Con amor, a Irlanda y al Vaticano

Mi amor y yo le pedimos poco al mundo. El derecho a suspirar juntos en la lluvia, y caminar bajo el sol con la cabeza alta, y compartir nuestra alegría y nuestro dolor.

Y aun así dicen que nos equivocamos, que no tenemos derecho a nuestro amor, que da vergüenza verlo. Y aun así guardamos nuestro amor como un tesoro.

Y así andamos nuestro camino solitario, indiferentes a esas miradas hostiles y y frías, indiferentes a los murmullos. No nos importa. Tenemos todo lo que necesitamos, sólo con estar juntos. Sabemos que nos hemos ganado el precioso derecho a amar.

Encontramos consuelo en los ojos del otro, la dulce mirada de la maravilla. Sabemos que nos hemos ganado el precioso derecho a amar.

Irlanda tiene cosas que me gustan poco. Por ejemplo, que sea un país tan supuestamente católico. Pero tiene otras que me gustan mucho. Y desde el otro día tiene una más, que no podía pasar desapercibida.

En Irlanda seguramente no hay un 62% de homosexuales, y tampoco serán 1.200.000 sobre una población de cuatro millones y medio. Pero un 62% de personas votaron que sí, que los homosexuales son personas como las demás, y que por tanto pueden casarse. Y es el primer país que aprueba eso en un referéndum, y aunque haya mucha gente dominada por la iglesia católica, y haya mucha gente que podía pensar que esto no era asunto suyo, acudieron a votar para decirlo.

Y ese fue un gran día, pero el Vaticano, por boca de varios de sus secuaces, entre ellos un tal Pietro Parolin, que parece ser este de la foto que no lleva gorro, dejó claro que esto no va con ellos. Parolin dijo que era una derrota para la humanidad. Pietro dijo que estaba muy triste por el resultado. Muy triste.14327346941614[1]

Eso que puse al principio del artículo no lo escribí yo. Es una traducción mala de una letra de Gene Lees, sobre música de Lalo Schifrin, escrita hacia 1963. En ese momento, y aun diez años después, en Irlanda con la ley en la mano te podían meter en la cárcel por ser homosexual. Parece que la letra, en principio, se refería a las parejas interraciales. No sé si a Parolin le entristecen o no las parejas interraciales. Creo que su criterio no es precisamente valioso.

Ayer venía en el coche oyendo a la grandísima Carmen McRae. Y al oír la letra de esta canción, en la que no había reparado antes, me acordé de Irlanda. Y por eso hoy se la dedico a los irlandeses, y también al Vaticano. Y en especial al muy triste Pietro Parolin.

Si no fuera porque está Ella Fitzgerald, Carmen McRae sería la más grande. Gracias, Carmen. Gracias, Irlanda. Ojalá se pudiera curar lo tuyo y lo de tus compañeros, Pietro.

The Right to Love (en el vídeo el título está mal).

My love and I ask little of the world
The right to sigh together in the rain
And walk with heads up in the sun
And share our joy and our pain

And yet they said that we were wrong
We hadn’t the right to our love
That this love was shameful to see

And yet we treasured our love
And so we go our solitary way
Indifferent to the cold unfriendly stares
Indifferent to the whispered talk

We don’t care at all
We have all we need
As long as we can be together

We find our consolation in each other’s eyes
That sweet look of wonder
We know we have earned the right to love
We know that we have earned
That precious right to love

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