Archive for 23 julio 2016

Yo alucino con este tío

23 23UTC julio 23UTC 2016

Ayer me encuentro esto en un escaparate de una librería.

Rvr rules

Este tío me tiene patidifuso. Todos los días.

Con toda la ayuda del mundo, aun así es el cuarto; ni medalla, tiene. Pero él cree que es Churchill. (No es extraño, con la cobertura que le dan la televisión pública y otras; hasta yo me creería guapo, listo y con melena).

De esa portada se extrae la suposición de que el rey va a pedir a un partido político que vote de determinada forma en el parlamento. Eso, de por sí, ya es verdaderamente acojonante y me deja sin palabras.

Pero es que esto es mucho, mucho, mucho mejor. Además de hacer eso… ¡lo va a hacer porque se lo va a pedir Rvr!

Todos los chistes sobre Chuck Norris, o los del Hormiguero sobre el hombre de negro, hay que cambiarlos. Aquí el capo di tuti capi es Rvr. El que inventó internet, descubrió la penicilina y ganó el mundial para España.

Ya no nos hace falta el club de la comedia.

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Android

22 22UTC julio 22UTC 2016

Pues ya he hecho mi primera aplicación en Android.

Y mi impresión final es:

¿OTRA VEZ?

¿OTRA VEZ?

A pesar del tiempo que lleva Android por aquí, no había programado nada por varias razones. Una de ellas, que era insufrible intentar ejecutar ese entorno de desarrollo. Mi ordenador era demasiado viejo. Y ahora que lo he renovado, me decidí a practicar un poco. Nada del otro mundo; una libreta de contactos corporativa. Una aplicación muy sencilla, que llama a un servicio web que le devuelve los contactos. La aplicación los presenta y permite buscar o llamar. Supongo que hay miles. Una sola pantalla, y además cedí a presentar la información componiendo HTML, que suele ser lo que me resulta más fácil. Además, esto ya lleva unos años por aquí, ya ha avanzado mucho, así que las herramientas tienen que ser ya muy utilizables, me dije.

Y viví el día de la marmota.

Primero: cuando vas a instalar Eclipse, resulta que ya no mola, que ya no le dan soporte y tiene que ser el Android Studio. No es que esté mal, pero está basado en IntelliJ y es un poco diferente y hay que adaptarse. Bueno, no pasa nada.

Hay que instalarse 1 GB de herramientas para empezar… y de ahí ir subiendo. No hablamos de modelado 3D; creo que nunca he usado una herramienta de desarrollo que ocupase tanto para un chisme tan pequeño y que hace tan pocas cosas. Pero bueno, no pasa nada.

La documentación es bastante mejorable. Tienes que andar adivinando. No hay hojas de ruta decentes para iniciarse, no hay una explicación de conceptos que te permita, a partir de ahí, orientarte. Te vas encontrando las cosas una por una, deslavazadas y sin previo aviso. Bueno, no pasa nada.

Quien desarrolló este sistema de programación decidió reinventar todas las ruedas posibles. Ya no son pantallas, ni diálogos; ahora son actividades. Por alguna razón, toda la historia del desarrollo de interfaces de usuario ya no vale, aunque esto no deje de ser un ordenador con una pantalla (pequeña) y un sistema operativo mucho más sencillo que los de escritorio. Además, hay un batiburrillo, un caos, sorprendente. Una appbar no es lo mismo que una toolbar, y una de las dos está obsoleta, o quizás no. Todo así. Pero bueno, no pasa nada.

Cuando empecé a programar aplicaciones nativas en Windows, vi que era extremadamente complejo, pero se entendía por qué; aquello eran palabras mayores. Ventanas, multitarea, asincronía. Cualquiera que, viniendo de la programación clásica en Pascal o C o COBOL o BASIC, leyera el Programming Windows, de Charles Petzold, que era la biblia del asunto (prácticamente la única fuente; recordemos, Internet no estaba en las casas ni en las empresas), se encontraba con bucles de mensajes (¿qué coño era aquello?), mensajes entre ventanas, hilos (sin tener realmente hilos), montones de tipos de datos, miles de constantes, prefijos para poder aclararse con los nombres de las variables… El Hola, mundo de Windows requería un montón de estudio y mucho código. Pero era comprensible; eras un pionero desarrollando algo como no se había visto antes.

De aquello han pasado casi treinta años (¡en informática!) Hace muchísimo que llegaron los objetos, lenguajes de programación nuevos, editores sensibles a la sintaxis (sí, amigos; no siempre han estado ahí), herramientas increíbles. Estamos en otro siglo, y eso en informática es mucho decir.

Sin embargo, una mierda de aplicación en Android vuelve a requerir el despliegue de una fontanería impresionante. Tienes que enlazar unos identificadores con otros, editar aquí y allá, crear una clase y otra y otra. Vuelves a emplear tu mente, tu tiempo y tu esfuerzo en aprender montones de cosas inútiles, no en desarrollar tu puta aplicación. En lo que se refiere a desarrollo, estamos como en los ochenta; tienes que volver a empezar, como si trabajaras en ensamblador. U enorme porcentaje de tiempo dedicado a cosas totalmente irrelevantes e improductivas.

Y no me lo podía creer. ¿Otra vez? ¿OTRA VEZ? ¿¡OTRA VEZ!?

Una aplicación en Android es… una aplicación de ventanas, con una sola ventana en pantalla, y en vez de en un ordenador estás en un teléfono, que es un ordenador con ciertos periféricos. Todo eso está inventado hace décadas. Hay una enorme experiencia acumulada. ¿Por qué se empieza desde cero otra vez?

Pero eso no es todo.

En Windows, Microsoft hacía verdaderos encajes de bolillos para manejar la compatibilidad entre versiones, y con hardware terriblemente variable. Aun así, todos vivimos el infierno de las DLL. Por suerte, se sacaron enseñanzas de aquello, y hoy en día ya apenas ocurre.

Entonces llega Android, y… es un absoluto desastre. Las aplicaciones funcionan, como funcionan, cuando funcionan (la mía, una sola ventana -perdón, activity– cutre, casca cuando pones el teléfono horizontal), pero reza si cambias de versión de Android. A cada nueva versión, toman decisiones drásticas, que no sé por qué no se plantearon en un principio, y tu aplicación deja de funcionar. En mi caso, la aplicación, además de poder llamar, identifica las llamadas (con un enfoque muy poco intrusivo) y también permite saber de quién es el teléfono que tienes entre manos (para autentificarlo contra tu servidor sin tener que pedirle nombre de usuario, por ejemplo).

Bueno, pues en Android 6 ya no funciona ninguna de las dos cosas. En Android 4, al instalar la aplicación decides darle permisos o no, y ya está. En Android 6 cambian algo tan fundamental como eso; ahora, al parecer, hay que dar permisos a la aplicación en tiempo de ejecución. ¿De verdad que algo tan fundamental como el esquema de permisos se está improvisando de esta manera? Hablamos de la versión 4.4.4, no de la 1.0. Por cierto, todas las aplicaciones release de Android tienen que ir firmadas. ¿No pueden establecer un sistema de confianza para los certificados, y que si el usuario sabe quién eres y se fía de ti, el sistema operativo te deje trabajar en paz? ¿De verdad que no pudieron pensar todo esto el primer día?

Pero bueno, no pasa nada. Si la rueda la reinventa Google, está todo bien aunque sea una chapuza miserable.

Transgénicos y nucleares

20 20UTC julio 20UTC 2016

Hace poco escribí aquí sobre un comunicado que criticaba muy duramente a Greenpeace. Y en los comentarios me hicieron ver que estaba equivocado respecto a los transgénicos, y me dieron valiosas referencias. He leído algo, y me falta por leer mucho más. Que un amigo me lleve a cambiar de opinión es de lo más estimulante intelectualmente que puede pasarme, y por tanto de lo más placentero.

Todavía no he terminado de darle vueltas a todo eso, ni de informarme. Me falta mucho. Pero antes de acabar, y antes de llegar a una conclusión, me gustaría hablar de otra cosa. De la energía nuclear.

Yo me opongo al uso de la energía nuclear, por varias razones. Y no es simplemente “porque no es natural” y me gustan las instalaciones de estética ewok, con ramitas y cuerdas y pieles de animales, por contraposición a la industria moderna y súper-artificial.

Aunque me oponga al uso de energía nuclear, sé bastante (bueno, “bastante” es relativo, claro) sobre ese asunto, porque me fascina. Antes de Hiroshima, de Diana Preston, es uno de los libros que más he disfrutado en mi vida (gracias al blog sé que lo leí en 2009 y otra vez en 2011). En su día leí informes enteros y muy detallados (de los oficiales, de los de verdad) sobre el accidente de Chernóbil, y llegué a entenderlos razonablemente bien (se me ha olvidado la mayor parte, claro).

Sabemos (la humanidad) mucho sobre la energía nuclear, al menos la de fisión; se podría decir que no tiene secretos. Es física “de la clásica”, de esa en la que se sabe lo que va a ocurrir. Cualquier físico puede decirte qué va a pasar exactamente con una cierta cantidad de cierto elemento en ciertas condiciones, con muchos decimales. Un átomo no es determinista, pero cualquier cantidad apreciable de ellos sí. Creo que hay pocas sorpresas en ese sentido. Puede que las primeras veces que un reactor se envenenó con xenón los científicos se quedaran rascándose la cabeza, pero hoy no.

Tenemos una teoría científica tremendamente sólida. Y no hace falta mucho más para aprovecharnos de esa teoría; podríamos decir despectivamente que el resto es ingeniería. No exactamente ingeniería sin desarrollar, como la que hace falta para aterrizar en Marte; solo hace falta fontanería, hidráulica, electricidad, metalurgia, construcción. El material fisionable libera enormes cantidades de energía, no produce (directamente) efecto invernadero,  y es bastante abundante. No es estrictamente renovable, pero incluso se pueden hacer trucos maravillosos para sacarle aún más rendimiento. Coño, es prácticamente magia.

Y sin embargo creo que no es el camino adecuado. Pese al conocimiento profundo que tenemos sobre esos fenómenos, hay inconvenientes para mí decisivos:

  • Las consecuencias de un accidente nos superan absolutamente; no necesariamente en escala, pero sí en duración. No hay prácticamente nada que podamos hacer, y se ha demostrado sobradamente. Chernóbil se achaca al esterotipo de los rusos torpes y brutos, pero eso es falso; los rusos nunca han sido gilipollas del todo (hoy en día subimos a la ISS en naves Soyuz). Three Mile Island no acabó como Chernobyl por pura chiripa (los que lo gestionaban hicieron poco más que sentarse a cruzar los dedos, y les funcionó). Y respecto a Fukushima… los japoneses son el paradigma de la eficacia y la prevención, y si te preguntas qué pasó allí, la explicación es mucho más sencilla que en Chernobyl: no fue un maremoto imprevisible, ni un fenómeno de exagerada fuerza destructiva, aunque lo hubiera. La causa real y directa fue un simple corte de luz (tal cual), y bastó para tres o cuatro fusiones de núcleo, pero es que el problema gordo fueron los “inertes” residuos de la piscina, materiales que no estaban fisionándose ni haciendo nada complicado. Una cosa caliente cubierta de agua. Y ya está; ya no se puede acercar nadie sin salir frito de allí.
  • La generación de energía es una actividad económica (y lo digo con tono despectivo), sujeta a criterios muy alejados de la ciencia. De hecho, muchas voces autorizadas afirman (y la experiencia parece demostrarlo) que la energía nuclear ni siquiera es rentable si se efectúa en condiciones adecuadas de seguridad y si se contabilizan adecuadamente sus costes.

Siendo estrictos, ni Fukushima ni Chernobyl son tan graves. Al fin y al cabo, mueren unas pocas personas, enferman otras pocas, y perdemos unos kilómetros cuadrados de edificabilidad. Bueno, confinamos todo aquello y ya está. Que el efecto sea simplemente medible globalmente no implica que sea letal, ni mucho menos. Podemos vivir con ello.

Y sí; es cierto. Podemos vivir con el Exxon Valdez o con el Prestige o con Bhopal. Es una opción. Yo, en materia de medio ambiente, soy conservador; eso es para mí ser ecologista. Creo que es fácil enmierdar los alrededores, y difícil limpiarlos. Por tanto, una mancha permanente como Fukushima tiene que ser absolutamente el último recurso. El medio ambiente no tiene recambio posible, pero nuestras circunstancias económicas cortoplacistas y nuestro consumo de energía sí. Y por otra parte es absurdo plantearse que podemos seguir creciendo en población exponencialmente, así que es de locos plantearse multiplicar la generación de energía exponencialmente, aunque se pueda.

¿Hay otros caminos respecto a la generación de energía? Pues sí. Me quedé perplejo cuando supe, en bachillerato, que el desplazamiento a través de una superficie equipotencial no consume energía. Eso significa que en teoría si vas de un sitio a otro que está a la misma altura no necesitas energía para llegar. En la práctica, obviamente, hay todo tipo de pérdidas y rozamientos; pero me surgió la pregunta. ¿Cuánta de la energía que emplea un coche es estrictamente necesaria? ¿Cuánto podemos mejorar la eficiencia de eso?

El proyecto Manhattan fue una aventura intelectual absolutamente apasionante, una verdadera proeza. ¿Qué pasaría si se dedicaran varios proyectos Manhattan a mejorar la eficiencia energética, a planificar nuestras ciudades y nuestra actividad económica? ¿O si se legislara duramente en contra de la obsolescencia programada y se dedicaran varios proyectos Manhattan a desarrollar un sistema global de reciclaje? ¿Cuánta investigación / ingeniería hacen falta para refrigerar un reactor nuclear con sodio, y cuánta para obtener plástico… a partir del plástico?

Podemos instalar reactores nucleares para multiplicar por 10 nuestra producción de energía. Pero ¿puede nuestra civilización funcionar consumiendo la décima parte de energía? Yo estoy convencido de que sí.

Hay otra cuestión importante. Los hechos son hechos, y se abordan con el método científico, y el principio de autoridad no vale; de hecho, el método científico es básicamente una forma de buscar la verdad evitando el principio de autoridad. Pero si tratamos de decidir si nos fiamos de una persona, o si creemos en promesas… no hay método científico. Y el principio de autoridad (los antecedentes de cada cual) sí que es un argumento, de los pocos que podemos manejar. Por eso hay que votar en las elecciones; decides si te fías o no, si tu instinto te lleva por un camino o por otro.

Todo esto no parece tener mucho que ver con los cultivos transgénicos. Pero por el momento no he encontrado quien hable mi lenguaje. No he comprobado aún que los biotecnólogos “sepan lo que están haciendo”, como se ha dicho aquí; no más que Enrico Fermi cuando consiguió su reacción en cadena. Y con el medio ambiente soy conservador; no es ignorancia, no es querencia por la tradición y por los trajes de campesino y las azadas. Es una decisión práctica. Que por desgracia no es, ni puede ser, científica; es una posición política, de las que se tienen que basar en la experiencia propia, la intuición, los criterios éticos.

No he decidido aún qué pensar de los transgénicos y de Greenpeace. Pero de momento sí sé lo que pienso de la energía nuclear y por qué. Si un físico nuclear me llamara asesino de pobres, retrógrado, anticuado o ignorante, me revolvería un poquito, eso es todo.

Dicho esto, continúo leyendo.

Greenpeace y los transgénicos

18 18UTC julio 18UTC 2016

Aborrezco la superstición. Y aborrezco las falacias.

Toda la vida se ha tachado a los ecologistas (me refiero a los ecologistas “serios”, no a los conspiranoicos) de alarmistas. Y toda la vida se les ha acabado dando la razón. La capa de ozono, el CO2, Aznalcóllar, el Prestige, el Ártico, la pesca abusiva.

Esto no significa que todo lo que se dice contra el progreso sea válido: los antivacunas, los chemtrails, las ondas electromagnéticas. Por eso estoy refiriéndome a los ecologistas serios. Cuando hablan los ecologistas serios, normalmente escucho, como mínimo.

Hace unos días se conoció una carta, firmada supuestamente por ¡109 premios Nobel!, diciendo una serie de cosas sobre Greenpeace y su oposición a los cultivos transgénicos. ¿Crees que Union Carbide cometió algún crimen contra la humanidad cuando su planta de Bhopal mató a miles de personas? ¿O que la iglesia católica es culpable de cometer crímenes contra la humanidad por su prohibición del uso de preservativos, entre otras muchas cosas? No, amigo: los premios Nobel insinúan que es el comportamiento de Greenpeace el que constituye un crimen contra la humanidad, y responsabilizan a la organización de las muertes de gente pobre en el mundo.

Este es un asunto bastante complejo, pero la firma de unos premios Nobel es más que suficiente para que la prensa tenga su material. Un tal Javier Sampedro dice en El País (Religiones del siglo XXI) que esto de la oposición a los transgénicos es una religión de nuestro tiempo, irracional e impermeable al argumento.

Pero en el siguiente párrafo, el tío dice:

Si algo hemos aprendido de los grandes debates científicos del pasado reciente, se refieran a las células madre o al cambio climático, a la privacidad de los datos genómicos o a los riesgos de la inteligencia artificial, a la deforestación o a las energías limpias, es que nunca hay más guía para el pensamiento que la mejor ciencia disponible. Gracias a eso hemos empezado a reparar el agujero de la capa de ozono en la Antártida, hemos vencido las resistencias religiosas a la medicina regenerativa y hasta hemos logrado que enmudezcan los negacionistas del calentamiento global.

U séase. Que se apropia el supuesto éxito  de la atención que se presta al cambio climático, a la deforestación, a las energías limpias, al agujero de ozono… que son precisamente logros de esos ecologistas supuestamente criminales, en contra de los negacionistas. Y con todo su paternalismo, sin un solo argumento, termina su artículo diciendo “Déjate de religiones. Entra de una vez en el siglo XXI y lee Materia“.

Verás, Sampedro. He leído el manifiesto de los científicos. Para empezar, esos premios Nobel lo son en Física, Química, Medicina y Economía. Basándonos en su premio, ni uno solo de ellos está especialmente capacitado para opinar sobre transgénicos. El primero de la lista, Zhores I. Alferov, es comunista, miembro del Partido Comunista ruso y diputado estatal. No sé por qué su criterio en transgénicos va a ser más válido que su criterio en política. ¿Te parece, Sampedro? ¿Nos volvemos comunistas? El segundo de la lista, Sidney Altman, es experto en biología molecular, y consiguió el Nobel por su trabajo en las propiedades catalíticas del ARN. ¿Sabrá algo de ecosistemas? Es más; no sería de extrañar que la mayoría de los firmantes fueran creyentes en alguna religión, si de eso se trata. Fíjate lo que vale su criterio (según tú).

Por otra parte, he leído otros argumentos. Culpar del hambre en el mundo a Greenpeace es estúpido. Culpar a Greenpeace de no querer aumentar la producción de alimentos es estúpido. Quizás deberías informarte tú sobre la verdadera importancia de la vitamina A, sobre el verdadero efecto del arroz dorado en la mejora de la producción agrícola, sobre la mejor forma de proporcionar comida a la gente. Este informe de Naciones Unidas (no de Greenpeace) dice que en 2013 el mundo ya producía calorías suficientes para alimentar al doble de la población mundial, y que el problema no era de producción, sino de acceso a los alimentos.

De todos modos, yo, que huyo de la superstición y de las religiones, estoy de acuerdo con Greenpeace en su oposición a los transgénicos, por varias razones. Pero no por religión ni por naturalismo zen new age. No creo que por comerme una manzana transgénica me vaya a poner malito, Sampedro.

Estoy en contra de un sistema abusivo de patentes y de monopolios por parte de grandes empresas, y sospecho que los transgénicos son simplemente eso. Pero sobre todo estoy en contra de que se altere alegremente el genoma de las especies, y por razones científicas: porque no tenemos ni puta idea de los efectos que una alteración genética puede tener en el ecosistema. Se han visto en el pasado efectos tan devastadores, y tan sutiles, en el equilibrio ecológico, de los cuales no teníamos la menor noción, que hay que ser extremadamente cautos. La dotación genética de los seres vivos actuales se ha depurado durante millones de años; introducir cambios a toda velocidad en el espacio de unos pocos años es algo que no tiene precedentes. La Naturaleza va a prevalecer, está claro, como prevaleció en el Cámbrico; pero no nos conviene vernos enmedio de un cambio medioambiental rápido. La conservación del medio ambiente para protegernos es la razón de ser del ecologismo, y Greenpeace está haciendo su trabajo (que incluye la lucha contra el hambre; Greenpeace hace por las personas pobres muchísimo más que todos esos premios Nobel).

Ni uno solo de esos 109 premios Nobel tiene la capacidad de predecir el efecto de un cultivo transgénico, ni de hacer simulación alguna sobre su seguridad. Que no vengan con falacias. Les han contado una película, se la han creído, y a los que no se la hayan creído seguramente han cobrado de Monsanto. Son personas, también mean y cagan.

Y sólo un periodista puede manejar a la vez un argumento de autoridad (109 premios Nobel) y hablar de ciencia, cuando la Ciencia, con mayúsculas, se opone absolutamente al argumento de autoridad.

EDITO: Se me olvidaba mencionar otro detalle. Culpan a Greenpeace de estar en contra de la “agricultura de precisión” o el “cultivo moderno de plantas”. Cuando utilizan eufemismos tan malintencionados como esos, ya se puede ver de qué pie cojean. Es indignante.

 

 

La solución para las ingenieras

2 02UTC julio 02UTC 2016

Hay pocas estudiantes de ingeniería. De ingeniería informática en particular.

Es un tema que me interesa desde hace mucho. En un JENUI hubo una ponencia hablando de esto… y la ponente era alemana. Es decir, que no se podía culpar al atrasado país ibérico ni al cerril macho patrio; en la avanzada, europea, moderna y civilizada Alemania las cifras eran iguales, si no peores.

No solo eso; pasa lo mismo en todo el mundo. Hay pocos fenómenos que resulten tan coherentes, repetidos en países distintos, culturas relativamente diferentes, de uno y otro lado del charco. Las feministas dirán inmediatamente que no; que todas las culturas donde hay estudios de ingeniería son un régimen patriarcal, y por tanto no es extraño que ocurra lo mismo en todas ellas. Pero el caso es que en este asunto no he encontrado más que suposiciones e hipótesis. Ni un razonamiento sólido. Cuando alguien llegaba con un estudio que supuestamente arrojaba luz sobre el problema (y algunos recibieron atención de la prensa) yo lo leía y me decepcionaba absolutamente. Bueno, esto daría para un artículo largo. De hecho, con un compañero acabamos escribiéndolo y presentándolo a un congreso.

El caso es que leo un par de artículos en El Mundo. Por supuesto, no se acuerda de las ingenieras en informática; es probable que la autora ni siquiera supiera que la informática es una ingeniería. Pero eso son los prejuicios de ella, no los míos.

Uno es un artículo… de YoDona, y se titula Así son las ingenieras españolas. El artículo menciona las típicas historias sobre malentendidos o casos concretos de machismo, pero por supuesto no arroja ninguna luz sobre por qué las mujeres no se matriculan hoy en día (es más; en el caso de informática la tasa de matriculación no ha ido aumentando, sino disminuyendo).

El otro, y también de YoDona, es aún más… interesante. Se titula ¿Operación biquini? No, operación neurona para las niñas. Si te preguntas a qué viene ese título, no eres el único; y si encuentras la respuesta, no dejes de decírmelo. ¿Neurona para las niñas? ¿Biquini? Alucino.

En este artículo sí se aborda el asunto de las campañas para favorecer la matriculación de mujeres en ingeniería. Y unos presuntos expertos de una empresa llamada Smartick dan unas pautas. Brillantes. Cosas como estas que cito (literalmente):

  • Que en los estudios se demuestre la aplicación práctica para su vida diaria.
  • Que entiendan que ser bueno en matemáticas te abrirá puertas en el futuro.
  • Complementar la enseñanza de las mates con juegos.
  • Enseñar que las ‘mates’ molan a todos porque ayudan a entender mejor el mundo.
  • Sin matemáticas no se tiene capacidad crítica sobre noticias o informaciones.
  • Actitud positiva hacia las matemáticas, que mejora con la tecnología.
  • No hablar mal de las matemáticas, no fomentar patrones de conducta.
  • Buscar la aplicación práctica de los números, por ejemplo, en las recetas de cocina.
  • Motivar a las niñas para que no se priven de oportunidades futuras.
  • Para evitar estereotipos negativos de su capacidad intelectual, como “las niñas son de letras, se les dan mal las matemáticas”.
  • Queremos que haya mujeres en los puestos de dirección y política, para lo que necesitan dominar las matemáticas.
  • Intentar estimular a las niñas a que realicen actividades de construcción, robótica…

Por una parte, cosas como “motivar a las niñas para que no se priven de oportunidades futuras” es tan útil como “motivar a los conductores para que no beban antes de conducir”. Ya, tú. Si hasta ahí llegamos todos. De esos puntos ¿cuántos son medidas concretas que se puedan llevar a cabo?

Por otra parte… desafío al lector a que en cada uno de esos puntos evalúe si tiene algo que ver con las niñas, o los niños con pene no necesitan que se les demuestre la aplicación práctica de las matémáticas, o complementar las mates con juegos, o que no se hable mal de las mates… Vamos, por qué eso va a ayudar a que las niñas se acerquen a la ingeniería. O por qué si se hace no va a conseguir que se acerquen más niñas pero también más niños varones, con lo que el efecto neto será nulo.

Y finalmente… me ha encantado en particular el ejemplo incluido en el punto 8. La aplicación práctica de los números… por ejemplo, en las recetas de cocina. Me pregunto por qué citan ese ejemplo en concreto hablando de niñas. Viva la eliminación de estereotipos.

Lo dicho: si alguna vez lees algo coherente, no obvio o no basado en suposiciones gratuitas, no dejes de decírmelo. Todavía no he encontrado nada.