El alumnado, los alumnos y los estudiantes

Hace poco he estado en un congreso de profesores universitarios de Informática. Está lleno de gente increíble: gente generosa, sabia, humana.

Pero no aciertan en todo, claro. Allí también llega, como a todas partes, la tontería del lenguaje inclusivo. Y hay algo que se viene haciendo hace ya tiempo, y que es el resultado, otra vez, de hacer caso a quien no sabía suficiente.

Es usar “el alumnado” para referirse a los alumnos.

Amigos todos: “el alumnado” no es lo mismo que “los alumnos”. Nunca lo ha sido. A base de repetirlo, cualquier palabra puede convertirse en cualquier cosa, claro. Y estropearemos un poquito más el lenguaje, y dentro de unas décadas alguien se preguntará por qué el español no tiene lógica, y pensará que sus antepasados eran gilipollas; lo mismo que hacemos ahora a veces con algunas excepciones gramaticales. Pero esta vez nuestros descendientes tendrán razón respecto a nosotros.

Las personas a las que yo doy clase son mis alumnos. Vienen con diferentes sexos, tamaños y colores, pero son mis alumnos.

Si digo que a mis alumnos les cuesta entender las integrales, no vale que escriba “al alumnado le cuesta entender las integrales”. Porque es mentira. Les cuesta a mis alumnos.

“El alumnado” no es “los alumnos”. “El alumnado” alude a los alumnos en su conjunto, como si fuesen una sola persona. Sirve, siempre ha servido, para expresiones como “el alumnado rechaza el nombramiento del rector”; cuando consideras 1) a los alumnos de todo el centro o toda la institución en su conjunto (no a los de tu clase), y 2) no a título individual, sino como una especie de clase social o estamento, como un bloque. Para algunas cosas los dos términos son intercambiables (hablando de opiniones, por ejemplo), y cuando es así lo es más bien porque es el término “los alumnos” el que se flexibiliza para asimilarlo al “alumnado”, y no al revés.

También me da dentera referirse a los alumnos como “estudiantes”. Un “estudiante” es alguien que estudia. Un “alumno” es alguien que tiene un profesor. Los que vienen por mi clase no son “estudiantes” así, en abstracto; de hecho, algunos son estudiantes, efectivamente, y otros no dan un palo al agua. Los míos son alumnos. Ellos son los alumnos, y yo el profesor. Pero en realidad estudiantes somos tanto ellos como yo.

Por cierto, “el alumnado” tiene género masculino. Y si te parece bien “estudiante”, no deberías haber necesitado “presidenta” (de hecho, así es; “presidenta” es una palabra que no ha hecho falta jamás, y que estaba mal desde el principio).

Si dices “el alumnado” o “los estudiantes” por usar lenguaje “inclusivo” (ja) te invito a que repases todo esto, porque tienes un cacao mental considerable, y además estás siendo sexista. Habla de tus alumnos con orgullo y sin ningún pudor. Es lo correcto y es inclusivo. Si “alumnos” te sugiere solo varones, cambia de mente, no de palabra, porque la palabra está bien y eres tú quien excluye a las mujeres de su imagen mental.

Ah, la cosa no acaba ahí: he leído muchas veces “el estudiantado”. Sí, lo juro; no una vez ni dos. ¿No es para pegarse un tiro?

Otra cosa que he visto como novedad en una conferencia en concreto es usar solo el femenino: “nuestras alumnas”, “las profesoras”. Como acto reivindicativo y para dar visibilidad lo entiendo, pero mira, tampoco sirve. Porque si usamos el femenino para referirse a todos perderemos un recurso de precisión del lenguaje (y tendremos que acabar usando perífrasis como pasa cuando queremos referirnos solo a varones), porque hoy por hoy transmite información falsa, y porque además me suena tremendamente condescendiente y paternalista con las mujeres. Es más; esta ponencia hablaba de ciertas dificultades de la enseñanza y el aprendizaje, y el efecto era que parecía que solo las mujeres (alumnas y profesoras) tenían esos problemas, no los hombres. Vamos, que no. Quiero pensar que la memez del “los y las” empezó como una forma deliberada e inteligente de visibilizar, de llamar la atención; pero entonces algún simple se creyó que realmente era lo correcto, hasta llegar a la situación de hoy, en que lo han convertido prácticamente en ley aunque ya nadie sabe por qué, como pasa con todos los ritos. Nos hemos vuelto más ignorantes y más sexistas.

El lenguaje está inventado, y funciona. Usadlo bien y dejaos de hacer el ridículo. Por favor os lo pido.

 

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