Diez años

Iba a hacerlo el uno de enero, pero vi que no: que tenía que ser el tres.

Hoy hace justamente diez años que escribí la primera llocaa en este blog. Y era porque no podía pasar sin decir a los cuatro vientos que por fin se podría ir a trabajar sin tener que tragar durante horas la mierda ajena. Por lo menos la mierda en forma de humo. Hubo que esperar años, todavía, para que eso se extendiera a los bares y restaurantes. Se demostró que teníamos toda, toda la razón en todo.

¿Qué ha cambiado desde entonces? Pues que hoy parece casi impensable que hubiera que fumar a la fuerza en el trabajo, o en el autobús, o en el aeropuerto. Y que a grandes rasgos se respeta esa mínima decencia en los restaurantes. Los clientes han sido, con todo, infinitamente más civilizados y respetuosos que muchos hosteleros. El otro día, aún, en un restaurante, después de cenar cerraron las puertas de la sala donde estábamos y nos pusieron ceniceros. Sin que nadie lo hubiera pedido (ni fuera a usarlo), como la cosa más normal del mundo. Saltándose la ley por costumbre.

En estos diez años han pasado muchas otras cosas. No sé si merece la pena resumirlas. Un gobierno acabó con el sinsentido del tabaco, pero también puso nombre a la dependencia y le asignó ayudas por ley; convirtió a los homosexuales en ciudadanos; batió el récord histórico de empleo; visibilizó la violencia contra las mujeres en una ley; puso a los militares firmes delante de una civil embarazada; quitó la publicidad de la televisión pública y la convirtió en algo bastante cercano a una televisión pública; terminó con ETA. A un ministro de Justicia le exigieron dimitir por cenar con una persona, y más tarde acabó dimitiendo por ir de montería con una licencia de otra provincia.

Luego, empezaron a pasar cosas inexplicables; nos asaltaron, empezaron a robarnos en nuestras propias narices, nos quitaron todas las cajas de ahorros, supimos que en realidad nada dependía de nosotros sino de la prima de riesgo o las agencias de calificación. Los economistas, esa casta que demostró no tener ni idea de lo que supuestamente dominan, en vez de esconderse avergonzados sin credibilidad ni respeto de nadie, se erigieron en augures de una especie de meteorología incontrolable, y siguieron diciéndonos paternalmente lo que teníamos que hacer. Hubo gente que se indignó, pero en vez de prender fuego a ningún edificio, se reunieron en la calle a hablar, organizaron concentraciones masivas, y a pesar de ello -quizás por primera vez en la historia de España, de manera absolutamente insólita e inexplicablemente desapercibida- no hubo ni un solo incidente, ni una pelea, ni una salida de tono. A otros, sin embargo, el mero hecho de entorpecer la visibilidad de los escaparates de las tiendas les parecía prácticamente violencia, y los despreciaron diciendo que si no se presentaban a las elecciones no pintaban nada en la democracia. Entonces se presentaron, y no tuvieron mal resultado. Y entonces supimos que en realidad lo relevante eran Venezuela e Irán, aunque fuera todo mentira.

El gobierno aguantó como pudo, evitó el rescate por milímetros, pero en 2010 cedió (si es que se puede llamar ceder) a lo que ordenaban los prestamistas y mafiosos. Eso le costó las elecciones. Llegó otro gobierno, que sabía mucho mejor lo que había que hacer, aunque nada más llegar admitió que en realidad nada era como esperaban, que no sabían nada de lo que habían dicho que sabían, y adoptaron las mismas medidas que habían criticado en el gobierno anterior, pero exacerbadas (desde la reforma laboral a la reducción de velocidad en las carreteras). Pidieron el rescate, pero solamente para los bancos. Nombraron ministra de Sanidad a una mujer que ya estaba sobradamente señalada por el escándalo; y de Trabajo a otra que nunca había trabajado; y de Economía al director en España y Portugal de Lehman Brothers cuando quebró. Se destaparon acusaciones de la financiación ilegal del partido y el pago de la reforma de su sede, los papeles de su tesorero, el apoyo personal del Presidente a ese tesorero, la mentira de su despido, la simulación de percepción de emolumentos en diferido, la destrucción de sus ordenadores, el presunto cobro de dinero negro de tantos altos cargos del gobierno incluido el presidente, tantas y tantas y tantas cosas, sobre las que los periodistas apenas pudieron preguntar (el plasma) y los representantes del pueblo tampoco (ni debates sobre el estado de la nación, ni debates electorales). Nadie dimitió. Bueno, sí; la ministra del Jaguar en el garaje, por esos hechos que ya se conocían cuando la nombraron. Y el ministro de Justicia porque le desautorizaron en sus peleas internas por el poder.

El partido, en fin, no cumplió ni una sola de sus promesas electorales, excepto recrudecer la penalización del aborto. Consagró la impunidad hasta extremos inimaginables. Y eso le costó… volver a ser el más votado en las siguientes elecciones.

Cerremos el ciclo con algo gracioso. En este enero de 2016 volvemos a tener una norma que entra en vigor. Resulta que los hosteleros han ido ocupando las calles, con la coartada del tabaco, para sus negocios. Para organizar mínimamente estas terrazas, en Oviedo se aprueba por unanimidad una ordenanza a principios de 2015. Volvemos a tener a los hosteleros oponiéndose: los hosteleros contra la ley, contra la unanimidad de los representantes elegidos por el pueblo, contra los vecinos, contra los viandantes, contra los discapacitados. La calle es suya. Exhibiendo estúpidos informes que auguran el apocalipsis total si se aplica una norma que conocen desde hace un año. Vamos, lo mismo que pasó en 2006. Las mismas mentiras.

Pero resulta que no todo ha sido política. He oído mucha música. He hecho mucha música. He visto muchas mañanas, muchas tardes, algunos cuadros increíbles. He reído, he ayudado, he aprendido. Y esto son solamente un par de líneas. Pero pesan mil veces más que todo lo anterior. Que toda la estupidez humana.

Feliz 2016, y que nos veamos dentro de otra década.

Anuncios

4 comentarios to “Diez años”

  1. Emilio Molina Says:

    Ojalá que sí. Felicidades y, como dicen en mi tierra, per molts anys 🙂

  2. Miguel Herrero Says:

    Poco a poco cambian las cosas ¿no? (a mejor, esperemos, aunque es difícil de saber). Mucho ánimo para los 10 años siguientes, ¡que yo te seguiré leyendo!

  3. Marta Says:

    ¡Felicidades! Espero poder seguir disfrutando de tus posts muchos años más. Hace un tiempo comentabas que eras de los que no decaían, y tenías toda la razón. ¡Un abrazo!

  4. Huelga de terrazas, dicen | Diariu de Guti Says:

    […] la nueva década refiriéndome a lo que en realidad es un coletazo de la ley sobre el tabaco, donde los mismos de siempre […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: