A qué suena el sexo sórdido

Escribe Carmen Rigalt un artículo que se titula “El sexo sórdido“. Y el tema principal es que no se le ocurre un nombre que le guste para los genitales femeninos.

Dice cosas como esta:

En primero de feminismo aprendimos que los genitales masculinos tenían buen significante y mejor significado, mientras que los femeninos estaban sujetos a un significante ridículo y un significado grotesco. Miento: el significado es el que es desde siempre, pero el desprecio al que ha estado sometido secularmente el sexo femenino ha dejado la palabra a la altura del betún.

Como tantas feministas, confunde sus propios prejuicios con los prejuicios ajenos. Todas las palabras que se le ocurren le parecen toscas. Se queja de que los genitales femeninos son despreciados, pero es ella la que se avergüenza de nombrarlos y no encuentra la manera y encuentra tosquedad por todas partes.

Mira esta otra frase, si no (las negritas son suyas):

No es culpa de las mujeres que los nombres de sus genitales hayan caído tan bajo. Mi nuera busca una palabra para prestársela a su niño, que señala la entrepierna de la madre diciendo: “Ahí pito”. No parece oportuno confundir a la criatura en edades tan tempranas, haciéndole creer que el pito es la única verdad universal.

No sé si su nieto de muy corta edad, varón, que supongo que la única entrepierna que conoce es la suya propia (donde hay un “pito”), debería pedir perdón por generalizar de forma machista basándose en su limitada experiencia. Por cierto, muy propio de la ocasión eso de “no es culpa de las mujeres”, pero el párrafo y el artículo me llevan a pensar que sí, que es culpa precisamente de las mujeres.

Como tantas feministas, también confunde el género gramatical con la identidad sexual (y debería ser difícil de disculpar en una escritora salvo que sea tan mala y esté tan obsesionada como Rosa Regàs, pero por desgracia en este asunto hay una epidemia de tontería colectiva y no dejaríamos títere con cabeza):

Guardo para el final el único nombre femenino que encontré: almeja. El resto eran masculinos.

Fíjate. No busca señales ocultas, por lo visto, en el hecho de que polla, chorra, minga, picha, pilila, tranca… tengan género femenino. Y por otra parte no conoce “vagina”, quizás demasiado obvio (bueno, también impreciso, hay que reconocerlo).

Pero lo más sorprendente ha sido esto:

A lo mejor todavía estamos a tiempo de arramblar esas onomatopeyas que tanto bochorno nos producen.

¿Onomatopeyas? O sea, que ¿todas esas palabras que tan poco le convencen… suenan como aquello que describen?

Carmen… estoy muy, muy poco interesado en los genitales ajenos y por extensión en los tuyos, pero ahora me has dejado con la duda. ¿Los tuyos suenan, o dicen “chichi”, o algo así? Vivir para ver.

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3 comentarios to “A qué suena el sexo sórdido”

  1. Marta Says:

    Jajaja, no he leído el artículo de Carmen, pero me has recordado una pregunta tonta que me he hecho alguna vez. Cuando yo era pequeña y mi madre nos enseñaba los nombres de las partes de nuestro cuerpo, el de los genitales masculinos era “la cuca” y el de los femeninos “la peseta”, jajaja. Y ahora me pregunto si los llamarán “el euro” o qué, porque la peseta se ha quedado obsoleta. 😛

    ¿¿Onomatopeyas?? o_O

  2. guticr Says:

    La peseta… Ese creo que nunca lo había oído XD Y efectivamente es problemático. Vete a saber si en un par de generaciones la acepción que ha hecho fortuna es esa y ya nadie se acuerda de la moneda pero la palabra pervive… en las entrepiernas XD

  3. Marta Says:

    Jajaja, sería genial. XD

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