La música, el antiguo y el abogado del diablo

Para mí la música es media vida. Y la música en directo, en especial. Me gustaría que la música fuera un evento social, algo que la gente se reúne para hacer y compartir, igual que toda la vida se han reunido para “echar la partida”.

En Oviedo (y en el resto de Asturias) hay mucha polémica porque una interpretación absurda de una ley redactada con los pies parece impedir que en los bares se organicen conciertos, independientemente del volumen. Se da el caso de que un bar puede poner música amplificada, “enlatada”, si no sobrepasa el límite sonoro; pero no puede teóricamente acoger un concierto, aunque sea un cantante susurrando a capella. En el Ca Beleño llegaron a organizar, como protesta, un pintoresco… concierto en playback.

La historia es larga y se ha mareado mucho la perdiz en los medios de comunicación, y cada cierto tiempo tenemos una apelación y una réplica, pero el asunto no se mueve.  Últimamente, ha habido un enésimo intento de los músicos por reactivarlo, y una enésima respuesta de los más acérrimos opositores, que es una asociación de vecinos del Oviedo antiguo.

Se ha hablado mucho, y con indignación, de esta asociación y de su dirigente, un tal Juan García. Por ejemplo, aquí. Se dice que va contra la cultura, contra la economía, contra el sentido común y contra la convivencia racional.

Y todo eso es cierto. Va contra la cultura que a la música se le quite el único espacio ciudadano de que dispone y se la encierre en teatros. Va contra la economía porque un oficio (el de músico) que no se puede ejercer se muere, y porque se quita a los bares una de las pocas formas civilizadas de ocio que pueden promover. Va contra el sentido común porque no tiene ninguna lógica que se pueda emitir determinado nivel sonoro con unas máquinas, los reproductores, pero no con otras, los instrumentos (por cierto: ¿un DJ puede actuar en un bar, o no? ¿Si todo son samples puede, pero en cuanto meta un teclado ya no?) Y va contra la convivencia racional porque esa cerrazón y esa persecución contra las pocas personas que pretenden hacer un uso educado de los bares del Antiguo es un verdadero escarnio (si queremos erradicar el vandalismo y la brutez, ya puestos sería mejor promover la música en directo y prohibir la música grabada y el alcohol, pero esos que sí que son sagrados).

Así que Juan García viene a ser el demonio en persona. Pero no creo que nos conduzca a ninguna parte el abucheo. Y, como de costumbre, quizás la cosa no sea tan simple.

Al mismo tiempo que un amante de la música, soy sensible a la convivencia, a las molestias a terceros. Cuando cerró el Masaveu 55 fue una tragedia para el jazz en Oviedo, pero si los vecinos no podían dormir, fue también un triunfo para ellos. Y los entiendo.

Ya, ya sé que no tiene sentido la prohibición de la música en directo, ya conozco todas esas razones que hago mías. Pero si me pongo en el pellejo de Juan García, me imagino que quizás no esté exactamente en contra de la cultura ni las artes; simplemente, en este ámbito no son asunto suyo, le dan igual. Muchos de esos argumentos son elevados, retóricos, y simplemente, cuando Juan García pone la cabeza en la almohada le traen sin cuidado la retórica y los grandes ideales; le trae sin cuidado todo excepto dormir. Y no quiere ser él el paladín que se sacrifique para facilitar la vida a todos los que van a los conciertos y de ahí a su casa… probablemente a dormir sin impedimentos.

Quizás estos vecinos están simplemente usando todos los medios que tienen para eliminar todo el ruido, del tipo que sea. Y su postura no es lógica, pero resulta que contra la música grabada no pueden hacer nada, y contra la música en directo sí. Y no quieren saber nada; simplemente, no les apetece hacer concesiones de ningún tipo. Con lógica o sin ella. Su enemigo son esas mareas de gente que mea en las esquinas y arma escándalo, y quieren poner todas las trabas que puedan. Y yo me puedo enfadar con Juan García cuando pienso en un bonito trío de jazz tocando una balada, pero Juan García está pensando en un grupo de punk rock con un baterista que no sabe pegarle suave. Y eso, queridos amigos, existe, vaya si existe, y es cultura y también estamos hablando de eso. (Yo podría nombrar un par de bateristas de jazz que no saben pegarle suave, tampoco).

Y aquí llegamos a un punto importante: esa desconfianza, esa guerra sin cuartel, los bares (algunos, muchos) se la han venido ganando a pulso. El volumen de ruido (musical o no) que hay en casi todas partes de este país nuestro es, sencillamente, ridículo, absurdo; cualquier clase de aerobic sobrepasa el nivel que la ley admite para un trabajador de la construcción (y si no, saca el smartphone y mídelo tú mismo). Hay mucha gente sorda que ni siquiera sabe que lo es. Y a los hosteleros, en conjunto, suele importarles poco la salud pública; todos ellos buscan todas las trampas posibles para burlar las leyes sobre el tabaco, por ejemplo. Casi todos las incumplen en la medida en que les beneficie. A la hora de hacer caja, si pueden sortear la ley la sortean, y si la ley no les prohibe expresamente algo (clientes vociferando en la calle a la una de la mañana), entonces vete a pedirles comprensión y civilización, que verás cómo se ríen en tu cara. Se expanden hasta donde se les impide por la fuerza. Con el ruido han venido haciéndolo sistemáticamente, toda la vida. Hay que admitirlo; está muy bien la imagen del bar teatrillo regentado por gente culta y elevada, pero es una imagen muy parcial de todo esto.

Por eso yo estoy con los músicos, estoy con la cultura, con el directo y con la lógica; basta con tocar bajito. Y, a la vez que estoy con ellos, no puedo evitar pensar que es muy fácil decir que Juan García es un pirado, pero quizás actúe como tal sabiendo lo que hace y por qué. Alguna que otra asociación-lobby de hosteleros hace lo mismo continuamente con sus peticiones y sus declaraciones.

No soy optimista respecto al entendimiento. Me gustaría que hubiera música en directo, y me gustaría que se penalizara a los bares con días de cierre cada vez (cada vez) que incumplen las normas.

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