Se fue Pratchett y se fue Cifu

El otro día se murió Terry Pratchett. Aunque me gustan mucho sus libros, no soy un adorador como mucha otra gente; estos tienen que estar pasándolo realmente mal, pero lo cierto es que yo he pasado pena.

Pratchett padecía no sé qué forma de enfermedad de Alzheimer que, sin embargo, y para mi sorpresa, no le impidió seguir publicando libros hasta casi el último día. Siempre recordaré ese documental tremendo, durísimo, que protagonizó sobre el suicidio asistido. Una de las pocas veces que he visto enfocar el tema de manera valiente, directa y sincera, sin paños calientes. Si has visto esas películas en las que ningún animal muere, en este documental no hay bromas: muere una persona. Una persona de verdad. Duro, sí. Y de alguna manera, esperanzador. Si el ser humano tuviera menos pánico a la muerte, si fuera más adulto, si la afrontara, no nos hacemos una idea de cómo mejoraría el mundo.

Y ahora se ha ido Juan Claudio Cifuentes. Y siento todavía más pena. Cifuentes nunca fue un histrión, nunca fue un payaso, ni un fraude. Mira que sería fácil tirarse el rollo hablando de jazz, algo tan extenso y potencialmente complejo que seguro que puedes nombrar músicos o hechos que ni los expertos conocen, o soltar filosofías baratas de esas que gustan tanto a algunos críticos.

Cifu, no. No se dedicaba a eso. No pretendía pasar por listo ni por culto ni por gracioso. De hecho no pretendía pasar por nada, porque le bastaba con ser lo que era. El jazz era su pasión, lo disfrutaba, lo estudiaba, lo descifraba, lo sentía, y luego lo compartía contigo. El centro de los programas de Cifu no eran nunca Cifu y su erudición: el centro eras tú. Y si para algo le interesaba un bagaje tan sumamente vasto no era para restregártelo, sino para acercártelo todo lo que pudiera. Tengo la sensación de que, en segundo lugar después de disfrutar el jazz, lo que más le satisfacía en el mundo era que lo disfrutaras tú.

Voy a echar mucho de menos esos ratos suyos enseñándonos a los Jazz Messengers, que últimamente los ponía mucho. Y aunque sea muy, muy poco original, porque de hecho esto es algo que ya colgué en este blog, y sea tan predecible y tan barato y tan obvio porque es el mismo vídeo que me dejó helado en la última emisión en TVE de Jazz entre amigos, es que poca gente ha grabado una despedida mejor que la que grabaron en 1971 el enorme Ben Webster al saxo, el gran Teddy Wilson al piano, Ole Molin a la guitarra, Hugo Rasmussen al contrabajo y Ole Streenberg a la batería, abatidos por la muerte de Johnny Hodges. Si Cifu lo eligió para cerrar Jazz entre amigos, no creo que yo pueda elegir nada mejor para despedirle.

Sí, me ha dado mucha, mucha pena. En serio que a este lo voy a echar de menos. Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: