La vida del músico de jazz

Si viste la película Acordes y desacuerdos, de Woody Allen, quizás te preguntes si Sean Penn tocaba la guitarra realmente. La respuesta es, por supuesto, un rotundo no. El que tocaba en realidad era un guitarrista llamado Howard Alden. No es una de las figuras fundamentales del jazz, pero es un guitarrista de cierto renombre. A los efectos que importan aquí, es un bicharraco.

En este vídeo aparece Howard Alden a la derecha, y otro bicharraco a la izquierda. Este segundo bicharraco, que descubrí ayer, es Andy Brown. Este vídeo es (maravillosamente) largo, pero basta escuchar un trozo del primer tema para ver qué tipo de instrumentistas son estos. No son precisamente aficionados. Esto no está al alcance de cualquiera, amigos.

Tocar a dúo ya es difícil, pero este Andy Brown es de esos guitarristas capaces de plantarse solos con su guitarra delante de un público y tocar una hora, o más, como creo que decía Joe Pass que debería poder hacer cualquier guitarrista decente (ejem).

Y toca en muchas otras formaciones; por ejemplo, con la cantante Petra van Nuis, a la sazón su mujer. Petra no es mi cantante favorita; lo hace muy bien, pero muy al estilo Peggy Lee, y aunque fui un gran admirador de Peggy Lee, hoy me pega mucho más otra gente. Pero no lo olvidemos, Andy es un bicharraco.

Pues en un artículo que les dedicaron en un medio de Chicago hay frases interesantes, como:

En 1999 se casaron y empezaron a actuar juntos. Entonces, como muchos jóvenes ambiciosos de todos los ámbitos creativos, se mudaron a Nueva York.

“Estuvimos allí poco más de un año y conocimos y vimos a algunos de los mejores músicos del mundo”, dice Brown. “Pero simplemente no había suficientes sitios para tocar. Conocíamos a los mejores del planeta, y resulta que andaban por ahí trapicheando para conseguir un bolo de vermú de domingo.”

[…]

La pareja no tiene pensado tener hijos. “Entre los horarios extraños y lo poco que se gana, simplemente no sería prudente”, dice van Nuis. “Uno de nosotros tendría que buscar un trabajo ‘de verdad’, y no parece que eso vaya a ocurrir”.

[…]

[Refiriéndose al domingo siguiente, su décimo quinto aniversario de boda]

¿Algún plan especial?

“Siguiendo la pauta habitual del jazz ‘no-puedo-decir-no-a-un-bolo’, tenemos todo el día ocupado”, dice van Nuis. “Está bien, de todas maneras. Lo celebraremos otro día.”

[Tocan todos los domingos ¡de 5 a 11 de la tarde! en un local, y ese día los dos actúan en un festival por la mañana y Andy con un organista por la noche.]

Esta es la vida de la gente que consigue llegar a ese nivel de excelencia con su instrumento. Todo esto me recuerda las reflexiones de Deke Sharon sobre el negocio de la música.

 

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