El defensor de la infante

Hace poco ha habido toda una lluvia de cachondeo porque nosedónde alguien dijo por boca de la infante Leonor (me sigue dando dentera la palabra infanta) que le gustaba el cine de Kurosawa. No sé si el cachondeo era justificado o no (yo creo que no he visto nada de Kurosawa; quizás trozos de Ran, hace mucho), pero entendí que se referían más bien a esos periodistas, o responsables de prensa, o lo que sea, que de un posible comentario infantil quisieron vendernos un retrato de niña prodigio. Bueno, da igual.

El caso es que le ha salido a la niña un defensor al que no conozco más que por ese artículo de defensa. Es un tal Carlos Rodríguez Estacio. Profesor de filosofía y coordinador general del sindicato de profesores PIENSA. En su artículo dice que un niño es un niño y todos merecen el mismo cuidado y respeto, cosa que es verdad (aunque me faltaron defensores como este para las hijas de Zapatero), y arremete contra tanto ignorante junto, que prefiere la mediocridad a la alta cultura. Vale. No sé si ha entendido el sentido de la mayoría de las chanzas. Quizás no se ha enterado muy bien, porque dice:

Llama la atención que, a excepción de Kurosawa, todos ellos [autores y obras citados supuestamente por Leonor como favoritos suyos] son autores que pensaron sus obras para niños o, al menos, no descartaron tener lectores infantiles.

Vaya por Dios, él mismo cita a Kurosawa como diferente… y es precisamente el único sobre el que he leído referencias en el enlace que él mismo pone (ni uno de esos tweets se refería a Stevenson, Tolkien o Dahl). O sea, que los burlones no andaban tan desencaminados; burlones que, insisto, no es que se cebaran con la niña específicamente, y a quienes por cierto Rodríguez Estacio asocia con la izquierda, tampoco sé muy bien por qué.

Pero bueno, los argumentos me parecen válidos en su fondo, aunque como reacción puedan estar -o no- fuera de onda. Eso sí, argumentos aparte, en las formas el filósofo de letras intenta elevarse por encima de la chusma, para que entendamos lo que quiere decir. Y para que entendamos lo que quiere decir dice cosas como (agárrate):

[la mala educación, el ruido, etc.] que se inciensan en difusa loa a la espontaneidad […]

[…] un programa de televisión colmado de zafiedades […] nos reconcilia con nosotros mismos al mostrarnos que hay otros que aniquilan en sí más concienzudamente cualquier vestigio de magnanimidad o excelencia.

Madre mía. Dios me libre de aniquilar concienzudamente en mí cualquier vestigio de magnanimidad o excelencia, o de inciensar nada en difusa loa. Y de escribir de forma tan petulante, rebuscada e insoportable. Estas frases son lo más gordo, pero hay otros ejempos cercanos en el texto. Cuando cita a Schopenhauer (que no sé si era necesario, pero quizás un filósofo que no cita a otro filósofo y también a Ortega se siente desnudo) dice:

[para Schopenhauer] este odio y rencor “resultan tanto más amargos cuanto que quien los siente no está autorizado a denunciar la causa que los origina e incluso la disimula ante sí mismo”

Yo lo reconozco, soy un mediocre… porque no entiendo qué demonios quiere decir. No sé si es oportuno citar así, cosa que el propio autor pone en duda, cuando no creo que esa frase sea más clara que cualquier cosa que pretendiera decir Rodríguez.

Lo triste es que aunque sus ideas puedan tener sentido, y aun perdonándole ese estilo pomposo, para tirarse el moco de esa manera hay que escribir muy, muy bien. Tú te has puesto alto el listón; si te metes en ese papel, no puedes tener un fallo de concordancia en la primera frase (“un perfil de la infanta Leonor, en la que se describían sus aficiones culturales”). Ni poner una coma después del sujeto (“Entender como “anti-natural” que un niño se interese por la alta literatura, muestra hasta qué punto…”).

Bueno, no es que fuera muy bien en las formas, y los argumentos en sentido general eran pasables, pero al final del artículo llega y dice:

Y en esta hora en la que España se haya encallada en los particularismos y las rencillas

Se haya encallada.

Chúpate esa. Lo escribe el tipo que defiende la altura cultural, que cita a Schopenhauer y a Ortega.

Ya, es un detallito. Una letra de nada.

Un detallito que, lo siento, deja a uno con las vergüenzas al aire. Por ahí ya no paso, profesor. Eso se lo repasa, lo escribe bien, y vuelve usted en septiembre, que se decía antes.

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