Los pecados de las cantantes

Todos los músicos tienen sus tópicos y chistes, y las cantantes también. Lo de “las”, al menos dentro del jazz, sí que no es un tópico; hay una abrumadora mayoría de cantantes mujeres.

Así que voy a referirme a ellas en femenino, por estadística y también por feminismo (los cantantes varones pueden darse por incluidos). No va de consejos para cantar mejor, va de pecados que se cometen al margen de cómo canta cada cual. Mira a ver con cuántos te identificas. Nota previa importante: no debes sentirte mal por ningún error que tenga que ver con no saber algo ahora, ni por tomarte tu tiempo (hablo de años) para aprenderlo. Solo debes sentirte mal si te instalas cómodamente en la ignorancia y supones que no tienes por qué aprender nada más porque para eso eres la cantante…

Sin ningún orden en particular:

Sábete los tonos de tus temas. Tu voz es la que es, y que haya que transportar un tema a tu tono no es culpa tuya. Pero que no sepas qué tono es, o lo digas mal y todos tengan que parar y volver a empezar, sí es culpa tuya. Acláralo, recopílalo y apúntalo; le facilitarás la vida a mucha gente (sobre todo a ti).

Sé consciente de lo que implica un cambio de tono. No mires con desdén a un tipo que no se ve capaz de tocar sobre la marcha en el tono que le digas. No tienes que pedir perdón porque tu voz exija otro tono; sí tienes que mostrar cierto tacto y compañerismo. Y plantéate si realmente es necesario el cambio de tono o puedes adaptarte tú, en vez de todos los demás.

Preocúpate de llevar papeles a una sesión si es necesario. Si cualquier músico va a proponer un tema que los demás no conocen, o en el que ha hecho cambios o arreglos, es normal que proporcione las partituras correspondientes (bien escritas y claras). Y la cantante, supuestamente, es un músico más.

Comparte la responsabilidad. Escena típica: mandas un mensaje a tus compañeros con el título de un tema, les haces contestarte para preguntar el tono, tienen que buscar la partitura, transportarla si no la encuentran en ese tono… Sí, pueden hacerlo, pero también puedes hacerlo tú. También es muy cómodo cantar con “director”: que te hagan todas las señales, porque así no tienes que aprenderte la forma ni contar nada.  Piensa si hay alguna razón para que tú estés exenta de estos trabajos.

Otra variante de esto: los materiales. ¿Alguna vez te han prestado un cable de micro? Por otra parte, ¿alguna vez has prestado tú un cable a un guitarrista que no traía? Las razones por las que alguien trae un cable extra son aplicables a ti. ¿Llevas a las jams tu micrófono de condensador favorito, sin preocuparte de si hay alimentación phantom o no? ¿De si hay conectores o amplificadores adecuados? ¿Necesitas atril pero no quieres cargar con él? Bueno, alguien se preocupará de todo eso, ¿no? Sí; por ejemplo, tú misma.

Respeta el tiempo de los demás músicos. Un instrumentista necesita una antelación para preparar los temas, y cada uno requiere bastante trabajo (y no puede practicarlos en el coche o en la ducha). Concreta el repertorio cuanto antes, no les hagas trabajar en temas que no vas a cantar, y no descartes a la ligera temas en los que han estado trabajando. “No voy a poder cantarlo ahora sin lesionarme” es una razón de peso; “no me apetece mucho cantarlo ahora” es descartar a la ligera.

Estudia música. Todos los músicos aficionados sabemos muy poca música, hacemos lo que buenamente podemos, intentamos ir mejorando poco a poco, y es tarea para toda la vida. He visto muchas cantantes, incluso profesionales, que piensan que eso no va con ellas, que son autodidactas, que cantan a base de talento o de emociones (traducido: ni sé ni quiero saber).

No aludas a “mis músicos” ante el público. No son tus súbditos ni tus mascotas. La voz humana juega con muchísima ventaja ante el público; pero aunque este no sea consciente, el trabajo que se está haciendo es de equipo, y no es infrecuente que “tus músicos” hayan contribuido a tu éxito con más trabajo que tú misma. El público que piense lo que quiera pero, entre vosotros, les debes a “tus músicos” tu reconocimiento como tus iguales, no como tus secundarios.

Respeta a tu compañero mientras hace un solo. Ni se te ocurra saludar a alguien o charlar. Y da igual que sea en un teatro, en la terraza de un bar de fritanga o en un ensayo en zapatillas y bata; no sólo es molesto, es un insulto. Mantén total concentración, atención y respeto, siempre. Si no puedes, finge.

Insisto: respeta a tu compañero mientras hace un solo. Si te desentiendes, es probable que no te enteres de cuándo termina, que no veas sus señales, que entres a destiempo. Tendrá que estropear su intervención para arreglar tu error. Encima de maleducada, poco profesional.

Respeta a tu compañero mientras hace un solo, te lo digo otra vez. La música se transmite y se sostiene en el aire; es como una pompa de jabón. Si te desentiendes, el público lo ve, y rompes completamente la tensión de la actuación, todo se cae. Que te apartes a un lado del escenario o bebas agua mientras escuchas respetuosamente no rompe esa tensión; que hagas señas a tus amiguetes sí.

Asume las circunstancias como los demás. Si te da igual el sonido, mal asunto; pero si siempre eres la que se queja del sonido, mal asunto. Cantar al aire libre puede ser molesto; tanto como tocar la guitarra con las manos frías o el piano en un asiento incómodo. Y así todo. En especial, no seas una sibarita de los micrófonos; dado un micro aceptable, la diferencia la marcas tú por encima de todo.

En una jam session eres una más. Si en una actuación programada eres parte del equipo (al margen de lo que el público piense), en una jam no digamos. Asume la pérdida de control que asumen todos; uno nunca sabe en qué temas va a intervenir, si va a poder hacerlos como y con quien quiere, ni siquiera si va a tener ocasión de tocar. Si vienes de diva, a última hora, esperando que todos los demás músicos se pongan a tu alrededor, vas mal.

Respeta las letras. Memorizar todas las letras es difícil, y nadie es perfecto. Pero no tienes carta blanca para inventártelas por norma. Si te equivocas, no es grave, es un simple error y hay que tratarlo como tal; lo que no vale es la dejadez.

Respeta el idioma. Hablar un idioma extranjero también es difícil y nadie es perfecto ni falta que hace. No es cuestión de perfección, sino de actitud. Las consonantes finales están para pronunciarlas; los plurales no son lo mismo que los singulares; los artículos y preposiciones no son opcionales; los fonemas no son intercambiables. Vigila, insiste, mejora.

No te flageles. Es muy aburrido y, para los demás, estar convenciéndote de que no ha pasado nada grave, o de que eres buena, consume muchas, muchas energías. Sé honesta, actúa de buena fe, arriésgate, date el trompazo, sigue adelante. De todas las cualidades de un músico, la perfección es lo menos relevante.

Habla solamente cuando el espectáculo lo requiera. Si no ves bien la partitura, o algo te salió mal, la experiencia del público apenas se resiente. Pero si a media canción dices “no veo bien” o “huy, me equivoqué, perdón”, interrumpes la experiencia, los despiertas de un sueño. Tampoco debes dejarlo ver con ningún gesto. Tus fallos no son relevantes para el público, no es lo que han venido a ver, pero cuando tú los señalas los conviertes en protagonistas.

Cuidado con la interacción con el público. Es un don, y que el público se lo pase bien es estupendo. Pero no van a dar palmas a tempo, ni afinar cuando hagan coros, ni pedirte los temas que esperas que te pidan. Así que… aunque tengas el micrófono, mejor que lo que hagas no pille de sorpresa a tus compañeros o, peor aún, los meta en problemas.

De momento, me parece que vale; iba a escribir tres o cuatro puntos y me salieron todos estos. Otro día prometo tomarla con los guitarristas.

Siguiente: Los pecados de los guitarristas

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Una respuesta to “Los pecados de las cantantes”

  1. Los pecados de los guitarristas | Diariu de Guti Says:

    […] Les mis opiniones y les mis llocaes « Los pecados de las cantantes […]

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