No sin sangre

En muchas ocasiones los taurómacos explican que no son violentos, que la cosa va de arte, que la sangre es algo colateral. O se enfrascan en extraños argumentos sobre si al toro realmente le duele o no lo que le hacen, y hasta algún presunto veterinario han sacado diciendo que no, que no le duele y no sé qué otras cosas de los reyes magos.

El otro día he vuelto a ver un artículo con… opiniones. En las que queda claro que, como sabíamos todos, todo eso son paparruchas. Quieren destripar al bicho, y quieren hacerlo de verdad. Sin sangre no hay baile ni arte ni hostias.

Lo más ligero del artículo es cuando un extranjero listísimo, un tal Jean Louis Personne, presidente del Club Taurino de Milán, elude la cuestión con el típico argumento de gilipollas, ese de que hay cosas peores en el mundo, como aquello de “¿por qué te molesta que yo fume pero no dices nada del humo de los coches?”:

¿Por qué no se prohíbe a los niños la visión de toda la violencia que hay en la televisión, en las películas o en la videojuegos?

Pero por suerte no todos son tan oblicuos. Otros son sinceros y directos, y es de agradecer por una vez. Mira lo que dicen:

Eliminar sangre del toro es la antesala de la desaparición de la tauromaquia

El problema no es la visión de la sangre, sino la emoción del toro. [¿?¿?]

…la violencia inherente a él [al juego de vida y muerte blablabla], y que es precisamente la que le da sentido

Creo que esta corriente animalista olvida, en muchos casos, el ciclo natural de la propia vida [dice un torero]

Es decir: la violencia no es un efecto colateral indeseado. La violencia es la que le da sentido al toreo. Por fin nos quitamos las caretas y nos dejamos de chorradas y de pamplinas. (Por cierto, para el torero citado el ciclo natural de la vida, lo natural para él, es que un ser humano se divierta clavándole cosas a un herbívoro).

Si lo quieres más claro, aquí está el presidente de la Asociación el Toro de Madrid:

Lo que de verdad necesita la fiesta es emoción, -afirma-, y si nos empeñamos en reducir el riesgo, la sangre, el peligro y los momentos dramáticos no conseguiremos más que atentar contra la esencia de la tauromaquia. […] No creo que la gente deje de ir a los toros por la visión de la sangre, sino porque se aburre. […] la fiesta pierde todo su sentido si desaparecen elementos fundamentales; se deben mantener el peligro y el riesgo

De nuevo, dejémonos de tonterías: este es un espectáculo de circo romano. Sin el riesgo de destrozos, cogidas y muertos, no hay arte que valga. Si no vemos peligrar la femoral de un tipo, nos aburrimos. La brutalidad y la burrez son lo que da sentido a tanto arte y tanta manoletina. Cojones, si nos valiera con los movimientos gráciles de un tipo alrededor de un toro, iríamos al ballet a ver maricones en mallas. No, señor; nosotros somos de coñac y puro, y nos comemos el bocadillo mientras vemos un descuartizamiento. Si no, de qué.

 

Ole y ole. Pero por lo menos ha quedado claro de una vez, y es una postura coherente y sincera. Eso lo aplaudo.

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