Psicología y las flores del mal

Ayer iba yo en autobús y vi esto. Un negocio serio, profesional, que además probablemente encargara una imagen corporativa a un diseñador (no sé por qué, a los diseñadores parece gustarles poner acentos o no según les pete, pero esa es otra historia).

Busca a Wally. Ahí hay algo que se sale de lo común. O quizás no...

Busca a Wally. Ahí hay algo que se sale de lo común. O quizás no…

Como iba en autobús la foto es mala (y si no fuera en autobús, seguramente también). Pero vienen a poner esto, en el primer cartel:

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Y el segundo:

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La medicina no es una ciencia exacta, porque es difícil conocer exactamente cómo funciona un cuerpo vivo. El cerebro, en particular, es especialmente difícil. Y la psicología, que se centra en el comportamiento que resulta del funcionamiento conjunto del cuerpo y el cerebro, no digamos. No es una ciencia exacta, pero es una disciplina respetable y necesaria. Y sirve, aparentemente, para muchas cosas.

No obstante, al leer esa pesadilla de letras estresantes (que no sé si son lo más indicado para anunciar un gabinete psicológico, pero los diseñadores gráficos saben más de casi todo), uno se encuentra con este fragmento:

floresdebachterapiasalternativas

¿Flores de Bach?

Si lees en la Wikipedia la definición de qué carajo es eso, parece que lo escribió uno de sus promotores. Porque utiliza los mismos rodeos, palabras huecas y solemnidad barata que las demás pseudociencias para revestir de complejidad lo que son…

Flores mojadas en coñá. Que se supone que te curan “desequilibrios psicoemocionales y de carácter”.

No voy a dar vueltas sobre lo que son las flores de Bach, ni sobre las memeces que se dicen sobre ellas. Son un placebo, no hay ninguna razón para creer que tienen efecto terapéutico alguno, y todo lo que hacen sus promotores, como los de cualquier otra sarta de mentiras, es invertir la carga de la prueba, o dicho con más claridad: desafiar a otros a que demuestren que sus chorradas son mentira, cuando su obligación sería sin duda demostrar ellos que sus chorradas son verdad.

Creo que no se debería permitir esto en ninguna profesión regulada, y en especial en ningún negocio dedicado a la salud. Creo que, como dicen Barón Rojo en aquella segunda cinta de cassette que me compré en mi vida: “hay que arrancar las flores del mal“. La superstición, la mentira, el engaño.

Simplemente, me deja perplejo que un gabinete psicológico que cultiva tantas y tan respetables disciplinas, que a través de muchas sesiones y mucha paciencia realiza ímprobos esfuerzos para desenmarañar las terribles redes de autoengaños que las personas vamos tejiendo en nuestra cabeza, que persigue como fin principal conectar adecuadamente a las personas con la realidad… se permita anunciar “flores de Bach” y “terapias alternativas”. Me gustaría preguntarles: ¿usan esto como un medio terapéutico más? ¿Lo usan solo como último recurso para casos en los que las terapias de verdad no funcionan? ¿Lo usan quizás a petición de los clientes?

Porque en el primer caso quedaría muy en entredicho su capacidad científica y no me fiaría de su cualificación para manejar mi salud mental. Y en los otros dos casos quedaría en entredicho su ética profesional y no me fiaría de su moralidad para manejar mi dinero.

 

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4 comentarios to “Psicología y las flores del mal”

  1. Marta Segurola López Says:

    Puedes darte con un canto en los dientes si sólo lo has visto en el autobús. Internet (y sobre todo Facebook) es un hervidero de chorradas de estas, Internet, que pretendía ser la mejor forma de divulgar el conocimiento, está siendo sobre todo la mejor forma de extender la credulidad y la estulticia: gente que se apunta a cursillos de física cuántica donde les enseñan que su conciencia crea la realidad que ellos quieran; gente que se apunta a cursos donde les dicen que el cáncer se cura comiendo bien o alejándote de tu familia, gente que cura el ébola con un par de plantas o con imanes, gente que cree que te curas con agua, o peor aún, con agua de mar; gente que publicita sal “sin químicos”; gente a quienes les dicen que dejen de pensar y que suspendan sus juicios para que los haga por ellos un ente invisible (desde Dios hasta el “yo cuántico”), gente que cree en la curación con Flores de Bach, con cuencos tibetanos, con reiki; gente que cree que el sida no existe y se lo han inventado las farmacéuticas.

    Pero lo peor de todo es que se trata de gente que no quiere saber, que no quiere aprender. Que cuando tratas de mostrarles fuentes fidedignas para que se informen, te dicen que tienes la mente cerrada, que hay estudios que dicen lo contrario, que tú todavía no has despertado. Gente que te dice que te informes tú, o que no quieren que les convenzas con argumentos (lo que creen les hace felices y les da igual si es ignorancia), o que asegura que no les vas a convencer digas lo que digas porque su experiencia vale más que cualquier argumento, gente que se enfada si les dices que no saben y les intentas dar información, o que te insultan o te atacan en lo personal por disentir de sus opiniones, o que te bendicen como si fueras un caso perdido. Gente que afirma que todas las opiniones son respetables cuando se trata de ignorancia y de renuncia a la propia inteligencia, pero que no considera nada respetables opiniones contra la libertad y el respeto a los animales y a las personas, como si lo segundo no fuese consecuencia de lo primero.

    En serio te digo que es descorazonador. Sólo espero que al final el balance sea positivo, como lo ha venido siendo en los dos o tres últimos siglos. Pero el avance de este fenómeno en los últimos años es escalofriante.

  2. guticr Says:

    De hecho, lo vi desde el autobús, pero me expliqué mal: esa foto es de la pared, la fachada del negocio. Está allí permanentemente.
    Marta, tu comentario es mucho, mucho mejor que mi artículo. Me quito el sombrero.

  3. Hiro Says:

    Y cuando el médico de la seguridad social te receta homeopatía… ¿cómo te queda el cuerpo?

  4. guticr Says:

    Normalmente, levanto las cejas y les expreso mi absoluta sorpresa, pero no siempre lo pillan 🙂

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