Archive for 29 septiembre 2015

Harvest Moon en La Lata de Zinc

29 29UTC septiembre 29UTC 2015

Hay ahora un movimiento en Asturias por rescatar la música en directo en los bares, que al parecer está presa de un error legislativo.

No sé pa qué. Mucha gente que firma esa petición y se indigna, en realidad, caga pa la música en directo en los bares.

En los conciertos suele haber dos tipos de personas, en diversa proporción. Hay gente que está escuchando, más o menos, la música. Sabe que hay gente haciendo un esfuerzo físico, intelectual y emocional, dando lo que tiene, y en consecuencia, o bien escuchan, o bien dejan escuchar. Se hablan poco, se hablan al oído, son discretos, o salen fuera.

Y luego está el otro tipo de gente, que se dedica básicamente a dar por culo.

Sí, de acuerdo, la expresión es fea. Malsonante. Maleducada. Innecesaria. Impropia. Pero es que es una onomatopeya: suena como lo que describe. Algo feo, malsonante, maleducado, innecesario, impropio.

Hay gente que considera que unos tipos tocando es lo mismo que un disco que pones de fondo para que no haya silencio. Y no, señores. No lo es.

Harvest Moon 2015Ayer en La Lata de Zinc había, como de costumbre, gente de los dos tipos. Pero con que haya un 20% de gente de la que está dando por culo, ya es imposible oír el concierto. No se entendía nada de lo que Belén explicaba al principio, ni lo que los músicos decían al micrófono, ni se podía apreciar apenas lo que cantaban o tocaban. Y algunos de los que estuvieron allí dirán que no había tanto jaleo, que era un nivel normal. Y es verdad; ese es precisamente el problema. Que sea igual si hay gente tocando que si no la hay.

Y ojo: los músicos, los peores. Yo tenía al lado a un par de amiguetes que no callaron (hablando a voces) en todo el concierto. Y luego vi que hablaban de guitarras, y pensé: “te deben de interesar mucho a ti las guitarras, cuando tienes delante a Michael Lee Wolfe tocando y te la sopla”. Pero luego vi… que uno de los conversadores era, de hecho, músico y tocaba después. No era el único; pude ver más de uno que, cuando no estaba tocando, estaba de cháchara.

No puedo entender que uno esté metido en un concierto lleno de gente, ocupe un buen sitio incluso empujando si hace falta, esté de cara al escenario… y a continuación pase completamente del concierto. Si tienes ganas de hablar, ¿por qué coño no sales a la terraza, te pones cómodo, cara a cara con tu interlocutor, y hablas? ¿Por qué no te vas a otro bar donde no te molesten los músicos?

Así que no sé bien qué pensar. Para mí la música es media vida, y quiero que sea cotidiana, y que esté en las casas de la gente; no en el iPod, sino en sus tardes, en sus ratos de ocio, cuando pasan por la calle, hecha delante de ellos y compartida por ellos. Así que quiero música en directo en los bares. También quiero que los músicos se ganen la vida tocando, en la medida de lo posible.

Pero por otra parte, pienso: ¿para qué? En un concierto en un bar se hace música, pero en muchas ocasiones, al mismo tiempo que se hace se pisotea; Puri Penín cantando un tema maravilloso (no pude identificar cuál), haciendo magia, y la gente pisoteándole la voz. Y por otra parte pienso: ¿me puedo fiar de la civilidad de esta gente respecto al ruido y las molestias a los vecinos? ¿Merecemos esa consideración de agentes de la cultura, de la educación, del arte? ¿De complemento de las bibliotecas y los teatros? ¿Son esos los bares que se van a integrar en la vida cultural de la gente y hacerla mejor? ¿Tiene sentido que Michael explique que aquel Love is a rose de Linda Ronstadt lo escribió, sorprendentemente, Neil Young, y a continuación la canten él y Puri Penín, cuando delante tienen básicamente un auditorio de hooligans? (Si tú no lo eres da igual; el silencio no contrarresta al ruido, y la mezcla resultante de ruido y silencio es siempre ruido.)

Todo esto, por una parte. Si nos sobreponemos a eso, el concierto (la parte que vi) estuvo muy guapo. Además de Kike y Puri (qué talento tiene esta mujer) estuvieron… bueno, los del cartel, incluido mi amigo Juan Bertrand. Esperé a verlo a él tocar por lo menos una, y mereció la pena, porque además vino con un gran trozo de pastel: un gran trozo de Queen Bitch, que subieron a tocar The weight. Después de eso me fui. Había ruido, era incómodo, hacía calor, llevábamos allí mucho rato, estoy mayor y soy un cascarrabias. O no.

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Cataluña (II)

28 28UTC septiembre 28UTC 2015

Ayer no se podía ver nada en la tele. Como de costumbre, me dice mi voz interior. Pero no: era todavía peor que de costumbre. Todo era Cataluña. Trasladaron El club de la comedia a las doce de la noche, y en su lugar pusieron… bueno, sí, también era el club de la comedia. Porque era comedia y estaba todo lleno de monólogos, que procuré no ver.

A lo que iba. Una de las muchas cosas que me cabrean es que me convoquen a unas elecciones, y los políticos y los periodistas decidan que no, que estoy votando otra cosa. Me indigna que en las elecciones generales decidan que la gente está eligiendo a Rajoy o a Rubalcaba, cuando deberían estar educando a la ciudadanía y explicándole que lo que están haciendo es elegir miembros de un parlamento que nombrará a su vez a un presidente. Me indigna que en las elecciones municipales, o en las autonómicas, también decidan que en realidad estoy votando a Rajoy o a Rubalcaba, que ya es el colmo.

Por eso me molesta también que en Cataluña unos señores decidan que las elecciones autonómicas son en realidad un plebiscito sobre el independentismo. Ahora bien, entiendo que lo utilicen así alegando que no disponen de otro mecanismo, que no pueden hacer el referéndum (no deja de ser un argumento, al menos). Y entiendo que formen una lista mezclando partidos que no tienen absolutamente nada que ver salvo el independentismo. Es una forma de reforzar ese carácter plebiscitario: avisan, al menos, de que los ciudadanos no están eligiendo un Parlamento, sino manifestándose sobre una cuestión muy concreta, y que por eso son tan extraños compañeros de viaje. “No mires nuestro programa económico, o social, porque no tenemos; nos presentamos juntos porque esto no son unas elecciones autonómicas, sino un referéndum en cuya respuesta estamos de acuerdo. En todo lo demás, no.”

La postura que entiendo un poco menos es la del resto: primero se encastillan en que las elecciones son lo que son (cosa que es cierta), pero luego acaban asumiendo, en sus declaraciones y en los titulares, la propuesta de los independentistas. Pues vale.

Ahora bien: lo que no puedes hacer (Artur, Raül, Oriol, Carme, Muriel o quien seas) es jugar al referéndum y luego a las elecciones autonómicas. Eso es una trampa encima de una trampa.

Los escaños en el Parlamento se reparten como se reparten, por una serie de razones. El sistema de reparto está pensado para a) favorecer la formación de un gobierno, b) que aplique un programa durante cuatro años y c) represente de alguna forma a una ciudadanía variopinta, organizada con densidades de población muy diversas. Por eso Izquierda Unida, con un 6,9% de votos en las elecciones generales de 2011, tiene 11 diputados en el Congreso, cuando el 6,9% de diputados serían en realidad 24.

Si transformas las elecciones en un plebiscito, estás asumiendo que los votantes contestan en realidad “sí” o “no” a la independencia. Suponiendo que aceptemos esa forma de violentar la voluntad popular, habrá que contar cuántos contestan “sí” o “no” a tu retorcida pregunta; los referéndums no se organizan por el sistema D’Hondt, no eligen representantes, no prevén una dinámica parlamentaria ni una acción de gobierno. Se cuentan síes y noes, y ya está. Y las respuestas parece que son: 47,78 % sí, 51,69 % no.

Si permitimos que midas la velocidad en años luz, o el peso en centímetros, o que utilices escaños para contar respuestas, pues resulta que tienes 72 escaños de los 135. Eso es lo que consideras un enorme éxito, un nuevo escenario, que dirían Otegi y otros literatos.

Usando esa peculiar unidad de medida, en las elecciones autonómicas de 2010 habrías obtenido… 72 escaños (76, si incluimos el partido de Joan Laporta). En las de 2012 habrías tenido 74.

Es decir, que en elecciones anteriores, sin esta convocatoria independentista, e incluso sin esta lista unitaria que ahora te beneficia en la obtención de escaños, tuviste más.  Has perdido el referéndum y en escaños has ido a peor. ¿Qué legitimidad nueva te confiere eso? ¿Qué conclusión puede sacar de esa voluntad del pueblo tan amordazada?

Te digo la conclusión que saco yo: que estamos donde estábamos, que todo el mundo ha ganado, con lo cual va a seguir el hartazgo y la pesadez y la vuelta la burra al prau.

Using filters with LDAP authentication for Meeting Room Booking System

24 24UTC septiembre 24UTC 2015

Maybe you think you need a system for managing meeting room reservations. If that’s the case, chances are you’ve considered MRBS (Meeting Room Booking System). Probably not a bad idea: it’s free and not difficult to install and run (I’m using MRBS 1.4.11, PHP 5.1.4, MySQL 5.0.22… and off you go). Plus, it’s localized.

In addition, maybe you’ve got an LDAP server and you want that one to manage authentication. That’s not difficult, and the docs explain how to do it.

If you don’t want every LDAP user to be able to create and delete reservations, one of the available mechanisms is to use a filter. There is a configuration variable, $ldap_filter, that allows you to specify the users that the system will find and hence authenticate. The problem is: initially, it will probably not work.

In my case, the LDAP server is Microsoft Active Directory. The user name can be found in a field named sAMAccountName. If you try to do something like this in your config.inc.php file:

$ldap_filter = "(|(sAMAccountName=alloweduser1)(sAMAccountName=alloweduser2))";

it will not authenticate anybody, even if that search filter is perfectly valid.

Well, the trick is: MRBS puts parentheses around your $ldap_filter expression. So you must write your $ldap_filter without them. In the previous example, this will work:

$ldap_filter = "|(sAMAccountName=alloweduser1)(sAMAccountName=alloweduser2)";

Of course, there are lots of reasons an LDAP can fail (usually because you write some incorrect value in the configuration) but, in my case, the reason was this one.

Blasfemia

23 23UTC septiembre 23UTC 2015

Sanz Montes es arzobispo de Oviedo. El otro día, en misa (no en un mítin), dijo un montón de cosas.

Llamó populistas a los demás; no a la gente que se aprovecha de la superstición, la ignorancia o el miedo a la muerte, sino a la gente que prefiere determinadas opciones políticas.

Habló de exclusiones y atropellos, no refiriéndose a quien no considera persona a un transexual, sino a unos concejales de una institución laica que no acuden a un acto religioso (al parecer, si no vas, si no pasas por el aro y agachas la cerviz, estás excluyendo a un tercero, incluso atropellándolo).

Opinó sobre la situación de los trabajadores de una empresa que ocupó una parcela de la administración pública, aunque ignoro si se opuso en su momento a la privatización o se preocupó por el trabajo de los recaudadores a los que pudo perjudicar.

Y respecto al sudario que guardan en la catedral parece que dijo esto:

Es fácil reunir un grupete pequeño de gente que se ponga de acuerdo para denostar lo que no sólo la piedad de siglos sino también la ciencia de estos días mantiene. […] Serán los historiadores, bioquímicos, médicos forenses, letrados y biblistas que con rigor histórico, forense, jurídico y bíblico están llevando a cabo desde hace más de 25 años un estudio serio sobre el lienzo del Santo Sudario que aquí custodiamos, los que respondan en su momento.

 

Tan ancho se quedó. Despreció como un “grupete pequeño” a los científicos de verdad. Acusó, no sé exactamente a qué mano negra, de reunir ese grupete, de hacer trampa. A la gente que se dedica a inventar cosas sobre trapos (disciplina que llaman “sindonología”), en cambio, los llamó historiadores, bioquímicos, médicos forenses, letrados y biblistas, y les asignó rigor nada menos que de cuatro tipos: histórico, forense, jurídico y bíblico. Ahí queda eso.

Ese desprecio y esa sarta de despropósitos, ¿no pueden considerarse blasfemia contra la ciencia? ¿No habría lugar para quejarse enérgicamente, o incluso que la fiscalía actuase ante un evidente ataque a las creencias más sagradas de la humanidad?

Pues no. Porque resulta que la verdad y la razón no se defienden exclusivamente con persecuciones y leyes ad hoc, como sí ocurre con las creencias arbitrarias.

Pero delitos aparte, me pregunto si no será como mínimo pecado, un pecado muy gordo, mentir de manera totalmente consciente y deliberada en un sitio sagrado como ese, en una situación como esa y con esa desfachatez. De hecho, yo creo que debería considerarse blasfemia de la otra, de la importante, de la religiosa.

Cataluña

13 13UTC septiembre 13UTC 2015

Con los años aprendo que todo es mucho más sencillo de lo que parece, y a la vez mucho más complicado.

Para entender la Antigüedad no basta con empaparse de sumerios, acadios y asirios. Porque la realidad no funciona con esa clasificación. Porque la mezcla es mucho más compleja. Porque estaban los fenicios, de los que los libros del insti apenas se acordaban, pero casi todos nuestros alfabetos son el suyo. Porque había imperios enteros de los que no nos hablaban, o que permanecen completamente olvidados a día de hoy. Porque antes que Colón mucha gente llegó desde Europa a América y era un secreto a voces, porque el propio Colón probablemente sabía bien a dónde iba, porque Graham Bell no inventó el teléfono ni Edison inventó casi nada. Para entender el pasado tendríamos que ser capaces de entender el presente, y para eso tendríamos que poder entender millones de historias entrecruzadas, cuando no somos capaces de desentrañar una sola, que es la nuestra.

Y a la vez todo es mucho más sencillo. Los sumerios no eran tan distintos a nosotros. No eran tontos, ni demasiado listos. Si nos transplantaran allí de repente, echaríamos de menos el plástico o la electricidad o algunas ideas que se extendieron con la Revolución Francesa. Pero algo parecido nos pasaría si nos transplantaran de repente a hace solo veinte años. Nos horrorizamos con aquellos judíos empaquetados en trenes hacia los campos de exterminio, pero hoy estamos tranquilos con palestinos detrás de alambradas o con sirios que huyen del horror y a los que no dejamos entrar. Los errores son los mismos de siempre.

Para un madrileño (e incluyo en ese término a una enorme proporción de sorianos, extremeños y, por supuesto, una gran mayoría de asturianos) un catalán es algo fácil de definir: un tipo que me odia, que ha decidido hablar raro (raro y además feo) por joderme, que es madrileño como yo pero se cree mejor y entonces se inventa otra cosa.

El problema es tan simple que se va a solucionar cuando le digamos al catalán que entonces el Barça no va a tener contra quién jugar, y que van a tener que hacer otra vez desde cero toooodo el papeleo para entrar en la UE. Si se lo repetimos mucho a los catalanes, seguro que un día, de repente, dirán: “Hosti, tú, que no me había dado cuenta, ¡el Barça y los trámites de la UE! Es verdad, nada, nada, seguimos siendo españoles, no jodas, que si no, nos metemos en un problemón irresoluble. ¡Hala Madrid!”

Evidentemente, no. Evidentemente, en toda esa historia hay unos millones de catalanes con sus vidas completas, hay cuarenta años de dictadura de los que los madrileños que cité antes se sienten en general orgullosos, hay una bofetada de un guardia civil aquí y un comentario insultante allá, repartidos durante años. Hay millones de historias personales, de varias generaciones, entrecruzadas y sazonadas. La simpleza del Barça y la UE solamente vale para los tontos de capirote. Los tontos de fuera de Cataluña, claro.

A la luz de eso, ¿qué me parece a mí lo de la independencia de Cataluña? Simplemente, me tiene hastiado. Aborrezco los separatismos en general, y el catalán en particular, y no tengo ninguna duda de las… llamémoslas complejas intenciones de los salvapatrias de tres al cuarto que lo están agitando ahora. Y al mismo tiempo, aborrezco la actitud de los madrileños; esos que pleitean para que en caso de duda el castellano gane siempre, pero les resultaría absolutamente esquizofrénica la propuesta de estudiar unas pocas horas de catalán. Somos todos igual de españoles, pero en la medida en que seamos madrileños. Y los catalanes quizás sean españoles, pero no son madrileños, no quieren serlo, y si forzosamente tienen que elegir entre ser madrileños o no, pues no seré yo el que me enfade porque no quieren serlo. Los madrileños nos hemos ganado a pulso ese desafecto.

Todo lo anterior es tan complejo, hay tantas cosas mezcladas ahí, tanto tira y afloja, que no confío en ninguna solución razonable por ninguna de las partes. Pero luego viene la parte simple. Dejaos de federalismos ni gaitas.

Lo simple es esto: todo el separatismo catalán, en el fondo, se traduce en dinero. Una región es rica, puede apañárselas sola, y no quiere compartir su riqueza. Punto.

Y resulta que eso tan sencillo es el fundamento de los impuestos: quien tiene más ayuda a quien tiene menos. Y yo, eso sí, creo en los impuestos. Y si nos limitamos a este aspecto concreto no tengo dudas: el separatismo catalán me resulta tan inmoral como me resulta inmoral que un rico se queje porque paga impuestos, simplemente porque puede apañarse solo.