Archive for 29 mayo 2016

Soneto I, de Valderrábano

29 29UTC mayo 29UTC 2016

A veces mi profe cree que necesito mejorar con la mano derecha, y entonces me tortura mandándome aprender una pieza clásica. No se da cuenta de que tal como uso la izquierda debería torturarme pero con hierros candentes.

En realidad me encanta, porque yo, que leo bastante mal, me esfuerzo en aprender la música solamente leyendo, sin escuchar la original hasta después de que me sepa la pieza. Y me parece un milagro que una cosa que hizo un fulano en 1547 la esté tocando yo a fecha de hoy, y más aún cuando después de aprenderla escucho otras versiones y veo que sí, que estamos tocando lo mismo. Hoy por hoy es lo más parecido que existe a ser inmortal.

Bueno, pues este es un intento más. Para tocar (mal) esta menudencia de menos de un minuto tuve que estudiar tres semanas. Hoy veo el vídeo de la Gavotta y todavía no me explico cómo hice aquello.

Aquí se puede ver lo bien que suena mi Godin, y eso que está enchufada a un ampli prácticamente de juguete y no me preocupé del sonido en lo más mínimo.

Godin Multiac Ambiance, mesa de mezclas Zoom R16, amplificador Roland MicroCube. Grabado de ambiente con teléfono móvil.

 

Gilipolling

27 27UTC mayo 27UTC 2016

– ¿Así que haces running?

– No, no. Yo lo que hago es que a veces salgo a correr.

[P.D.: Hace unos cuantos años, eso de correr se llamaba unánimemente footing. Cosa que no existe ni siquiera en inglés. Así que en este tiempo los gilipollas han mejorado algo, hay que reconocerlo.]

 

Argumentos taurinos (II)

24 24UTC mayo 24UTC 2016

No dejan de sorprenderme. Y estos días, como están revolucionados, más todavía, porque me los encuentro por todas partes.

En El Mundo, dice un tipo: No al Toro [de La Vega], sí a la corrida.

Como no tienen argumentos dignos de tal nombre, ahora la estrategia del avestruz es desmarcarse, distinguirse, librarse por comparación. Se muestran sensibles, piadosos, animalistas, demostrando que en el fondo no son malos, que es que la tauromaquia es diferente, no esa barbarie que se ve por ahí.

Dice el tipo, un tal Javier Villán, que “no logra asimilar el Toro de la Vega junto al universo de la corrida y el arte de torear”. No creas que va a decir nada concreto para establecer la diferencia: va a soltar la palabrería vaporosa a que nos tienen acostumbrados. Como no pueden llamar al pan pan y al vino vino, dicen cosas como estética, corpus pictórico, literario y filosófico.

Pero luego, agárrate, que entra en algo concreto, sin querer, y la cosa se vuelve bufa. Dice Javier esto:

Ni [se puede identificar el Toro de La Vega] con el fascinante juego de la muerte entre un hombre y un toro. En el Toro de la Vega el único riesgo es para el toro. No tiene posibilidad de defensa. Y eso es una cobardía individual y colectiva. El torero, en cambio, se juega la femoral que el toro busca por instinto.

Ah. Así que la diferencia es que en la plaza de toros el toro tiene ocasión, supuestamente, de matar al torero; en el toro de la Vega, no. Dice él. No sé si se da cuenta de que ya esa manera de ver el mundo, ese argumento, produce náuseas, pero de todos modos no sé de dónde se lo saca, dadas las estadísticas de supervivencia de toros y toreros.

Curiosamente, uno de los que él sí considera torturadores, un tal José Antonio Rico Ovejero, que ostenta el honor de haber matado en 2001 a uno de esos toros de la Vega, dice:

Porque no hay fiesta si no se mata al animal. El aliciente es ese: estar allí abajo. Tu [sic] solo contra él. En su terreno. Solo tu inteligencia contra su bravura. Y le ofreces al animal lo más valioso que tienes: tu vida.

El argumento de Ovejero es, otra vez, de risa. “Su terreno”, dice. Echa un vistazo a cualquier vídeo de esos que algunos valientes de Tordesillas tanto se empeñan en ocultar, y dime si ese es el terreno de un toro. “Le ofreces al animal tu vida”, dice. Ojevero, al animal le importáis una mierda tú, tu vida y tu supuesta inteligencia; no la quiere para nada. Solo quiere comer hierba tranquilamente. Seguro que, lo que es por él, puedes meterte tu vida donde te quepa.

Pero volviendo a Villar… ¿en qué quedamos? ¿No había una ausencia total de peligro en el Toro, y esa era la diferencia con los nobles toreros y banderilleros y picadores? Dice Ovejero que en 1993 el toro lo dejó “clínicamente muerto durante tres o cuatro minutos. Me seccionó la femoral”. Según Villar lo de las femorales solo se estila en las plazas, donde no hay brutalidad ni nada.

Además de esa sandez, Villar tiene otras. Habla de los papas (¿?) y dice que los antitaurinos actuales quieren ser papas (¿?¿?) Luego dice esto contra los de la Vega:

Ante la imposible defensa de esa tauromaquia popular recurren al derecho de la tradición. La tradición no es inmutable ni sagrada

¡Exacto! Por fin estamos de acuerdo. Pero claro, entonces se vendría abajo su propio tenderete, así que añade la muletilla:

salvo aquella que define una cultura y contribuye a enaltecerla

¡Aaaaaahhh, bueno! ¡Entonces sí! Pero este hombre… ¿no se sentirá extraño escribiendo contradicciones con tanto descaro? ¿De verdad se puede engañar a sí mismo hasta ese extremo? ¿Se cree sus patrañas?

Yo sé perfectamente, y ya dije, que no todos los aficionados a la tauromaquia son brutos incultos y sádicos. Pero las cosas como son: abundan los que se hacen los cultos sin serlo, y sobre todo abundan los que… sí, me dan miedo.

Ante las manifestaciones culturales, haz una prueba. Imagínate el origen. Todo eso tan elevado, con códigos tan complejos, suele venir en realidad de algo primitivo, íntimo, casi orgánico.

La música culta sale de algo muy antiguo, muy instintivo y muy primitivo: el ritmo primero, y los cánticos después.

La danza, es evidente, sale del baile, de la expresión corporal. Muy ligada a la música, claro.

La literatura o el teatro vienen de algo también primitivo: contar historias.

La pintura y la escultura también las tenemos impresas en nuestra genética: cualquiera ha intentado garabatear en la arena, o pintar en una pared.

Ahora, pregúntate de dónde viene la tauromaquia. Cuál es la versión en bruto del toreo. Está claro: no es difícil rastrear ese instinto primario de putear a un animal, de destruir y de hacer daño. En muchos casos lo hacemos, y lo hacemos… porque podemos.  Si no lo hacemos es porque nos hemos enseñado a no hacerlo. Pero mucha gente no es así; mucha gente sigue dando patadas a las papeleras, o rompiendo los cristales si no hay nadie mirando.

Dime si no ves ese instinto aquí, por todas partes. En los gestos de desprecio, chulería, provocación, prepotencia, en el pavoneo de los taurómacos, de los jinetes.

En el abuso del donnadie venido a más, en el argumento de autoridad, en la impunidad del chulo que se cree algo.

Y en… ¿cómo calificar a toda esta gente que está alrededor de una vaca con una lanza para clavársela y ver cómo muere desangrada y aterrorizada? ¿Me vas a convencer de que les importa el sufrimiento ajeno? ¿Me vas a decir que no entiendes cómo pudo haber una guerra civil, cómo puede haber gente entre los antidisturbios que saque la porra y machaque cabezas de gente inocente, cómo podían hacer hace años autos de fe o linchamientos públicos? ¿Está esta gente muy, muy lejos de eso? ¿Necesita algo más que un uniforme, unas instrucciones, un pequeño argumento de autoridad para dejarse llevar?

No sé lo que ves tú. Yo no veo un grupo de gente disfrutando de una tradición. Veo una turba que me da miedo.

Y no, no se puede permitir que se salgan con la suya.

Argumentos taurinos

19 19UTC mayo 19UTC 2016

Pasó con el tabaco, y pasará con tantas otras cosas. Los argumentos estúpidos, digo.

Cuando hablas de un problema, tiene sentido traer otro a colación:

  • Si están relacionados, si forman un dilema. Por ejemplo, si hay que elegir entre gastar dinero en X ó en Y, pero no hay para las dos cosas, tiene sentido que cuando se está hablando de X menciones Y.
  • Para clarificar una postura en relación a otra. Por ejemplo, si hay un dilema moral X complejo, puedes traer Y como ejemplo para extrapolar algo.
  • Para reducir algo al absurdo. Si alguien sostiene X e Y, y ambas son contradictorias, cuando alguien argumenta sobre X puedes traer Y para poner de relieve la contradicción.

Pero lo que es estúpido es el argumento de “mientras no se solucione Y, no puedes quejarte de X”. Aunque X e Y no tengan absolutamente ninguna relación, no sirvan como ejemplo uno de otro, no sean contradictorios en absoluto.

El otro día leo a un tal Antonio Lorca, en El País, decir “Yo no soy un torturador“. Vamos a leer lo que pone.

No; yo no soy un torturador, ni un maltratador, ni disfruto con la violencia o la visión de la sangre.

Bueno, no creo que seas estrictamente un torturador, no sé si eres maltratador, pero es un hecho indiscutible que disfrutas con la violencia o la visión de la sangre, por lo menos en algunas circunstancias concretas.

¿Qué les escandaliza de la fiesta? Sin duda, la supuesta violencia contra el animal, la sangre derramada, la muerte real… Es verdad que una corrida de toros es un espectáculo cruento, siempre caro, generalmente incómodo, y, a veces, maloliente. Pero como la vida misma, solo que nuestra existencia está edulcorada por el buenismo imperante de lo políticamente correcto.

Yyyyyy ya estamos con gilipolleces.

Lo que nos escandaliza de la tauromaquia es la violencia contra el animal, sí. Punto. Pero no es supuesta, Antoñito. No me torees, si me permites la expresión.

Y luego dice: es verdad que es un espectáculo cruento, caro, incómodo, maloliente. Antoñito, todo eso nos importa una mierda, eso es un problema tuyo. Y cuando uno intenta desviar tanto la atención es porque no tiene argumentos mejores. Porque el siguiente paso es quejarse del buenismo o de la corrección política. Impedir la tortura de un animal no es corrección política, Antoñito. Pero no sé qué cojones es el buenismo, y sospecho que es un subterfugio para decir “bondad” de manera que parezca que la bondad es mala. Y si la bondad te parece mala, Antoñito, nos separan más cosas que la tauromaquia.

Pero espérate, que Antoñito continúa con esta lógica impecable:

Se ha escrito recientemente en este periódico que ‘las plazas de toros pronto serán mostradas por los guías turísticos como espacios donde antiguamente se celebraba una carnicería que algunos llamaban cultura’.

¿Las plazas de toros? Seguro que su autor no ha cruzado la carretera M-30 por el puente de Ventas, que cada noche es utilizado como dormitorio por un grupo de inmigrantes apiñados, mal vestidos y mugrientos. Sin duda, pronto, ese lugar será mostrado por los guías como un espacio en el que se hacinaban [sic] a miserables seres humanos mientras algunos lo llamaban solidaridad porque se les ofrecían unas mantas para justificar la mala conciencia colectiva. Pero los inmigrantes no dejan rastro de sangre en el puente, aunque su situación es un maltrato inhumano.

¿…?

¿…Qué…?

¿Qué coño quiere decir eso, Antoñito?

¿Que las plazas de toros tienen algo que ver con la pobreza? ¿Que quienes se oponen a la tauromaquia son más culpables de la pobreza que los taurómacos?

¿Hay algún dilema que se me escapa entre mantener la tauromaquia y erradicar la pobreza? ¿Sirve el puente de la M-30 de ejemplo para aclarar algo respecto al dilema entre entretenimiento y tortura animal? ¿Revela ese puente alguna contradicción con los argumentos de quien dice que no hay que hacer sufrir a los animales más de lo estrictamente necesario?

El tío sigue y habla ¡¡¡de los andaluces que están en lista de espera para ayudas a la dependencia!!! Se lanza a la denuncia social… ¿para defender la tauromaquia? ¿Dónde estoy, que me he perdido?

Además, ¿no quedamos en que el buenismo y la corrección política eran cosa de la bazofia antitaurómaca? ¿A qué viene ahora este arranque de sensibilidad?

Pero más adelante, tras unas cuantas gilipolleces más, dice Antonio:

¿Qué pasaría si desaparecieran las corridas de toros? ¿Seríamos mejores personas? ¿Viviríamos en un mundo más humano?

Te contesto, Antonio: , y . Seríamos obviamente mejores personas si no aceptáramos maltratar animales para nuestro entretenimiento, cuando tenemos tantísimas opciones para entretenernos y crear arte, infinitamente más que nunca en la historia.

Para terminar con su sarta de gilipolleces, Antonio Lorca cita a alguien, porque así se ve (cree él) lo culto que es. Es el otro argumento de los taurómacos: el de autoridad (que ni siquiera son conscientes de que es falaz). Pero el tío va y cita… a un torero de 1929 (eso sí, hablando en una universidad y en Nueva York, que así es todo la hostia de culto). Y decía el torero:

Cuando la humanidad esté en un grado tal de civilización que no quede ninguna crueldad, entonces sería cosa de hablar de suprimir las corridas de toros. Pero mientras los seres humanos hablen tranquilamente del número de hombres que cada nación puede matar en un momento determinado, hablar de la crueldad de las corridas de toros es ridículo.

Ahí está. El argumento gilipollas por antonomasia. Yo, mientras haya alguna injusticia mayor por ahí, puedo seguir cometiendo la mía impunemente; no necesito hablar de ella ni defenderla, mi coartada es la crueldad de los demás.

Antonio, entonces el 99% de los litigios son irrelevantes. Si a un familiar tuyo le roban el coche, ¿qué es eso frente al devenir de millones de personas que sufren de verdad? Pelillos a la mar, hombre.

Por cierto: muy interesante la supuesta conferencia del torero. Ahí se ve que efectivamente la violencia en los toros es “vista y no vista”, que miran para otro lado; y que ¿por qué torean los toreros? Por fama, y punto.

Poco después, leo otro artículo, estomagante y sobón, escrito por Paco Rego: “Los toros contados a una niña de 14 años por su papá torero“. Lo leo con interés. ¿Algo nuevo? No; la misma incultura, los mismos tópicos, la misma cobardía de siempre. Pero al menos, el tío (Joselito) admite:

Te haces adicto al riesgo. Y cuando dejas de torear te invade un vacío tremendo, no eres nadie.

Y más adelante, deja claras dos cosas de golpe:

Es algo generacional, si los jóvenes ven a los de su edad torear acaban entendiendo mejor. Si sólo ven y escuchan a mayores fanáticos que intentan humanizar a los animales, progres falsos de ciudad, filósofos raritos y juntaletras, esos que han montado toda esta historia, entonces los chicos se harán otra idea.

Traducido: hay que educar a la gente de pequeña para que se haga insensible a lo que hacemos, que es asqueroso. Los animales no son humanos, así que que se jodan. La gente culta que razona y por tanto no le baila el agua son para él “filósofos raritos y juntaletras”. Ni una palabra sobre los hechos claros y diáfanos.

El periodista lameculos, cómo no, trae otro tópico más de este tipo de escritos: los toreros y los taurómacos son gente cultísima. Mira, mira qué cosa más sorprendente, ¿no alucinas en colores?

No va con él el discurso de un torero al uso. A Joselito le interesa Carlo Magno [sic], lee a García Márquez, a Vargas Llosa, a Marguerite Yourcenar y hasta se atreve con la filosofía. “Nietzsche me ha dejado impactado, vaya tormento el suyo”, reconoce. Antes que el filósofo alemán leyó Cien años de soledad, la novela, según él, que le aficionó a los libros.

Hostia, tú, no lo sabía. Si lee a García Márquez, a Vargas Llosa, a Yourcenar y hasta a Nietzsche (¿filósofo rarito, juntaletras?) entonces ya es otra cosa, he cambiado de idea, y eso que no ha mencionado a Coelho, que entonces ya me caigo de culo. Como el periodista, un tío formado (¿rarito, juntaletras?) que nombra a Carlo Magno, que creo que era primo de Alejandro Magno, y dice que Joselito leyó Cien años de soledad antes de que lo hiciera Nietzsche, cosa muy normal, ya que Nietzsche murió 67 años antes de que se publicara la novela. O quizás es que el periodista no es ni siquiera juntaletras y no sabe escribir.

En fin. Al final llegamos al mismo sitio que Antoñito: que le preocupa más el sufrimiento humano. A mí también, no te jode. Y qué.

Amigos taurómacos: vamos a aclarar las cosas.

  • No os considero (no a todos y cada uno, al menos) alimañas sádicas y torturadoras que disfrutan estrictamente con el dolor ajeno.
  • No niego que torear se pueda considerar una manifestación artística. No deja de ser una forma de baile o de deporte. Yo puedo apreciar perfectamente el interés artístico del toreo. No me lo expliquéis.
  • Es una actividad en la que se ataca salvajemente a un animal prácticamente indefenso, clavándole hierros en distintas etapas, algunos de los cuales se le dejan colgando.
  • Sé que no veis este último punto, sé que os habéis acostumbrado a no verlo. Sé cómo funciona eso; yo mismo fui sometido al mismo proceso desde pequeño.
  • Solo hay que afrontar una pregunta: ¿se justifica destrozar un animal durante una actividad escénica o artística? No le deis vueltas; el dilema es ese. Yo opino que no; vosotros, seguramente, que sí. Hay gente que justifica la tortura policial, y otra que no; hay gente que prefiere criminales sueltos que inocentes encerrados, y gente que prefiere inocentes encerrados que criminales sueltos.

Lo que no se puede es dar vueltas sobre si el toro sufre o no, o echar cortinas de humo. Sed valientes, y decid que os gusta tanto el toreo que compensa el inconveniente de torturar al bicho. Es un argumento defendible y al menos tiene su lógica.

 

 

 

 

Las banderas autonómicas

18 18UTC mayo 18UTC 2016

El otro día decíamos que nuestro proetarra ministro de exteriores defendió que se pudiese ir a ver la cagarruta de Eurovisión llevando una ikurriña.

Ahora sabemos que no se va a poder llevar esteladas a la cagarruta de la final de la Copa del Rey de fútbol.

Me lo explique.

U séase, que tiene más sentido llevar una ikurriña a la final de Eurovisión que una bandera catalana a la final de la Copa del Rey, en la que juega el Barcelona.

Digo “me lo explique”, y Concepción Dancausa va y me lo explica. Al parecer, dice que el fútbol no debe ser un escenario de lucha política.

¿Me… lo explique?

Dice Dancausa, o el periodista, porque nunca se sabe, que esto se basa en la aplicación del artículo 2.1 de la ley del deporte, y que reza así:

la exhibición en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o se utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo

Las negritas las pone el periodista, supongo.

Repasa el texto pensando en tu bandera autonómica, porfa. O en la bandera española cuando juega la selección española.

¿Meloexplique?

¿Melosplique?

Si yo fuera catalán, ¿qué tendría que pensar?

Lo que dice Concepción Dancausa, y ya antes de que nadie pite al himno ni nada, ¿no es un delito de ultraje contra los símbolos del estado, o algo así? ¿Decir que una bandera incita, fomenta o ayuda a la realización de comportamientos violentos o terroristas?

El talento según Sempé

18 18UTC mayo 18UTC 2016

Cuando leí, de pequeño, El pequeño Nicolás, me gustó muchísimo. Creo que aprendí mucho de ese humor, que de alguna manera es humor inteligente. Y también me gustaban mucho los dibujos, que me parecían perfectos para esa historia. Así que soy un admirador de Sempé.

Y en una entrevista en Babelia dice un montón de cosas de lo más interesante. Y me gusta mucho porque desmitifica el genio, la inspiración, la predestinación… y dignifica el trabajo, la naturalidad. Los grandes hombres, en realidad, no son los que creen ser grandes hombres. Mira qué montón de perlas. No sé con cuál quedarme. Alguien que contesta así… piensa con claridad, desde luego.

P. ¿Cómo llegó al dibujo?

R. Era más fácil encontrar un folio y un lápiz que un avión o un piano Steinway, por citar mis demás pasiones. En realidad, estaba loco por la música. Especialmente por el jazz, que ha sido la música del siglo XX. Hubiera hecho cualquier trabajo, pero todo el mundo me rechazó.

[…]

P. Siempre ha sido un gran defensor de la bondad.

R. Pienso lo mismo que Vasili Grossman, el autor de Vida y destino. Tuvo una existencia infernal, pero al final de su libro afirma: “Solo creo en la bondad”. Yo diría lo mismo.

[…]

P. ¿Cree en la inspiración?

R. Solo cuando llega. Cuando no llega, dejo de creer en ella.

P. ¿Qué hace cuando no llega?

R. En realidad, solo cuenta el trabajo, por mucho que me fastidie. La inspiración hay que ir a buscarla.

[…]

P. ¿Por qué no le gusta la palabra obra?

R. Resulta demasiado pretenciosa. En el fondo, usted y yo no dejamos de ser personas corrientes. Cuando veo a un tipo que habla de su obra como si fuera La Gioconda, me entra la risa.

P. Es por modestia, entonces.

R. No, más bien por un deseo de ser preciso respecto a lo que pienso de mi trabajo. Llamarlo trabajo, oficio o incluso curro me parece bien. Cualificarlo de obra, no.

[…]

P. ¿Todos somos prisioneros?

R. Eso parece. Tanto si hemos elegido nuestra vida como si no. Pero no me haga hablar de estas cosas. Mejor pregúnteselo a Nietzsche o a Pascal.

P. Ya, pero están muertos.

R. Ah. Por eso nunca responden cuando los llamo.

[…]

Le contaré otra anécdota: mi músico favorito, Duke Ellington, que es un hombre que logró todas las recompensas y sedujo a todas las mujeres que uno pueda imaginar, solía decir, al final de su vida, que lo que había contado más era encontrarse en los brazos de su madre cuando era pequeño…

Alguien que dice tanto con tan pocas palabras, o con tan pocas líneas… no sé si es un genio, pero sí es un modelo, desde luego.

Ole el titular

10 10UTC mayo 10UTC 2016

Hoy la portada de El Mundo, tanto en papel como en web, tiene esta como noticia principal.

Entrega

Ole, ole y ole. Viva el periodismo.

Eso es lo que se llama ser aséptico, objetivo, limitarse a informar sin valoraciones personales. Eso es lo que se llama diferenciar claramente información de opinión.

Ole.

Corridas con buena impresión

9 09UTC mayo 09UTC 2016

La semana pasada vimos uno de esos ejercicios estilísticos del periodismo español. Todos los telediarios, una y otra vez, hablaban de una noticia al parecer interesantísima: que unos chinos vinieron a hacer turismo a España. La noticia tiene facetas relevantes, por supuesto; otra cosa es que haga falta repetirla una vez, y otra, y otra, y que haga falta ver cómo los reporteros de los programas marujiles se acercan a los chinos como si fueran idiotas en vez de chinos, y hagan a su vez el idiota con sus tópicos paletos.

Los telediarios se regocijaban, pues, en dejar claro con un orgullo incomprensible cómo los chinos iban a disfrutar de sangría, paella y toros. Claro: ¿a qué vas a venir a España si no?

Quienes estábamos viendo la televisión en una de esas múltiples exhibiciones de caspa patria nos indignamos un poco con todo aquel regocijo e insistencia con los toros. Decíamos: “Ya, pues quiero ver con qué cara salen estos de la corrida, después de que vean al bicho mugiendo y agonizando, cuando vean la sangre, la saña. Quiero ver si salen tan encantados como entran, o salen pálidos, desencajados y con ganas de vomitar. Eso no lo ponen, no.”

No nos dio tiempo ni a quejarnos; ya dijeron los intrépidos reporteros que era una corrida “sin sangre”. Que no había rayas pintadas en el suelo ni nada, porque no había picadores, ni banderillas, ni mataban al toro. Yo creo que nos indignamos todavía más. Ya que estamos con tópicos asquerosos, a aquella gente la estaban engañando… eso, como a chinos. No vieron una corrida de toros, no vieron eso que a los demás nos da asco; vieron un simulacro. El colmo de la hipocresía.

No; el colmo de la hipocresía lo pude leer en una noticia sobre cómo les salió mal el Mister Marshall a los del pueblo donde hicieron la corrida. Porque tuve que leer esto de boca de un torero.

[…] afirma el novillero Juan Carlos Benítez. Era su primera exhibición, “y ha sido bonita”, reconoce. No ha habido banderillas, ni sangre, ni muerte: “Se les enseña qué es el toreo, no queremos que se vayan con una mala impresión”, explica el matador.

A ver, señor novillero.

No hay banderillas, ni sangre, ni muerte. Pero dice que les han enseñado lo que es el toreo.

¿Qué diantres es el toreo, señor novillero?

¿De qué se avergüenza?

¿Por qué quitan los picadores y los banderilleros, la sangre y la muerte, y no quitan el paseíllo, el capote o cualquier otra cosa? ¿Cuál es la diferencia? Porque yo creí que no la había, que era todo arte, un arte que te cagas de zenzibilidá.

Repito: ¿de qué se avergüenza?

¿Por qué piensa que se llevarían una mala impresión si vieran una corrida normal, y entonces hacen esta pantomima?

Son preguntas estúpidas y obvias, ya lo sé. Pero es que siempre que hay un debate con los protaurómacos tiene uno que enfrentarse a argumentos estúpidos y obvios que nos quieren hacer pasar por aceptables y serios.

Así que para evitar una mala impresión esconden lo que en realidad hacen. Me parece absolutamente repugnante, hipócrita, miserable, rastrero. Saben que eso que hacen sólo lo tolera alguien a quien hayan enseñado desde pequeño a aceptar lo anormal, a ver torturar animales sin inmutarse; no un adulto formado y con mínimas capacidades de raciocinio y empatía.

Señor novillero, no volváis a pretender que comulguemos con ruedas de molino. Que ni somos chinos, ni somos idiotas.

Eso sí: los chinos, se diga lo que se diga, se han llevado una impresión bastante exacta de nuestro país. Un país en el que se llama maestros a los toreros, y cualquier otra cosa a los maestros. Un país que quiere dárselas de lo que no es. Un país que, aunque lo queramos disimular, en el fondo no ha salido de los años 60.

Gilad

5 05UTC mayo 05UTC 2016

Fai cinco años cunté equí cómo pude conocer en persona a Peter Bernstein, y ver una clas d’él.

Pues resulta que ayeri tocaba’n Xixón Gilad Hekselman. Si dixe que Bernstein ye ún de los guitarristas vivos de jazz más importantes del mundu… pues Gilad ye otru.

Y resulta que dos conocíos míos arreglaron una clas con él… y lleváronme d’intérprete.

Foi perinteresante ver cómo trabaya Gilad el tiempu. Pon el metrónomu (2 y 4, por exemplu), y cuando ta agusto con un tempu, pon el metrónomu a la mitá (namás el 2); y dempués a la mitá (el 2 ca dos compases). Va “quitando ruedines” a la bici hasta que se responsabiliza él de llevar el tempu. Además hai que trabayalo ensin movese ni marcar el tempu con ná (cuando toques faes lo que quieras, pero estudiando non, has d’interiorizalo tú). Paecío fai pa facese con compases irregulares; por exemplu va contando los tiempos del 5, pero marca colos deos de tres en tres. Cuando-y sal, marca ún de ca 3. Cuando-y sal, nun cuenta 5, cuenta el 1 (y sigue marcando colos deos ca 3).

En xeneral, la so filosofía pa estudiar ye que cuandu atopes dalgo que te cuesta, la “to mierda”, ye eso lo que tienes que trabayar.

Pero lo que foi ablucante foi el “contrapuntu”, la polifonía. Gilad dixo dalguna vez qu’él quería tocar la guitarra como el pianu, que envidiaba a los pianistas por poder tocar delles llínies a la vez. Y eso fai él cola guitarra. Púnxose a tocar la melodía de All the things you are, y a la vez tocaba una llínia de redondes (por supuesto, que fora melódica tamién, que quedara guapa cola principal, que nun hubiera unísonos…). Lluéu tocaba blanques, lluéu negres… Lluéu un patrón rítmicu… Dalgo imposible práuticamente pa tolos guitarristas que conozo. Pue facese fácilmente, claro… preparao. Non sobre la marcha como facía él.

Dempués foi el conciertu, el Contextual Trio de Petros Klampanis (con John Hadfield). Impresionante.

Asina que otra esperiencia increíble.

Prince

5 05UTC mayo 05UTC 2016

Después de Bowie, Prince. Tengo un amigo que debe de estar desolado. Y acaba de morir Ángel de Andrés López, un actor admirable.

Siempre he tenido un problema con Prince. En realidad lo tengo con toda la gente a la que califican de genios. Y más con los que se lo creen.

Alguien tiene que decirlo: Prince no es un genio de la guitarra. Por lo que he podido encontrar, lo que toca Prince lo toca cualquier músico de estudio solvente.

Por una parte, siempre he pensado que sí, que Prince era un gran músico. Por otra, siempre me pareció también un tipo canijo que quería llamar la atención y que la gente creyera que tenía superpoderes. Lo primero es ir por la vida de macho dominante, y a fe que lo hizo. Y luego está ir de misterioso, escribir raro los títulos de las canciones, cambiarse de nombre y ponerse un simbolito (que eso me pareció hasta molesto, y ya sé la teoría esa del conflicto con la discográfica por el uso del nombre, pero lo siento, no cuela).

Prince era un gran músico… pero no nos pasemos, tampoco. Por más que escucho su música, no veo nada del otro mundo en ella. Que sí, que tocaba muchos instrumentos, que era muy prolífico, que tiene canciones bonitas. Pero a mí me sigue resultando muy evidente, muy autoconsciente.

Hay una cosa en la que Prince sí era un genio: en montarse su película. En conseguir que mucha, mucha gente se lo creyera. En dominar el espectáculo. Prince era un enorme showman, era un genio en el arte de ser Prince. Prince es a la música lo que Apple es a la informática: hay un producto respetable, incluso bueno si quieres, pero luego están los seguidores de una religión, y contra eso no hay nada que hacer. El 20% de Prince es buena música, el 80% es fe. O eso me parece a mí.

Sinceramente, la música de Prince que he oído me resulta, en su conjunto (y esto es puro gusto personal, que nadie se ofenda), bastante peñazo. Vale que saques miles de canciones y tengas grabadas infinitas más  si quieres cultivar la imagen de genio creativo. Pero ser creativo no es cuestión de cantidad, sino de… creatividad.

Purple rain no está mal, pero no deja de ser una balada de alguien sobreactuando patéticamente. Kiss vale, pero no es para tanto. The most beautiful girl in the world es un pestiño. Prince siempre está engatusando, y le veo venir. Me está intentando demostrar todo lo que sabe y lo funky que es. Pero si vamos a lo que suena, a lo que es la música, me deja bastante indiferente.

Invariablemente, cuando leo algo de una actuación suya, de un solo legendario, de esto y aquello, voy, lo escucho y… nada. Puedes ver esta con Tom Petty, Steve Winwood y otra gente de esa calaña:

Si vamos a lo que suena, a la guitarra, lo que toca Prince lo tocan millones de guitarristas de nivel mediocre en todo el mundo. La gran diferencia, lo reconozco, es que no son Prince, y seguramente no luce igual. Y ¿qué es lo más llamativo de esa actuación? Que al final tira la guitarra al alto y no cae. Anda, chaval… vete a tomar viento. Llega otro y dice que si el solo de Just my imagination del Small club, y lo escucho y… pues del montón.

Creo que hay personas receptivas al espectáculo, a la impostación. Les gustan los realities, la ficción. A mí lo que me toca es la sinceridad, la verdad, aunque sea sencilla. Por eso es difícil que me guste Prince. Hay muy poca verdad. Si ves la actuación de arriba, yo veo unos cuantos músicos tocando con el corazón, y aparte un tipo con un sombrero colorado fingiendo patéticamente y dando de qué hablar, que en modo alguno está haciendo música con el resto, que le importan un bledo porque ha venido a hablar de su libro.

Conclusión: lo he intentado de verdad, y aun así, a mi parecer Prince no es que sea manco, pero no es un genio de la música. Ni de lejos. Ni de muy, muy, muy lejos. Si te gusta, te gustará mucho, y lo entiendo. Yo le veo el plumero, y me resulta irritante y, no pocas veces, ridículo.

Pero oye, que sí, que se deja oír.

Descanse en paz.