Archive for 25 enero 2016

Huelga de terrazas, dicen

25 25UTC enero 25UTC 2016

Empezaba la nueva década refiriéndome a lo que en realidad es un coletazo de la ley sobre el tabaco, donde los mismos de siempre protestaban por todo lo protestable y hacían presión para cambiar las leyes a su antojo (y acto seguido quejarse por inseguridad jurídica, supongo).

Casi todas las semanas paso por la Avenida de Galicia. Si me acuerdo, procuro ir por la acera de la izquierda, porque en la acera de la derecha hay “terrazas”.

Pese a ser una acera ancha y sin demasiado tránsito de gente, la acera derecha resulta un fastidio, casi intransitable. Apenas tienes sitio para pasar, pero además ese sitio se ve constantemente entorpecido por clientes de los restaurantes, que entran, o salen, o se paran a charlar. Encima, está todo lleno de humo de tabaco, con lo que pasar por ahí es lento, molesto y encima asqueroso e insalubre.

El otro día la noticia fue que los hosteleros de esa calle hacían una especie de huelga de terrazas, en protesta por la entrada en vigor de una norma que se había anunciado un año antes y que se había aprobado por unanimidad (y mira que eso es difícil). Es decir, que tenían las terrazas quitadas. Aunque, obviamente, sus trastos y sus sillas seguían en la acera, solo que recogidos.

Fue una maravilla pasar por allí. Me di cuenta de cómo era esa calle en realidad. Una calle amplia, limpia, con aire respirable (a pesar del tráfico) y donde uno podía caminar con normalidad hacia sus asuntos, sin hacer eses ni sortear nada. Y eso que, como digo, todavía había bastante espacio público ocupado para fines privados.

De todos modos, era un día de perros, muy frío, lluvioso. Pensé que no costaba nada hacer huelga de terrazas ese día (¿qué bobo iba a estar allí afuera sentado pelándose de frío?) y que ya veríamos qué hacían con buen tiempo; que poco iba a durar el plante, por desgracia.

Pues ya tenemos la respuesta. Como hace bueno, la huelga para otro día, y las terrazas a la calle. Ríete tú de los partisanos yugoslavos, la resistencia francesa, el general Moscardó y Guzmán el Bueno. Esos no eran más que unos flojos de espíritu.

De todas maneras, en esta foto de la noticia puedes ver que incluso cumpliendo (supongo) la ordenanza es un verdadero coñazo pasar por esa avenida. Pero ellos quieren más. Y si no, todos los días que haga mal tiempo van a quitar las terrazas, como medida de presión. Y yo voy a hacer huelga todos los domingos y fiestas de guardar.

Avenida de Galicia

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Gestos

15 15UTC enero 15UTC 2016

Hay una gran polémica por la actitud de los diputados de Podemos en el Congreso.

Una polémica que no hace más que darles la razón. Polémica por un montón de memeces.

Hace ya tiempo, en abril de 2008, casi me emocioné con una imagen que para mí justifica una legislatura. Los militares españoles firmes delante de una civil, elegida democráticamente, mujer y embarazada. Una imagen que los dignificaba a ellos, sobre todo.

chacon-pasa-revista

Pues resulta que los de Podemos han hecho una serie de gestos que, y ya lo he visto antes, no es que desagraden, es que irritan, molestan de una manera sorprendente. Celia Villalobos habla de piojos, y muchos otros se echan las manos a la cabeza. Por ejemplo, por cosas como esta (y empezando, tristemente, por Carmen Chacón, la misma de la foto de arriba):

CarolinaBescansa

¡Un bebé en el Congreso, Dios mío! Indigno, repulsivo, asqueroso. Algunos lumbreras dicen que no hacía falta porque hay guardería en el Congreso. Si Bescansa llevara al niño a la guardería del Congreso dirían que es una privilegiada, que vaya chollo, que otras madres no pueden hacer lo mismo… En fin.

Se quejan del gesto teatral que supone llevar al niño allí. Voy a explicar algo sobre teatro.

Hay una acepción de “teatro” que implica “mentira, engaño”. Un futbolista hace teatro cuando intenta engañar al árbitro. Ese teatro es malo.

Pero en realidad en el teatro no se engaña a nadie. Es una representación y todo el mundo lo sabe. Y esa otra acepción de “teatro” implica que se hace algo en público, de manera deliberada, con cierta solemnidad. Y el Parlamento es, y debe ser, exactamente ese tipo de teatro. Es la escenificación de un acto público, se da fecha y carta de naturaleza a acuerdos o conversaciones que muchas veces se han madurado antes en un despacho. Claro que el gesto es teatral. De eso se trata.

El caso es que Bescansa ha hecho visible que hay gente que tiene un niño como ese y tiene que pensar qué hace con él. Ha pillado a todos con el pie cambiado. Los ha hecho pronunciarse, y a los más inteligentes plantearse cuál es realmente su propia opinión o qué habría que hacer a este respecto. Ha hecho más por las madres trabajadoras que la inmensa mayoría de los empresarios a los que les molesta el babero. Y ese niño es seguramente lo más limpio que hay en ese hemiciclo.

Otros muchos gestos de Podemos molestan. Cuando proponen (no de boquilla, sino en realidad y con cifras) bajarse el sueldo. Cuando rechazan regalos del Parlamento. Cuando en vez de disfrazarse de lo que no son salen ahí a cara descubierta. Y los que se sienten molestados… se retratan. No vamos a hablar de la higiene ni los modales ni la educación de Celia Villalobos, por ejemplo.

Ah, y mira cuánto revuelo, pero no es la primera vez que pasa algo como esto en un parlamento. En Argentina, por ejemplo:

VictoriaDonda

En fin. Ojalá todos los gestos teatrales que veo en el Congreso fueran como estos. Teatro del bueno, del que necesitamos. Del que debe hacerse en un Parlamento.

Chant en cuarteto de verdad

14 14UTC enero 14UTC 2016

Resulta que una asociación de músicos de por aquí me ha dado… una beca.

Y la beca incluía unas clases, y también dar un concierto con músicos profesionales. Así que pude elegir un pianista, un contrabajista y un baterista de verdad. De los de lujo.

Sólo ensayamos una vez, y otro poco el mismo día del concierto, como prueba de sonido. Fue una experiencia increíble, y muy divertida. Tuve que trabajar mucho para llegar a ese ensayo con mis propios deberes hechos, y lo cierto es que toco mejor que antes de la beca. Encima, la sala donde tocamos ¡estaba repleta!, y no porque se hubiera llenado de conocidos míos (algunos sí vinieron, claro).

Así que, en vez de criticar a los cantantes por cómo improvisan o dejan de improvisar, mejor asumo mi parte y me ofrezco aquí a escarnio público. Esto quedó muy, muy bien, o muy mal, porque se puede leer de las dos formas. Yo, como digo, estoy satisfecho. Hace dos meses habría quedado mucho peor.

Pues este es el día en que me dejaron conducir un Ferrari. Así rompimos el hielo, con Chant, un tema precioso compuesto por Duke Pearson. Está grabado con un teléfono móvil, pero me basta.

Hacienda somos algunos

12 12UTC enero 12UTC 2016

Con aquello de Pinochet ya me acostumbré a que los fiscales, los abogados del Estado, en fin, esos seres que uno se imagina como perseguidores implacables e inmisericordes que no buscan más que echar el diente a su presa y ni en sus pesadillas quiere que le echen el ojo a uno, se revelen sorprendentemente como defensores acérrimos de los acusados. Pero resulta bochornoso el grado al que han llegado en el caso de la infanta, tanto el fiscal como la abogada del Estado.

Ahora bien; que defiendan lo indefendible ya es bochornoso. Que, por otro lado, suelten cosas como esta, con tono indignado, para explicarnos que los delitos contra la Hacienda pública son ellos quienes deciden si tienen importancia o no… esto ya no es bochornoso. Esto es completamente inadmisible.

No te lo pierdas. Primero el vídeo, donde se aprecia el tono de la actuación de esta mujer, que no sé si es peor aún que el contenido (y lo llamo “actuación” porque es una actuación, y la compadezco por tener que vivir con un trabajo como este):

Dolores Ripoll, presunta abogada del Estado, explicándoNóos que Hacienda no somos todos, solo quien diga ella.

Y ahora, por si acaso el vídeo no se conserva, la transcripción del contenido. Como digo, para disfrutarlo hay que ver el vídeo. “Disfrutarlo”, en este caso, implica ir poniéndose rojo de los pies a la cabeza y empezar a reprimir ganas de liarse a patadas con todo lo que uno tiene alrededor.

El Tribunal Supremo lo dice claramente: el perjudicado en los delitos contra la Hacienda Pública es el erario público, la Hacienda Pública representada (y así lo señala expresamente) por la Abogacía del Estado. Como he dicho anteriormente, la claridad del Tribunal Supremo deja el alcance de la frase publicitaria “Hacienda somos todos” exclusivamente a [sic]  la publicidad.

Sí, está fuera de contexto. Pero el contexto supongo que viene a ser: “Si nosotros decimos que la infanta es inocente, nadie más tiene derecho a acusarla. Así que ¡por mí y por todos mis compañeros! ¡Rebota, rebota, y en tu culo explota!”.

No tengo más que añadir. Estoy reprimiendo las ganas de liarme a patadas con esta puta mesa.

Ya, no sé si la mesa tiene culpa de algo, pero alguien tiene que tener la culpa, y por lo visto la infanta no es, se hizo rica sin querer. Los jubilados de 90 años que le firman al director de la sucursal unas opciones sobre la compraventa apalancada de unas preferentes diferidas saben perfectamente lo que firman y que apechuguen con ello si se quedaron sin los ahorros de su vida, pero la infanta de la carrera universitaria que trabaja brillantemente para la Caixa en asuntos internacionales de la máxima importancia, la infanta de los asesores y la línea sucesoria por la que se la considera preparada para convertirse potencialmente en la dueña de los destinos de cuarenta y siete millones de súbditos… no, la pobre no sabía nada, nada le despertó curiosidad ni siquiera cuando se firmaba alquileres a sí misma, como arrendadora y arrendataria.

Así que tiene que haber sido mi mesa.

 

 

En “La voz del árbol”

12 12UTC enero 12UTC 2016

El maestro Carlos Pizarro me invitó a ir a su programa La voz del árbol, en Radio Kras. Y claro, dije que sí. Así que ayer tuve el privilegio de ir allí, proponer la música que me dio la gana, y charlar un poco con él. Y todo eso gratis. Siempre digo que tengo mucha suerte.

Como por ese programa ha pasado ya gente que sabe un montonazo de música, incluido el propio Pizarro, me pareció que podía ser interesante llevar algo poco conocido, y a la vez muy digerible, tanto para aficionados al jazz como para no iniciados: cantantes de jazz varones.

Hace ya tiempo me pregunté qué pasaba con los cantantes de jazz varones. Así que de aquella me puse a buscar. Desde entonces cambiaron unas cuantas cosas: escuché más a Kenny Rankin, admiré bastante más a Nat King Cole, me acostumbré un poco más a apreciar las voces masculinas, y hoy sí que hay muchos cantantes que me gustan. No fue fácil, pero encontré una treintena de ellos que me gusta escuchar. Y me llevé a algunos a La voz del árbol, para compartirlos con el resto del mundo.

Aunque el formato del programa es totalmente libre, yo (quizá por deformación profesional) no puedo ir a hablar o tocar a un sitio sin tener una cierta idea de los tiempos y los órdenes, así que preparé un guión aproximado. El que sabía de radio, y el que iba a mandar, era Carlos, pero si dejaba la cosa en mis manos, tenía que estar orientado y saber si tenía que enrollarme a hablar más o menos. Y lo cierto es que en cuanto a tiempos salió clavao. Así que disfruté mucho de la experiencia, pude enseñar lo que había elegido, y por supuesto me dejé fuera montones de cantantes y temas, como no podía ser de otra forma.

Si no pudiste sintonizar Radio Kras (ja) no sufras: son tan majos que sus programas están disponibles en podcast. (Por cierto, recomiendo vivamente repasar otros capítulos del programa). Así que si quieres conocer a algunos cantantes que no sean Sinatra ni Bobby McFerrin, si quieres reivindicar a los hombres en un ámbito en el que están en franca minoría, o si quieres reírte de las tonterías que digo, aquí puedes despacharte a gusto:

La voz del árbol – 11 de enero de 2016

NOTA: Si la página anterior no funciona, el MP3 para descargar está aquí.

Si tienes curiosidad por lo que se oye aquí, esta es la lista:

My foolish heart (Billy Eckstine)
Straighten up and fly right (Nat King Cole)
Moody’s Mood for Love (King Pleasure / Annie Ross)
It could happen to you (Chet Baker)
I got rhythm (John Pizzarelli)
Isn’t it romantic (Darmon Meader)
You don’t know what love is (George Benson)
I’m walkin’ (Kevin Mahogany)
More than you know (Kenny Rankin)
Spirits up above (José James)
Centerpiece (Giacomo Gates)

Diez años

3 03UTC enero 03UTC 2016

Iba a hacerlo el uno de enero, pero vi que no: que tenía que ser el tres.

Hoy hace justamente diez años que escribí la primera llocaa en este blog. Y era porque no podía pasar sin decir a los cuatro vientos que por fin se podría ir a trabajar sin tener que tragar durante horas la mierda ajena. Por lo menos la mierda en forma de humo. Hubo que esperar años, todavía, para que eso se extendiera a los bares y restaurantes. Se demostró que teníamos toda, toda la razón en todo.

¿Qué ha cambiado desde entonces? Pues que hoy parece casi impensable que hubiera que fumar a la fuerza en el trabajo, o en el autobús, o en el aeropuerto. Y que a grandes rasgos se respeta esa mínima decencia en los restaurantes. Los clientes han sido, con todo, infinitamente más civilizados y respetuosos que muchos hosteleros. El otro día, aún, en un restaurante, después de cenar cerraron las puertas de la sala donde estábamos y nos pusieron ceniceros. Sin que nadie lo hubiera pedido (ni fuera a usarlo), como la cosa más normal del mundo. Saltándose la ley por costumbre.

En estos diez años han pasado muchas otras cosas. No sé si merece la pena resumirlas. Un gobierno acabó con el sinsentido del tabaco, pero también puso nombre a la dependencia y le asignó ayudas por ley; convirtió a los homosexuales en ciudadanos; batió el récord histórico de empleo; visibilizó la violencia contra las mujeres en una ley; puso a los militares firmes delante de una civil embarazada; quitó la publicidad de la televisión pública y la convirtió en algo bastante cercano a una televisión pública; terminó con ETA. A un ministro de Justicia le exigieron dimitir por cenar con una persona, y más tarde acabó dimitiendo por ir de montería con una licencia de otra provincia.

Luego, empezaron a pasar cosas inexplicables; nos asaltaron, empezaron a robarnos en nuestras propias narices, nos quitaron todas las cajas de ahorros, supimos que en realidad nada dependía de nosotros sino de la prima de riesgo o las agencias de calificación. Los economistas, esa casta que demostró no tener ni idea de lo que supuestamente dominan, en vez de esconderse avergonzados sin credibilidad ni respeto de nadie, se erigieron en augures de una especie de meteorología incontrolable, y siguieron diciéndonos paternalmente lo que teníamos que hacer. Hubo gente que se indignó, pero en vez de prender fuego a ningún edificio, se reunieron en la calle a hablar, organizaron concentraciones masivas, y a pesar de ello -quizás por primera vez en la historia de España, de manera absolutamente insólita e inexplicablemente desapercibida- no hubo ni un solo incidente, ni una pelea, ni una salida de tono. A otros, sin embargo, el mero hecho de entorpecer la visibilidad de los escaparates de las tiendas les parecía prácticamente violencia, y los despreciaron diciendo que si no se presentaban a las elecciones no pintaban nada en la democracia. Entonces se presentaron, y no tuvieron mal resultado. Y entonces supimos que en realidad lo relevante eran Venezuela e Irán, aunque fuera todo mentira.

El gobierno aguantó como pudo, evitó el rescate por milímetros, pero en 2010 cedió (si es que se puede llamar ceder) a lo que ordenaban los prestamistas y mafiosos. Eso le costó las elecciones. Llegó otro gobierno, que sabía mucho mejor lo que había que hacer, aunque nada más llegar admitió que en realidad nada era como esperaban, que no sabían nada de lo que habían dicho que sabían, y adoptaron las mismas medidas que habían criticado en el gobierno anterior, pero exacerbadas (desde la reforma laboral a la reducción de velocidad en las carreteras). Pidieron el rescate, pero solamente para los bancos. Nombraron ministra de Sanidad a una mujer que ya estaba sobradamente señalada por el escándalo; y de Trabajo a otra que nunca había trabajado; y de Economía al director en España y Portugal de Lehman Brothers cuando quebró. Se destaparon acusaciones de la financiación ilegal del partido y el pago de la reforma de su sede, los papeles de su tesorero, el apoyo personal del Presidente a ese tesorero, la mentira de su despido, la simulación de percepción de emolumentos en diferido, la destrucción de sus ordenadores, el presunto cobro de dinero negro de tantos altos cargos del gobierno incluido el presidente, tantas y tantas y tantas cosas, sobre las que los periodistas apenas pudieron preguntar (el plasma) y los representantes del pueblo tampoco (ni debates sobre el estado de la nación, ni debates electorales). Nadie dimitió. Bueno, sí; la ministra del Jaguar en el garaje, por esos hechos que ya se conocían cuando la nombraron. Y el ministro de Justicia porque le desautorizaron en sus peleas internas por el poder.

El partido, en fin, no cumplió ni una sola de sus promesas electorales, excepto recrudecer la penalización del aborto. Consagró la impunidad hasta extremos inimaginables. Y eso le costó… volver a ser el más votado en las siguientes elecciones.

Cerremos el ciclo con algo gracioso. En este enero de 2016 volvemos a tener una norma que entra en vigor. Resulta que los hosteleros han ido ocupando las calles, con la coartada del tabaco, para sus negocios. Para organizar mínimamente estas terrazas, en Oviedo se aprueba por unanimidad una ordenanza a principios de 2015. Volvemos a tener a los hosteleros oponiéndose: los hosteleros contra la ley, contra la unanimidad de los representantes elegidos por el pueblo, contra los vecinos, contra los viandantes, contra los discapacitados. La calle es suya. Exhibiendo estúpidos informes que auguran el apocalipsis total si se aplica una norma que conocen desde hace un año. Vamos, lo mismo que pasó en 2006. Las mismas mentiras.

Pero resulta que no todo ha sido política. He oído mucha música. He hecho mucha música. He visto muchas mañanas, muchas tardes, algunos cuadros increíbles. He reído, he ayudado, he aprendido. Y esto son solamente un par de líneas. Pero pesan mil veces más que todo lo anterior. Que toda la estupidez humana.

Feliz 2016, y que nos veamos dentro de otra década.