Los premios de la cultura

Para ganar cierta notoriedad, tienes dos caminos. Uno es hacer algo. Otro es premiar a otro que lo haga.

Los premios, en cierto sentido, son un chollo. Tú intenta construir algo interesante, esfuérzate, invita a gente importante para que se sume y colabore, y es probable que no te hagan ni puñetero caso.

Sin embargo, cambia de estrategia y dales un premio, que solo tengan que venir a recoger. La vanidad humana juega a tu favor. Ponles un buen cebo, canapés para la prensa, y es probable que todos vengan. Ya tienes la promoción conseguida. Te costará un dinero y puede que un cierto esfuerzo, pero nada comparable con el esfuerzo de hacer algo tangible. En vez de hacer, reconoce lo que supuestamente han hecho otros, y ya está. Cualquier revista de medio pelo lo sabe.

No es de extrañar que en Asturias seamos muy de premiar; hoy en día, eliminado el carbón y casi el acero, y dado que no nos ha dado la gana lo de la tecnología excepto exportando ingenieros en informática (ruinosa exportación, por cierto, porque solo beneficia a los demás), nuestra principal exportación son premios.  Es lo único que nos pone en las noticias. Y no digo yo que esté mal del todo, ni desmerezco el trabajo de los premiadores, que creo sinceramente que tiene su mérito (traer a un famosete es fácil y se hace solo, traer a famosazos puede ser bastante más difícil).

Se ha armado un gran revuelo porque el Ayuntamiento de Oviedo ha dejado de subvencionar, por valor de 260.000 €, los llamados Premios Líricos (aunque en las bases, no sé si con ánimo de aclarar, plantean en el mismo párrafo tres nombres distintos; el que lo entienda, que me lo explique).

Se ha armado revuelo porque dicen que el Ayuntamiento torpedea la cultura, ya de por sí maltratada; que asocia la ópera con la derecha o con el elitismo; se dice que un joven melómano ha iniciado una recogida de firmas… en fin, muchas cosas. Yo no tenía una opinión clara sobre esto, y he estado pensando. Y he llegado a una conclusión seguramente equivocada.

En estas airadas protestas no se habla mucho de cómo el Ayuntamiento es, de hecho, el último patrocinador que retira su apoyo; que aparte del Ayuntamiento los únicos patrocinios que quedaban sumaban 33.000 €, según La Nueva España “la mayoría de ellas contratas municipales como La Auxiliar de Recaudación o Aqualia”. ¿No es esto motivo de escándalo en sí mismo? Ah, tampoco se habla mucho de la situación de estrechez que plantea el pago  del regalito que los anteriores regidores, excelentes gestores ellos (o eso se dice siempre), dejaron con Villa Magdalena.

En el mismo artículo se explica que solo el coste de presentadores y técnicos de la gala de entrega rondaba 75.000 €. Porque no olvidemos eso; los premios no eran tanto una actividad cultural (“hacer”) como una mera gala de entrega (“premiar”; eso sí, parece ser que con concierto, pero no mucho, no vaya a ser que moleste a algunos asistentes). 260.000 € de dinero público (más las pérdidas que iba acumulando) fundidos en un par de horas (sin desmerecer los méritos de los premiados, que seguro que en teoría merecen eso y más). No sé cuánta gente cabe en la gala, cuánto beneficio real había para la cultura ni cuánto ayudaban los premios a acercar la ópera a la gente. No sé cuál era el impacto cultural de esos premios en el contribuyente. Y no lo sé porque nadie ha hablado gran cosa de eso.

De todos modos, creo que tienen razón quienes se oponen a su desaparición; creo que lo que hay que hacer es reformularlos. En vez de tanto premiar, vamos a hacer. Me explico.

En primer lugar, se limitan los premios a intérpretes; es duro no reconocer el trabajo de directores de escena, o no premiar una carrera completa que nos apetece y es merecido, pero es lo que hay. En vez de dar 8 premios distintos con dotación económica, damos solamente tres premios: primero, segundo y tercero.

En vez de ocho premios de 6.000 € más estatuilla, el primero serán 4.800 €, el segundo 3.200 €, y el tercero 1.600 €. Ojo; creo (no estoy seguro) que los premios líricos no están sujetos a retención, porque tienen la forma de subvenciones a actividades artísticas. Los nuevos premios que propongo aquí estarían, por supuesto, sujetos a la retención fiscal que corresponda.

En vez de limitarse a recoger el premio (que es la única obligación que hasta ahora tenían los premiados de la ópera), los candidatos (no los premiados, sino todos los candidatos) darán un recital público de media hora, trayéndose su propio acompañamiento por su cuenta, en la ubicación y circunstancias que determine la organización (que pone el backline; si quieres un piano, te lo traes tú). Habrá 21 candidatos, con lo cual se garantiza que los ciudadanos que pagan los premios tendrán acceso, durante unas cuantas horas, a ópera hecha en directo. Tras las 21 actuaciones, los cinco finalistas pasarán a otra ronda final donde volverán a actuar.

El ganador, además, se compromete a actuar, gratuitamente, al menos una vez, en la edición siguiente de las fiestas de San Mateo. Todas las fechas y horarios de actuaciones los fijará la organización.

¿No es esta la forma de demostrar que la ópera no es elitista? En vez de una gala de entrega a la que asisten unos invitados privilegiados, que se despacha en un par de horas gastando 260.000 € de dinero público y otros 33.000 € de empresas vinculadas sospechosamente como contratistas al Ayuntamiento, se organiza todo un ciclo de conciertos, que ayudan a conformar las fiestas de este año y del siguiente, con un presupuesto total de menos de 40.000 €. Un poco menos de premiar, y más de hacer.

¿Les parece imposible esto a nuestros intrépidos recogedores de firmas? ¿Les parecen condiciones draconianas para los músicos? ¿Les parece un insulto a la nobleza del bel canto?

Pues esas condiciones y ese presupuesto son exactamente los del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo.

Con 260.000 € se puede organizar (bajo estas condiciones, que no niego que son discutibles) un concurso de rock, otro de jazz, otro de música tradicional, otro de música clásica, otro de música coral, y por qué no, otro de cantantes de ópera. Hablaríamos de más de 60 horas de música en directo y de 120 grupos o intérpretes noveles, sin contar las finales ni los conciertos de los ganadores. Y todavía sobrarían 20.000 €.

Pero si no te gustan estas condiciones con tanta gente tocando gratis, en vez de 6 concursos organicemos 4 con el mismo presupuesto. Tendríamos disponibles 80.000 € más, con lo que podríamos pagar a los músicos participantes un caché del orden de 1.000 € por media hora. Muchos músicos profesionales matarían por participar ahí. Con los otros 20.000 € que sobraban paga las actuaciones de los ganadores el año siguiente, y redistribuye un poco los cachés para que los premios sean más sustanciosos. Todo esto ayuda a poner en perspectiva lo que son 260.000 €.

Me encanta la ópera, sé que es cara, estoy a favor de promover su conocimiento y disfrute. Pero cuando los defensores de la cultura se levantan en armas por la desaparición de los premios, tendrían que explicar un poco mejor por qué hay que gastar 260.000 € exactamente de esa manera. La ópera no es elitista, pero esa forma de gastar dinero quizás sí lo sea.

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Una respuesta to “Los premios de la cultura”

  1. Más sobre cultura y fiestas | Diariu de Guti Says:

    […] Por ejemplo, este. ¿Te acuerdas de cuando me dio por echar cuentas sobre concursos musicales y premios varios? […]

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