Están desesperados

Seguro que entre los taurómacos hay algún hemofílico. Algún aparejador. Y algún transexual. Claro, eso no significa que los taurómacos sean hemofílicos, aparejadores y transexuales.

Si el párrafo anterior te parece una sandez, por obvio, lo es. Pero Zabala de la Serna ha escrito una sandez mayor: ha escrito que los taurómacos de hecho son hemofílicos, aparejadores y transexuales.

Bueno, ha escrito el equivalente:

Los antitaurinos se retratan con sus bilis. Sobre un muerto, una viuda y un niño enfermo.

Los taurómacos están francamente desesperados. Primero se jactan, con supuestos estudios de estudiosos listísimos, de generar nada menos que el 0,16% del PIB, Ortega Cano sube la apuesta (aunque no sepa muy bien de qué está hablando), sesudos expertos dicen que los toros son “el acontecimiento cultural que más ingresos proporciona a Hacienda” y que ellos subvencionan a la Administración [sic], presumen también de que la asistencia a la tauromaquia se dispara aquí y allá…

Sin embargo, obviamente es todo mentira, y en realidad exigen que se les reduzca el IVA, denuncian que esto se hunde, que Cristina Cifuentes tiene la culpa de todo, que no va nadie a las corridas y que quieren más subvenciones, pero sin pedirlas. Que quieren que se meta en esto a los niños desde pequeñitos, porque convencer a adultos racionales es más difícil, ni siquiera a los tontos y snobs, y con esos no llega para sostener el tinglado.

Cuando uno miente tanto y tan mal, con mentiras que solo satisfacen a los ignorantes, es que está muy desesperado. Pero después vienen cosas aún más patéticas: el insulto y la rabieta. Por ejemplo, la trayectoria del columnista Zabala de la Serna despreciando a los discapacitados que hacen deporte, o sacando a colación manidas tonterías sobre el nazismo a falta de argumentos reales. También resulta patético hacerse el digno, demostrar no sé qué pureza de sangre marcando distancia con otras formas de torturar a los toros.

Pero ahora vamos ya al colmo de la desesperación. Y el colmo de la desesperación es recurrir a niños para lavar tu imagen.

Primero, buscas un niño con cáncer y te aprovechas miserablemente de él haciendo una corrida benéfica y enseñándola mucho en los medios. Claro, si te atreves a criticar algo como eso es que eres un indeseable. Dices “cáncer”, o “niño”, y todo el mundo quieto parao, con que no digamos si están las dos cosas juntas. Bueno, supongo que al niño, con todo, le ha hecho ilusión. Y luchar contra el cáncer siempre está bien, y agasajar a un niño también; pero torturar a un animal siempre está mal.

Eso ya es estar desesperados y jugar sucio. Pero luego, de entre todos los millones de tweets que habrá, es absolutamente seguro, al 100%, que encontrarás gilipolleces o insultos escritos por alguien sin dos dedos de frente que escribe antes de pensar. Coges uno, y lo conviertes en titular (para algunas cosas siempre hay sitio en los periódicos), y te pones de víctima y metes a todos tus adversarios en el mismo saco. (Esa operatoria no te la aplicas a ti mismo, claro; es solo para los demás).

Es absolutamente patético, y solo funciona para gente muy estúpida. Pero hay mucha. Así que objetivo conseguido.

Están realmente desesperados. Pero representan lo más inculto, lo más bajo y lo más simple de nuestro país. Y desgraciadamente tenemos mucho de eso, así que su mensaje sigue calando más de lo que debería.

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