Qué ingenuas sois, compañeras

No sé mucho de política. Me refiero a su ejercicio real. Pero me he ido haciendo una idea, correcta o no.

Ante la retirada de la ley del aborto, esa que mandaba a las mujeres ¡siete días! al rincón de pensar aun después de que hubieran tomado y acreditado humillantemente su decisión, muchos han lanzado las campanas al vuelo y han celebrado no sé qué victoria de la democracia.

Que no se me malinterprete: claro que algo de eso hay, y claro que es fundamental lo que los ciudadanos han hecho y así debería ocurrir mucho más a menudo. Pero lo que no me acabo de creer es el relato exacto de la historia, sobre todo respecto a la parte contratante. Vamos a pensar un momento.

¿Te imaginas a los conservadores de Gran Bretaña diciendo, después de los atentados de Londres de 2005, que había sido obra de los laboristas, y sosteniéndolo durante años? ¿Te imaginas cuánto habría durado la carrera política de Margaret Thatcher si se hubiera sabido que ella y todo su partido cobraban sobresueldos, manejaban dinero negro y ella se comunicaba con su tesorero ya procesado dándole ánimos y diciéndole que “aguantara”? ¿Te imaginas a un político australiano cambiando con su mayoría absoluta y sin apoyo de nadie más las leyes electorales de un estado para asegurarse la reelección? ¿Te imaginas cuánto duraría un gobierno francés si llegara al poder diciendo que tiene las recetas para salir de la crisis porque tiene a los mejores tecnócratas, los más preparados, los más serios y los que saben de economía, y tras las elecciones viniese a decir que en realidad no tenían ni la más remota idea de la situación y lo que hay que hacer es todo lo que estaba haciendo el gobierno anterior -y que le costó las elecciones- pero multiplicado? Etcétera, etcétera.

Bueno, es de esta gente de la que estamos hablando. Han hecho cosas que exceden los sueños más irracionales de cualquier político de cualquier democracia occidental, pero además con impunidad absoluta.

Hecha esta caracterización, vamos a examinar el relato de los hechos, según los eufóricos.

Rajoy, mediados de 2011: “Hay que parar este asesinato masivo de niños, eso es irrenunciable, y por eso en nuestro programa electoral figurará una reforma de la ley del aborto.”

Rajoy, principios de 2012: “Hemos ganado las elecciones, y además por mayoría absoluta. Está claro que la ciudadanía apoya nuestro programa, y la ley del aborto estaba bien clara. La sociedad demanda que volvamos a  impedir el aborto libre.”

Rajoy, mediados de 2014: “No me lo explico, no acabo de entender lo que pasa. Estamos encontrando una resistencia inusitada, mucho descontento, parece que en realidad la gente no estaba por la labor de modificar la ley del aborto. Qué sorpresa más grande.”

Rajoy, verano de 2014: “No sé, me siento mal aprobando una ley con nuestra mayoría absoluta cuando parece que el pueblo no la quiere. Mi conciencia está clara, es un asesinato de niños, pero debo gobernar para todos, y admitir que quizá mi conciencia no sea acertada, por mucho que personalmente no renuncie a ella.”

Rajoy, septiembre de 2014: “Lo siento, Alberto, no podemos sacar adelante esa ley, tendremos que darle una vuelta, aplicar algún efecto paliativo y poco más. Tengo dudas de que en este punto estemos representando al pueblo realmente, y mi responsabilidad como presidente me impide hacer algo que me consta que no es democrático, aun cuando mi conciencia personal sufra. Lamento haberte metido en esta encrucijada.”

Y entonces la ciudadanía celebra haber conseguido algo más que poner el voto en la urna.

¡Albricias, albricias!

¡Albricias, albricias!

Otra versión más pérfida de la historia cambiaría sólo en el tramo final:

Rajoy, verano y septiembre de 2014: “Me he encontrado una oposición y un descontento tan inusitados que aunque soy un ser sin conciencia democrática tampoco soy un idiota, y al fin y al cabo esto puede ser la gota que colme el vaso y nos arruine las próximas elecciones. Me lo ha dicho Arriola. Así que los votos son los votos, y vamos a hacer lo que hay que hacer para evitar una debacle electoral.”

Y… sí, celebraciones.

¡Albricias, albricias!

¡Albricias, albricias! No le hemos hecho entrar en razón, pero por lo menos nos tiene miedo, groarrrrr.

Pero hay como mínimo un tercer posible relato de los hechos, un poco más oscuro:

Rajoy, mediados de 2011: “Por supuesto, en nuestro programa electoral figurará una reforma de la ley del aborto, que es una de las cosas con las que hemos movilizado a nuestro núcleo duro de votantes.”

Rajoy, principios de 2012: “Hemos ganado las elecciones, y además por mayoría absoluta. Lo del aborto, en vez de Sanidad, lo va a llevar Justicia, porque se lo voy a largar a Alberto; va con su carácter, pobrecico, y va a tragar el anzuelo hasta la caña. Más adelante, ya veremos, y de paso le quito el disfraz de progre. Si no sale adelante, de todos modos tenemos a nuestra gente en el Constitucional, así que no me preocupa. Y siempre será una carta para jugar a ceder en algo. Los del Opus se enfadarán, pero ya los compensaré y esos de todos modos no van a votar a IU, precisamente.”

Rajoy, mediados de 2014: “Menuda legislatura llevamos. A lo del aborto de momento le voy a dar largas, que ahora mismo no me meto en otro berenjenal, y menos con la gente del partido. Alberto se puede ir cociendo otro poco.”

Rajoy, verano de 2014: “Está decidido, después de tanto sobresalto no me voy a gastar en este asunto. Me preocupan más los descontentos con la ley que los partidarios. Así que voy a jugar la carta, que crean que han ganado en algo, les doy la de arena, y más adelante en el Constitucional ya arreglaremos el asunto. Contentos los de centro, contentos los de la derecha. ”

Rajoy, septiembre de 2014: “Ahora. Y de paso, liquido por fin a Alberto, que ya era hora.”

Pringao. Ahora tengo que agradecerle algo a Rajoy. Antes te aborrecía, pero es que ahora te odio. Te daba asín...

Pringao. Ahora tengo que agradecerle algo a Rajoy. Antes te aborrecía, pero es que ahora te odio. Te daba asín…

Compañera, que te quede claro que tu oposición, tu protesta, han servido, y han servido de mucho. Toda esa vida de lucha ha hecho cambiar un poquito la sociedad, y los últimos meses han hecho que se oyera esa voz. Así que los brindis y las zapatetas son procedentes.

Ahora bien; respecto a la otra parte, la del poder, yo el primer relato no me lo acabo de creer, y el segundo tampoco. Elige tú cuál te parece más verosímil.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: