El alergólogo

Hace tiempo que me trata un insigne alergólogo de una afamada estirpe. Satisfactoriamente, por lo general. He hecho un tratamiento de desensibilización de 5 años que he terminado hoy y que cuesta un dinero (del orden de 2.500 € solo la medicación, en total), pero ha funcionado; se me ha quitado en gran medida la alergia a los ácaros. Antes de empezar, el alergólogo me explicó que no funcionaba con todo el mundo; le pregunté un porcentaje, y dijo el 70%. Lo asumí, empecé, y por suerte estoy en la estadística. Los efectos los mide él con sus rasponazos y sus sustancias picantes en el brazo, pero para mí son objetivos y evidentes. Yo antes estornudaba en cuanto abría un libro. Ahora vacío todas las semanas el depósito de la aspiradora a manotazos y me da igual. Ya no me acuerdo de qué era eso del moqueo y estornudo, y antes era parte de mi encantadora personalidad. No, no creo que sea placebo. Quién sabe.

El otro día, terminando el tratamiento, me recetó una cosa “para las defensas”. De una marca que se llama Homeosor. Y el nombre apesta, así que arrugué el morro, pero preferí no saber más. Los frasquitos se supone que traen una colección de bacterias para que te las comas, o algo así. Vale.

Pero el otro día a una conocida mía le recetó un producto homeopático. Como ya no daba tiempo a ponerle la vacuna de primavera contra el polen, “la única opción era esa”. “Pero va muy bien”.

Si coges el envase, te nombra un montón de pólenes y plantas. Y dice que es CH30.

Yo sé que la homeopatía es un timo. Y sé que hay textos que lo explican para quien esté tan mal informado de albergar dudas; como sé que es un timo, ni los leo. Pero creo que no los necesito.

Me puse a pensar yo solo. Esta gente coge mucho polen rico, rico, y disuelve una parte de polen en 99 de agua. Es decir, multiplica la cantidad de polen por 0,01. Eso es CH1.

Con el resultado vuelve a hacer lo mismo. O sea, que ahora tiene 0,01 x 0,01. Eso es CH2. Dicho de otro modo, 10 elevado a -4.  Así sucesivamente. Por tanto, CH30 es quedarse con 10 elevado a -60. O dividir la cantidad original de polen por 10 elevado a 60. Un 1 con 60 ceros detrás.

10 elevado a-60 es un número pequeño. ¿Cómo de pequeño? Es fácil saberlo. Yo me acuerdo vagamente del número de Avogadro, que era seis y pico por diez a la 23. Es el número de moléculas, átomos, lo que sea, que hay en “un mol” de materia. Un mol es algo así como 12 gramos de carbono. Una escupitina, pero visible. Son muchos, muchos átomos.

Y ya me voy haciendo una idea de cuánta materia serían 10 a la 60 moléculas de algo. Pero si no te haces una idea,buscas en Google, “how many atoms are there on planet earth”, y te enteras de que está en el orden de 10 elevado a 50.

O sea, que si coges una pelota de polen como el planeta Tierra y la multiplicas por 10 a la -50 te quedarías con un átomo. (Mucho menos, porque un grano de polen es muchísimo mayor que un átomo, pero venga, vamos sobraos). Si la multiplicas por 10 a la -60, y si no me equivoco, tendrías solo una posibilidad entre 10.000.000.000 de quedarte con un solo átomo. Dicen que la probabilidad de ganar la bonoloto es de uno entre catorce millones. Mil veces más probable que lo otro.

Es evidente que en esa mierda CH30 que le han vendido a mi amiga (18 €) no hay nada. Los homeópatas ni siquiera lo niegan; dicen que es otra cosa lo que queda en el agua. Cosa que, obviamente, es una mentira para sacar dinero a los tontos. Y entonces me pregunté por qué mi alergólogo, que tiene su casa empapelada de títulos y de congresos y de especialidades, hace esto. Y pedí cita para preguntárselo.

De mano, no me pasaron a la sala de espera habitual (tiene dos), sino a un despacho aparte. Allí esperé y pronto me atendió, muy amablemente.

Fui franco. Y él me dijo que funcionaba. Yo le expliqué lo que es CH30. Él dijo que sí, que científicamente era evidente que no me discutía nada… pero funciona. Me empezó a contar casos de pacientes concretos. Este tenía alergia a las abejas (muy grave, podía morir por una picadura); si una abeja le pica no pasa nada, se le inyecta nosequé, pero él tenía un problema cardíaco y no se le podía inyectar. Así que le dio una vacuna homeopática. Y se curó objetivamente; una medición que antes daba cuarentaypico, después daba tres y pico. De hecho, le picó una abeja y no le pasó nada. Yo le dije: “¿Le preguntó al paciente si rezó durante ese tiempo? Porque puede haber sido por rezar”. Lo entendió, se rió, dijo que sí, que podía ser cualquier cosa. Pero… funciona.

Le dije que yo ponía mi salud en manos de un médico, con plena confianza, porque era alguien científicamente formado, y que era muy difícil anticipar lo que ocurría con un tratamiento, pero que el médico tenía una teoría, una cadena de causas y efectos que comprendía y que probaba, y que podía funcionar o no y eso lo asumía. Pero que no podía faltar esa cadena de causas y efectos. Y que en este caso era un absoluto sinsentido. Que la ciencia se había inventado precisamente para evitar el “a mí me funciona” o “conozco un caso que”. Y sí, yo tenía razón en todo, pero… en estos casos era o ese producto o nada. “Pues nada”, decía yo. “Pero es que funciona”, decía él. Aunque fuera efecto placebo.

Un médico que receta homeopatía puede ser estúpido, a pesar de sus años de estudio, y no saber cómo funcionan el mundo ni la ciencia. Eso es escalofriante.

También puede ser que sepa lo que hace, pero simplemente reciba dinero de la gentuza que fabrica esto. También es escalofriante.

O puede ser que tenga un doblepensar en virtud del cual trabaja científicamente, pero cuando no puede actuar científicamente actúa de otro modo, y sabe que el efecto placebo está ahí (y 18 € la caja forma parte de la credibilidad de un producto, supongo). No sé si esto es escalofriante. Pero no me gusta un pelo.

Podría denunciar a este hombre al Colegio de Médicos, pero es que tienen una sección colegial de homeopatía. Eso sí que es escalofriante. Últimamente me ha sorprendido ver algunos artículos esperanzadores en la prensa, llamando a las cosas por su nombre, pero al mismo tiempo en La Nueva España unos “médicos homeópatas” (sic) se quejan ¡de intrusismo!

Creo que no voy a volver a este médico. Y creo que al próximo voy a preguntarle el primer día, a cara de perro, qué piensa de la homeopatía. Si no me dice que es una estafa para imbéciles, me levanto y me voy.

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2 comentarios to “El alergólogo”

  1. Emilio José Molina Cazorla Says:

    Hola. Te presento a uno de los inductores de varias de las campañas que has detallado al final de la lista.

    Yo te invitaría a reportar el hecho que comentas al recientemente creado Observatorio de la OMC: https://www.cgcom.es/observatorio-omc-contra-las-pseudociencias-intrusismo-y-sectas-sanitarias

    Es cierto que actualmente tienen hasta comisiones de homeopatía, porque dentro de un Colegio se organizan las cosas que el número suficiente de colegiados apoye. Pero eso no significa que la mayoría estén de acuerdo con esas prácticas, y toda queja de usuarios al respecto de la intromisión de esa credulidad (y alto componente de estafa, no lo olvidemos) ayuda a poner de relevancia el problema y a generar apoyo para su corrección.

    Sobre el tema de que la homeopatía “funciona” para alergias, por lo que llevo trillado en este recorrido de penas, los problemas de salud que ocurren de forma episódica y recurrente son bastante difíciles de baremar y en muchos casos los niveles de ansiedad o estrés son relevantes como desencadenante o coadyuvante de los síntomas X. Como cualquier placebo puede generar el efecto que lleva su nombre y aliviar esa ansiedad o estrés, ciertamente habrá una mejora del cuadro sintomático. Esto también ocurre como efecto extra en la medicación, y de ahí que se testen, como mínimo, contra placebos para asegurar que hay un efecto por encima del placebo. E incluso, con las alergias, puede pasar que tras cierto intervalo de tiempo el sistema inmune madure hacia ciertos derroteros y la alergia desaparezca (o se agrave) de forma natural. Sobre todo ocurre con las infantiles (un campo de batalla golosísimo para la homeopatía, ya que pasa lo mismo con sangrados de nariz, cólicos del lactante, bronquitis infantil…).

    Deontológicamente está incumpliendo sus deberes al aportar placebos no informados. Hay quien dice que si le dices al paciente que lo que le das es placebo ya no funciona, pero en realidad hay estudios que demuestran que el efecto placebo funciona aunque te digan que es placebo, siempre que sepas que el efecto placebo funciona aunque te digan que es placebo. En resumen: las expectativas, el confort, etc., ayudan.

    Pero hasta ciertos límites y no siempre. Por ejemplo, en el caso de las picaduras de abeja es jugarse la vida. El ser humano es complejo y no siempre se sabe por qué a veces pasa X cuando siempre ha pasado Y (o se sabe, pero son causas prácticamente caóticas), y si de verdad ese hombre tiene alergia a las picaduras, puede acabar en la tumba por confiar en ese “remedio”. O recordando el tema comentado de la bronquitis, cuando tu hijo acaba en urgencias con unos niveles de saturación brutal en sangre, medio ahogado, y le explicas al doctor que es que lo del ventolín lleva “químicos” y has preferido darle ese timo, que es “natural y sin efectos secundarios” (caso real, y no único).

    En definitiva, sí: el placebo tiene un efecto, y ese efecto puede ser muy potente, sobre todo en el terreno del dolor, la ansiedad, el estrés (y enfermedades donde esos factores estén imbricados con otros síntomas). Pero un médico que desconoce eso o lo difunde como funcional sin al menos explicarlo, es un mal profesional.

  2. guticr Says:

    Sí, cuando vi los artículos me pareció reconocer algún nombre familiar 🙂 y lo celebré. No creo que haya nadie mejor para esa tarea. Lo que siento es que quien se esfuerza en mejorar la sociedad reciba poca recompensa… Si te dedicaras a mangonear con jueces y fiscales recibirías recompensas sustanciosas 😉

    Lo de los niños es un filón, cómo no. Entre los casos que me mostró como ejemplo estaban precisamente los niños pequeños, porque a niños a los que no les puedes recetar ciertas cosas se les puede dar esto sin temor a los efectos secundarios (¡ya te digo!). Pero me ponía el ejemplo de uno con una dermatitis que con un remedio de estos se curó de manera increíble. Un niño pequeño (un bebé, entendí) que multiplica sus células y crece a velocidad vertiginosa… deja atrás una dermatitis, por complicada que fuera, y al tío lo que se le ocurre (o eso dice) es que el producto funciona, no que los niños cambian muy rápido.

    El placebo salió en nuestra conversación; yo mismo le dije que el placebo existe, y que de hecho hay cierto debate ético en medicina sobre si usar terapéuticamente el placebo o no de manera deliberada y sabiendo por qué, y que en esos términos puedo respetar científicamente al profesional que se lo plantee (al menos no se viola ninguna presunción sobre su capacidad intelectual), pero que no estábamos hablando de eso.

    Mi duda sigue siendo si son gente simplemente pérfida que cobra literalmente un sueldo de los fabricantes, o si hacen esto cuando no pueden recetar una medicina de verdad porque es duro decir “no puedo darte nada, espera a ver”. Ningún paciente se va a casa contento con esa respuesta, es como un desahucio. El “vamos a probar esto, a ver qué tal” no compromete al médico y le da un entretenimiento al paciente. Es lo más racional y lo más benévolo que se me ocurre pensar.

    No sabía lo del observatorio. Lo voy a mirar. Muchas gracias.

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