Trompa patulosa

Un título inmejorable para un artículo, por cierto. Podría tratar de un montón de cosas pintorescas…

Aviso: voy a hablar de una cuestión de salud. No tengo ningún tipo de cualificación médica y nada de lo que diga aquí debe entenderse como consejo médico ni aceptarse sin más. Solo pretendo contar mi experiencia y toda la información que ofrezca debe tomarse con todas las debidas reservas. Declino toda responsabilidad por cualquier interpretación que cualquiera haga que vaya más lejos que esto.

Supongo que alguna vez, en la piscina o en el mar o en la ducha, te ha entrado agua en los oídos y hasta un rato después te oías la voz extraña, como si no fuera la tuya, como si tuvieras la cabeza metida en un cubo.

Si un día notas que empieza a pasarte eso permanentemente, y además esa voz apagada y extraña la oyes a un volumen altísimo, quizá tengas trompa patulosa (en inglés patulous eustachian tube). A mí me pasa; siempre que hablo, siempre, me oigo así.

Tus oídos están conectados con tu garganta a través de sendos conductos, las trompas de Eustaquio. Ese conducto va del oído medio a la zona alta (nasal) de la faringe, y está normalmente cerrado. Se abre a veces para dejar pasar aire hacia el tímpano, cuando a un lado y a otro del mismo hay diferentes presiones, para que estas se igualen (en un avión puede que notes esto de manera repentina cuando se te “destaponan los oídos”).

Si padeces de trompa patulosa, ese conducto estará abierto todo el rato. Las causas no están claras, pero se relaciona con factores como una bajada de peso, hormonales, bajada de la hidratación, ejercicio físico… Si lo piensas, ese tubo tiene unas paredes, y cualquier cosa que haga “adelgazar” o deshidratarse esas paredes puede hacer que el tubo quede abierto (no es un esfínter que puedas cerrar).

Ese tubo abierto no es especialmente malo en sí mismo, pero trae un problema. Nuestro sentido del oído está acostumbrado a recibir sonidos del exterior, y también del interior. Los sonidos internos los recibe habitualmente a través de una serie de paredes de huesos y otros tejidos. Pero cuando la trompa de Eustaquio está abierta, tenemos un conducto que deja pasar los sonidos directamente hasta el tímpano. Y la voz (que se produce en la garganta, y resuena bastante en nuestras cavidades nasales) tiene ahora vía libre para alcanzar nuestro oído. Por eso si tienes trompa patulosa te oyes, siempre que hablas, a un volumen muy alto, saturado, aunque estés hablando de forma discreta.

Pues esto me ocurre a mí desde hace unos años, y aunque no amenaza tu vida, puede ser un problema bastante grave. Resulta muy incómodo para hablar; tienes que acostumbrarte a “soportar tus propios gritos” sin poner caras raras, porque en realidad los demás te están oyendo perfectamente y sin estridencias.

Según cómo emitas la voz, el efecto puede ser más o menos acusado. En mi caso, puedo conseguir, con disciplina, que algunas vocales (las “aes”, las “oes”), sobre todo si las pronuncio bajando la laringe (terminología Estill), molesten algo menos. Otras vocales (i, u) prácticamente no mejoran. Y las consonantes nasales (m, n) son lo peor, no tienen arreglo. Pero en mayor o menor grado molestan todas.

Es curioso; si te inclinas para poner la cabeza hacia abajo, es probable que te oigas bien (supongo que la acumulación de fluidos en la cabeza por la gravedad “engorda” las paredes del conducto y lo cierra).

Resulta aún peor para cantar, porque en primer lugar tienes que ser capaz de hacerlo sin saber realmente cómo suenas; tienes que “suponerlo” todo, desde la afinación hasta el sonido real de tu voz (nunca sabemos cómo suena realmente, pero con trompa patulosa eso ya se te va de las manos). Pero en segundo lugar, mientras tú cantas te oyes tan fuerte a ti que apenas puedes oír los demás instrumentos o cantantes. Tienes que mantener un equilibrio entre cantar y seguir oyendo; si cantas jazz o improvisas de cualquier forma (lo cual requiere una escucha activa constante), ya tienes un asunto más del que ocuparte, porque si normalmente ya cuesta elegir dónde hacer pausas, ahora tienes que hacerlas para poder oír a los demás y asegurarte de que sigues en el tono.

Si cantas musicales, por ejemplo, es aún peor; en estos estilos teatrales se hace mucho uso del belting, es decir, se canta de forma muy enfática, casi gritando, con lo que el volumen para ti es aún más alto. He leído historias de gente que había estudiado esta disciplina y acabó dejándolo porque les era imposible (y no es plan de actuar poniéndote cabeza abajo, claro). Resulta deprimente.

He leído muchos testimonios de personas desconcertadas por estos problemas con la voz. Pero recientemente he reparado en otro efecto dañino que me sorprende no haber visto reflejado por ahí. Aunque me dedico sobre todo a la guitarra y algo al canto, tengo muchos más instrumentos con los que me gusta jugar (cuando tengo tiempo). Hace muchos años compré un saxofón. Nunca pretendí ser saxofonista, pero sí saber cómo se tocaba y aprender alguna melodía. Como no suelo tener tiempo, hay largos períodos en que el saxofón está, básicamente, de adorno. Pero el otro día decidí darle una vuelta después de años, y me encontré con que me pasa lo mismo que con la voz. El sonido del saxofón es potente, se produce bastante adentro en la boca y está muy conectado con las mandíbulas, así que utiliza el mismo canal para fastidiarme; y si mi voz me atruena la cabeza, lo del saxo ya es insoportable. Así que me parece que se acabó tocar el saxo para mí. Lamentablemente, me pasa lo mismo con la armónica (con la ilusión que me hacía a veces tocar la armónica cromática que me regaló mi tío). Por suerte, no tengo problema con la flauta dulce.

Con todo esto, mi caso no es el peor. He leído que mucha gente siente el ruido de su propia respiración, o incluso los latidos de su corazón. Así que a pesar de todo estoy teniendo suerte por ahora. (Todo esto de oírse a uno mismo a un volumen anormal se llama autofonía).

En mi caso, no sé si hay causa y efecto, pero sí coincide temporalmente el inicio de esto con una pérdida de peso; bajé cinco miserables kilos. Andaba alrededor de 96, y decidí retroceder hasta 90-91, que es en donde intento moverme ahora. Pero si tienes predisposición de algún tipo, seguramente todo esto es cuestión de pequeños márgenes. Quizás si subiera de peso arreglaría el problema, pero esa solución no deja de tener sus inconvenientes. En alguna subida parcial que he tenido no he notado ninguna mejoría, así que supongo que tendría que ganar peso “en serio”. Y según las tablas de masa corporal que hay por ahí ya estoy en sobrepeso, incluso con 91 kg (aunque nadie lo diría, ejem).

¿Qué dicen de esto los médicos? En primer lugar, es posible que ni siquiera te diagnostiquen bien. No es una afección muy extendida, la verdad. Yo he ido a cinco otorrinos; no recuerdo cuál me dio un diagnóstico claro, pero no fue el primero.

En segundo lugar, te diagnostiquen o no, es probable que te pregunten “pero ¿eres cantante profesional?” Si la respuesta es “no”, se encogerán de hombros y no verán demasiado problema. Ni estás sordo, ni tu vida corre peligro, así que puedes vivir con ello y santas pascuas.

En tercer lugar, no hay cura conocida. Hay unas gotas que pueden influir y ayudar algo en algunos casos, pero nada milagroso. Hay también operaciones, que consisten en engrosar por diversos procedimientos quirúrgicos las paredes de la trompa de Eustaquio (producir cicatrices, insertar geles o cartílagos…) pero esto no siempre tiene éxito ni es permanente (muchos de estos productos se van absorbiendo por el cuerpo). Uno de los otorrinos que me trataron había conocido personalmente al principal “inventor” de esa cirugía en una estancia de investigación en Boston, creo, y él mismo le mostró sus reservas y le comentó que estaba indicado para casos extremos porque rara vez merecía la pena.

Además de visitar a cinco otorrinos, he probado tratamiento con fisioterapeuta, por si se pudiera modificar algo trabajando la musculatura del cuello y la cabeza, sin resultado. Después acudí a otra fisioterapeuta que es también logopeda, y además de la fisioterapia trabajamos diversos ejercicios, sin resultado también. Aunque el profesional conozca la enfermedad (que no es lo habitual) no hay tratamientos descritos; téngase en cuenta que resulta difícil acumular experiencia o hacer estudios, porque no se encuentra uno casos todos los días. No resulta fácil reunir una muestra grande de afectados ni, por tanto, hacer estudios clínicos. Mi fisioterapeuta-logopeda, por lo que sé, solo había conocido personalmente un caso, que era el mío.

También he buscado otras soluciones. Probé los ejercicios que dice este tipo:

pero en mi caso no funcionó (si es que los he hecho bien). He visto otra forma de afrontarlo:

pero esto son básicamente gotas, y no me convence la vía de andar haciendo pruebas mediante la introducción de sustancias en el oído. Ahí creo que hay que ser muy, muy cautos y tener médicos (reales y con ideas contrastadas) detrás.

Así que así están las cosas. Si intentas explicar lo que tienes, casi todo el mundo te mirará raro (aunque eso da igual). Desde hace poco, al menos tienes un recurso para explicarte, y es que lamentablemente ahora le pasa a Céline Dion (es el primer caso que conozco en los medios):

Céline Dion Has Canceled Shows to Undergo a ‘Surgical Procedure’ – She’s suffering from a condition that makes it hard to sing

Ella probó las gotas, pero después de un año dejaron de funcionar. Así que se operó. Ojalá le resulte bien.

Celine Dion returns to stage 2 months after ear surgery

Por mi parte, como no hay mucho más que se pueda hacer, de momento no hago mucho más. Sheila Jordan me dijo en persona (al margen del problema, que no le conté) que no dejara de cantar, así que le he hecho caso. Hace poco he probado por primera vez en mi vida a cantar en un coro, y temía no ser capaz de mezclarme con otras voces si no puedo oírlas bien, pero parece que no salió del todo mal. Otra cosa que hago a veces cuando practico en casa es monitorizarme, es decir, utilizar micrófono y ponerme auriculares para oír por ellos lo que estoy cantando; ciertamente, ayuda a “olvidarse” del sonido interno, a percibir el sonido real y ajustar mejor lo que uno hace.

Y por lo demás me aguanto. No me planteo operarme (porque no parece que el beneficio merezca la pena) y como digo no voy a echarme gotas salvo que sea bajo criterio médico y con un propósito muy claro. No creo en los remedios “naturales” que mucha gente se aplica, aunque no digo que no puedan funcionar dependiendo del caso.

A ver si con un poco de suerte se va investigando en esto y se encuentran soluciones mejores. Hoy en día ya no resulta tan difícil encontrar casos sobre los que investigar, ya que la gente se reúne por sí misma. Otra cosa es que haya un gran mercado que justifique económicamente la inversión.

En mi caso, la cosa se complica con otros síntomas que he tenido, más o menos por la misma época: el fenómeno de Tullio. Un día, en casa de un amigo, hubo un acople de sonido (lo que produjo un ruido muy agudo, muy fuerte y repentino) y de repente fue como si toda la habitación hubiera dado una voltereta. No un mareo, sino una sensación de movimiento muy violento (lo llaman oscilopsia). A partir de ahí me di cuenta de que cuando había ruidos fuertes y repentinos, por ejemplo cuando el típico tonto de gimnasio deja caer una pesa, me pasaba eso mismo. Mi quinto otorrino me hizo una resonancia (o TAC o lo que fuese, no me acuerdo) para comprobar si tenía una cosa llamada síndrome de dehiscencia del canal semicircular superior (SDCS). Al parecer no vio lesiones óseas notables. Pero no deja de ser cierto que la autofonía es uno de los síntomas del SDCS. Y he visto gente por ahí advirtiendo de que muchas veces se diagnostica erróneamente la trompa patulosa cuando lo que tienes es SDCS. Mi autofonía no ha remitido, aunque los fenómenos de Tullio quizás un poquito, si bien es cierto que procuro no exponerme a ruidos grandes y que en las pruebas auditivas que me hacen sí se produce el fenómeno de Tullio, sobre todo en el oído izquierdo, cuando me ponen ruido fuerte a ciertas frecuencias.

Más aún: unos pocos años antes de estos problemas tuve una época en que sufría náuseas. Unas náuseas inexplicables, sin motivo aparente, para las que también fui a varios médicos y que no encontraron causa (no era nada digestivo). En unos años, esas náuseas remitieron por sí solas. Es sabido que las náuseas y el sentido del equilibrio, y por tanto el oído, andan bastante relacionados.

Vete tú a saber si lo que tengo es dehiscencia de esa. Estoy un poco mosca, porque a veces se me taponan los oídos como a cualquiera… e incluso en esos momentos oigo mal mi voz. Si se me taponan los oídos es que la trompa de eustaquio está cerrada, ¿no? Así que, por lógica…

En fin, parezco el típico jubilado contando enfermedades. No tengo en absoluto ese carácter. Pero este es el tipo de cosa del que hay relativamente poca información en Internet, y quizás a alguien le venga bien encontrar esta.

 

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2 comentarios to “Trompa patulosa”

  1. Emilio Molina Says:

    Es muy interesante y curioso. Con tu permiso, me lo llevo pa los tuíteres a ver si alguien comenta algo: https://twitter.com/ej_molina_c/status/1038092479516553216

  2. guticr Says:

    Si te dan una solución, te pongo un piso 🙂

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