Cómo entrar en el negocio de la música (por Deke Sharon)

Traducción propia del artículo How To Break Into The Music Business, publicada aquí con permiso de Deke Sharon, que es su verdadero autor.


 “Querido Deke:

Me gustaría muchísimo entrar en el negocio de la música, quizás escribiendo música para televisión y cine, o teatro. ¿Cómo puedo hacerlo?”

Querido lector:

En primer lugar, permíteme dejar algo claro: hay 1.000 personas ansiosas por ocupar cada trabajo en música, sobre todo algo tan fascinante como escribir música para películas. Dicho con pocas palabras, eso no va a pasarte a ti. Lo siento. Mucha suerte para el futuro.

Sinceramente, Deke.

.
.
.

¿…todavía estás leyendo? Muy bien, entonces no te asustan los imposibles. Estupendo. Es un primer paso importante: saber que probablemente nunca alcanzarás tu meta. Tenemos que quitar de enmedio a los pusilánimes, ya sabes.

¡Estupendo! Así que sigues a bordo. Perfect! Este es el trato: puedo garantizarte que si trabajas como un poseso durante la próxima década (“10.000 horas” hasta que alcances la excelencia, según Malcolm Gladwell), acabarás colocando algún tema tuyo en alguna película. Sin embargo, a la vista de cómo va el negocio hoy en día, tengo malas noticias: probablemente no cobres nunca. Habrá directores jóvenes interesados por ti y por tu trabajo, que harás gratis durante diez años a medida que ganas experiencia y conoces el negocio, pero al mismo tiempo las películas cada vez se distribuirán con más frecuencia por internet y gratis (es decir, robadas), así que el dinero disponible se reducirá a un hilillo y seguramente no cobrarás más que los gastos. Así que lo siento, pero ¡felicidades por tu éxito de todas maneras!

Sinceramente, Deke.

.
.
.

…¿todavía interesado? Bueno, entonces puede que tengas lo que hay que tener para la industria de la música actual. Estás dispuesto a trabajar sin descanso durante una década, e incluso cuando hayas llegado, seguramente no ganarás gran cosa, o quizás nada. ¡En ese caso, bienvenido a la industria musical! Toma asiento, vamos al tajo.

Ahora, puedo oír a algunos de vosotros refunfuñando “eso no es realista, John Williams y Randy Newman ganan dinero, bla bla bla…” Pues sí, vaya si lo hacen. Y siguen vivos, así que me parece que Spielberg y Pixar los van a llamar a ellos antes que a ti. Es más, mira la situación que describí arriba: trabajar sin descanso por nada parece el tipo de cosa que no haría prácticamente nadie, ¿no? Pero puedes imaginarte a alguien que lo haría, ¿no? Alguien increíblemente motivado, al que le da igual cuánto éxito alcanza. Alguien que pasa la noche en vela obsesionado sobre cómo habría estado mejor la banda sonora de Alex North para 2001, alguien que le quita el sonido a Cowboy de medianoche y reescribe la banda sonora para toda la película. Parece de locos, ¿no?

Pero hay gente así. Y son tus competidores.

Y yo apuesto por ellos.

Esto es lo que pretendo poner de relieve en este blog: hacer música como oficio suena maravilloso, divertido, mejor que trabajar en un banco, puedes andar por ahí en pijama todo el día, fama, fortuna, amor, felicidad. Como consecuencia, es un enorme imán. Hay montones de gente interesada en ello, y mucha gente que no sabe realmente lo que quiere piensa que suena mucho mejor que cualquier otra cosa, así que estudian música y dicen a sus familias que quieren ser músicos.

Eso está muy bien, pero están a punto de ser aplastados por la apisonadora gigante de la realidad, porque lo cierto es que no quieren ser músicos. Sólo quieren las cosas que tienen los músicos (véase arriba).

Mucha gente quiere ser músico, pero la verdad es esta: tú no eliges ser músico. Ser músico te elige a ti.

Así es: te despiertas con música en la cabeza. Piensas en música todo el tiempo. Te distraes en lugares públicos por la música de fondo. Te enfadas cuando alguien usa un acorde b VI cuando debería haber sido un cuarto grado menor.

Y la triste realidad es: harás música pase lo que pase, incluso si no te pagan, incluso si nadie la escucha, porque tienes que hacerla. Siempre has tenido que hacerla.

Por eso sé, cuando recibo una nota de alguien que quiere “entrar en el negocio de la música”, que fracasarán. Porque creen que es una opción profesional.

¿Quieres saber qué clase de carta recibo de alguien que sé que tendrá éxito? La que empieza con una ráfaga de frases frenéticas que llevan a una pregunta concreta sobre cómo crear un sonido de tambor de tono variable sin tanta presión en los labios, o por qué no hay más gente que escuche el Acapella de Todd Rundgren porque es un disco impresionante por las siguientes 17 razones, o cosas así. Esta gente no pregunta cómo empezar porque ya han empezado, y no les importa si yo pienso que pueden conseguirlo porque lo van a hacer de todos modos. Su entusiasmo es palpable, y les va a catapultar al futuro, esto es Esparta*, vamos a por otro molino de viento.

Apuesto por ellos.

El mejor consejo musical que puedo dar me lo dieron a mí, sin pedirlo, cuando era un estudiante de secundaria en el Tanglewood Young Artist Vocal Program: “Si te ves a ti mismo desempeñando una profesión que no sea la música, hazlo. Siempre puedes tener música en tu vida, y no tendrás que preocuparte sobre que alguien te diga cuándo o cómo hacer música. Lo cierto es que siempre habrá alguien que se quede despierto hasta más tarde, madrugue más, haga el trabajo por menos dinero que tú. Sin embargo, si nada de lo que yo diga te va a disuadir, pues vale; entonces, bienvenido al club”.

Así funciona, básicamente. Hay excepciones: los que tienen un talento sobrenatural, los muy brillantes… pero supongo que si me escribes en calidad de titulado universitario esos trenes ya han partido. ¿Qué dicen de los titulados de Berkelee [sic]? ¿Que los exitosos son los que nunca se graduaron porque ya habían firmado contrato o estaban de gira? Viene a ser así. O, si te gradúas, tienes una pala en la mano, y ya estás cavando furiosamente y preparando tus propios cimientos.

Así que, en el futuro, por favor, no me preguntéis cómo entrar en el negocio musical. Os deseo lo mejor, y odio ser el de las malas noticias. Parafraseando a Louis Armstrong cuando le preguntaron la definición del jazz: “Si tienes que preguntar, nunca lo sabrás”.

* N. del T.: La frase del original era damn the torpedoes, o “al diablo con los torpedos”, una referencia conocida en el mundo anglosajón pero que quizás diga poco a los hispanohablantes. El sentido viene a ser ese, una frase de valor suicida. La de los molinos de viento sí es compartida por angloparlantes e hispanohablantes.
Anuncios

Una respuesta to “Cómo entrar en el negocio de la música (por Deke Sharon)”

  1. La vida del músico de jazz | Diariu de Guti Says:

    […] la gente que consigue llegar a ese nivel de excelencia con su instrumento. Todo esto me recuerda las reflexiones de Deke Sharon sobre el negocio de la […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: