Archive for 28 noviembre 2014

Auriculoterapia

28 28UTC noviembre 28UTC 2014

Hoy fui a una farmacia a hacerme un análisis. Y en el mostrador veo este póster, por partida doble. Aprendí algo nuevo, porque de esto no había oído hablar nunca.

Ridiculoterapia.

Ridiculoterapia.

Esto, queridos amigos, es lo que me faltaba por ver.

Si quieres deprimirte más, busca Auriculoterapia en la Wikipedia y llora. Yo no voy a enlazarlo. Dicen estos tipos que la oreja se parece a un feto humano cabeza abajo, y por eso cuando pinchas en un sitio o en otro (o, según estos otros tipos, cuando pones una semilla de mostaza) afectas a la parte representada en la oreja. Supongo que la gente que pierde una oreja en un accidente… simplemente desaparece, no sé.

En esa línea, yo propongo, en vez de la “auriculoterapia”, la “ventrilocuoterapia” (ja, ¿lo pillas?). Te compras un muñeco parlanchín, al que trataremos con tu aura por un módico precio, y lo que le hagas a él te pasará a ti. Ah, no… que eso ya estaba inventado y se llama vudú.

Es lo miiiiiismo de siempre, los mismos ingredientes: hay un origen oriental y milenario. Hay un Dr. Prestrischhaussen, que entre el año X y el año Y fue el primero en describir blablabla. Luego algunas explicaciones de que todo está hecho de energía, entonces la terapia Z se basa en equilibrar los flujos de energía.

Y ya está. No hace falta más. Ya hay un montón de gente que se lo traga. Los que hacen esto son los listos del carril rápido. Pones un doctor extranjero (que o no existe o no es doctor de nada) y unas fechas y dices “el primero en”, y ya es convincente. Como aquello de “muchos estudios avalan”… Esto es una chorrada que no engaña a nadie, pero han dicho que los estudios lo avalan, y entonces la cosa cambia, ya me suena más serio.

Mientras, en el otro carril, están los tontos. Los tontos son los que se esfuerzan lo indecible para que sus deseos no se confundan con la realidad que resulta de la investigación. Los que aplican estadística para que nada “les parezca” que es así, sino que se demuestre matemáticamente la influencia de cada cosa. Los que en sus ensayos no sólo se aseguran de que el paciente no sepa si toma medicina o placebo, sino que ni siquiera ellos mismos lo saben  hasta el final. Los que cuestionan todo, sospechan de todo y contradicen todo (¡todo lo que ellos mismos querrían que fuese cierto!), y sólo hacen una afirmación cuando han comprobado que no hay escapatoria y que aquello es rotundamente verdad. Los que cuando dicen “muchos estudios”, dicen exactamente cuáles y qué se deduce de cada uno, y estos estudios a su vez se han hecho con el mismo rigor.

Ya me apena la indigencia intelectual de un país en el que la gente que vende aceites de serpiente no es expulsada a gorrazos sin contemplaciones, pero ese es un tema profundo y sé en qué mundo vivo. Ahora bien, lo que me indigna profundamente, lo que me asquea, es que las farmacias, un sector que afecta a la salud de las personas, un sector (justamente) regulado, un sector en el que sólo trabajan profesionales con formación universitaria y científica, venden y anuncian estos productos. Me asquea porque estas personas sí que saben perfectamente lo que están haciendo. ¿En qué momento alguien que tenía, quizás, la vocación de curar cambia de idea y se aviene a aprovechar el miedo, el sufrimiento y la ignorancia de otra persona?

Edito: después de escribir todo esto eché otro vistazo por ahí, y apareció un artículo que sí voy a enlazar. Curiosamente, también se acordaron del vudú y de quien pierde una oreja.

Negocios

28 28UTC noviembre 28UTC 2014

No soy mala gente. No me alegro del mal ajeno. Y además simpatizo especialmente con quien pone un negocio; instintivamente, aunque no los conozca de nada siempre quiero que les vaya bien, siempre me entran ganas de comprarles algo a todos, me gustaría que les durara hasta la jubilación y se ganaran un buen sueldo.

Pero confieso que cuando veo cómo cierran algunos negocios siento un regocijo culpable. Sigo sintiéndolo por las personas que hay detrás y seguramente pusieron ahí ilusiones y esfuerzo. Pero no sé, es instintivo.

Uno de esos negocios es el de los llamados e-cigarrillos. Últimamente he visto cerrar varios, y no puedo negar que sentí un chispazo de contento, aunque inmediatamente me culpabilizara por ello. Por ejemplo, este.

Idos por donde habéis venido.

Idos por donde habéis venido.

¿Por qué? Porque esos que ahora veo ir cerrando, primero los vi ir abriendo, proliferando como moscas. Y tengo claro para qué se inventó esa mierda: para que los fumadores puedan volver a fumar en sitios cerrados. Para volver a sacar la lupa y agarrarse a la literalidad de los textos legales, y si la ley no dice explícitamente que las personas cuyo nombre de pila coincide exactamente con el suyo no pueden fumar en días pares de meses que llevan la R en establecimientos pintados de rojo entre las 3 y las 4 de la tarde, ellos fuman. Ahora no fuman, claro; “vapean”.

El otro día fui a tomar un pincho a un bar, y vi a un tipo fumando con uno de estos. No quise armar escándalo, no me dio la gana significarme, pero lo que sí hice fue llamar después por teléfono y con discreción explicar que no iba a aceptar algo así, que no quería perjudicarles pero sólo quería que supieran que ese comportamiento engendraba rechazo, y que en futuras ocasiones pediría el libro de reclamaciones. Creo que lo entendieron.

Pero durante un rato volví a verme en aquella pesadilla en la que el que tenía que dar explicaciones, el raro, el caprichoso, era yo. Cuando vi cómo proliferaban estas tiendas, y sabiendo que los seres humanos son capaces de las mayores estupideces, temí que la cosa arrancara de verdad y los incautos picaran y los hosteleros (¡por supuesto, cómo no!) estuvieran del lado equivocado. Temí que esto se extendiera. Así que… lo confieso, ver esas tiendas cerrar es como ver al enemigo en retirada. Una satisfacción de la que no estoy orgulloso, pero existe.

Las otras tiendas cuyo cierre no veo con malos ojos, y esto es menos explicable aún, son las que compran oro. También proliferaron últimamente. Como estas.

gold1

gold2

Esto no tiene mucha lógica, pero cuando veo una tienda que compra oro, no puedo evitar acordarme de los anuncios de prestamistas usureros en la tele, no puedo evitar imaginarme a una ancianita con su nuera al borde del deshaucio que admite la última derrota y empeña las joyas de la familia porque ya no tiene nada más. Son negocios que no me gustan.

Lo sé, es una película que me monto yo solo, pero lo confieso. No todo lo que siento es racional. Posiblemente un comprador de oro, en comparación con cualquier banco, sea como un voluntario de Médicos Sin Fronteras.

Zabala empieza a dar risa

19 19UTC noviembre 19UTC 2014

Cuando ETA mataba, yo echaba siempre de menos la opinión de Arnaldo Otegi, porque no solían entrevistarle ni preguntarle nada. Nunca lo entendí, porque siempre sostuve que la mejor manera de dejar en ridículo las posiciones de los asesinos era dejar hablar a la izquierda abertzale y dar difusión a su sarta de memeces, sin adulterar ni editar. No había mejor defensor del estado de derecho que Arnaldo Otegi.

Del mismo modo, si Zabala de la Serna es el defensor de la tauromaquia, el representante culto y refinado de la gente que ama un arte y todas esas zarandajas, yo creo que la tauromaquia tiene los días contados. No hay mejor aliado de los derechos de los animales.

Como Russell Crowe, pero en zafio. Vamos, como Russell Crowe.

Como Russell Crowe, pero en zafio. Vamos, como Russell Crowe.


Hace tiempo que asisto, atónito, a la estulticia que desborda sus escritos. Por sus argumentos patéticos e ignorantes, y por su desprecio a quienes valen mucho más que él.

Ya dije alguna vez refiriéndome a este sujeto que todos tenemos nuestras contradicciones, con las que vivimos, y que eso, por si solo, no nos invalida como seres humanos dignos de consideración. No somos perfectamente coherentes. Tiene nombre, se llama disonancia cognitiva y supongo que todos tenemos una poca.

Pero la última columna suya que he visto me ha dejado emocionado. Digo, porque no sé si reír o llorar, y ambas dos son manifestaciones de una emoción, no sé cuál.

Dice el tío que el Toro de fuego le asquea.

Por supuesto, aprovecha para insultar y decir memeces, y antes de terminar el primer párrafo, antes de que pasen veinte palabras, ya me ha llamado (y probablemente a ti también) “ultra animalista” y “radical antitaurino”. Vamos, que los chiflados somos tú y yo, y no el que disfruta clavando cosas a un herbívoro.

Pero lo que da risa, o llanto, es que dedica el artículo a denostar un festejo taurino. Habla de asco, de abominación, de repugnancia, de náusea asfixiante.

Lo tuyo, Zabala, no es disonancia cognitiva. Es burrez. Es de psiquiátrico.

Adam Tod Brown on rhythm sections

13 13UTC noviembre 13UTC 2014

In Cracked.com, columnist Adam Tod Brown was speaking about halves of music duos who deserve your respect. And then… I read this:

the other people are just the rhythm section, which means they only matter if they suck.

Ouch.

Makes you think, doesn’t it?

 

Si no entiendes a Coltrane

13 13UTC noviembre 13UTC 2014

Yo no soy muy de escuchar a John Coltrane. Me cansa un poco, no es fácil. Vamos, lo mismo que dice del jazz la gente a la que no le gusta el jazz.

Pero incluso Coltrane tiene sentido, vaya que sí. Y si no, mira este trabajo de Michal Levy (es corto), que encontré en un artículo de CBC Music. Lo puedes ver en mucha mejor calidad aquí.

Me parece una verdadera maravilla. Coltrane no es mi favorito (todavía, todo llegará), pero este tío lo explica… con prismas.

Irlandiña

13 13UTC noviembre 13UTC 2014

O'Grove

Tengo miedo a Podemos

6 06UTC noviembre 06UTC 2014

Últimamente no escribo mucho de política en este sitio. No sé si te preguntas por qué. Seguramente no.

La razón principal es que he comprobado que no merece la pena, por lo general. Ni siquiera como desahogo. Si me desahogase, escribiría cuatro o cinco artículos escandalizados cada día. Así que voy a dejar a un lado la actualidad y lo que han venido haciendo.

Voy a pensar un poco en el futuro. Me da bastante miedo Podemos.

Para ser exactos, no me da miedo Podemos en sí mismo. Me da miedo que gane las elecciones.

No, no por lo que pueda hacer en el gobierno. Sino por lo que puedan hacer los demás.

Supongo que has conocido a un niño muy típico, porque en todos los colegios había un ejemplar. El dueño del balón.

Ese niño se aviene a jugar con otros niños (al fin y al cabo, es muy aburrido jugar solo). Y la cosa va funcionando. Mientras gane él. Te quiere allí, pero porque necesita a alguien a quien ganar.

Si no va ganando, llegará un punto en el que empiece a enfurruñarse. Cuando vamos perdiendo, tú y yo repasamos aquella jugada que hicimos mal, hacemos propósito de mejorar en esto o aquello, y nos planteamos eso de que hay que saber perder y que nos ayudará a madurar. Y estamos de mal humor, claro. En eso consiste nuestro enfurruñamiento. Pero el niño del balón sabes que no funciona así.

Ese niño, llegado un punto, empezará a señalar faltas o penaltis o lo que necesite. Y si los demás niños le llevan la contraria, se enfadará, cogerá el balón y se lo llevará a su casa. Y se acabó el partido.

El niño del balón ya ha empezado su estrategia del penalti. Ya han señalado con el dedo a Podemos como extremistas, futuros dictadores o directamente asesinos, con todas las letras. Mira este medio minuto (el término “matar” sale ocho veces, una cada cuatro segundos) y dime si no te quedas absolutamente perplejo por un montón de razones.

No sé si Podemos ganará o no unas elecciones generales. Pero creo que Podemos jamás gobernará en España.

Fichas

4 04UTC noviembre 04UTC 2014

Hoy me he encontrado con que un conocido estaba cortando esto para su hija.

Sí. Fichas de papel. Para pegar la foto, y todo eso. Con pegamento. Y rellenar a boli.

Sí. Fichas de papel. Para pegar la foto, y todo eso. Con pegamento. Y rellenar a boli.

En una Universidad. En 2014.

Cuando vi esto como alumno, hace bastantes años, ya me pareció no sólo antediluviano, sino también paternalista. Y también un poco abusivo; es alguien pidiéndome datos que ya he entregado a su organización, y por si fuera poco datos que legalmente no creo que tenga obligación de entregar (¿por qué voy a decirle a un profesor dónde vivo?). Recuerdo aquello de “si no me das la ficha, no te pongo la nota”. Era antediluviano porque yo estudié Informática, lo cual implica que ya había ordenadores, y ya era técnicamente factible dar a los profesores listas de alumnos. Pero ellos preferían sus fichas. Ese espacio para las notas también me llama la atención; en el mundo de Bolonia y el EEES puede haber tantas notas, o preferiblemente ninguna, que es llamativo que en esa facultad usen una ficha estandarizada con casillas para los parciales.

Hay que reconocer que en esa facultad, moderna y brillante, las cosas han avanzado: ahora ya ni siquiera te dan ellos las fichas, hay un documento que te descargas e imprimes. Que estamos en el siglo XXI, ¿qué te creías? (Se han modernizado, pero para reducir sus inconveniencias, no las tuyas).

Han conseguido sorprenderme, y también traerme recuerdos. Antiguos.

No tenían ni idea

3 03UTC noviembre 03UTC 2014

No, no voy a hablar de Ana Mato y su marido, de Esperanza Aguirre y Francisco Granados (y una docena de alcaldes, por lo visto) o de Rajoy y los sobres. Voy a hablar de arte. De otras artes.

Hay gente que en un momento dado acierta. Crea algo imperecedero, algo especial, y los reconocemos como grandes artistas. Pero luego…

Luego uno ve lo que hacen después, y llega a una triste conclusión. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Acertaron de chiripa.

En este tipo de historias hay una parte de culpa de los espectadores, claro está. Coronamos a gente como genios, hablamos con ligereza de obras maestras, y muchas veces estas “obras maestras” están a un paso muy corto de ser bodrios, horteradas o productos fallidos. Un poco de solemnidad nos saca las lágrimas, pero no nos damos cuenta de que un poquito, sólo un poquito más de solemnidad, sería ridículo.

Y por eso he tenido que rendirme a la evidencia.

Ridley Scott

Ridley Scott dirigió Alien, y dirigió Blade Runner. No hace falta decir más. De hecho, dirigió otras muchas buenas películas. No soy ningún cinéfilo, pero supongo que se ha hecho respetar, y sin ser cinéfilo puedo ver que tanto Alien como Blade Runner tienen algo. Nunca he sido muy de exagerar en este sentido, y no subo a la gente a pedestales, y tampoco a las películas. Pero parecen películas muy logradas, tanto en estética como en ritmo. No son tan apestosamente evidentes y facilonas como casi todo lo que hace Hollywood, no son pretenciosas y ridículas… Parecen películas sinceras, y han dejado huella. Con lo que uno puede pensar que Ridley es un tío con una sensibilidad especial. Incluso las secuelas de Alien fueron dignas (y mira que es difícil, y además estando como estuvieron en manos de otros directores, entre ellos el infumable James Cameron).

Y entonces llega Prometheus.

Soy consciente de los condicionantes de la industria del entretenimiento, y no se trata de que Ridley haga una película de arte y ensayo. Pero Prometheus

Prometheus es un bodrio, pero un bodrio de dimensiones económicas tan descomunales, que no es un pecado; vale por muchos pecados. Un director, o un guionista, pueden ceder al lado “comic barato” de las películas de acción, pueden incluir escenas vistosas, pueden poner protagonistas guapas y que enseñen las bragas (Sigourney lo hacía en Alien, aunque incluso eso estaba más que logrado). Lo que se quiera. Hay concesiones que tienen que hacer. Pero del mismo modo, un director de cine que se respete, o un guionista que se respete, otras concesiones no pueden hacerlas, y Ridley está en situación de no hacerlas. Si las hace, es porque quiere, porque se las cree, porque las elige.

Y eso que después de ver a esta mujer con esta caracterización uno es proclive a perdonar cualquier otra cosa que salga en pantalla.

Y eso que después de ver a esta mujer con esta caracterización uno es proclive a perdonar cualquier otra cosa que salga en pantalla.

Sí, ya he leído muchas veces que el problema es que no he entendido yo la película, que en una segunda parte se aclarará todo y que si revisas cuidadosamente el artwork encontrarás muchas claves. Pero lo que no puedes hacer es poner diálogos, o personajes, o sucesos, irritantemente estúpidos e insostenibles, y a la vez poner las claves en un jeroglífico indescifrable salvo que mires la peli fotograma a fotograma. No puedes hacer a la vez una película para imbéciles y para especialistas en semiótica. Eso no tiene ni pies ni cabeza, y el que lo hace no sabe qué tiene entre manos.

Con lo que después de ver esa película y salir del cine en estado de shock, sólo hay una forma de racionalizar lo que pasa: Ridley no sabía bien lo que hacía cuando dirigió Blade Runner y Alien. Pudo hacer dos mierdecillas, pero le salieron dos películas de culto, con el clima adecuado y el ritmo adecuado. Y le salieron de churro, porque ni de lejos supo capturar lo que tenían de especiales. Recordemos, hay una delgada línea entre lo sublime y lo hortera, y estas cosas pueden pasar.

Keane

Ya lo dije aquí: Keane debutaron con un disco redondo, nada menos. Algo muy difícil de conseguir lo consiguieron a la primera: un hallazgo musical. Y eso que está ya casi todo inventado. Ese tono melancólico, esa forma de dar protagonismo al piano (pero no como Elton John ni como Jerry Lee Lewis), ese estilo al componer.

Escuché con atención los siguientes discos de Keane, claro; uno tras otro. Pero… nada.

Son buenos discos. El talento sigue ahí, y las canciones son de Keane, no cabe duda. Pero no suena como debe sonar. Es otra cosa. Han tirado por un camino más “electrónico”, y esa música suena más optimista, más festiva, y desde luego menos intensa. No está mal, y no estoy diciendo que un músico no deba evolucionar, ni mucho menos que deba hacer siempre lo mismo que en el primer disco. Están en su derecho de hacerlo. Pero a mi parecer son discos del montón.

He intentado escuchar esos discos con los oídos abiertos, he sido paciente, he intentado darles margen. Pero está claro que lo que quieren hacer no es explorar lo que encontraron en Hopes and Fears. No sé cuál es la razón; podríamos alegar cambios de productor, pero no es el caso.

Así que Hopes and Fears fue, lamentablemente, un maravilloso accidente.

La portada de Iron Sea es preciosa, las cosas como son.

La portada de Iron Sea es preciosa, las cosas como son.

George Lucas

A Star Wars le pasa un poco lo que a Blade Runner: no es sólo el argumento, es el clima. En Star Wars especialmente, porque el argumento es flojito. Pero cuando uno ve la primera película (la primera que se estrenó, digo) ve esa estética de serie de televisión, con las cortinillas para pasar de una escena a otra, y asume que el director quiere poner algunos ingredientes naïf a propósito. Bueno, se le puede perdonar, eso también es inteligente. El caso es que el tipo consiguió poner esa estética polvorienta y decadente de los años 1970 en una película futurista, y no importa si lo sazona con un homenaje a los comics baratos (otra vez) y a la tele de aventuras que asombraba a los niños de los cincuenta. La película tenía pulso, era atractiva, a pesar de apuntar muchos detalles decepcionantes (y es que currarse un guión de ciencia ficción consistente es mucho, mucho trabajo).

Eso de devolver las balas con espadas láser olía un poquitín desde el principio.

Eso de devolver las balas con espadas láser olía un poquitín desde el principio.

Luego se filmaron las siguientes, con otros directores y guionistas, pero siempre basándose en historias de Lucas. No estaban del todo mal. Indiana Jones… bueno, ahí estaba Spielberg, no se puede culpar a Lucas si Spielberg está a menos de seiscientos kilómetros.

Ahora bien: años después llegan las precuelas. Y esto sí que ya no.

Lucas se revela como lo que seguramente es. Y no es alguien con una imaginación fuera de lo normal, alguien capaz de crear universos convincentes o guiones sólidos, alguien con un control inusual de la estética del cine. Lucas es un contador de historias del montón. Comete errores garrafales, hace concesiones vergonzosas e incomprensibles (por innecesarias). Hace películas para niños de diez años, o lo que él cree que son los niños de diez años. Lo mismo que Scott con Prometheus.

Es verdad que el listón estaba alto en términos económicos, y no me imagino el vértigo que tiene que darle al director original ponerse a hacer películas de la saga tantos años después, sabiendo que hay literalmente miles de millones de personas vigilándole. No me puedo imaginar el montón de miedos, de dudas, de inseguridades, de decisiones. No estoy despreciando a Lucas.

Es que en mi caso, como ya dije, no pongo a la gente ni a sus obras en pedestales muy altos, no llamo genio a nadie, e intento tener expectativas realistas. No espero que la segunda película me sorprenda como la primera, intento ser justo. Y aun así veo que esas películas son tan facilonas, tan ridículas a veces, que me pregunto si no se podía hacer algo un poquitín más inteligente, más real, menos impostado.

Y concluyo que Lucas tuvo suerte con Star Wars, simplemente.