emilio Molina Says:

    Ayer estuvimos tratando el tema con mi princesa de Asturias particular, y me hizo fijarme en ese trozo del original “tengo de subir”.
    A partir de ahí, intentando respetar el espíritu de la letra, las costumbres y una incursión de Mecano, mi propuesta es:
    “Yo me creo de que orvalla/ hay a veces que fae sol / te prégunte si hay más sidra / tú contestastes que no”.

    Creo que, excepto por lo insólito de que no haya más sidra, el resto mejora cualquier propuesta anterior.

    (Y yo me río, pero nosotros tenemos el “per no frenar” aquí en Valencia…)

  5. guticr Says:

    Tu propuesta me parece mucho más lograda que la de Pixán, con unas restricciones concretas que se cumplen 🙂
    ¿Que me moje? Pufff… No sé, si yo tuviera que hacer el himno desde cero no creo que hiciera algo “muy himno”, también sería una canción sobre el sitio sin más. Supongo que aludiría a la luz del norte, al agua, al monte, a que este sitio en invierno es más sombrío, sí, a eso de que llueve a menudo 🙂 pero que precisamente por eso lo echaría de menos de todas maneras y es mi casa. Así que sería algo parecido a lo que ya hay, sólo que quizás más literario y menos festivo.

  6. Emilio Molina Says:

    La idea de tener un himno estilo acid jazz cantado por Rachelle Ferrel haciendo gorgoritos. Ahí ya ni obispos ni gaitas… a ver quién “ye” el guapo que se pone, je, je, je.

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