Greenpeace y los transgénicos

Aborrezco la superstición. Y aborrezco las falacias.

Toda la vida se ha tachado a los ecologistas (me refiero a los ecologistas “serios”, no a los conspiranoicos) de alarmistas. Y toda la vida se les ha acabado dando la razón. La capa de ozono, el CO2, Aznalcóllar, el Prestige, el Ártico, la pesca abusiva.

Esto no significa que todo lo que se dice contra el progreso sea válido: los antivacunas, los chemtrails, las ondas electromagnéticas. Por eso estoy refiriéndome a los ecologistas serios. Cuando hablan los ecologistas serios, normalmente escucho, como mínimo.

Hace unos días se conoció una carta, firmada supuestamente por ¡109 premios Nobel!, diciendo una serie de cosas sobre Greenpeace y su oposición a los cultivos transgénicos. ¿Crees que Union Carbide cometió algún crimen contra la humanidad cuando su planta de Bhopal mató a miles de personas? ¿O que la iglesia católica es culpable de cometer crímenes contra la humanidad por su prohibición del uso de preservativos, entre otras muchas cosas? No, amigo: los premios Nobel insinúan que es el comportamiento de Greenpeace el que constituye un crimen contra la humanidad, y responsabilizan a la organización de las muertes de gente pobre en el mundo.

Este es un asunto bastante complejo, pero la firma de unos premios Nobel es más que suficiente para que la prensa tenga su material. Un tal Javier Sampedro dice en El País (Religiones del siglo XXI) que esto de la oposición a los transgénicos es una religión de nuestro tiempo, irracional e impermeable al argumento.

Pero en el siguiente párrafo, el tío dice:

Si algo hemos aprendido de los grandes debates científicos del pasado reciente, se refieran a las células madre o al cambio climático, a la privacidad de los datos genómicos o a los riesgos de la inteligencia artificial, a la deforestación o a las energías limpias, es que nunca hay más guía para el pensamiento que la mejor ciencia disponible. Gracias a eso hemos empezado a reparar el agujero de la capa de ozono en la Antártida, hemos vencido las resistencias religiosas a la medicina regenerativa y hasta hemos logrado que enmudezcan los negacionistas del calentamiento global.

U séase. Que se apropia el supuesto éxito  de la atención que se presta al cambio climático, a la deforestación, a las energías limpias, al agujero de ozono… que son precisamente logros de esos ecologistas supuestamente criminales, en contra de los negacionistas. Y con todo su paternalismo, sin un solo argumento, termina su artículo diciendo “Déjate de religiones. Entra de una vez en el siglo XXI y lee Materia“.

Verás, Sampedro. He leído el manifiesto de los científicos. Para empezar, esos premios Nobel lo son en Física, Química, Medicina y Economía. Basándonos en su premio, ni uno solo de ellos está especialmente capacitado para opinar sobre transgénicos. El primero de la lista, Zhores I. Alferov, es comunista, miembro del Partido Comunista ruso y diputado estatal. No sé por qué su criterio en transgénicos va a ser más válido que su criterio en política. ¿Te parece, Sampedro? ¿Nos volvemos comunistas? El segundo de la lista, Sidney Altman, es experto en biología molecular, y consiguió el Nobel por su trabajo en las propiedades catalíticas del ARN. ¿Sabrá algo de ecosistemas? Es más; no sería de extrañar que la mayoría de los firmantes fueran creyentes en alguna religión, si de eso se trata. Fíjate lo que vale su criterio (según tú).

Por otra parte, he leído otros argumentos. Culpar del hambre en el mundo a Greenpeace es estúpido. Culpar a Greenpeace de no querer aumentar la producción de alimentos es estúpido. Quizás deberías informarte tú sobre la verdadera importancia de la vitamina A, sobre el verdadero efecto del arroz dorado en la mejora de la producción agrícola, sobre la mejor forma de proporcionar comida a la gente. Este informe de Naciones Unidas (no de Greenpeace) dice que en 2013 el mundo ya producía calorías suficientes para alimentar al doble de la población mundial, y que el problema no era de producción, sino de acceso a los alimentos.

De todos modos, yo, que huyo de la superstición y de las religiones, estoy de acuerdo con Greenpeace en su oposición a los transgénicos, por varias razones. Pero no por religión ni por naturalismo zen new age. No creo que por comerme una manzana transgénica me vaya a poner malito, Sampedro.

Estoy en contra de un sistema abusivo de patentes y de monopolios por parte de grandes empresas, y sospecho que los transgénicos son simplemente eso. Pero sobre todo estoy en contra de que se altere alegremente el genoma de las especies, y por razones científicas: porque no tenemos ni puta idea de los efectos que una alteración genética puede tener en el ecosistema. Se han visto en el pasado efectos tan devastadores, y tan sutiles, en el equilibrio ecológico, de los cuales no teníamos la menor noción, que hay que ser extremadamente cautos. La dotación genética de los seres vivos actuales se ha depurado durante millones de años; introducir cambios a toda velocidad en el espacio de unos pocos años es algo que no tiene precedentes. La Naturaleza va a prevalecer, está claro, como prevaleció en el Cámbrico; pero no nos conviene vernos enmedio de un cambio medioambiental rápido. La conservación del medio ambiente para protegernos es la razón de ser del ecologismo, y Greenpeace está haciendo su trabajo (que incluye la lucha contra el hambre; Greenpeace hace por las personas pobres muchísimo más que todos esos premios Nobel).

Ni uno solo de esos 109 premios Nobel tiene la capacidad de predecir el efecto de un cultivo transgénico, ni de hacer simulación alguna sobre su seguridad. Que no vengan con falacias. Les han contado una película, se la han creído, y a los que no se la hayan creído seguramente han cobrado de Monsanto. Son personas, también mean y cagan.

Y sólo un periodista puede manejar a la vez un argumento de autoridad (109 premios Nobel) y hablar de ciencia, cuando la Ciencia, con mayúsculas, se opone absolutamente al argumento de autoridad.

EDITO: Se me olvidaba mencionar otro detalle. Culpan a Greenpeace de estar en contra de la “agricultura de precisión” o el “cultivo moderno de plantas”. Cuando utilizan eufemismos tan malintencionados como esos, ya se puede ver de qué pie cojean. Es indignante.

 

 

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8 comentarios to “Greenpeace y los transgénicos”

  1. Emilio José Molina Cazorla Says:

    Por primera vez desde que recuerdo, creo que has patinado bastante en un tema de opinión 🙂

    Voy a intentar resumir muy mucho un tema que es muy complejo, pero para el que te recomiendo que leas y sigas con atención a especialistas del tema y divulgadores en castellano como J. M. Mulet (http://naukas.com/autor/jose-miguel-mulet/), Rosa Porcel (http://naukas.com/autor/bioamara/) o Isabel López Calderón (https://cienciaenbulebar.wordpress.com/2015/01/20/lunes-26-de-enero-de-2015/). En sus múltiples charlas o artículos de divulgación te encuentras con que los transgénicos suponen, de facto, la primera vez que trasteamos con alteraciones genéticas sabiendo qué demonios hacemos. No sé si sabes que, hasta hace unas décadas (y no sé si todavía en la actualidad), la búsqueda de nuevas variedades se hacía (aparte de mediante cruces) irradiando semillas y viendo a ver qué salía de aquello. Es decir: con resultados totalmente incontrolables, de los que sólo cabía el azar para poder seleccionar alguna variedad a la espera de que no tuviera algún “efecto secundario” que diera problemas.

    Esto, con las tecnologías actuales de transgénicos, ha pasado a la historia. Actualmente, el proceso es más parecido al de la edición de un texto con un procesador, donde sabes exactamente qué cortas, de dónde, dónde lo metes y qué cambias y para qué. Tras tres décadas y decenas de miles de millones de animales (y varios millones de personas) alimentándose con transgénicos, no se ha observado ningún problema con los transgénicos que no tuviera ya la agricultura tradicional, y sin embargo sí conllevan mejoras de todo tipo: de rendimiento, de uso de recursos, de mejoras de características…

    Sumemos a esto el tema de que mucha gente desconoce que, para la agricultura actual, si se quiere plantar semillas de cara a la venta de cosechas hay que comprarlas certificadas (para poder estar cubiertos por seguros). El tema de si tienen patentes (que muchas “ecológicas” y tradicionales también las tienen, y no todas las transgénicas las tienen, vuelve a ser indiferente su carácter o no de transgénico) vuelve a no ser un motivo real para su lapidación.

    El único motivo para oponerse a los transgénicos hoy en día es el de la ignorancia, y lo digo sin ánimo de ofender y más con el de espolearte a que te acerques a los divulgadores e investigadores en la materia anteriormente mencionados, con quienes descubrirás muchas capas de información que suelen quedar cubiertas por toneladas de estiércol mediático sobre el tema, no pun intended.

    Los transgénicos no van a acabar con el hambre en el mundo, pero pueden ayudar, y mucho. A cuidar el planeta, a paliar las necesidades nutricionales en lugares donde su introducción supondría la diferencia entre la vida y la muerte para miles de niños, simplemente a buscar variedades más interesantes en determinadas zonas, a reducir el uso de pesticidas. En general, a todo lo que Greenpeace debería abrazar, en lugar de oponerse por motivos ideológicos más que científicos. Porque, al final del día, lo que están diciendo los Nobel no es “esto es bueno porque lo diga yo”, sino “por favor, atended a la abrumadora evidencia científica a favor de su uso”. Para eso no hace falta que sean Nobel, pero se agradece que den visibilidad a un problema que, de otro modo, hubiera sido probablemente una proclama incontestable de Greenpeace (a los que, por otro lado, tengo todo el respeto por otras campañas con fundamento real).

  2. guticr Says:

    Me alegro mucho de patinar en un tema de opinión 🙂

    Y me alegro mucho de que te hayas tomado el tiempo de escribir sobre ello y darme referencias. Me las estudiaré. Y si me hicieras cambiar de opinión me alegraría todavía más.

    Igual que rechazo el argumento de autoridad para los científicos, lo rechazo para Greenpeace, claro está. Ahora bien; dudo que pueda haber abrumadora evidencia científica sobre el efecto en el ecosistema de una planta resistente a determinada sustancia. Cosas mucho más inocentes nos han pillado por sorpresa tantísimas veces con efectos desastrosos… Creo que de ecología sabemos menos que de todo lo demás, a excepción del cerebro. Y la liberación de un organismo al medio ambiente no tiene marcha atrás.

    Como digo, repasaré los argumentos científicos. Pero hay unos cuantos síntomas “sociales” innegables: eso de “agricultura de precisión” o “moderna” son eufemismos muy obvios. Por otra parte, no veo un interés económico tras la postura de Greenpeace, mientras que en el caso de los transgénicos hay indicios evidentes. Y las afirmaciones que se tienen como ciertas, Greenpeace (y otros) las ponen en duda. Es decir, no sé cuál es la verdad; la buscaré; pero en algunos aspectos no creo que nadie la tenga, y sí creo que es falaz el argumento de que sin transgénicos habrá hambre. Dudo mucho de su necesidad.

    Greenpeace puede equivocarse, pero ofrece argumentos. Lo que sí que rechazo de plano (y que es lo que me movió a escribir en realidad) es que venga ese tal Sampedro a hablar de religión y a llamar descerebrado (gratis) a todo el mundo. Es una falta de respeto, aporta muy poco al debate, y de hecho a mis ojos le quita razón a su postura. Si cambio de idea, será a pesar de gente como Sampedro, y a pesar de esos premios Nobel. Quizás Naukas lo consiga 🙂

  3. Emilio José Molina Cazorla Says:

    Pues como te decía, creo que te sorprenderás. De varias cosas sobre la tecnología de la que disponemos, de los estudios de los que disponemos (aquí ese “no sabemos” suele ser más un “no sé”), e incluso del propio funcionamiento de Greenpeace y sus intereses, que los tiene, en batallar en ciertos campos más que en otros en determinados países según sus apoyos gubernamentales. Todo este tipo de cosas, y muchas, muchas más, en los señores de los enlaces 🙂

    Desde luego, siempre vamos a encontrar gente que apoye o denigre causas por motivos inadecuados o con argumentos incorrectos. Hace tiempo que intento huir de quién dice qué (Greenpeace, Mulet o el Papa de Roma) y voy a tratar de averiguar el consenso existente en el campo en cuestión, tratando de encontrar las opiniones de gente que esté al pie del cañón con el asunto. Y ahí, sobre todo si tienes la suerte de que sean personas accesibles por redes sociales y puedes preguntarle dudas, te pueden aclarar muchos malentendidos y, en mi caso, hacerme ver que la complejidad del asunto (y no hablo de la técnica, sino más bien la de intereses políticos) va mucho más allá de la aparente “transgénicos buenos/malos”.

    En fin, te recomendaría seguramente comenzar por la charla del “Bulebar” del último enlace, y desenmadejar a partir de ahí 😉

  4. srmafias Says:

    Pues venía a decir lo que ya te ha contado Emilio José, así que casi que me lo ahorro. En Naukas, oyendo hablar a Mulet y compañía estoy seguro de que poca duda te quedará.

    No te quita razón en como trata el periodismo las cosas, o de la sempiterna falacia de autoridad de “lo han firmado X premios nobel” – como el Nobel zumbado aquel que decía que el VIH era un cuento-, o de los usos partidistas de la información.

    Pero en el ámbito científico, creo que el negacionismo de los transgénicos equivale al miedo a “las ondas del wifi” o a los chemtrails. Una cosa es el principio de precaución, loable y necesario, y otra cosa que tras 30 años de investigación científica regulada y muy rigurosa estemos así…
    Como nota, aunque será lo primero que leas si echas un ojo a las fuentes que te ha dado el amigo Emilio, la patente del famoso arroz dorado está liberada, se financió con fondos públicos y se investigó en universidades. Si se patentó y se hizo libre fue precisamente para evitar el uso abusivo ultraliberalista del mismo por corporaciones como Monsanto y derivadas: es un regalo de la ciencia hacia los más desfavorecidos: luchar desde dentro del propio sistema.

    La respuesta de Greenpeace, que será muy de alabar en otras campañas, es directamente de risa, diciendo que los mangos tienen más vitamina A. La referencia a María Antonieta y su “si no tienen pan, que coman pasteles” se me antoja más que necesaria…

    Resumiendo: transgénicos sí, por favor, siempre que se mantengan unas reglas y condiciones supervisadas. Como bien comentan por ahí, por primera vez en mucho tiempo _sabemos_ científicamente cómo se está mejorando la comida, y tenemos mediciones exactas. El salto es el mismo que de pasar a consumir corteza de sauce a tomar una aspirina: controlar exactamente la dosis y los efectos secundarios. Lo demás es la mentalidad anti-química de “como es natural será mejor”. Miedo le daría a la gente saber cómo se llegó a la variedad de trigo con la que hacemos el pan hoy día…

  5. Transgénicos y nucleares | Diariu de Guti Says:

    […] Les mis opiniones y les mis llocaes « Greenpeace y los transgénicos […]

  6. Juan Carlos Casillas Says:

    ¿Quién realmente abusa de la falacia de autoridad?
    A lo largo de los años, Greenpeace se ha ganado la confianza de una parte de la población en base a su defensa a ultranza de algunas causas ambientales. Por otro lado se mueve en el ámbito de la política, donde los matices muchas veces se pagan con desafecciones. Yo sin embargo llevo algunos años escandalizado de la inconsistencia de sus argumentaciones, muchas veces indefendibles y siempre sin modestia, arremetiendo a trapo a cualquier argumento a favor de esta tecnología. Siempre negando la mayor y aceptando acríticamente cualquier argumento o persona en su contra.
    En cierta forma contrapondría lo que yo llamaría una “falacia” de credibilidad a múltiples “falacias” de autoridad. Solo por seguir utilizando esta terminología. Y cuando contrapesamos unas con otras ¿a qué conclusión llegamos?. O al menos a cual creo yo es razonable llegar.
    Greenpeace ha utilizado su credibilidad para desacreditar a autoridades judiciales como cuando defiende al agricultor condenado por producir sin autorización semilla de una variedad transgénica con patente alegando que su parcela se había contaminado hasta un 98% con polen de parcelas vecinas. Caso Schmeiser.
    Greenpeace ha utilizado su credibilidad para desacreditar a autoridades científicas como cuando otorga verisimilitud a investigaciones sin la adecuada metodología científica, incluso después de las denuncias en ese sentido de al menos cinco academias científicas francesas en el caso Seralini. O como cuando arremete contra la imparcialidad de las autoridades europeas responsables de evaluar los nuevos eventos antes de ser aprobados. Como cuando califica un informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de ciencia-basura y la acusa de violar su mandato.
    Greenpeace ha utilizado su credibilidad para desacreditar a autoridades agrarias españolas sembrado las dudas o ridiculizando muchas de las manifestaciones o informes de estas.
    Greenpeace ha utilizado su credibilidad para desacreditar a grupos de investigadores encargados de emitir informes de revisión de los estudios de impacto de la tecnología, cuando los ignora en su análisis y se refugia en informes mucho menos relevantes que considera se manifiestan a su favor.
    Greenpeace ha utilizado su credibilidad para desacreditar a los agricultores y técnicos que en general defienden la agricultura tecnificada tratándolos como menores de edad que se dejan engañar por las malvadas compañías internacionales y no rigiéndose por su conocimiento del sector, por sus propias experiencias, por el sentido común y su propia inteligencia. Greenpeace apuesta unívocamente por la agricultura orgánica, que curiosamente es la única que se utiliza en muchas partes de África, el único continente que apenas ha visto incrementar sus rendimientos en los cultivos básicos en los más de 60 años que van desde la fundación de la FAO.
    Greenpeace sistemáticamente utiliza su credibilidad contra todo aquel que argumenta en alguna forma a favor de los OGMs.
    En todos esos casos siempre hay alguien que esgrime que se incurre en una “falacia de autoridad” cuando uno da más verisimilitud a los argumentos de los criticados por Greenpeace. Con cierta prudencia, uno llega a pensar que puede estar equivocado y que las propias certezas y las afirmaciones de la autoridad del caso o el experto no son las correctas. Pero cuando esto pasa constantemente y en todos los conflictos uno llega finalmente a la convicción, por puro cálculo de probabilidades, que el que no juega limpio es Greenpeace.

  7. guticr Says:

    Juan Carlos: es posible que Greenpeace se equivoque, claro que sí. Y si utiliza su credibilidad como dices, tiene un problema: la credibilidad se gasta. Si la utiliza erróneamente, un día la perderá.

    Me permito señalar que si Greenpeace trata a otros como menores de edad, en eso no es diferente de otras partes; recuerda el motivo de mi artículo. Si me opongo a los transgénicos, me dicen que estoy siguiendo una religión del siglo XXI, debería informarme, soy poco menos que un comprador de homeopatía. Ese pecado del paternalismo lo está cometiendo mucha gente; a veces con toda la razón, a veces sin ella. Somos humanos.

    No puedo contradecir tus argumentos sobre los casos concretos que citas, sobre este u otro informe. Sí te agradezco mucho esas aportaciones, porque quien las lea puede informarse sobre esas referencias. Supongo que cada uno de esos casos será muy, muy complejo en sí mismo, e incluso dará lugar a litigios que solo el tiempo permitirá dilucidar.

    Los fines y el papel de Greenpeace son relativamente claros; es “abogado defensor” de la naturaleza, y no es raro que luche con sus recursos o incurra en los mismos pecados que cualquier abogado defensor. Pero en este asunto de los transgénicos yo todavía no he llegado a la conclusión de que haya una verdad clara, y eso siendo racionales y estrictos como intento ser siempre. Cuando el columnista de las “religiones del siglo XXI” me dice que la evidencia científica es abrumadora y ya no queda resquicio de duda, yo no lo acepto sin más. Efectivamente, tengo que informarme.

  8. Emilio José Molina Cazorla Says:

    Esto te puede ayudar en ese sentido: http://jmmulet.naukas.com/2013/11/15/greenpeace-y-la-semilla-de-la-desinformacion/

    Es sólo un pequeño capítulo de otros muchos con muy mala pinta. A sumar a lo anterior, aunque no me consta que tengas Twitter, puedes darle un repaso a #MitosTransgénicos, donde hay toneladas de referencias de malas concepciones sobre el asunto (y por qué lo son), por varios divulgadores de la materia.

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