La policía y las concertinas

Aquí ya me quejé muchas veces de la policía, cuando se extralimita. Sin embargo, esta vez voy a romper una lanza en su favor, y además en un asunto peliagudo: los inmigrantes en la frontera de Ceuta o Melilla.

Esto de aquí debajo es un alambre de espino.

No es Melilla...

No es Melilla…

No, no es Melilla. No es una instalación militar. Es una simple separación entre las fincas de dos vecinos, que ni siquiera me consta que tengan problema alguno. De hecho, la parte frontal de esa finca tiene una valla que debe de andar por metro y medio de altura, muy fácil de saltar.

He visto mucha indignación y muchas denuncias sobre las vallas de la frontera, y ese tipo de alambre que en vez de espinos tiene cuchillas, y que algunos llaman concertinas. He visto imágenes de las heridas tremendas que producen. Y no he entendido bien los argumentos. Y no es precisamente que sea insensible.

Como de costumbre se mezclan aquí muchas cosas. La situación inaceptable de los subsaharianos, destrozados por la guerra y la barbarie. El sufrimiento de esas personas que quieren -no, no quieren, se ven forzados a- venir a España, donde se contentarían con nuestras migajas, pero se encuentran con deportaciones, golpes y vuelos maniatados. Actuaciones concretas y deplorables, como esas en las que supuestamente nuestra policía disparaba bolas de goma a gente que luchaba por no ahogarse. La existencia misma de fronteras, algo en principio deleznable, que daría para discutir mucho y a fondo.

Ahora bien, una vez que esas fronteras existen, ¿para qué una valla? Para que la gente no pase. Y para que no pase hacen la valla muy alta. Y no los tres metros que a mí ya me darían vértigo, sino mucho más; alturas a las que yo no podría subirme ni en ascensor. Vallas rematadas por elementos que impiden el paso, vigiladas, electrificadas o lo que se quiera. Vallas que pretenden disuadir al que quiere cruzar, para que no lo intente.

Está claro que cuando un subsahariano está en una situación tal que decide irse de su casa al otro lado del mundo, porque por la televisión ha visto que tenemos carreteras asfaltadas, ni la valla más alta va a frenarlo. Lo que ocurre en la frontera no es que un muchacho intenta colarse de noche, cuando no lo ven, y sin darse cuenta se araña con una concertina; lo que ocurre es un asalto de gente a la que el hambre empuja a donde sea. Un asalto a cara descubierta, a plena luz del día y tomándose el tiempo que sea necesario. Hemos visto bandadas, multitudes de desheredados peleándose con la policía a horcajadas sobre la valla.

Saltando

En ese contexto no entiendo bien lo que se ha venido diciendo sobre las concertinas. No entiendo el debate. Se ha hablado de ellas como de una práctica brutal, despiadada, cruel. Yo entiendo que se debata si esa frontera es brutal, despiadada, cruel. Pero una vez que existe, está claro que la han construido con todas las medidas disuasorias posibles. Lo que me espanta no es que sobre la valla coloquen cuchillas; lo que me espanta es en qué situación está en su casa esa gente para que aquí sea capaz de caminar sobre ellas.

Del mismo modo que no acabo de entender la indignación con las cuchillas, tengo que mostrar mi comprensión con la policía que guarda las fronteras. La tarea de esos agentes es impedir que la gente cruce la frontera, y a veces no les queda otro remedio que luchar físicamente para impedirlo. Y a veces, estoy convencido, simplemente para defenderse. Y me imagino -es una hipótesis- a una persona decente, que trabaja como policía con la mejor intención, y que tiene que enfrentarse a una situación como esa y vivir con un dilema como ese. A una persona así sólo puedo estarle agradecido y simpatizar con ella.

No, no estoy pintando buenos ni malos. No estoy diciendo que yo quiera que sujeten a los subsaharianos para que no vengan aquí, ni que tienen lo que se merecen por agresivos, y tampoco digo que la policía esté siendo brutal e inhumana. Simplemente, no sé qué se puede o debe hacer en la frontera, donde ya es demasiado tarde para arreglar nada. Pero cuando se pone el acento en las concertinas, no entiendo si quien lo hace está pidiendo una valla más fácil de saltar, o qué.

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Una respuesta to “La policía y las concertinas”

  1. Deteniendo a una Femen | Diariu de Guti Says:

    […] dije más de una vez que si a veces critico a la policía (y a veces la defiendo) es porque creo en ellos, porque son “mi” policía, la gente que me ayudará si estoy […]

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