El talento según Sempé

Cuando leí, de pequeño, El pequeño Nicolás, me gustó muchísimo. Creo que aprendí mucho de ese humor, que de alguna manera es humor inteligente. Y también me gustaban mucho los dibujos, que me parecían perfectos para esa historia. Así que soy un admirador de Sempé.

Y en una entrevista en Babelia dice un montón de cosas de lo más interesante. Y me gusta mucho porque desmitifica el genio, la inspiración, la predestinación… y dignifica el trabajo, la naturalidad. Los grandes hombres, en realidad, no son los que creen ser grandes hombres. Mira qué montón de perlas. No sé con cuál quedarme. Alguien que contesta así… piensa con claridad, desde luego.

P. ¿Cómo llegó al dibujo?

R. Era más fácil encontrar un folio y un lápiz que un avión o un piano Steinway, por citar mis demás pasiones. En realidad, estaba loco por la música. Especialmente por el jazz, que ha sido la música del siglo XX. Hubiera hecho cualquier trabajo, pero todo el mundo me rechazó.

[…]

P. Siempre ha sido un gran defensor de la bondad.

R. Pienso lo mismo que Vasili Grossman, el autor de Vida y destino. Tuvo una existencia infernal, pero al final de su libro afirma: “Solo creo en la bondad”. Yo diría lo mismo.

[…]

P. ¿Cree en la inspiración?

R. Solo cuando llega. Cuando no llega, dejo de creer en ella.

P. ¿Qué hace cuando no llega?

R. En realidad, solo cuenta el trabajo, por mucho que me fastidie. La inspiración hay que ir a buscarla.

[…]

P. ¿Por qué no le gusta la palabra obra?

R. Resulta demasiado pretenciosa. En el fondo, usted y yo no dejamos de ser personas corrientes. Cuando veo a un tipo que habla de su obra como si fuera La Gioconda, me entra la risa.

P. Es por modestia, entonces.

R. No, más bien por un deseo de ser preciso respecto a lo que pienso de mi trabajo. Llamarlo trabajo, oficio o incluso curro me parece bien. Cualificarlo de obra, no.

[…]

P. ¿Todos somos prisioneros?

R. Eso parece. Tanto si hemos elegido nuestra vida como si no. Pero no me haga hablar de estas cosas. Mejor pregúnteselo a Nietzsche o a Pascal.

P. Ya, pero están muertos.

R. Ah. Por eso nunca responden cuando los llamo.

[…]

Le contaré otra anécdota: mi músico favorito, Duke Ellington, que es un hombre que logró todas las recompensas y sedujo a todas las mujeres que uno pueda imaginar, solía decir, al final de su vida, que lo que había contado más era encontrarse en los brazos de su madre cuando era pequeño…

Alguien que dice tanto con tan pocas palabras, o con tan pocas líneas… no sé si es un genio, pero sí es un modelo, desde luego.

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