Archive for 22 marzo 2018

El trabajito de Cristina

22 22+00:00 marzo 22+00:00 2018

Dicen que a Cristina Cifuentes le regalaron el título de máster. Hizo el máster (es un decir) en 2012, y le pusieron “no presentado” en una asignatura y en el TFM (medio máster, prácticamente, en créditos). Y en 2014 de repente pasó a tener notable en las dos cosas, y solicitó el título, pero sin pagar matrícula ni nada. Los notables se los puso una funcionaria que no es de ese centro, ni siquiera del mismo campus.

Lo que dicen en la Universidad es que fue un error al poner los “no presentados”, y que lo solucionaron después. Y que el TFM no lo encuentran, y Cristina tampoco (de eso no te preocupes, ya aparecerá alguno).

Yo no trabajo en la Rey Juan Carlos (ni, visto lo visto, creo que me dejaran, sin carné), y no sé lo que pasó. Lo que conozco es mi experiencia, que puede ser aplicable a este caso o no. Pero algo de experiencia sí que tengo. Y esa experiencia parece bastante aplicable a otras universidades. No sé si la Rey Juan Carlos es tan, tan, tan especial (se diría que es “bastante” especial).

Y los ingredientes de mi experiencia son estos.

  • Si lees el TFM, lo normal es que solicites el título bien pronto. No dos años después.
  • Si presentas el TFM, según la normativa tienes que demostrar previamente que ya aprobaste todas las demás asignaturas. Así que no puede ser que presentes realmente el TFM sin que haya salido a la luz  primero el presunto error de que te quedó una asignatura sin aprobar.
  • El cambio de nota que realizó una funcionaria, y que supuestamente fue legal y correcto… Para cambiar la nota de un acta, el profesor tiene que firmar un papel pidiéndolo. Ese papel tiene que estar y ser bien fácil de encontrar y enseñar.
  • Eso de que el TFM no aparece… De toda la vida, los TFM (o Proyectos Fin de Carrera, como se llamaban antes) han ido a una biblioteca al efecto, que cualquiera puede consultar.
  • Eso de que no lo pueden enseñar por protección de datos… Los TFM se presentan y defienden en sesión abierta al público.
  • Eso de que no se acuerdan exactamente de quién lo dirigió… Hay una fecha de lectura, un tribunal y un director muy claros. Tiene que haber registro de todo, muy fácil de encontrar.
  • Es bastante curioso que haya dos errores, en una asignatura y en un TFM, y que por puro azar saques la misma nota en las dos cosas: 7,5.
  • Que una persona presente el TFM justo al acabar la carrera es muy, muy notable, porque no da tiempo. Yo lo hice (dos veces) y es completamente excepcional, lo hice por circunstancias muy particulares y esos dos veranos no existieron, para mí. No sé cómo lo habría compaginado con una campaña electoral.

Por mi experiencia, lo que se está diciendo es una mentira de tal calibre, de tal grado de descaro, que… bueno, es lo normal y cotidiano en este país desde hace unos años.

Pero no solo eso. Es DELITO. Ese cambio de notas es un delito, por lo que sé.

El relato de la defensa viene a ser:

  • Se cometió un error de transcripción de la nota de una asignatura.
  • Ese error pasó desapercibido cuando esta persona fue a presentar su TFM, pese a incumplirse un requisito fundamental y obvio para cualquiera que quiera leer el TFM.
  • Defendió con éxito el TFM, pero… ¡volvieron a cometer un error al transcribir la nota del TFM! (Un error bastante inusual por sí mismo; el TFM no es una asignatura cualquiera.)
  • Esta persona, curiosamente, no fue a por su título hasta dos años después.
  • En ese momento, una funcionaria que no parece tener nada que ver con ese centro cambia las notas.
  • Curiosamente, las dos eran un 7,5.
  • No queda registro de que los profesores respectivos admitieran el error en el acta y solicitaran el cambio de notas; ese documento al parecer se ha perdido. Los dos documentos, perdón.
  • Otra coincidencia: la autora no tiene el TFM. Por mudanzas, dice.
  • Otra coincidencia más: la Universidad tampoco tiene el TFM, ni en electrónico ni en papel. (Creo que no se han mudado.)

Cada uno de los puntos anteriores es, aisladamente, muy inusual. Todos juntos… es prácticamente imposible. La otra explicación, mientras tanto, es la obvia, sencilla, verosímil.

Y ante todo esto, Cifuentes aporta el boletín de notas, que viene a ser como si te acusan con pruebas de cobrar en B y para desmentirlo enseñas… tu declaración de IRPF. Que por definición NO tiene lo que cobres en B, y es precisamente de lo que se te acusa, de no declararlo.

Bueno, pues es lo que hay.

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Los padres de los muertos y la cadena perpetua

21 21+00:00 marzo 21+00:00 2018

El bien y el mal, la culpa, el código penal, la rehabilitación de un delincuente… son cuestiones muy, muy complejas. No puede haber soluciones obvias. Yo no las tengo.

Pero hay cosas que no aportan nada, que no son la solución, y no creo que merezca la pena discutirlas. Si no son obvias, es que ni el propio concepto de justicia, ni de juicio, ni de prisión tienen sentido.

Es obvio que si un tipo mata a una hija mía, yo abogaré (muy probablemente) por colgarlo de un poste. O que intentaré colgarlo yo mismo. Eso no tiene mucho misterio. Fíjate si comprendo a quien piensa así, que te estoy diciendo que yo soy uno de ellos, me parece. No tengo la talla personal de la madre de Gabriel. Muy pocos de los que se creen simpatizantes suyos la tienen.

Como es tan obvio que raya la idiotez discutirlo, aceptaréis también que desde que la justicia es justicia no se ha permitido impartirla directamente al agraviado; no en delitos leves, y no digamos en delitos graves. Lo contrario, que el agraviado decida lo que se hace con el que agravia, no es ninguna modernidad, ninguna novedad, ninguna aportación brillante: se llama venganza, se llama linchamiento, y llevamos milenios intentando contenernos para no hacerlo, por una serie de razones que no voy a repetir.

A la vista de todo lo anterior, es completamente absurdo, y me duele decirlo así, que como comité de sabios para decidir sobre leyes penales traigamos nada menos que a los padres de niños secuestrados, violados y asesinados. Es tan estúpido, tan corto y tan simple que me enferma. Es una atrocidad y un escándalo.

Pero es peor que eso; es peor aún que la estupidez. Los que lo han hecho saben todo lo anterior. Lo han hecho por determinados cálculos; lo han hecho de mala fe. Lo han hecho por demagogia. Han usado a esa pobre gente de la manera más ruin, más miserable. Como han hecho siempre con las víctimas, por otra parte. Sí, esas víctimas que luego se enfadaban y se sentían decepcionadas, pero sobre todo sorprendidas, cuando los mismos que les daban alas y usaban su dolor y sostenían sus pancartas soltaban más tarde a presos de ETA a montones o los trasladaban a una cárcel que les gustara más.

La cadena perpetua es un asunto complejo. No tengo la solución, más allá de unas opiniones, acertadas o no. Pero hay cosas de las que sí estoy seguro; la solución no pasa de ninguna manera por traer al congreso a los padres de las víctimas el día que se debate sobre el asunto.

Y es tan obvio, tan evidente, como que yo sería el primero en estar allí en la tribuna pidiendo la horca para los asesinos si fuera uno de esos padres (y de hecho ya se me apetece aun sin serlo).

Y si has leído esta mediocridad mía, no te pierdas a un tipo que sabe escribir y habla de esto y de otras cosas: Manuel Jabois, en Feo, ordinario y vulgar.

 

Los culpables (II)

13 13+00:00 marzo 13+00:00 2018

Actualización del anterior. Mira lo que cuenta Quico Alsedo, para ahondar en cómo tenemos que odiar a la culpable, y en lo muy, muy culpable que es (que lo es, no cabe duda). Cualquiera diría que me ha leído:

[…] lo que creen no muy alejado de una personalidad psicopática, con los ingredientes habituales de falta de empatía, egoísmo extremo e insensibilidad ante el dolor ajeno.

[…] todo lo cual [rapto, asesinato, manipulación del cadáver, disimulo] exige apreciable fortaleza mental y nulos inhibidores frente al dolor ajeno.

Ya sé que no todo el mundo funciona igual, y los mismos ingredientes no producen siempre el mismo resultado en las personas. Pero estoy convencido de que cierto tipo de experiencias pueden llevarte ahí. A egoísmo extremo, insensibilidad frente al dolor ajeno y falta de empatía.

Lo que no sé si tengo muy claro es esto:

Dado que los rasgos habituales de estas personas [psicópatas] se manifiestan en la adolescencia, y que Quezada llegó a España con 20 años, no se descartaría incluso que hubiera dejado su marca también en su país de origen […]

Aparte de la bazofia de información a la que me refería anteriormente (la edad de una persona es un número, y sale de hacer una resta; no puedo creer que sea tan difícil concretar un puto número, y que a estas alturas no sepamos si llegó a España con 16, 17 ó 20) en ese párrafo hay alguna otra cosa discutible. Eso de que la psicopatía se revela en la adolescencia. No sé yo si la psicopatía dependerá, a veces y en parte, de lo que te pase en la adolescencia. Pero ahora nos dicen que esta es un bicho y que ya nació mala y que allí fijo que mató a alguien.

Bueno, es un ejemplo de lo que torpemente quise explicar en mi parrafada anterior.

 

Los culpables

13 13+00:00 marzo 13+00:00 2018

Lo que más me aterra de mis semejantes es que, al mismo tiempo que pienso que son, por lo general, buena gente, sé qué puede llegar a pasar si se dan las circunstancias. España, este país tan civilizado, tiene decenas de miles de muertos en las cunetas, y a fecha de hoy no se pueden sacar de ahí por si molestas a algunos.

Muchas veces me sorprendo imaginando qué pasaría si a este, o a aquel, le dieran un cargo. Un uniforme. Una porra. Una responsabilidad mínimamente impune. Y me tiemblan las piernas. El mismo mecanismo de disculpa, de disociación, que te permite fumar cuando sabes positivamente que estás jodiendo al vecino se puede ejercitar, ampliar y usar para cualquier fin. Todos nacemos con él, y lo usamos más o menos según las circunstancias. Ojalá las circunstancias no nos pongan a prueba.

Por eso, porque sé que la crueldad no está tan lejos, intento entender a esa gente tan difícil de entender. Y a veces no me cuesta tanto. Nosotros, los “normales”, nos esmeramos en repartir culpas. Y a mí ese aspecto me importa poco. Hay hechos que son tan irreparables que ningún castigo, ninguna culpa, los repara. Da igual cuánto nos enfademos, y pasa lo mismo con los crímenes terroristas, y lo mismo con los asesinatos estúpidos. Y tampoco sé si sirve en la práctica entender lo qur pasa, pero tengo la manía de intentarlo

Pienso mucho en los niños que sufren abusos. Y a la vez pienso cómo será ser pederasta, sentir una atracción irrresistible por mucho que sepas que está mal, hasta el punto de que seas capaz de obviar el sufrimiento que causas y el monstruo que eres.

De Ana Julia Quezada dicen que era extrañamente fría, poco afectiva… Es la culpable, y con eso ya tenemos para entretenernos. Para llenar días de programación televisiva.

Entre toda la bazofia de información contradictoria y deficiente que está lloviendo, parece deducirse que esta mujer llegó a España con unos 16 ó 17 años. Desde las chabolas. Que ya tenía una hija. Que llegó aquí para trabajar en un prostíbulo, incitada por su tía. No sé qué infancia fue la suya. Y que aquí anduvo de matrimonio en matrimonio, sacando dinero a uno y a otro. El perfil no es original, pero me temo que casi ninguno de nosotros es capaz de ponerse realmente en ese lugar, de asumir esas experiencias y esa trayectoria que se resume tan fácilmente pero se vive tan largo.

¿Así que es fría, interesada, poco empática? ¿Como si lo único que le importara fuera su supervivencia y se hubiera endurecido como una piedra? Qué sorpresa, ¿verdad?

Pero culpable es, claro. Eso no hay quien lo discuta.